Carolina Reymúndez

Blog

 

Turistas y viajeros

Nov. 11 , 2011

0 Comments

El otro día quisieron saber si era turista o viajera. Tenía que responder rápido, como cuando los vuelos no estaban llenos y en el counter el empleado preguntaba si uno prefería ventana o pasillo. 

¿Turista o viajera?, insistieron con mirada cómplice, descartando que mi elección sería la de más honra. La respuesta, pensaron, era cantada. No podía ser otra que viajera. 

Hoy nadie quiere ser tildado de turista. Con el paso del tiempo y la exaltación de los estereotipos, ser turista se ha convertido en un lugar común, casi tanto como el uso de la palabra paraíso en los artículos de viajes. Si uno toma un tour se excusa por la decisión -tenía cuatro días, había una promoción, llevaba a mi abuelita- y si no lo hace lo destaca a viva voz -nosotros siempre viajamos por nuestra cuenta, ¿todo incluido? ¡Jamás! -. En cambio, ser viajero está asociado al sentido más romántico de la travesía, sin apuro, con atención y disfrute. 

Desde hace un tiempo, todos queremos ser viajeros. 

La diferenciación se le ocurrió a Paul Bowles en su primera novela, El cielo protector, publicada en 1949. Los protagonistas son Kit y Port Moresby, una pareja de neoyorquinos ricos y desencantados con el mundo que decide viajar al norte de Africa en busca de vitalidad para recomponer su desgastada convivencia. En el libro, Port se define como un viajero y no como un turista. 

"Entre el turista y el viajero la primera diferencia reside en parte en el tiempo. Mientras el turista, por lo general, regresa a casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra. El turista acepta su propia civilización sin cuestionarla y el viajero la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan".

Cuando pienso en el típico turista veo a una pareja de Texas con algunos kilos de más, camisa hawaiana, bermudas, sombrero de exploradores, anteojos y cámara colgada al cuello. En su trabajo Small World, el fotógrafo inglés Martin Parr describe con agudeza e ironía el mundo del turismo masivo. Muestra que la industria turística es una suma de personajes extraños, de repeticiones y globalización. No importa si la foto fue tomada en Italia o en Brasil, las actitudes turísticas se parecen bastante. 

Y uno, por sobre todas las cosas, no se quiere parecer a ellas. 

Bajo esta lupa, la piel del turista se ve gruesa y tosca. En cambio, la del viajero es fina y sensible. Hace muchos años hice un viaje largo por Asia, la tierra prometida de los que se dicen viajeros. No tenía fecha de regreso, había leído El cielo protector y visité a Paul Bowles en su departamento de Tánger, podía sacar el carné de viajera modelo. Si me hubieran hecho la pregunta en ese tiempo hubiera respondido sin dudarlo un segundo, incluso medio ofendida porque no se notara. 

Pero eso fue hace años. Después empecé a viajar por trabajo y a conocer otras formas de viajar, tantas como personas que viajan. El universo turístico es versátil y entra el que se va de vacaciones por indicación médica y el que se toma un año sabático porque terminó la universidad. Quien viaja en busca de las raíces y el que se va de compras a NYC tras las huellas de Carry Bradshaw. El que viaja con mochila y el que usa maleta Louis Vuitton. El safari y el viaje a un spa. El viaje de un mes por cuenta propia y el paquete de fin de semana. El viaje para visitar a un amigo, el viaje para meditar, el viaje de trabajo y el viaje para trabajar, el viaje espacial, el ecoviaje y el viaje gastronómico. El viaje gay y el viaje straight. El viaje a Disney y el viaje para encontrarle sentido a la vida. Cada uno con sus particularidades, todos tienen espacio en la tierra turística. 

Turistas y viajeros querrán ver la Torre Eiffel si están en París, las pirámides si viajan a Egipto, y caminar por la calle Corrientes si vienen a Buenos Aires. 

Ambos son parte del turismo, un mundo diverso y millonario, en millones de personas que se desplazan y en millones de dólares que genera la industria. Es tan amplio el turismo que si fueran distintos, cabrían los dos: viajeros y turistas. Pero en el fondo son la misma cosa. O bueno, la misma persona, es decir uno y su mirada única, atravesada por sus circunstancias. Sea en un bus con una guía que nos tiene al trote o haciendo un picnic con beduinos en el Sahara.  

Como ciertos lugares, hay frases que envejecen mal. Eso creo cada vez que escucho a los que se jactan de ser viajeros y no turistas. El mundo no es el de la novela de Bowles, mucho menos 60 años después, donde cada uno viaja como puede. 

Entonces, ¿viajera o turista?, volvieron a preguntarme preocupados por saber en qué casillero me ubicaban.

* Carolina Reymúndez es periodista argentina, escritora y autora del blog www.viajeslibres.com 



Comments:

Post a Comment:
  • Quedan 500 caracteres

  • HTML Syntax: NOT allowed

Enlaces

Feeds