Carolina Reymúndez

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Turismo y shopping, ¿un viaje de ida?

Jan. 28 , 2009

5 Comments

Hacer shopping en un pueblo-escalera es inhumano. Por eso no volveré a Taxco, la ciudad donde viven los artesanos plateros más famosos del mundo, la Meca de la Plata donde todos los sábados hay un tianguis –como llaman en México a los mercados– de plata, pero sobre todo una ciudad de plata entre laderas y cerros donde siempre hay que subir o bajar.
Es una mañana de sábado y, desde el DF, he demorado tres horas de viaje en un bus. Me da tiempo para pensar qué quiero comprar: seis pares de aros de plata, un collar –¿o dos?– de plata, algunos dijes y cinco regalos de plata para mis cinco amigas.

–En un rato lo resuelvo y después recorremos el pueblito –le digo a mi novio que me acompaña.
Prefiero la plata al oro. Supongo que me atrae más el color, el brillo, la temperatura. La plata me parece más fresca, menos pesada aunque pese lo mismo. Una vez, hace muchos años, me dijo mi abuela que algún día me interesará el oro, más adelante.
Porque ahora he llegado a Taxco, la ciudad de la plata, y me bajo del bus apurada. Es cierto que preguntando se llega a Roma, pero me gusta más la idea de llegar por mi cuenta. Decido que esa calle angosta y empedrada me conducirá a la plata. Entre los nervios y la subida, alcanzo el final jadeando.


Arriba hay negocios de plata con letreros que dicen: «Artesanos Plateros», «Platería antigua», «Diseños prehispánicos». Pero son carísimos. Esto no es el tianguis que me había imaginado. Miro la hora: son las 13.40 y aún no compro nada. Peor aun, la ciudad se ha llenado de turistas europeos que cambian euros y compran y compran y compran. Y compran plata. Mejor pregunto dónde está el tianguis, no hay tiempo que perder. Quiero comprar plata. Me dicen que baje por ahí, que doble en la primera y ya. Así lo hago y, después de doblar, encuentro mi tesoro: una vía larga, fina y oscura como los pasadizos árabes, con miles de puestos uno pegado al otro, todos radiantes de plata: aros, collares, pulseras, dijes, medallas, colgantes que me miran. Todo Taxco está mirándome como nunca nadie me ha mirado. Aunque, ahora que lo recuerdo, aquél vestido verde en São Paulo también me miró lindo.


Los sábados de feria, Taxco provoca. El pueblo entero se convierte en joyería descomunal, con millones de accesorios al alcance de la mano, sin la distancia de las vidrieras. Los sábados de feria, Taxco es redundante como una torta que tiene dulce en el relleno y en la cobertura también. Llama a la gula, al pecado. Y porque tengo temor de Dios, no volveré a Taxco.
Me brillan los ojos, por fin he llegado. Siento que he descubierto algo. No sé ni me importa que en Taxco haya talleres de platería desde 1930. Tampoco me interesa la historia, ni el barroco ni las visitas turísticamente obligadas. En este momento estoy en el cuerpo de un conquistador que ha llegado a su destino y ahora tiene que arrasarlo. Pienso en Alvar Núñez Cabeza de Vaca cuando descubrió las Cataratas del Iguazú. Éste es mi momento, tengo que concretar la primera compra.
–Señora, ¿cuánto valen esos aretes?
La mujer me dice que sólo vende al por mayor, que debo que llevar diez pares como mínimo. Taxco se está complicando. Sigo al otro puesto, pero ya no sé si me gustan los aretes largos de plata o los topitos con una turquesa. La gente me empuja y, sin quererlo, estoy en el puesto de al lado, que vende collares. El hechizo de Taxco, un sábado, se termina a las cinco o seis de la tarde. Miro el reloj otra vez: son las tres y todavía no compro nada. Comprar sin tiempo puede ser fatal y en Taxco el tiempo siempre falta. Por eso no volveré a Taxco.


En un momento veo un collar de perlas de plata y él me ve a mí: amor a primera vista, pienso. Lo compro y a partir de ahí empiezo a gastar. Me desato, corro por las calles como un caballo desbocado con sed de plata. Me olvido de mis amigas, me colma un egoísmo planetario que me da miedo pero es incontrolable. Compro con la rapidez de un incendio. Compro plata hasta que se me acaba la plata. Quiero gritar como grita Prince. Pero pido más, como piden los jugadores compulsivos.
Mi novio, que hace rato que me mira preocupado, me dice que me presta, que vamos a un cajero. El cajero se traba y la plata no sale. Mientras, la otra plata está ahí reluciente, esperándome. Pienso en separarme, en vender mi cartera, en cambiarla por plata. Pienso en lavar copas en un bar de Taxco, en asaltar a unos gringos. Hasta quiero pedir limosna en la catedral de Santa Prisca. Pero no hago nada. Simplemente bajo la calle como con la mirada infeliz de un penitente. Me subo al autobús de regreso al DF y, acariciando mi collar de perlas de plata, juro por el Cristo de los Plateros que a Taxco no vuelvo.


(Este texto lo escribí hace unos meses para la revista Etiqueta Negra)



Comments:

Me gustó el texto, muy divertido. Una vez fui a Taxco, pero por suerte no era sábado!!

Posted by Santiago B. on January 28, 2009 at 05:12 PM CLST #

QUe entretenido el final del texto. ;)

Posted by Nico on January 30, 2009 at 12:40 PM CLST #

Cuando fui a mexico , lo que mas queria era ir a taxco me toco la semana santa llena de turismo , pude ver todo comprar cosas preciosas pulseras lo que mas me encantaron , y no tuve problemas de nada de la nada ni siquiera me barrie en el vieje como todos hasta hoy uso mis aritos de plata de sombrero de raton gonzalez . yo creo que hay que saber hacer turismo , negocios y comprar , estoy mas que acostumbrada a todo , comparto mis viajes hasta con las culturas conciertos .

Posted by Marce on February 01, 2009 at 04:33 PM CLST #

Hola!
Estuve en Taxco, en julio del 2008, lo encontré precioso,sus calles empinadas y llenas de vueltas, las casas coloniales,todas blancas,la diversidad de artesanía,llena de mucho colorido,perolamentablemente,las joyas de plata demasiado caras.
Desde Los Angeles-Chile
ORIANA

Posted by ORIANA R. on February 02, 2009 at 02:31 AM CLST #

hola tu historia es genial... iguales a las mias ... digo a las mias porque aun no terminan y cada vez que estoy en taxco juro que no vuelvo por el viacrucis que padezco subiendo y bajando, pero al irme satisfecha de lo que he comprado todo se me olvida y quiero regresar y heme aqui de nuevo y para toda la vida.... besos.
ah... y regresa a taxco el te espera.

Posted by isabel sanchez on April 15, 2009 at 02:20 PM CLT #

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