Lima no es fea, por Carolina Reymúndez
Feb. 14 , 2012
¿Te vas a Lima la fea?, me preguntaron antes de partir. No me envidiaron porque viajaba a Lima. También dijeron Lima, la horrible. Y me miraron preocupados por el destino que me había tocado en suerte.
No, no me voy a Lima la fea. Me voy a Lima, una capital con nombre de fruta perfumada, donde se prepara el ceviche más exquisito y existe un Parque del Amor con una escultura de una pareja que se besa apasionadamente. ¿Cómo me podría parecer fea una ciudad que festeja el amor? No, Lima no es fea.
Me voy a Lima, una capital a orillas del Pacífico. Una ciudad donde viven ocho millones de habitantes, hombres capaces de llamar panza de burro a su cielo nublado, causa a una papa rellena, huarique a una fonda sin glamour pero con cocina buena y barata, y suspiro a un postre dulce. Lima, una ciudad de poetas y escritores. La ciudad donde se edita Etiqueta Negra, la mejor revista de crónicas de Latinoamérica. La ciudad donde surgen editoriales jóvenes e independientes, como Estruendomudo y Matalamanga. No me voy a Lima, la horrible.
Viajo a Lima, la Ciudad de los Reyes. Una capital donde el pasado precolombino irrumpe en medio de un barrio con la fuerza de un géiser. En el Huaca Pucllana, un centro ceremonial de la cultura Lima descubierto hace un par de décadas en Miraflores. En Pachacámac, una zona arqueológica de los suburbios donde hay un antiguo oráculo. Y en el Museo de Arte Precolombino Larco Herrera, con una colección de 55.000 piezas, que incluyen huacos, textiles, oro, momias y una impactante muestra de cerámica erótica.
Me voy a Lima, la ciudad de los restaurantes de Gastón Acurio, el hombre que le aportó una dimensión internacional a la cocina peruana. Viajo a una ciudad con mestizaje. Un lugar donde las raíces africanas se mezclaron con la sangre indígena, con los inmigrantes chinos que llegaron en el siglo XIX para trabajar en las haciendas y en las islas guaneras. Con el tiempo nació el Barrio Chino, la calle Capón y los chifas, como se les llama a los restaurantes de comida china, un buen lugar para probar el chaufa, arroz frito con carne, huevo y verduras.
Me voy a Lima, una ciudad con alto consumo de Inka Cola, esa bebida extra dulce tan arraigada en la población que a Coca Cola no le quedó otra que comprar la mitad de las acciones. Lima, una capital con antiguos balcones virreinales de madera trabajada como filigrana de oro. En la calle Jirón Conde de Supernuda están los de la Casa de Osamblea, entre los mejores conservados de la ciudad.
Viajo a Lima, el lugar donde hace unos años se creó Novalima, una banda de músicos que mezclan los ritmos afroperuanos con la electrónica. La banda que hace una hermosa versión de Cardo o Ceniza, la canción de Chabuca Granda. Lima, la ciudad donde viven los diseñadores que tomaron los afiches flúo de bandas de música tropical y los convirtieron en un producto gráfico novedoso, conocido como Chicha design. Quien vaya a comer en Buenos Aires al exclusivo restaurante peruano Sipán, que abrió el año pasado en Palermo, verá que forman parte de la decoración.
Me voy a Lima, una ciudad en movimiento, llena de contradicciones latinoamericanas. Ciudad de cumbia y reggaeton, de mototaxis y congestionamientos, de excavaciones arqueológicas permanentes y plaza de toros; de fuentes aguas danzantes y un río, el Rímac, con serios problemas de contaminación; de invasiones o zonas tomadas no lejos del centro y de familias que veranean en Asia, el balneario donde hay casas millonarias.
Me voy a Lima, una ciudad a la que siempre llega gente de la montaña que después de unos años se queja de la gente que llega de la montaña, y dice que ése es el problema de Lima.
Lima, una ciudad diversa, con historias y personajes. Una ciudad donde una mañana cualquiera uno se puede cruzar con María Luisa, la hija del Cusco, una cantante de cumbia vestida como un merengue amarillo y brillante, filmando un video frente a las puertas de una iglesia colonial, mientras las palomas revolotean sobre sus hombros descubiertos y ella baila con stilettos sobre adoquines y le canta Pensando en ti a un hombre con "carita de angelito y corazón del demonio".
¿Fea? No, señores, Lima no tiene nada de fea.




