Catamarca: la puna de culto
Jan. 05 , 2010
Publicado en Tendencias de La Tercera, 02 de enero de 2010
Mientras en la ciudad pensamos en la tecnología 3G, twitteamos y mandamos mensajes por celular hasta durante las comidas, en la puna catamarqueña -noroeste argentino-, la conexión a internet es azarosa. A veces anda, pero la mayoría de las veces no. Y los celulares funcionan con una de las dos principales compañías. La comunicación en la puna es así: extrema.
Hasta acá llegamos en un recorrido para aventureros, atravesando desde Copiapó la cordillera y dispuestos a pasar cuatro días entre cielos azules y viento aullador, entre la luz intensa que casi no respeta las sombras de los árboles y la soledad. A diferencia de la puna de Salta y Jujuy, la de Catamarca es menos turística y más real. Hasta ahora es un lugar con poca prensa, un saber que pasa de boca en boca. Se puede pensar en esta región del mapa, bastante cerca del límite con Chile, como una puna de culto. Con una alta concentración de volcanes (¡más de 200!), lagunas con flamencos rosados, un extenso campo de piedra pómez y muchas más vicuñas que personas.
"La gente emigra, ya no pastorea, no quiere vivir en la montaña, deja sus casas y va al pueblo", dice Zoltan Czekus, un húngaro que vive en Argentina hace 50 años y hoy es guía de turismo, artesano y dueño de un museo mineralógico en Antofagasta de la Sierra, pueblo de 1.300 habitantes, con casas de adobe y techos de totora, ideal para hacer base en los recorridos desde acá. De hecho, en un radio de 100 km a la redonda es posible encontrar numerosos vestigios arqueológicos (pucarás, pinturas rupestres), salares inmensos (Antofalla, salar del Hombre Muerto) y volcanes hasta los que llegan cientos de andinistas. Los más cercanos, Antofagasta y La Alumbrera, son dos chimeneas de fácil ascenso y desde donde se pueden sacar fotografías de bellos panoramas. Al pie está la laguna Antofagasta, donde habitan flamencos rosados y varias otras especies de aves
Se calcula que en la provincia de Catamarca hay unas 40 mil vicuñas, alrededor del 70% de las que existen en el país. Durante años, el camélido se cazó en forma ilegal, para utilizar su preciada fibra. Por eso, la cantidad de animales disminuyó drásticamente. Hasta que a fines de los 60 se prohibió la caza con estrictas multas. Tras tres décadas de repoblamiento, desde 2003 se realiza, una vez por año, el chaku o captura de la vicuña en el pueblo de Laguna Blanca, departamento de Belén. La mayoría de los 246 habitantes del poblado -y todos los que quieran ayudar- arrean las vicuñas silvestres por los campos de la puna hasta encerrarlas a un corral donde las esquilan a mano, con una tijera como de podar.
Cuando hablo de la puna de culto me refiero a esto: en el último chaku había sólo seis turistas: dos franceses, un cordobés y tres porteños. El toreo que se hace una vez al año en Casabindo, Jujuy, es cada vez más popular y últimamente se escucha más inglés que castellano, por la cantidad de turistas extranjeros. El chaku todavía es un secreto. No se cobra entrada, quizás por la alegría de los nativos de ver que alguien ha llegado hasta acá.
En los caminos de la puna catamarqueña las vicuñas andan plácidamente, pastando cerca de la ruta. Tanto, que puede ser necesario un bocinazo para que se corran. Y si van despacio, toca esperarlas. "Son un bien público", me dijo un funcionario de Ganadería.
Ruta de los "Seismiles"
Vecino al departamento de Antofagasta de la Sierra, el más remoto, y al de Belén, está Tinogasta, región reconocida entre los aventureros por el corredor de "Los Seismiles", como se llama la ruta que une los campamentos base de más de 10 volcanes que superan los seis mil metros. Con 6.882 m, el monte Pissis es el más alto, y le siguen de cerca, el Ojos del Salado (6.864 m), el segundo más alto de América después del Aconcagua, y el cerro Bonete. Por aquí está también el Paso San Francisco (4.726 m), que antes conectaba a los pueblos diaguitas que vivían a uno y otro lado de la cordillera, y hoy es un importante corredor bioceánico.
Los pobladores de la región están acostumbrados a la altura. Hablan de 4 mil metros como quien dice el nivel del mar. Pero al que llega de tierras más bajas puede dolerle la cabeza.
Cerca de estos "Seismiles", el volcán Galán tuvo su última erupción hace cinco millones de años y se cree que la ceniza llegó a varios países sudamericanos. Hoy tiene un inmenso cráter, 36 km de diámetro. Se puede recorrer el perímetro por un camino de ripio duro que atraviesa salares blancos como la nieve, terrenos rojizos y negros por la lava volcánica y lleva a miradores espectaculares, cerca de las nubes.
Para transitar la altura en paz, los nativos le agradecen a la Pachamama, muy presente en el norte, poniendo hojas de coca o un chorro de bebida en una apacheta o pequeño altar de piedras. Para la madre tierra que nos da y nos quita.
Datos útiles:
- Cómo llegar. Desde Copiapó se accede al Paso San Francisco, después de 285 kilómetros. De allí a la ciudad de Catamarca son 530 kilómetros por la RN 60; está asfaltada y en buen estado.
- Dónde dormir. En la Puna catamarqueña las hosterías son simples y confortables. La Hostería El Peñón fue remodelada recientemente y es una buena opción, igual que la Hostería Municipal de Antofagasta de la Sierra. Las habitaciones dobles rondan los 40 dólares, con desayuno.
- Guía. Es fundamental recorrer la zona con guía. Zoltan Czekus es una opción. Cobra US$ 80 por el día y US$ 300 si es con su 4x4 y un almuerzo incluido. Informes: (54-3833) 15502687. www.turismocatamarca.gov.ar





Posted by Eduardo González Araya on January 06, 2010 at 05:14 PM CLST #