¿Vacaciones en Cuba?
Nov. 16 , 2009
¡Algunos imperdibles de La Habana!
Miradores. La Habana tiene antiguos edificios para mirar la ciudad desde la altura. El gran Focsa, de 33 pisos, es uno de ellos. En el último piso de esta mole modernista está el restaurante La Roca con espectaculares vistas al Malecón y el Vedado. En la Habana vieja, una joya art deco: el antiguo edificio de la ronera Bacardi, que con la Revolución tuvo que llevarse su marca a otra parte. El edificio es increíble. Y desde el mirador alto se ve gran parte del centro de La Habana: el Capitolio, el Museo de la Revolución y el faro. Consejo: el atardecer es el mejor momento, hace menos calor y el cielo suele estar rosado. Estos son dos, pero hay otros que cada viajero irá descubriendo. Bueno, uno más: el antiguo Hotel Inglaterra tiene un bar en la terraza, que no es muy alta, pero el ambiente es ideal para unos tragos.
Las momias de Guanajuato
Aug. 26 , 2009
Después de ver la portada de uno de los últimos números de la revista Proceso, donde aparece una pila de cadáveres decapitados por la guerra narca en Michoacán, paso por delante de las famosas momias de Guanajuato sin escalofríos.
La romántica ciudad de Guanajuato, sede del Festival Internacional Cervantino y de muchas historias de amor que tarde o temprano atraviesan el estrecho Callejón del Beso, tiene una extraña relación con la muerte.
[Read More]Nuevo sentido para el árbol de toronjas
Aug. 17 , 2009
Desde que conocí a Gustavo G. en el vuelo de San Francisco al DF, el árbol de toronjas cobró un nuevo sentido para mí. Ya no será solamente un árbol que da toronjas o pomelos rosados, sino un escondite frondoso que le cambió la vida a él a los otros tres que se hicieron los muertos en el desierto profundo de Arizona.
Hasta creo que no podré volver a escuchar la palabra toronja sin que se me aparezca la imagen de su cuerpo casi sin respirar y los perros de la migra abajo, registrando, oliendo y mostrando los colmillos. Cuando un camarero me pregunte en algún desayuno de hotel, “¿jugo de naranja o de toronja?” no podré evitar el recuerdo de Gustavo G.
[Read More]Pasajeros en tránsito
Jul. 10 , 2009
El viaje comienza cuando salimos de casa, nunca cuando llegamos a destino. Esa máxima popular anónima y algo cursi cobra realidad cuando uno se sienta en el avión y el pasajero que tiene al lado le dice hola. Puede ser que la conversación termine ahí, pero en general y especialmente si el viaje es largo, un “hola” puede ser la plataforma de lanzamientos para la primera página del diario. Prefiero pasillo, a lo sumo ventana; el medio, nunca...
[Read More]Safari necrófilo en París
Mar. 06 , 2009
Es extraño pensar en un cementerio como un lugar de paso -y de paseo-, cuando la mayoría de los que está ahí no saldrá nunca. Igualmente, aquella mañana gris me empujó a caminar por el cementerio de Montparnasse, que casualmente estaba cerca del hotel.
Los cementerios en París, se sabe, son una atracción turística. Además de Montparnasse, Montmartre, Passy y Montrouge y otros, está Père Lachaise, el más grande y posiblemente, el que concentra más muertos célebres por metro cuadrado del mundo. Entre otros están: Balzac, Modigliani, Champollion, Yves Montand, Isadora Duncan, Edith Piaf y Jim Morrison, el Rey Lagarto, uno de los que recibe visitas más polémicas. Son polémicas porque los fans le rinden homenaje tomando alcohol y fumando hasta quedar knock out. Entonces, pusieron un guardia de seguridad solamente para cuidar esa tumba. A pesar de la medida, siempre hay escándalo. Hace un par de meses, Kate Moss convenció al guardia para entrar después del horario de cierre y bailó sobre su tumba… hasta que la echaron.
[Read More]Los mejores baños públicos de Nueva York
Feb. 27 , 2009
Las rutinas matan el uso del baño público, pero cuando uno está de viaje se rompen las rutinas y la necesidad llega, tarde o temprano.
En Nueva York el problema parecería resuelto con Diaroogle, un nuevo motor de búsqueda de baños públicos en la Gran Manzana.
Se busca por dirección, aproximación, código zip o barrio. Basta escribirlo y aparece una selección de baños públicos con algunas impresiones de autor. Por ejemplo, en Times Square hay alrededor de diez baños. Uno de los que nombra es el de Penn Station, pero recomienda usarlo sólo en caso de urgencia. Quizás para un pis rápido, pero nada más. En cambio, le tiran flores al baño del Marriott Marquis. Parece que si uno entra al hotel desde atrás y va directo a la escalera, nadie preguntará nada y los baños están a la vuelta, a la derecha. Según la página, son los mejores baños de Times Square.
Otro que vale la pena esperar si hay fila, el de Bryant Park, en la 42. Parece que hay flores frescas, música y suele estar impecable. Los autores inspeccionan baños con mucho gusto. Incluso, piensan expandir la idea a otras ciudades. Sólo piden que si alguien encuentra un baño para recomendar, no deje de hacerlo aquí. Porque el éxito del sitio, dicen ellos, depende además de los efectos de la comida mexicana y otros laxantes, del trabajo de todos.
La primera vez en Punta
Feb. 25 , 2009
Alvaro Espinoza y Claudia Arabia son turistas activos. Viajan seguido a Buenos Aires, conocen las playas de Brasil y ya fueron a Europa. Pero es la primera vez que vienen a Punta del Este. Y por lo que me cuentan, parece que no será la última.
“Este lugar superó mis expectativas, volvería de vacaciones” dice Alvaro, que ni bien llegó se encontró una rutina y sale a correr por la rambla todas las mañanas. Se va desde su hotel, cerca del Conrad, hasta la punta, pasando el puerto y los puestitos donde se vende brótola fresca.
Como otras veces, la pareja visitó Buenos Aires antes de llegar a Uruguay. A propósito, dicen que la encontraron más cara que unos meses atrás. Incluso la ropa, incluso comer. Como hacía calor y la ciudad estaba medio vacía cruzaron el Río de la Plata y se fueron en Buquebús a Montevideo y de ahí en ómnibus a Punta del Este por unos días.
A continuación, lo que más les llamó la atención en su primera visita al exclusivo balneario de Latinoamérica:
- Que una misma ciudad tenga tantos sectores con identidad propia: La Punta, La Barra (más taquilla), José Ignacio (onda artística, cool), eso sin contar La Mansa y La Brava.
- Los autos importados, las tiendas elegantes y el gran desarrollo inmobiliario, con construcciones top. El precio de las casas, también llama la atención.
- La comida, riquísima, y los jugos naturales, frecos. Los platos son contundentes y sabrosos, especialmente el chivito. Un dato: los churros de Manolo después de la playa.
- La temperatura cálida del agua.
- Que casi no haya vendedores ambulantes en la playa.
- La seguridad
- La costanera increíble para trotar y cómo la gente hace deporte.
- Los desfiles y eventos en la playa
- El casino del Conrad me pareció similar al de Viña, aunque acá no se ven las atractivas chiquillas bailando en el caño que vi en el Conrad...
- Pensé que habría más chilenos, pero sólo vi tres patentes de nuestro país.
- El paisaje de Montevideo a Punta del Este es imperdible
- Punta del Este me pareció caro, pero definitivamente volvería. Eso sí, la próxima vez me alquilo una casa y vamos por lo menos dos semanas.
¿Se puede escapar del Festival?
Feb. 09 , 2009
Me gustan las columnas de Thomas Swick, un antiguo editor del South Florida Sun Sentinel y autor de un par de libros de viaje. Hace unos días escribió una sobre el turismo de la negación. Swick llama así al turismo que toma cuerpo cuando escapa del turismo.
Me hace pensar en los muchos viñamarinos a los que no les interesa el próximo Festival de Viña, cuando la ciudad con tranquilidad de pueblo se llena como nunca de gente con espíritu festivalero. En unos pocos días habrá famosos caminando y comiendo y viviendo en Viña. Y también habrá curiosos que los seguirán de cerca. Algunos viñamarinos estarán orgullosos y quizás salgan a pasear o traten de escabullirse en el Sheraton para ver a Tonka, a Camiroaga o a Polino.
Pero estoy segura de que existe otra tribu de viñamarinos que un par de días antes del comienzo del festival huirán. Ellos planifican cuidadosamente su febrero para perderse el Festival, para estar lo más lejos posible. Escarparán de la ciudad como si se avecinara una peste. Seguramente ya hicieron los arreglos necesarios para no estar en una ciudad llena de turistas.
Lo que quizás ellos no saben, y es lo que dice Thomas Swick en su columna, es que cuando lleguen a una ciudad nueva ellos mismos se convertirán en turistas y otros se sentirán obligados a huir. ¿Es imposible escapar del turismo? ¿Se puede escapar del Festival?
Casas del Mar, en México
Jan. 30 , 2009
Ayer recibí un correo de Dalia Zúñiga Berumen, una colega mexicana. Es tapatía, oriunda de Guadalajara, y reportera de Ocio, una revista de cultura urbana.
Me cuenta Dalia que acaba de salir su primer libro, Casas del Mar, de Amaroma Ediciones. Como muchos periodistas, ella tampoco se conforma con escribir sólo en el trabajo.
De pequeña quería ser arquitecta, pero dice que era pésima dibujando. Entonces, estudió periodismo. Curiosamente, como una recompensa piensa ella, su primer libro es de arquitectura.
El año pasado la contrató la editorial Amaroma de Guadalajara para redactar los textos de este libro, que es de gran formato, de ésos que se dejan en la mesa ratona. “Es un libro de arte, de arquitectura pero visto desde la óptica sensorial, no con términos técnicos. Son 20 casas actuales, ubicadas en Los Cabos, una de las playa más exclusivas de México donde estrellas como Geroge Clooney y Cindy Crowford tienen casas de descanso, otras en Puerto Vallarta, cerquita de Guadalajara en Jalisco y Acapulco, Guerrero, la primera playa mexicana en internacionalisarse, en el estado de Guerrero”, escribe Dalia.
La reportera tapatía viajó a todos esos lugares, visitó las casas y se entrevistó con los dueños, que además de contarle sobre decoración y arquitectura, le hablaron de sus historias, mientras la fotógrafa, Rocío Guellén tomaba las fotos que harán soñar al que las vea.
Las casas del libro se construyeron hace poco tiempo. Sólo hay una con 20 años de antigüedad que fue remodelada completamente, en Los Cabos. Esa casa tiene una historia especial.
“Sus dueños son estadunidenses, una pareja que tenía tres hijos cuando levantaron esa casa. En una ocasión, de vacaciones en Acapulco, los padres se lanzaron a la quebrada, una caída de 35 metros de altura, muy famosa porque clavadistas de todo el mundo acuden a echarse desde sus peñascos. Pues bien, uno de los hijos tenía miedo de lanzarse y los padres insistieron hasta convencerlo, pero el muchacho jamás salió y su cuerpo no fue encontrado. La familia se devastó y cerró la casa de Los Cabos por muchos años, hasta que la dueña pudo superar el dolor. Una de sus tareas fue remodelar la casa, pintándola de blanco”, escribe Dalia.
Al parecer, el libro de Dalia no es sólo de fotos bonitas. “Hay otra casa en la que una pareja de capitalinos dejaron el DF en busca de paz y se fueron a Los Cabos con sus hijos, pues ya habían sufrido violencia y asaltos. Todas las mañanas caminan tres kilómetros de playa recogiendo basura. Son millonarios, desde luego, de sesenta años de edad, pero les gusta ver su adorado espacio limpio. Una tercera es la historia de un hombre que se mueve en silla de ruedas y vive también en Los Cabos, con su esposa: toda la casa se diseñó para que pueda moverse con su silla, incluso la alberca tiene un asiento móvil. Es una maravilla de mansión”.
Hay algunas casas que todavía no están habitadas y los arquitectos buscan venderlas. Otras son de veraneo para familias que tienen una vida maravillosa en su país de origen y sí, como escribe Dalia Zúñiga en su correo, “casi todas las casas son de extranjeros”.
Turismo y shopping, ¿un viaje de ida?
Jan. 28 , 2009
Hacer shopping en un pueblo-escalera es inhumano. Por eso no volveré a Taxco, la ciudad donde viven los artesanos plateros más famosos del mundo, la Meca de la Plata donde todos los sábados hay un tianguis –como llaman en México a los mercados– de plata, pero sobre todo una ciudad de plata entre laderas y cerros donde siempre hay que subir o bajar.
Es una mañana de sábado y, desde el DF, he demorado tres horas de viaje en un bus. Me da tiempo para pensar qué quiero comprar: seis pares de aros de plata, un collar –¿o dos?– de plata, algunos dijes y cinco regalos de plata para mis cinco amigas.
–En un rato lo resuelvo y después recorremos el pueblito –le digo a mi novio que me acompaña.
Prefiero la plata al oro. Supongo que me atrae más el color, el brillo, la temperatura. La plata me parece más fresca, menos pesada aunque pese lo mismo. Una vez, hace muchos años, me dijo mi abuela que algún día me interesará el oro, más adelante.
Porque ahora he llegado a Taxco, la ciudad de la plata, y me bajo del bus apurada. Es cierto que preguntando se llega a Roma, pero me gusta más la idea de llegar por mi cuenta. Decido que esa calle angosta y empedrada me conducirá a la plata. Entre los nervios y la subida, alcanzo el final jadeando.
Arriba hay negocios de plata con letreros que dicen: «Artesanos Plateros», «Platería antigua», «Diseños prehispánicos». Pero son carísimos. Esto no es el tianguis que me había imaginado. Miro la hora: son las 13.40 y aún no compro nada. Peor aun, la ciudad se ha llenado de turistas europeos que cambian euros y compran y compran y compran. Y compran plata. Mejor pregunto dónde está el tianguis, no hay tiempo que perder. Quiero comprar plata. Me dicen que baje por ahí, que doble en la primera y ya. Así lo hago y, después de doblar, encuentro mi tesoro: una vía larga, fina y oscura como los pasadizos árabes, con miles de puestos uno pegado al otro, todos radiantes de plata: aros, collares, pulseras, dijes, medallas, colgantes que me miran. Todo Taxco está mirándome como nunca nadie me ha mirado. Aunque, ahora que lo recuerdo, aquél vestido verde en São Paulo también me miró lindo.
[Read More]Cruceristas en Valpo
Jan. 24 , 2009
Leo por ahí que Valparaíso, una de mis ciudades preferidas, se prepara para una invasión: llegarán 18.000 cruceristas durante esta temporada. Arribarán entre otros, en el Queen Mary II y el Radiance of the Seas, dos de los barcos que más pasajeros llevan. Cerca de cuatro mil turistas se bajarán para recorrer Valpo al galope.
Me los imagino a todos muy blancos y algo gordos. De cabello blanco y cuerpo blanco y ropa más o menos a blanca. En su libro Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer, David Foster Wallace escribió: “Hay algo ineludiblemente bovino en un turista americano avanzando como parte de un grupo. Hay cierta placidez codiciosa en ellos. En nosotros, mejor dicho. En puerto nos convertimos automáticamente en Peregrinator americanus, Die Lumpenamerikaner.”
Casi puedo ver a estos Peregrinator americanus, subiendo por el ascensor Concepción y El Peral, sacando fotos de las casas de colores, huyendo de los perros vagabundos, tomando un pisco sour, comiendo en alguna taberna. Todo en cámara rápida porque son apenas unas horas, porque no hay tiempo. Porque al turista de crucero le muestran una belleza y se la quitan a las cuatro horas. Para los cruceristas, el mejor paisaje parece ser el del interior del barco, con margaritas, música de fiesta interminable y buffet libre.
Quizás algún guía les cuente sobre los fuegos del Año Nuevo. Tal vez les diga que en la ciudad viven cerca de 300.000 habitantes y que muchos son artistas. Debería hablarles de La Sebastiana, los viajes a Suecia, el pasado de inglés, el terremoto, la crisis de los 80, los hoteles boutique, la poesía que ronda los cerros. Quizás alguien les cuente y quizás también los cruceristas no lo escuchen. Posiblemente para ellos, Valparaíso se puede conocer en cuatro horas.
No sé qué recuerdo tendrán de Valpo estos Peregrinator americanus. No me imagino que sientan ese puerto loco que contó Neruda. A bordo, entre margaritas y música de fiesta interminable, todos los puertos empiezan a parecerse.
[Read More]Obamamartini y Baracktail, nuevos tragos
Jan. 21 , 2009
Mucho se ha escrito sobre las preferencias presidenciales en materia de alcohol. A J.F.K le gustaban los daiquiris y a Roosevelt, el whisky; Truman tomaba bourbon y Bush prefería el pisco sour sin alcohol, según declaró. De Obama se sabe poco. Al parecer le gusta el champagne, aunque no suele tomar alcohol. Un periodista del Washington Post le sugiere un cóctel al nuevo presidente, que se llama justamente El Presidente y fue inventado en La Habana. Lleva ron y vermouth, y es al mismo tiempo elegante, sofisticado y cool, ¿como Obama? Dulce, amargo, blanco, negro, aromático, astringente, latino, explosivo, ¿cómo será el cóctel Obama?
La obamamanía no tiene límites. En Hawaii existe un tour para visitar los sitios donde vivió y creció el 44° presidente de Estados Unidos y los diarios de Estados Unidos ya hablan de cócteles inspirados en él: Obamamartini, Baracktail y Obama Mama.
Argentinos en Reñaca
Jan. 19 , 2009
A veces pienso que no le gusta mucho. En los años que nos conocemos, siempre se ha quejado de la invasión que sufre su ciudad en verano: “Esto se llena de santiaguinos y argentinos, es una desgracia. En enero los argentinos, en febrero los santiaguinos”. Pero, aunque no lo dice, estoy casi segura que la invasión lo alegra. Le da orgullo. Recuerdo el verano del 2002, cuando por Reñaca no se aparecía ningún argentino (en plena crisis), que mi amigo me reconocía con algo de tristeza. “la verdad, es que igual se los extraña”. |
¿Te embarcarías un martes 13?
Jan. 13 , 2009
Todavía recuerdo la cara del ese hotelero de Miami cuando me tomó los datos, un martes 13 de hace algunos años.
Era un español viejo y malhumorado. Si bien estaba ya afincado en Estados Unidos, su superstición -entre otros detalles- no se había modificado: los viernes 13 no significaban nada para él. En cambio los martes…
Lo recuerdo bajo, con nariz grande y pelos que florecían en las comisuras de sus orejas alargadas. Los ojos parecían dos agujeros negros con salida a una cloaca oscura.
No se podía mirarlo mucho porque uno tenía la sensación de resbalarse en un tobogán infinito. Cuando le preguntaba algo, lo hacía mirando hacia el enorme ramo de estrilicias que había sobre el mármol de la recepción, sólo para no cruzarme con sus botones negros. Gracias a Dios ese día que le pedí más toallas, lo hice por teléfono.
El caso es que ese martes 13, cuando tomó mis datos, me miró a los ojos con su cara de muerte y dijo:
- ¿No podía viajar mañana?
Le respondí que no. Viajar es parte de mi trabajo y lo hago en la fecha que indica el pasaje. El tipo me escupió un débil “Usted sabe” y extendió la planilla para firmar, con manos huesudas y blancas.
Me fui al cuarto con miedo y ese día preferí no volver a salir. Sentí que había estado en peligro pero pude burlar a la mala suerte. El viejo de pelos en las orejas había sido una señal. No pisé la calle en lo que quedaba del día. South Beach podía esperar.
¿Te embarcarías un martes 13?
[Read More]Dakar, monumentos y homenajes
Jan. 09 , 2009
Más o menos un año estaba a punto de partir de Dakar, la capital de Senegal. Era una mañana fresca cuando abordé el avión de Ethiopian Airlines rumbo a Adis Abeba, en Etiopía. Ya en la pista el avión carreteó para tomar velocidad y de repente frenó en seco. Se había metido un pájaro en la turbina, rompió un álabe y así no se podía seguir, dijo el comandante.
Después de algunas horas de espera, volví a Dakar. O bueno, a Ngor, en las afueras de la ciudad. Nos llevaron a un hotel en esa villa residencial que, después supe, es donde vive el músico Youssou N' Dour y donde paraban los competidores del Rally París Dakar. Hasta encontré un monumento a su creador, el francés Thierry Sabine, que murió en 1986 cuando el helicóptero en el que viajaba se estrelló en Mali.
Sabine murió en su ley. Como dijo Juan Ho, uno de los comentaristas del post anterior, sobre el francés Pascal Terry muerto en La Pampa: "murió con las botas puestas en medio de una carrera". Me pregunto si se levantará un monumento en su homenaje.
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Me escribe un amigo chileno, viñamarino de toda la vida, y me dice: “Esto está plagado de argentinos”. Y no sé bien si me lo dice como queja, o con orgullo. 