Christian Retamal

El pensador de nubes

 

Arturo Martínez y su falta de filosofía

Sep. 01 , 2011

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Las declaraciones de Arturo Martínez sobre los profesores de filosofía moverían a la carcajada si no fuera porque están emitidas por el Presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, la multisindical más grande del país...

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Hinzpeter, el señor de la parafina

Aug. 05 , 2011

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Cuesta pensar que un Gobierno que tiene unas cifras de apoyo tan mínimas sea tan torpe al querer contener una marcha estudiantil. Si el objetivo del Ministerio de Interior era mantener el orden público fracasó rotundamente, ya que el accionar desproporcionado de Carabineros paralizó una parte esencial de la ciudad durante todo el día jueves y diseminó el conflicto que antes estaba focalizado a otras zonas de la ciudad...

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Cómo la tecnología potencia las nuevas manifestaciones democráticas globales

Jun. 02 , 2011

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¿Qué tienen en común las manifestaciones del norte de África, las que están
ocurriendo en Madrid y las que se están produciendo en Chile? Todas
ellas están siendo protagonizadas por ciudadanos comunes y corrientes
que se han organizado en términos horizontales, independientemente de
los partidos políticos e incluso contra ellos...

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Lo que la tecnología aporta a las nuevas manifestaciones democráticas globales

May. 27 , 2011

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¿Qué tienen en común las manifestaciones del norte de África, las que están ocurriendo en Madrid y las que se están produciendo en Chile? Todas ellas están siendo protagonizadas por ciudadanos comunes y corrientes que se han organizado en términos horizontales, independientemente de los partidos políticos e incluso contra ellos. Además todas han comenzado con exigencias específicas de mayor democratización para devenir en una demanda de transformación del sistema político en su conjunto. Otro elemento en común es la ausencia de líderes carismáticos y visiones ideológicas cerradas que permitan asignarle algún color específico a estas acciones. Además, y este es el punto más interesante y novedoso, podemos apreciar la utilidad del uso intensivo de la tecnología, especialmente  internet, las redes sociales,  y la telefonía móvil.


En efecto todas estas manifestaciones están siendo coordinadas a través de las redes sociales de un modo que es imposible por los medios tradicionales. Las redes permiten formas de deliberación más democrática que las que permitían los partidos políticos y por otro lado permiten que los miembros discutan con mayor libertad y reflexión que lo que permite el debate tradicional de la prensa o en los medios audiovisuales más susceptibles a la manipulación. En las redes no importa tanto la autoridad de quien argumenta, sino el argumento mismo. Esto sucede porque los ciudadanos así como pueden integrarse con mucha facilidad a las causas propuestas, también pueden abandonarla si perciben mala fe o un intento de manipulación.


Otro elemento a destacar es la forma de participación, ya que el tiempo, el esfuerzo y el riesgo que cada ciudadano asume en este tipo de movimientos es altamente variable, lo que posibilita un arco muy grande de involucramiento por parte de cada cual. Así la suma de los esfuerzos particulares dentro de la acción colectiva recoge tanto la pequeña acción de redistribuir un mensaje en Twitter hasta compromisos más profundos. Ello genera una invitación a participar que permite a cada uno participar a su modo, de acuerdo a sus propios intereses y capacidades y con la ventaja del anonimato si es que se desea, lo cual minimiza los costos y riesgos en contextos poco democráticos. Esto da pie para que personas que con los métodos tradicionales de acción no participarían puedan ahora hacerlo y realmente colaborar en el esfuerzo colectivo.


Este es caso de Anonymous y su ya famoso lema “somos legión”. Anonymous es un movimiento trasnacional, descentralizado, sin lideres ni voceros y altamente flexible. Si a los partidos políticos suele asociárseles con metáforas como las de un aparato monolítico y poco permeable, Anonymous puede comparase entonces con el agua que todo lo penetra y que no puede ser atrapada con el  tenedor habitual de la represión estatal. Anonymous remite a un movimiento sin una cabeza visible, de personas corrientes que desean seguir siéndolo, que se coordina en foros a través de internet para llevar a cabo acciones virtuales como los ataques de denegación de servicio que tumban web de partidos, empresas o gobiernos, que es lo más parecido a plantarse ante un ministerio en la realidad material. Para ello Anonymous cuenta con varios instrumentos informáticos, que hasta el más ignorante en tecnología puede usar con plena seguridad, como el software LOIC que el ciudadano interesado puede descargar y que permite ya sea desde la comodidad del hogar o desde un teléfono celular participar junto a otros cientos de miles en una ciberprotesta. Anonymous combina estas acciones con la participación en la calle con movilizaciones en que suele usarse la máscara del protagonista de Vendetta, personaje ya mítico en los movimientos en Internet (De hecho ya están planificando acciones contra HidroAysén). Sus éxitos han sido relevantes movilizando a miles y socializando los problemas que los motivan. Lo que resulta llamativo desde la perspectiva política tradicional es que Anonymous renuncia explícitamente a ser representados por algún liderazgo, ya que se define como antes se indicaba como un movimiento de personas comunes que quieren seguir siéndolo y no manipulados por los distintos liderazgos y las ideologías dominantes. Su base es la búsqueda de mayor democracia y su medio es la libertad y transparencia que la red posibilita.


Otros grupos tienen un carácter más reducido y especializado que tienen como objetivo la búsqueda y redistribución de la información que es considerada fundamental para el ejercicio del debate público. Tal es el objetivo de la ya célebre Wikileaks, que a esta altura nadie razonablemente puede negar su impacto e importancia. No se trata, como dijo tan equivocadamente Vargas Llosa, de simples chismes. La evidencia de grandes casos de corrupción, de los mecanismos de recogida de información por parte de EE.UU. y como colabora y coacciona a otros gobiernos, la descripción de la vida en el campo de concentración de Guantánamo, entre otros crímenes de guerra y otros muchos secretos filtrados son más que una evidencia de su impacto en la política internacional. Otra organización importante es Indymedia que se define como la agencia global de información del movimiento altermundialista o antiglobalización. Indymedia es sostenido por cientos de activistas de muchos países, también Chile, que distribuye notas, convocatorias, fotos y videos de acciones denunciando a los gobiernos y empresas y organismos económicos internacionales. Indymedia tiene una visión ideológica más definida que otros movimientos.


Otro grupo importante es Nodo50 que entrega un soporte técnico especializado a diversas organizaciones de pocos recursos de todo el mundo. Nodo50 se define a sí mismo como el movimiento de contrainformación en la red para enfrentar la visión de mundo e informar de los problemas que los medios tradicionales no entregan. Avaaz por su parte opera como un acupunturista que define acciones concretas y globales de protesta contra gobiernos e instituciones que violan los derechos humanos. Para participar los ciudadanos registran sus correos en los que reciben una alerta de acciones especificas que van desde detener una pena de muerte a la promulgación de leyes penales contra la homosexualidad o bien llevar equipos de comunicaciones y computadores para ayudar a las protestas en el norte de África y mantener abiertas las comunicaciones contra los gobiernos que atentan contra sus pueblos. Los participantes de Avaaz gastan en promedio menos de un minuto en llevar a cabo una acción que mirada desde lo colectivo lleva a resultados muy positivos como el salvar vidas.


Democracia ya, que en estos días está conmoviendo la política española, opera en base a las redes sociales más básicas como Facebook y Twitter en acciones virtuales, encuentros y acampadas en las principales plazas del país. Su composición es altamente heterogénea; jóvenes cesantes (en el paro), estudiantes, trabajadores precarios, etc., y con gran inteligencia han logrado plantear la subordinación de los gobiernos a las entidades financieras. Un elemento importante es que el movimiento vehiculiza una gran cantidad de material visual (fotos, videos) para mostrar y documentar el accionar del movimiento, sus logros, así como para denunciar desmedidas respuestas policiales. Esto resulta particularmente importante, ya que poder mostrar lo que sucede es fundamental para la amplificación de los movimientos y ayuda a prevenir una represión desmesurada. Podrían citarse otro importantes movimientos que se han adaptado a la participación en red, pero lo que se trata es mostrar unas lógicas nuevas más que un catalogo de movimientos sociales.


Los manifestantes de nuevo cuño virtual han entendido que en las redes e Internet en general no puede decirse nada que no pueda repetirse delante de un juez. De este modo la transparencia completa lejos de debilitarlos los cohesiona y e inmuniza ante las infiltraciones indeseables.


Pero tampoco hay que ser ingenuo, como señaló Julian Assange en una reciente conferencia, las redes sociales como Facebook y Twitter son esencialmente débiles a la hora de mantener secretos así como la intimidad de sus miembros. Más aun es posible hacer un mapa de relaciones de un usuario, lo que implica un peligro para la autonomía en contextos antidemocráticos. Este peligro proviene como señala Assange de que ambas redes están en manos de privados, es decir no son un bien público, y están bajo la ley de los EE.UU. Por ende los datos son accesibles y permiten crear un perfil político. Pero también ya se están diseñando otras formas de redes que se espera tengan un funcionamiento autorregulado sin una gestión centralizada.


Finalmente es una buena noticia que el interés por la política haya vuelto de manera novedosa, actualizada a nuestros tiempos y con mayor sentido de la democracia del cual los políticos tradicionales parecen carecer.


 

Energía nuclear en Chile... No, gracias.

Mar. 18 , 2011

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Mientras todos miramos con espanto lo que sucede en Japón, con el transfondo de nuestras propias imágenes del 27 F, al menos respiramos con cierto alivio pensando en que estamos, por ahora, libres de vivir con el miedo nuclear. Sí, por ahora, porque el lobby pronuclear hace tiempo que viene moviendo sus fichas con discreción para crear un clima favorable a la creación de centrales nucleares en Chile. Ya se ha firmado un acuerdo con Francia y se está pronto a firmar otro con EEUU bajo el manto de la investigación científica. Estos pasos que se han llevado a cabo con el mayor sigilo intentan sacar del debate público el tema de la necesidad específica de la energía nuclear y su viabilidad en nuestro territorio...

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Razones para celebrar y conmemorar el Día Internacional de la Mujer

Mar. 08 , 2011

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Crecientemente se escuchan voces respecto de lo añejo de celebrar el Día de la Mujer, ya que se argumenta que el camino a la igualdad de derechos está claramente definido y que hay una sensación de logro que no justifica un día como este. Generalmente esa opinión es aceptada por muchas mujeres profesionales jóvenes que no conocen el largo camino que se ha recorrido para que sus derechos se vayan ampliando y que aun muchas mujeres no pueden disfrutar de ellos en nuestro propio país. Es bueno recordar que este día surgió de un conjunto de hechos trágicos protagonizados por mujeres –especialmente obreras- durante el siglo XIX y XX. El que este día haya sido absorbido por el consumo y se le denomine genéricamente como Día de la Mujer tiende a trivializar y desdibujar su sentido original. Siempre señalo la necesidad de considerar que los derechos son algo que deben defenderse y tenerse en cuenta como algo que no es seguro por sí mismo. Creo que vivimos en una cierta comodidad de lo logrado en las últimas décadas, cuestión que seguramente no es compartida por las mujeres en un amplio rango.

 


Las voces iniciales que señalaba son aquellas que de algún modo tienen la posibilidad de expresarse en medio de la opinión pública, posibilidad que tienen muy pocos ciudadanos aun en las democracias más desarrolladas. Si observamos las revoluciones del norte de África que están aconteciendo en estos días, veremos que las que más se juegan en ellas son las mujeres que buscan lograr derechos que para nosotros son muy naturales y que allí no existen. Las actuales discusiones sobre la ampliación del derecho maternal  recuerdan que no todo es tan dulce como pareciera en nuestro propio país. Las desigualdades salariales, la pretensión irracional de controlar el mundo de la sexualidad desde una moral particular y el hecho más amplio de situar a las mujeres en unos roles específicos es algo presente. En muchas empresas hoy se regalarán rosas para celebrar el día de la mujer, dicho regalo debiera ir acompañado de una copia del Código del Trabajo y de un nuevo contrato social.

 


La trivialización de la publicidad no debiera ocultarnos el fondo de la cuestión: el derecho de ser iguales y diferentes al mismo tiempo. Iguales en derechos laborales, en oportunidades de estudio y desarrollo personal, así como en una redistribución de la carga de maternidad. Derecho a la diferencia para reconocer particularidades de género y de identidad que necesitan expresarse y reconocerse.

 


Iguales y diferentes, así de complejo y así de fácil al mismo tiempo. Por ende, la opinión de que no hay nada que conmemorar o celebrar debiera reconsiderarse para dejar paso a una visión más profunda de lo que se ha logrado y a que costo y especialmente de quienes han pagado ese costo. El machismo que mata, el sexismo que limita, las distintas formas de discriminación y acoso son una cuestión persistente y muchas veces justificada en las tradiciones. Es bueno indicar que ninguna tradición tiene un valor en sí misma por el mero hecho de ser una tradición. Hay tradiciones que como parte de una sana evolución democrática debieran pasar a formar parte de la historia. Finalmente forma parte de la pedagogía democrática el poder situarse en la sociedad sabiendo el lugar en el que estamos y como hemos llegado allí, por ello cuando hoy le regalen la rosa recuerde pedir también ese nuevo trato social, ya que los derechos no son cuestión de un día.


 

Mineros atrapados: Cuando el negocio es arriesgar la vida ajena

Aug. 24 , 2010

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Mientras escribo estas líneas el destino de los mineros atrapados en la mina San José ha dado un vuelco hacia la esperanza. Sin embargo, a sus empleadores nada cabe agradecer. Se han ocultado y lo más llamativo que han hecho es ayudarse a sí mismos contratando un bufete de abogados. El camino que llevó a esta situación es típica de una cierta mentalidad de hacer negocios que supone que los derechos laborales, las medidas de seguridad e incluso la propia vida de los trabajadores es parte de los factores de ajuste de la ganancia. Así, la vida, los derechos y la seguridad entran en el campo de los bienes transables, despojados de una consideración moral intrínseca y del sentido de responsabilidad social de la cual tanto se habla y muy poco se práctica.


Este modo de hacer negocios se ha vuelto tan corriente que los accidentes laborales se han vuelto una parte “normal” de los noticiarios, más aun cuando estamos en condiciones de desregulación de las normas laborales y la Inspección del Trabajo desde hace tiempo es poco más que un buzón de reclamos y no por sus fiscalizadores, sino porque la autoridad política se inhibe hasta el escándalo. No se trata de que estemos a merced de unos empresarios inescrupulosos (cosa que no sé), sino de que la forma misma de hacer negocios se ha vuelto perversa. Desde ese punto de vista, como dice Noam Chomsky, debemos distinguir entre la institución o los modos de relación y las personas que están involucradas en ellas. Siguiendo ese ejemplo, la institución de la esclavitud es intrínsecamente perversa, aunque las personas que participan de ellas puedan ser muy buenos vecinos, padres, miembros de la comunidad, etc. Pero, en cuanto partícipes de la institución de la esclavitud son moralmente perversos. Extendiendo esa reflexión a muestra realidad vemos que las personas que toman las decisiones respecto de la seguridad y el riesgo de los trabajadores pueden ser muy buenas personas, pero desde un punto de vista estructural vemos que su rol es altamente cuestionable. Cuando pagar las multas, las indemnizaciones e incluso los seguros de vida por muertes en accidentes laborales perfectamente evitables se vuelve un modo de gestión normal, que considera lo anterior como un costo menor que cumplir la ley y las normas sociales, tenemos un problema grave, muy grave.

En efecto, poner la búsqueda de ganancias como valor supremo por sobre la vida, seguridad e integridad de los trabajadores es  algo que nos afecta a todos en nuestra propia condición de trabajadores. La racionalidad de esta forma de gestionar el trabajo implica neutralizar normas éticas básicas expresadas en la ley y en los mínimos morales aceptables en una sociedad que se pretende democrática. Dicha neutralización se lleva a cabo mediante muchos modos. Quisiera destacar una que aquí se ha desplegado en toda su magnitud. Me refiero a la “intermediación burocrática” que hace que los procedimientos  formen parte de una rutina sistemática donde abstracciones como “la empresa”, “el sistema”, “los jefes”, etc., vuelven invisibles a quienes toman las decisiones y al mismo tiempo diluye la responsabilidad individual, así como los cuestionamientos morales que pudieran surgir. Esta modalidad de neutralización moral se ha vuelto tan sofisticada que hemos llegado a aceptarla como una parte central y necesaria de las relaciones productivas modernas. Si las cosas salen mal la responsabilidad será personal, si es que ésta logra llegar a identificársela y probarla en tribunales, pero la responsabilidad institucional quedará en el mayor de los casos diluida en esta intermediación burocrática.

El juego del riesgo es algo que está plenamente institucionalizado y forma parte de la cultura empresarial que raramente se aborda en los curso de Ética Laboral o similares. Por el contrario, estas asignaturas tienen una estructura unilateral, orientada a motivar a que los trabajadores den lo máximo de sí a sus empresas, ya que se supone la existencia de un compromiso mutuo, no solamente laboral, sino también moral. Pero el problema, nada menor, es que no se aborda la responsabilidad inversa, la de la empresa con sus trabajadores.

Durante siglos los humanos se han esforzado denodadamente por alejar el riesgo de sus vidas y en muchos campos lo hemos conseguido. Sin embargo, la fuerte desregulación del trabajo, la intermediación burocrática y la búsqueda de ganancias a cualquier costo ha vuelto a introducir al riesgo como un elemento central de nuestras vidas. Ciertamente el riesgo no está distribuido igualitariamente en la sociedad. Este recae sobre los trabajadores, especialmente los subcontratados, más que en los directivos o los trabajadores de cuello blanco. Si consideramos a las empresas como instituciones programadas para generar recursos para sus dueños y accionistas, sin un contrapeso fuerte por parte de los ciudadanos y sus instituciones, lo que vemos entonces es el retorno de la lucha de los más fuertes contra los más débiles o, dicho de una manera más directa, la desnudez de la lucha de clases. El empresario minero ve los metales, los índices de transacción y lo que ganará, mientras el minero ve al fondo de la mina el pan que tiene que poner en su mesa, lo cual es un objetivo imperativo que lo obliga a aceptar el riesgo.

De este modo, el libro de contabilidad donde se ingresas los costos y las ganancias se vuelve el tablero donde saltan los dados de la vida de mucha gente. Vidas ajenas que no forman parte, desgraciadamente, de la gran historia de este país. ¿A quienes deberíamos exigirles una solución contundente a esta nefasta situación? Primeramente a nosotros mismos, en cuanto ciudadanos responsables, porque al menos desde un punto de vista egoísta debiéramos  preocuparnos del riesgo que pende sobre nosotros. En segundo lugar debiéramos exigir a los políticos de todos los sectores responsabilidad para mejorar y aplicar  de verdad las leyes. Y aquí es necesario destacar que hay responsabilidades compartidas, porque la Concertación en sus 20 años no alteró radicalmente esta situación, ni tampoco la derecha ha ayudado en algo.

Claramente no les podemos pedir a los empresarios moralmente irresponsables que cambien su actitud. Eso sería  una grave ingenuidad, pero podemos exigirle a la autoridad política que haga cumplir las leyes y que el juego de arriesgar las vidas ajenas termine definitivamente. Mientras tanto mi último pensamiento es para esos trabajadores atrapados en lo profundo de la tierra, ya que no están allí por accidente, sino porque alguien apostó sus vidas. Esperemos que salgan de allí para tener una nueva vida.


Mujeres entre escombros

Mar. 09 , 2010

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Este 8 de marzo tiene un sabor diferente y amargo. Miles de mujeres que sostienen a sus hogares dormirán con sus familias a la intemperie y quizás sin comer. El terremoto nos ha mostrado al país en su peor espejo. Como decía Carlos Franz en una columna del diario español El País, cada generación de chilenos ha sido bautizada en un terremoto y forma parte de nuestras calamidades familiares. Lo bueno es que mañana esas mujeres se levantarán y seguirán trabajando y reconstruyendo este país. La conmemoración del Día Internacional de la Mujer nos recuerda que aún queda mucho que hacer para que -tanto en la desgracia como en la normalidad de la vida cotidiana- podamos disfrutar de la igualdad de derechos y dignidades que nos corresponden independientemente de nuestro género. El 8 de marzo recuerda a todas las mujeres que han luchado por los derechos que hoy nos parecen tan naturales, mujeres que dedicaron su vida, su muerte, a veces sólo un grano de arena a la dignidad de la mitad de la humanidad. Muchas veces en la comodidad convencional mucha gente cree que la igualdad está lograda, ya que las mujeres van a la Universidad libremente, así como al trabajo, o son emprendedoras y que por ende esta conmemoración es un anacronismo algo izquierdizante que debiéramos dejar atrás, al igual que el 1º de Mayo.

Sin embargo, me parece que justamente esa comodidad convencional es el resultado de las luchas que otras y otros ya dieron en su momento y que nos permiten la seguridad de considerar nuestros derechos como algo natural. Pero no hace muchas décadas las mujeres tenían vedado el acceso a la educación, al trabajo, a sus propiedades, así como ahora en nuestro país se les niega el poder de decisión sobre su vida reproductiva, justamente por parte de aquellos que hacen de la individualidad su bandera. Quizás en algunas décadas más a mi pequeña hija le parezca que esta  historia es ridícula, como también les parece absurda una historia que siempre les cuento a mis alumnos para mostrar como cambian las cosas. En 1989 entré a estudiar filosofía –vivíamos los últimos meses de la dictadura, al menos formalmente- y recuerdo que durante la primera semana de clases  el aire se podía cortar con cuchillo. Un profesor de latín de cuyo nombre no quiero acordarme (perdón Cervantes), que además era Secretario Académico designado por un Rector designado que a su vez…etc., etc., entró en nuestra sala dispuesto a dictar clases con aire de amenazante majestuosidad. En la primera fila había una muchacha que llevaba una muy normal falda. El innombrable se quedó pegado en sus piernas…y luego de un momento espetó “Yo no sé a qué vienen las mujeres a la universidad, si marido puede conseguirse en cualquier parte…”, el curso se quedó petrificado. Los que tenían más experiencia política –en esos días todos teníamos alguna- se pararon, tomaron sus cosas y abandonaron la sala en silencio, los demás los seguimos y el impresentable se quedó abandonado ahorcando de ira su gastado manual de latín.

Tal escena resulta hoy absurda, pero en esos tiempos no era tan anormal. La historia tozudamente muestra que los derechos que no se defienden se pierden, no son algo natural como para confiar que estarán allí mañana cuando despertemos. Por eso resulta importante que la conmemoración de los derechos sea un espacio de reflexión y agradecimiento entre las generaciones. Entre las que lucharon y entre las que los recibieron los frutos y que éstas últimas se planteen cual será su aporte, este es un modo de tejer el vínculo social. Así, mi hija en el futuro bien podría preguntarme qué hemos hecho por mejorar esta sociedad en la medida de nuestras posibilidades. Dicho de un modo más general, qué estamos haciendo como sociedad, especialmente las mujeres, para ampliar las conquistas sociales que ahora damos por sentadas. Sería triste que la respuesta fuera…nada.

Nótese que hablo de igualdad y derechos. No estoy suponiendo que las mujeres “naturalmente” sean más empáticas o tengan una relación más sana con el poder. Nada de eso. Lejos me encuentro de lo que Bertrand Russell llamaba la falacia de “la superior virtud del oprimido” que consiste en suponerle al explotado un conjunto de buenas características justamente por esa condición. No resulta difícil encontrar mujeres a nuestro alrededor que tienen con el poder una relación tan dura como cualquier hombre y pueden matarte tres veces antes de llegar al suelo. Me refiero a la deuda de memoria y agradecimiento que tenemos con las mujeres que han construido este país, a las historias olvidadas de las mujeres pobladoras de la década de los ochenta por ejemplo, a las mujeres que soñaron con una vida mejor y que no la consiguieron para ellas, sino para sus hijas y nietas y por cierto también para nosotros. Por eso no puedo dejar de tener la esperanza de que las mujeres que hoy viven entre las ruinas de sus casas puedan darles, con esfuerzo, una vida mejor a sus hijos.


¿Por quién vota Dios?

Dec. 02 , 2009

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Mientras la campaña se acalora, ya sea por la cercanía de las elecciones, la falta de propuestas concretas que estimulan el insulto y el marketing, se empiezan a utilizar los últimos tiros disponibles. Uno de ellos es la manipulación de las creencias religiosas de los electores. En efecto, los “creativos” de las campañas saben que una proporción muy importante de los ciudadanos tienen una filiación religiosa que va unida–así lo suponen- a un conjunto de valores incuestionables.

Suponen también que dichos ciudadanos -que no cuestionan sus valores porque son asuntos de fe y no de racionalidad- votarán por aquel candidato que se ajuste con sus creencias. Su conclusión es que hay que apelar más a Dios, pero no de manera directa, ya que a esta altura resulta bastante estúpido decir que Dios vota por un candidato específico o ponerse, como Álvaro Corvalán en su momento, debajo de una estatua de la Virgen del Carmen para hablarles a sus eventuales electores.  

La apelación a Dios es indirecta y sutil, un candidato como Piñera que con estudiado énfasis señala que le pide a Dios que le dé la fuerza…que lo acompañe, etc. O bien la nada casual aparición de un crucifijo en medio de las imágenes domésticas –y por ende privadas- de los candidatos durante la franja televisiva, o aparecer hablando delante de una iglesia o templo evangélico, o usando un muy notorio crucifijo, o recordando los años de estudio en un colegio de curas y la impronta que les dejó visitar un campamento o recordando los encuentros con tal o cual Obispo, Cardenal o Santo que se supone ha sido su maestro, impulsándolos al servicio público, etc., etc. Y todo ello como si antes no se hubieran dado cuenta de los males del país y que mediante este pequeño empujón divino ahora se encuentran con la posibilidad del poder para cambiar nuestra realidad.


Esta manipulación de las legítimas creencias de los ciudadanos resulta al menos inmoral en el sentido que hay implícitas varias suposiciones nada favorables a los creyentes. La primera de ellas es suponer que la mayoría de las personas son antes creyentes que ciudadanos, y un creyente se afirma en la fe y un ciudadano en la razón. Por ende, la fe de las personas conforma un fondo irracional al cual es más fácil apelar mediante las emociones y no en torno a la argumentación. Por ello los creyentes resultan –desde ese enfoque- electores más vulnerables a cierto estilo de marketing electoral, que se construye sobre las emociones y sus respuestas automáticas ante lo que puede ser movilizado como una identificación o una defensa ante una agresión a las propias creencias.


Este burdo mecanismo de manipulación de las creencias religiosas es tan antiguo como las religiones mismas, pero ahora toma formas muy sofisticadas que la hacen más imperceptibles y ponen a los creyentes en una complicada situación entre la elección entre sus propias creencias y su visión como ciudadanos, lo cual generalmente no coincide.


La buena noticia es que dicha dicotomía resulta cada vez más falsa. Así como los católicos no pasan por el confesionario para preguntar por quien deben votar, los creyentes en general pueden conciliar sus creencias con su vida cotidiana como ciudadanos libres. En virtud de ello pueden opinar sobre un tema particular (el divorcio y la píldora del día después son un buen ejemplo de ello), alejándose de aquellos que intentan manipularles para diversos fines.


Pero los candidatos y otros muchos insisten en intentar buscar ese punto sensible en que el creyente se sentirá identificado o amenazado. Y si ese punto no existe se insiste. Se le crea artificialmente para mostrar al otro más allá de las fronteras de las propias creencias y por ende descartable electoralmente. Muchos candidatos nos quieren hacer creer que Dios está de su lado y de nadie más y de allí la compleja majadería de intentar “ponerlo en pantalla”. En consecuencia, si usted es un creyente –no importa de que filiación- debería tener cuidado con la propaganda y los discursos que le ponen a Dios como un elemento de las elecciones. Porque aparte de dudar de su inteligencia están entrometiéndose en algo que para usted es muy privado como lo es su relación con Dios, independientemente como lo conciba. En efecto, esa relación entre usted y Dios será siempre una cuestión íntima que debería ser preservada de la manipulación de cualquier tipo y más aun de la política.


Así que cuidado con aquellos que vienen a prometerle cuidarle sus creencias religiosas, porque le están pasando gato por liebre.


El poder y su sombra

Nov. 16 , 2009

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El poder fascina, transforma, cambia las prioridades y también los vínculos. El poder atrae y pareciera que nadie puede sustraerse a su influencia, ya que ante todo el poder es una relación de asimetrías variables y que establece codependencias. En la actual campaña electoral puede verse con claridad este juego de fuerzas en que nadie tiene garantizado el triunfo. Más aun, esta campaña se ha vuelto interesante gracias a los imprevistos, los pasos en falso, los actos fallidos que revelan la realidad de los candidatos y la falta de propuestas más allá de las sonrisas fotoshopeadas. Y en eso hay bastante abundancia. Uno de los más peculiares fue el pequeño, pero revelador episodio del debate en Canal 13 en que Piñera recordó sus amistades y aprecios por los parientes de ME-O, y éste, en una especie de mutua complacencia y compañerismo, recordó también a los de Piñera y durante largos segundos hubo saludos, mensajes y guiños a las familias, a las esposas y a cualquiera que formara parte de los extraños lazos que unen a la élite chilena. El comentario lacónico de Frei; “pura farándula” tiene algo de verdad, pero no toca el fondo de la cuestión la cual es que la política chilena parece una asunto familiar (cuestión que evidentemente lo incluye), patrimonio de un “nosotros” cerrado con candado y que excluye a todo el resto.
Allí la política tiene un doble fondo; para los telespectadores es como una pelea de luchadores en que los golpes y las caídas están arregladas, con un árbitro que sabe el final y que roba algo de protagonismo cuando los luchadores se trenzan como borrachos ante un público que parece enfervorizado, pero que realmente también forma parte del simulacro. Pero la política de verdad se hace en los asados de fin de semana, en los cócteles a fuerza de tragar canapés, en los pequeños encuentros en los reservados de los restaurantes, en los seminarios de fin de semana en alguna playa y sobre todo en la trastienda que los telespectadores no ven.  
Allí se tejen estas relaciones oscuras de poder en que finalmente poco importan las ideas y los proyectos mientras el candidato –a pesar de lo que diga- sea uno de los “nuestros”. Más de alguien ha visto en el episodio de Gabriel Valdés una extensión de este fuerte lazo en que “los otros” están en un muy lejano más allá. Por esto resulta revelador que ésta sea una campaña, que siendo entretenida por lo imprevistos, carece de proyectos que realmente separen a los contendientes. El exceso de marketing que vuelve todo una trivialidad oscurece la discusión seria y profunda de ciudadanos informados y responsables. Los carteles llenos de sonrisas, sin identificación de los partidos, con eslóganes tan inverosímiles para una campaña electoral como “refréscate” en el caso de una candidata de Ñuñoa, hija del alcalde, son un insulto a la inteligencia y muestran hasta que punto los políticos como grupo ven al resto de los ciudadanos.
Ciertamente cuando hablo de ciudadanos estoy haciendo una declaración de intenciones en el sentido de que espero que la mera ciudadanía formal se convierta en una ciudadanía de hecho, en una realidad palpable. Y reconozco también que esta declaración es un predominio de la esperanza sobre la experiencia. No hay una pasión por la ciudadanía y en eso cada uno tiene responsabilidad. Pero de eso se trata la democracia, de mejorarla a fuerza de poner luz en esa trastienda. Mucho se ha abusado de los apellidos, de los parentescos, de los linajes, de modo que los alcaldes son condes, los parlamentarios barones y los ministros unos duques y quién quiera formar parte de ese tejido tiene que amoldase a él entrando en la corte.     
La política chilena se torna así en un juego entre patricios y plebeyos, el pequeño “nosotros” frente al amplio “ellos”, juego que se extiende enfermizamente por toda nuestra sociedad abarcando las artes, las universidades, los puestos de poder en las empresas y el Estado. Y quizás lo peor es que los “plebeyos” que pueden hacer uso de su voz pública lo hacen intentando formar parte del pequeño “nosotros”, tratando de ser aceptados, participando del juego, aunque para los “patricios” siempre habrá una cortina invisible que los separará y protegerá. Toda forma de poder tiene su luz y sus sombras, su fuerza para transformar realidades, y ello incluye la reversibilidad del juego antes descrito. En efecto el poder siempre incluye la posibilidad de volverse reversible, no sólo para cambiar las posiciones, sino también para transmutar la naturaleza de esas posiciones. O dicho de otro modo salirse de esa lógica del “nosotros” y “ellos”, de la separación entre “patricios” y “plebeyos”.  
En todas partes se nota una desconfianza ante el ejercicio de toda forma de poder, especialmente cuando toma estas formas enfermizas, pero es bueno recordar que la falta de poder también es una condena. La falta de poder para salir de la pobreza, la falta de poder para lograr la igualdad de derechos, en definitiva la falta de poder para vivir la vida que se sueña y no simplemente la que se le asigna por cuna. En ese sentido el poder tiene una potente dimensión creadora y no simplemente esta faz opresiva y justamente allí radica su valor, el de transformar las vidas. Nuestra desconfianza ante el poder es la demostración de que no lo tenemos, simplemente lo vivimos como una imposición. De allí que la política sea ante todo la actividad de transformar las realidades sociales, pero para ello necesitamos mejores ciudadanos y mejores políticos. Mientras tanto podemos seguir mirando los actos fallidos en los debates y a los besaguaguas en la franja televisiva.  


Encuesta UDP: El potencial de una política de izquierdas y el "estatismo" de los chilenos

Nov. 02 , 2009

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Hace pocos días se han dado a conocer los resultados de la encuesta realizada por el Instituto de Ciencias Sociales -ICSO- de la Universidad Diego Portales y quisiera comentar un asunto tremendamente relevante que aparece tanto en esta versión de la encuesta como también en la del año pasado y de la cual se habla muy poco. En honor a la transparencia quisiera señalar que trabajo en el ICSO, aunque no he participado en modo alguno de la encuesta por lo que mi mirada es externa y sólo me representa a mí. Como decía el asunto más relevante de esta encuesta es la fuerte tendencia a la valoración del Estado por parte de los chilenos. Esto se expresa en una contundente preferencia por una ampliación de los servicios públicos en distintos ámbitos como muestra el siguiente cuadro:



Más aun, los chilenos expresan también de manera muy clara su negativa a la ampliación del mercado, cuando se les consulta sobre dos temas tan sensibles como son las coberturas sanitarias y Codelco.



Pareciera que a pesar del catecismo neoliberal que venimos escuchando durante décadas, según el cual la condena al Estado es total, salvo en defensa y labores policiales, los chilenos aun conservan la imagen de que el Estado es útil, necesario, e incluso debe ampliarse a sectores de los cuales fue expulsado durante la dictadura. Ello incluso a pesar de los evidentes fallos actuales del Estado en los ambitos que aun conserva aunque sea de manera indirecta. Los ciudadanos, aunque vean en los medios de comunicación como los liceos y hospitales públicos literalmente se derrumban a vista y paciencia del Estado, son plenamente capaces de distinguir entre el Estado que tenemos y el Estado que deseamos y la distancia que separa a ambos. La encuesta plantea sus preguntas en sentido hipotético y los chilenos responden acorde a una hipótesis ligada al futuro.
Los ciudadanos no ven al Estado como aquel ente totalitario y burocrático que aprisiona las libertades, sino que muy al contrario lo ven como un agente de protección frente a la incertidumbre de la modernización en su versión neoliberal y como una instancia de protección democrática frente al mercado. Es el Estado el que debería proporcionar salud, transporte, educación y otros servicios de calidad cuando el mercado muestra toda su faz de exclusión y expulsa –parafraseando a Zygmunt Bauman- a los consumidores no validados. Ello supone que las imágenes y discursos habituales del Estado y su decadencia -que no sólo provienen de los privados, sino de muchos agentes del Estado que parecen más bien empeñados en desmantelarlo- no han calado tan intensamente como pudiera conjeturarse. 
La experiencia cotidiana de los chilenos nos ha enseñado que el mercado también puede ser burocrático, fuente de cercamientos de la libertad personal en la medida que ésta depende del consumo, fuente también de agresiones a la dignidad de los ciudadanos como lo muestra el caso del Transantiago –un proyecto privado, mal rescatado por el Estado- y también un semillero inagotable de promesas incumplidas. Esto no significa que los ciudadanos quieran un Estado protector que guié sus vidas y determine sus pautas de comportamiento moral. El Estado que los ciudadanos quieren es uno que sea una potente base de la igualdad de oportunidades en un sentido intenso, un Estado eficiente que no es sinónimo de miniestado, un Estado democrático, laico, que respete la diversidad y que por ende deja el problema de la felicidad y la realización personal en el ámbito de las opciones personales en donde cada cual responde a su Dios, a su conciencia y en caso de trasgresión a las normas democráticas ante la ley.
Evidentemente este no es el Estado que tenemos, sino el que deseamos. Los ciudadanos lo saben, pero los políticos quieren ignorarlo y por ello este tema tan medular pasa inadvertido. Esta segunda encuesta muestra que la apreciación de los servicios públicos no es simplemente el efecto de la crisis económica, ya que por segundo año consecutivo las cifras muestran este fenómeno con más intensidad en un momento de mejoría de las expectativas.
Pero si estas cifras resultan tan contundentes, primero; ¿por qué esto no se expresa, como sería lógico esperar, en una adecuada política de izquierdas? Y segundo; ¿por qué esta tendencia no se canaliza electoralmente hacia los partidos de izquierda?
Mi respuesta particular y provisoria a lo primero sería que una parte importante de lo que llamamos izquierda simplemente no lo es. Puede usar los símbolos de la antigua izquierda y alguno de sus motivos a modo de enunciado publicitario, pero en un sentido profundo no están en la izquierda, porque el significado mismo del término está en redefinición tanto en su profundidad como en su diversidad. Por otra parte, la izquierda más tradicional –la extraparlamentaria- tiene un serio problema de comunicación con la ciudadanía y de una carencia de renovación interna, lo que no significa irse a la derecha. En un plano más general, sectores importantes de la izquierda chilena tienen un profundo sentimiento de culpa arrastrado, supuestamente, por haber causado el golpe de Estado de 1973. En efecto, una de las victorias de los discursos de derecha en estas décadas es haber internalizado en la izquierda un sentimiento de culpabilidad y vergüenza que la debilita y que cíclicamente es aprovechado para detener cualquier avance democrático.
La izquierda deviene así a una condición melancólica, por lo que pudo ser y no fue. Las imágenes de los años de la Unidad Popular para muchos de estos (especialmente para los ex) miembros de la izquierda les pesan como una locura de la adolescencia, un desvarío utópico achacable a la Guerra Fría –es decir una causa externa-  y no como el resultado final de un extenso proceso de búsqueda de democratización de la sociedad chilena, que no encontró marcos institucionales para resolverse. Hace algunos años a causa de otra deuda histórica –la de los Derechos Humanos en tiempos de dictadura- Andrés Allamand desafió a sus adversarios a revisar la historia antes de 1973. Lamentablemente nadie respondió el desafío. Habría sido una ocasión muy valiosa de explorar las condiciones de marginalidad que hicieron que la sociedad chilena transitara hacia la izquierda como una alternativa válida.
Respecto de lo segundo, resulta particularmente llamativo que el electorado no se oriente a la izquierda dada la tendencia mostrada por la encuesta. Podría señalarse que -desde un punto de vista del análisis de las percepciones- este sector contundente no se percibe de izquierdas, sino de centro, por lo que la demanda por más Estado no coincide en su visión con los contenidos tradicionales de estos partidos y movimientos. Más aun, muchos de ellos se perciben como apolíticos, enunciando, en realidad, que no sienten interpretados por el sistema de partidos.  Por ende una paradoja interesante tiene que ver cómo esta demanda no llega a ser canalizada desde la izquierda y se diluye perdiendo toda importancia. Esto demuestra de nuevo que la internalización de los discursos de derecha sobre estos potenciales electores bloquea su percepción de la izquierda.
Los resultados de la encuesta muestran que hay un extenso espacio para una política de izquierdas en un sentido de ampliación del sector público, de modernización del Estado que no sea un equivalente de su desmantelamiento, una redemocratización de la sociedad y una domesticación del mercado, que de modo alguno implica el sacrificio de las libertades personales. Justamente porque existe la sociedad organizada –a diferencia de lo que le gustaba decir a Margaret Thatcher- que genera un Estado que promueve la igualdad pueden existir los individuos libres. 
Pero para ello se necesita una izquierda diferente de la actual, liberada de sus traumas y culpas. Quizás una de las posibilidades no previstas de las próximas elecciones sea rebarajar el cuadro político que permita el surgimiento de una nueva izquierda plural, pudiendo dar respuesta a esa mayoría de ciudadanos que quieren un nuevo y mejor Estado y una nueva democracia. Una izquierda que se sienta cómoda y digna con su historia y dispuesta, por tanto, a llevar a cabo transformaciones estructurales y no ser un triste simulacro de sí misma. Sólo de ese modo podría conectarse ese deseo de los ciudadanos con un agente político maduro, responsable y creíble.

El sentido de una deuda histórica

Oct. 23 , 2009

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Desde hace algún tiempo el término “deuda histórica” aparece con mayor frecuencia para recordarnos lo imperfecta que es nuestra democracia, las falencias de nuestra cultura política y lo incompleto del reconocimiento a diversos grupos y sus historias específicas. Tanto en el caso del pueblo Mapuche como en el caso de los profesores ciertamente hay una profunda deuda que tiene el carácter de histórica no sólo por lo extenso del problema en el tiempo, conmensurable en generaciones y décadas, sino por la magnitud que ha cobrado. Así, la expresión deuda histórica tiene la dimensión de un problema casi monumental –en el peor sentido del término- que no ha sido resuelto y que manifiesta la falta de voluntad o la simple incompetencia, no sólo de los gobiernos, sino de la propia sociedad chilena para enfrentarse a sus dilemas.

Las deudas históricas conllevan algo más profundo que las reivindicaciones de ciertos grupos de nuestra sociedad. Tienen también el peso de la humillación a la que dichos grupos han sido sometidos no solamente por los hechos que causaron el problema inicial, sino que además se suma la humillación del olvido, la transformación de un problema en una condición permanente que la política no es capaz de resolver por medios democráticos y que suma nuevas agresiones, provocando así la profundidad temporal que supone la condición de deuda.

La falta de reconocimiento del Estado frente a estas deudas históricas, negándose incluso al debate sobre ellas, sólo agudiza la situación y lo posterga para que alguien más se haga cargo…en el futuro. Resulta sintomático de esto que hace algunas semanas el Subsecretario de Interior Patricio Rosende consultado sobre cómo el gobierno abordaría las demandas históricas del pueblo mapuche declaró irónicamente que esos eran temas de historiadores y filósofos, no de la política presente, queriendo indicar así dos cosas: la primera, que el tema en cuestión no era un tema políticamente vigente y por ende debían dedicarse a ello –si lo querían- justamente los que se dedican, supuestamente, a lo inactual. De allí se sigue una segunda cuestión; cuando se quiere convertir a un problema candente en algo irrelevante se lo lanza al cajón de las disciplinas consideradas inocuas y carentes de importancia política, como si se tratara de un libro perdido en una biblioteca.

Las deudas históricas tienen una condición cíclica, ya que vuelven una y otra vez hasta que se resuelven, pero en ese proceso se agravan y se degradan las posibilidades de dialogo. Se vuelven más violentas porque la sensación de humillación se acrecienta por la falta de reconocimiento y la deliberada minimización por parte de quienes tienen la responsabilidad de solucionar conflictos, pero que creen la gobernabilidad es que no haya conflictos o que si estos existen oscurecerlos. Visto desde ese punto de vista el arte de gobernar es el arte de dilatar, de agotar por cansancio creyendo que la memoria es frágil y que el tiempo que realmente importa es el de la pequeña política, aquella que no mira más allá del límite de un gobierno.

Bien puede considerarse que la mayor responsabilidad en este tipo de situaciones recae en quienes tienen mayor poder y resulta muy evidente que en estos casos se trata del Estado y particularmente del gobierno. Por ello resulta muy desalentadora la absurda y provocadora respuesta de la Ministra de Educación frente a la situación de los profesores. Es cierto que ha habido una mejora de las remuneraciones y que se ha invertido mucho dinero, pero también es cierto que la municipalización fracasó y que la realidad vista desde un aula es muy diferente de la realidad vista desde una oficina ministerial o a través de un estudio que simplemente arroja cifras, pero no aborda cualitativamente el problema, así como también es verdad que se hace recaer el peso de la mala calidad de la educación en los profesores y en el Estatuto Docente que muy pocos han leído. Bien vale la pena preguntarse por la responsabilidad del propio Ministerio y una reforma que supuestamente era modélica y que luego –como el rey desnudo- se hizo evidente su fracaso.

Por ende para que exista diálogo es necesario reconocer que efectivamente existen deudas de tamaño histórico, producto de errores de gobiernos anteriores. Pero así es la política en sentido profundo, resolver problemas y no simplemente confundir la paz social con la dilatación.

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