Mi amiga la tele

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Desde sus primeras semanas, mi guagua demostró ser una criatura serena. Poco llanto, pocas quejas. Deliciosas sonrisas. Una dulzura. Como a los tres meses empezó a manifestar su necesidad de ver el mundo y se puso, digamos, un poco más regalona. Ojalá la pasearan de un lado a otro todo el día, para no perderse nada de lo que había a su alrededor. El chupete, entonces, resultó ser un aliado indiscutible. ¿Cómo hay gente que está en contra de semejante calmante natural y milagroso? Al menos con mi hija, la ecuación es automática: hiperventilación + chupete = calma total. O así era hasta hace poco. Un día ella decidió que el chupete no bastaba. En realidad, nada bastaba. Ni pasear de aquí para allá, ni tomar su imperdible papa ni dormir la siesta. Nada la satisfacía. Simplemente, ser guagua había dejado de ser fascinante para ella. Algo faltaba en su vida y la forma de manifestar su molestia no podía ser otra que el llanto. Ahí me di cuenta de que hasta entonces sólo había visto la punta del iceberg de la crianza. Y entonces apareció, como una revelación, brillando desde el rincón de la salita. Se erguía majestuosa, observando, esperando su turno de actuar. Tomé el control remoto y la encendí, desafiante, olvidando todas las lecturas de educación que he consumido en el último tiempo y que recomiendan eliminarla de la vida de los hijos. Monitos en tecnicolor aparecieron en la pantalla. Y la atención fue automática. El llanto cesó. La calma volvió a reflejarse en su carita redonda, Bendito osito Pooh. La caja idiota pasó a ser mi nueva mejor amiga. Noté que produce en mi hija el mismo efecto hipnótico que en mi marido. Quizás hay un gen hereditario que te hace televito.

Como sea, desde ese día, cada vez que hay descontrol, la tele me salva, como poniendo la otra mejilla o más bien abofeteándome de vuelta por todo lo que la he vilipendiado durante mi vida de mujer rabiosa y crítica. Pero ahora que soy madre la culpa me visita más seguido, y en esta ocasión me obligó a investigar al respecto. Sobre la influencia de la tele en los niños encontré de todo: que aumenta el riesgo de padecer asma, obesidad, conductas agresivas y déficit atencional, entre otras terribles consecuencias. Pero también descubrí un nuevo y reciente estudio de la Escuela de Medicina de Harvard que concluyó, sorpresa, que la televisión no provoca efecto negativo alguno en los menores de 3 años, marcando un giro trascendente en este debate. Tengo amigos que decidieron que sus hijos, de todas las edades, simplemente no vieran tele. Nunca. Porque es mala, violenta y llena de mensajes negativos. ¿No será mucho? ¿No será aislarlos del mundo, tomando en cuenta que, a fin de cuentas, el mundo también está lleno de todo eso? Y finalmente, ¿no es la tele parte de la cultura? 

Posted on March 16, 2009 by Carolina Pulido

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En realidad la caja "idiota" no lo es, los idiota somo nosotros que dejamos que funcione en forma automatica o no tenemos el control. Hay muchos programas que estan hecho especialmente para niños y esos son los que debiesen ver los niños. Usando la tele en forma racional y controlada es de una gran ayuda.
Solo hay que evitar que los niños vean:Teleseries, noticieros, farandula, programas para mayores y listo, facil no?

Posted by Roberto on March 17, 2009 at 01:22 AM CLT #

que felicidad tener a nuestros hijos en brazos ,pero cuando hay tanto que hacer es obvio que no se puede pero gracias a dios mi bebe es muy tranquilito no nesecita chupete ni tele para dormir solo una cancion de cuna y nada mas que eso. muchos cariños para usted y familia .andrea

Posted by andrea silva tapia on June 06, 2009 at 12:13 PM CLT #

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