Diez días

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Estaba tan ocupado shegando y poniendo atención a todo y a todos, que no tuve aún la oportunidad verdadera de respirar la ciudad, cruzar la calle como si fuera propia, parar y oler la caca de perro ---que hay montón. Ahora que paso unos días sólo acompañado por un cuadrúpedo que dice miau, y con pequeñísimos tramitísimos domésticos que hacer -como ir al almacén o llevar a Tito a su veterinario-, pude, si no "apropiarme" de la ciudad (pff...), al menos mear el árbol de la esquina.

Son cositas chicas, detalles al vuelo, flashes de un lugar que se parece y diferencia tanto de lo que conozco, que es como un sueño: una realidad familiar pero retorcida, una cámara indiscreta que me están haciendo catorce millones de hueones.

Lo que más me gusta es, por lejos, el cielo. Podría no estar la ciudad y yo viviría feliz aquí tendido de espaldas admirando los mil cambios y pinturas que ofrece la bóveda azul y el imparable chorreo de pintura en mil tonos de blanco y gris. Es como Ámsterdam pero más desordenado, más napolitano si se quiere. El viento nunca para, las nubes sueltan lluvia cuando les das la gana, y uno puro equivocándose para vestirse.

Lo que menos me gusta es andar con chauchas en los bolsillos, porque la micro se paga con plata y no tiene bip, pero tampoco ando mucho en micro porque no tengo tanto dónde ir, y no las entiendo ni en pedo.

Los tomates son flacos y alargados, los billetes arrugados, las viejas tienen poto parado. Los kioskos muestran mucho poto sin ningún pudor. Son buenos para hablar entre desconocidos, comentar la cosa con otro. Hay pizzerías por doquier. Cuando dices "gracias" responden "nooo" (?), cuando llegas a un paso de zebra les importa un comino.

En la tele gritan mucho, pero no tengo tele y por eso ya me estoy volviendo loco. Con la cantidad de fútbol que dan acá es una amarga ironía no tener dónde verlo en casa, y más encima sin cable. No queda otra que bajar por otra Quilmes a verlo al Estribo, la pizzería a diez pasos de la puerta.

Me gustan los fósforos Tres Patitos, y la lavandería La Espumita. Vomistar es igual de malo. Me dan risa algunos nombres de próceres con calle: Honorio, Torcuato, Amancio, Evaristo; me los imagino a todos chupando en la esquina. Siempre hay alguien chupando en la esquina. No cada esquina, pero como concepto transversal. Igual que en España, siempre hay un boliche con tele y cervezas.

Me gusta que nadie se hace problema porque shueve, me gusta que el diario traiga buenas tiras cómicas, aunque no entiendo las tallas locales. Y lo más gil: aún no me acostumbro a que el primer piso no es el 1 sino una "planta baja", o sea que mi puerta miente cuando dice "8vo C", cuando en realidad estoy en el noveno. Es un quilombo, viste.   

Comments:

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Posted by YO on February 25, 2011 at 12:13 PM CLST #

Lo mejor son los kioskos abiertos a las 5.00 am y puedes encontrar de todo, incluso mùsica!

Yo fui en febrero del 2007,muero por volver de nuevo sobre todo por las pizzas y empanadas con queso roquefort!
Un abrazo y que sigan las aventuras!

Salud!

Posted by Daniela Valdés on February 25, 2011 at 01:24 PM CLST #

viva la argentina víste!
pero eso de estar en un pais nuevo ... concuerdo completamente... es el TENER que apropiarselo para no sentirse ageno al lugar, y el ver cosas y situaciones y recordar... eso lo hacia en chile... o simple.. eso en chile no pasa...

que sigan las aventuras... que siga el recorrer el mundo... por que asi se crece y se aprende del resto, y se conoce mas uno mismo.!
saludos!

Posted by ingrid on February 26, 2011 at 07:10 AM CLST #

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