La felicidad de la bestia
ayer fui al concierto de iron maiden y fui completa y adolescentemente feliz. nada puede superar el sueño de ver a una de las bandas favoritas de tu época colegial después de veinte años (mucho mejor que juntarse con los compañeros de colegio veinte años después, a comparar guatas y jurarse asados eternos que nunca serán). el lugar estaba lleno de chascones y longis y gordas metaleras, harto curado y mucho chigualoco, todo muy chileno...
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