Seguridad e Integración Sudamericana

Posted on March 04, 2009 by Cristian Leyton Salas

A propósito de la reciente ratificación por parte del  Congreso chileno del Tratado Constitutivo del UNASUR...y del próximo nacimiento del Consejo de Defensa Sudamericano, aquí en Santiago la semana entrante...


Tapar el sol con un dedo es posible, solo si lo que se busca es crear una falsa ilusión. De la misma forma es imposible construir una integración y una cooperación sustentable entre paíseses que han mantenido hipótesis de conflicto durante más de un siglo,  sin que antes se resuelvan las fuentes más básicas pero fundamentales que han alimentado y dinamizado las animosidades entre los Estados sudamericanos. Esta nota está dirigida hacia aquellos que creen fervientemente en la cooperación, pero que desatienden un factor clave: la existencia de un sistema internacional que invita a la mantención de niveles de rivalidad entre sus actores.


En un primer momento señalemos que una parte relevante de las disputas, conflictos, guerras y horrores que ha asolado  Europa han tenido como motor a dos países: Francia y Alemania (antes de ella Prusia y el espacio germano versus la Francia Napoleónica, por ejemplo). El llamado couple franco-allemand o el binomio franco-alemán no obstante haberse constituido en el motor de lo que conocemos hoy en día como la Unión Europea, también trajo consigo, en su momento,  las peores calamidades que la historia humana pueda recordar. Se pensó en un instante que la lógica de la rivalidad y del “enemigo hereditario” franco-alemán sería eterna, sin embargo vemos que esto efectivamente cambió. Ciertas condiciones facilitaron esta transformación desde la Europa de los horrores, a la Europa de la conciliación, la paz y el desarrollo humano. Observemos algunas características extrapolables al caso sudamericano.


El fin de la II Guerra Mundial aportó las condiciones para que esos siglos de conflictos bélicos terminasen en el Viejo Continente. La primera condición surge, luego de 1945: aparece una Europa convertida en tabula rasa: es decir, después del conflicto mundial los Estados Europeos prácticamente dejan de existir como tales. Desaparecen como entes funcionales y en algunos casos como entes territoriales (Polonia, por ejemplo). A partir de este punto, reconstruir entidades estatales desde sus cimientos será una tarea fundamental y necesaria, permitiendo crear dicho órgano bajo la lógica de la integración y la cooperación  como una necesidad de sobrevivencia. Detrás quedan las elites militarizadas, los pueblos ávidos de rivalidad y animosidad producto de las guerras y conflictos pasados, ocupaciones y percepciones de perdidas territoriales. Los Estados europeos gestan un nuevo ADN, el de la paz, la conciliación de intereses y la solidaridad por sobre la competencia, la rivalidad y el revanchismo.


Una segunda condición es la existencia de una “gran amenaza” para Europa occidental (o lo que quedaba de ella): la Unión Soviética. Este factor  impulsará una cohesión natural, alejada de un nacionalismo negativo, en todo el bloque europeo occidental. Una amenaza única generó la unificidad de intereses. Asociada a esta “amenaza” externa había otra, la interna: el estado de destrucción material de casi toda Europa así como la existencia de núcleos ideológicos comunistas en diferentes países (Italia y Francia, por ejemplo).


Un tercer y último factor es la existencia misma de los EE.UU. como un agente hegemónico. El Plan Marshall no solo era una ayuda económica y financiera, sino que sobre todo ideológica y política. Este plan contribuyó a atraer a los países europeos en reconstrucción hacia un polo de poder mundial: los Estados Unidos. La reconstrucción económica fue posible, con fuentes de financiamiento casi inagotables. El desarrollo industrial y humano fue posible, generándose una mancomunidad de intereses, dejando de lado las competencias económicas interregionales y facilitando la complementariedad e incluso la integración orgánica de las bases económicas europeas occidentales.


Podemos ser enfáticos en señalar que ninguno de estas condiciones podemos encontrarlas en Sudamérica. No hemos tenido una tabula rasa “estatal”: Los Estados nacieron y se consolidaron de forma ininterrumpida desde 1810 en adelante. Los Estados sudamericanos debe lidiar con un proceso de construcción permanente e inacabado de sus nacionalidades, de hecho Bolivia continúa en este proceso, así como Ecuador y de alguna manera Perú. El espacio sudamericano no ha conocido un conflicto regional generalizado ni ha sido el campo de batalla de una guerra mundial. Los Estados Unidos no han implementado ningún programa global y sistemático de ayuda directa hacia Sudamérica, bajo la lógica de un Plan Marshall para América Latina.


Desde esta perspectiva, el surgimiento de un órgano que integre al espacio sudamericano no puede ni debe hacerse siguiendo el “ejemplo europeo”.  Las condiciones que facilitaron, estimularon y permitieron finalmente consolidar la U.E. , no se han dado en América del Sur ni en América latina. La cooperación es posible y deseable, pero debe tomar en cuenta la especificidad de América latina y Sudamérica. Existencia de niveles de desarrollos sociales y económicos dispares entre los países, estructuras económicas competitivas entre algunos de los países de la región (Brasil-Argentina en el plano industrial, Chile y Perú en el plano del comercio de materias primas), profundas diferencias en el manejo de las políticas económicas y monetarias, existencia de elites políticas y económicas con intereses antagónicos y profundamente fraccionadas al interior de algunos países de la región. No obstante lo anterior, podemos apreciar que ciertas condiciones favorables a la integración han surgido en el transcurso de los últimos años.


Para Sudamérica ha sido extremadamente traumático el diseño de una integración de naturaleza política y económica real, efectiva y general, a diferencia de Europa en donde estos dos ejes se han constituido en la piedra angular de la Unión Europea. Pese a ello, ha aparecido en nuestro espacio ciertas condiciones que nos permiten mirar con cierto optimismo el futuro. El surgimiento de un liderazgo unánime sudamericano: Brasil. Por otro lado, la búsqueda e identificación de un “adversario” común a todos los países de la región: la protección de los recursos naturales del espacio sudamericano (Agua dulce y Amazonia, por ejemplo).


Por primera vez los ámbitos de la defensa y de la seguridad pueden constituirse en fuente de integración. La UNASUR y el Consejo de Defensa Sudamericano pueden, efectivamente, contribuir a aunar esfuerzos en pos de construir los cimientos para que la confianza desborde lo político-militar, como sería el caso, para que alcance los espacios de mayor complejidad que son el cultural y el social.


La seguridad y la defensa puede ser el punto de arranque y consolidación de algún tipo de integración regional, no obstante lo casi imposible que pueda parecer.


Digámoslo: Se ha hecho uso y mal uso del ejemplo europeo de integración para señalar que dicho proceso podría reeditarse aquí en Sudamérica, y en especial en las relaciones trinacionales con nuestros vecinos.  ¿Puede y debe ser tomado como un ejemplo el caso Europeo? ¿Es reeditable la integración franco-alemana con la chileno-peruana, por ejemplo?


El debate queda abierto...



Comments:

Yo prefiero el ejemplo alemán. Y ojo, no comulgo ni con el Kaiser, ni menos con el miserable de Hitler. Pero hasta 1871, Alemania era un montón de estadillos cuyas élites estaban capturadas por las potencias exteriores:Francia y Austria. Al final, Prusia se impuso por las armas y resucitó a la nación alemana. En Latinoamérica, no necesitamos llegar a las armas, ni crear un nuevo estado. Basta una coalición de países que se unen en función de intereses comunes y trabajan perseverantemente en eso.

Posted by Pedro Escobar on March 04, 2009 at 01:05 PM CLST #

Estimo que el autor yerra en percibir al Sistema Internacional como uno que "invite a la rivalidad entre sus actores". Hoy la dinámica se da más en el interés de preservar el orden internacional bajo dinámicas de competencia, no de conflicto. Los Estados reconocen que el orden descansa sobre ciertos valores comunes, los cuales son más de procedimientos que sustantivos. Lo clave hoy es un compromiso general en el diálogo y en las reglas e instituciones comunes. A eso deberían apuntar lo ministros

Posted by Ian on March 04, 2009 at 03:28 PM CLST #

De acuerdo con Lan.

El autor comete un error de 'amateur' al no interpretar correctamente las dinámicas de seguridad que ejerce sobre las relaciones entre estados, la existencia de un sistema unipolar.

La situación de Sudamérica (en el actual contexto internacional), habría sido un 'sueño' para nuestros padres y abuelos, que vivieron (o han vivido), la mayor parte de sus vidas en un continente tensionado por la amenaza real de un conflicto armado a gran escala.
Dónde está Doctorando?

Posted by Carlos on March 04, 2009 at 03:48 PM CLST #

Sr. Escobar, su modelo prusiano se va al garete si considera que los pueblos alemanes leales a su rey aceptaron la imposición prusiana y la "fusión" de soberanía frente a una amenaza común. En Sudamérica no tenemos una "clara" amenaza común, ni una Prusia que nos una. Lo mas parecido es Brasil, un país con el que tenemos obvias dif. culturales. Cuando Ud. dice "intereses comunes" se está refiriendo a algo básico que ya está demás mencionarlo. Mas interesante es hablar la cesión de soberanías.

Posted by Gonzalo Polar on March 04, 2009 at 04:31 PM CLST #

El comentarista esta confundiendo peras con manzanas. ¿Qué tiene que ver Europa con América Latína? La luchas por el control imperial de los mercados y continentes se dió entre los que tenían poder, y aún lo tienen. No se puede extrapolar los conflictos de los países rectores con las semi- colonias, es absurdo. Por otro lado, Brasil, México y Argentína tienen el 94% del PNB desde el Río Grande hasta la Antártida. Los demás países no juegan ningun papel relevante, menos bélico. Depende de otros.

Posted by Arturo de Plantagenet on March 06, 2009 at 04:56 PM CLST #

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