Grupo de Río: Por un organismo "Supernacional"

Posted on February 24, 2010 by Cristian Leyton Salas

Con relación a la reunión del Grupo de Río, diversos análisis han
dejado entrever la existencia de una supuesta “sobreoferta” de instituciones
regionales.



OEA, UNASUR, CDS, Grupo de Rio, entre otras instituciones adornan el
escenario latinoamericano, sin olvidar el MERCOSUR , la Comunidad
Andina de Naciones y, por supuesto, las creaciones de inspiración
chavistas como son el ALBA y el OPPEGASUR.



Se ha dejado entrever una ineficacia e ineficiencia de esta sobreoferta
de organismos, y porque no, cada una de ellas termina por sobreponerse
a la otra y entre ellas y los gobiernos y Estados de los cuales emanan.
Un caos que llevaría a la inoperancia de cada una de ellas.



Pero seamos claros. La existencia de una multiplicidad de organismos no
es mala per se. Lo que es pernicioso es la ausencia de un órgano
supernacional (ojo no “supranacional”) capaz de organizar, de coordinar
y de generar consensos básicos pero esenciales para la representación
de la totalidad de Estados y Naciones del espacio hispanoamericano,
incluyendo a El Caribe
. La OEA no responde a las nuevas necesidades de
la región hispanoamericana.



El Consejo de Defensa Sudamericano llenó un vacío en cuanto a la
presencia de un órgano de carácter “político-militar” y
“político-estratégico” capaz de aglutinar temáticas de “naturaleza
militar” en la región. Si, es cierto que solo engloba a Sudamérica,
pero es un paso en pos de generar una unificidad de la amenaza global y
específica para “toda” la región.



La Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR), en cuanto a ella, se está
erigiendo en un órgano de coordinación y sobretodo comunicación
política, un organismo absolutamente necesario en momentos en que el
espacio regional atraviesa una fase de cambio y mutación política e
ideológica, con el afianzamiento de nuevas orientaciones
político-económicas y socio-políticas, chavismo, indigenismo, entre
otras.



La OEA ha faltado a su tarea de coordinar estas diversas instituciones.
No lo ha hecho porque simplemente no es su tarea. La OEA fue creada
para y durante la Guerra Fría, es un Frankestein estadounidense,
quiéranlo o no. No representa los requerimientos de un mundo de la Post
post Guerra fría.



Se necesita un órgano panamericano acorde a los nuevos tiempos. Un
organismo “supernacional”, es decir que no tenga la capacidad de tomar
decisiones vinculantes, pero que si entregue y genere consensos
generales para la representación de parte importante del hemisferio
ante otros órganos del mismo tipo en el mundo
. Un espacio de generación
de consensos que dé lugar, con el tiempo, a un fenómeno de
“spill-over”, es decir de desborde desde esta superinstitucion a otra.



La región aun no está preparada para un órgano “supranacional”. No
podemos descartarlo, pero requiere tiempo de maduración política de los
Estados, gobiernos e instituciones. Que el Grupo de Rio logre sentar
las bases para el surgimiento embrionario de un órgano tipo Unión
Europea no es una ilusión, pero si las condiciones básicas para que tal
fenómeno se desarrollo y cristalice en el corto mediano plazo. No
pretendamos reeditarlo aquí en Sudamérica ni en el hemisferio. Otras
condiciones históricas, políticas, económicas y militares dieron
nacimiento a la UE, aquí pretender imitarlo resultaría imposible sin la
incorporación de dos potencias norteamericanas: Canadá y los EE.UU.
Ellas ya fueron excluidas en el UNASUR y el CDS. Ahora, necesitamos
generar esa instancia coordinadora, el espíritu de político de
Latinoamérica y de El Caribe.



Seamos claros una vez más, las instituciones que existen son
necesarias, cada una de ellas posee su esfera y espacio de acción
propio. No hay una “sobreoferta” de ellas, sino que una deficiente e
ineficaz utilización de sus capacidades como consecuencia directa de la
ausencia de un órgano que las articule.



 La OEA debe ser reformada quirúrgicamente a fin que se adapte a estas
nuevas necesidades, de no ser así debe ser reemplazada, con urgencia.


Chile, Argentina y Las Malvinas

Posted on February 19, 2010 by Cristian Leyton Salas

La mandataria trasandina, Cristina Fernández, emitió el decreto 256 que establece un control del transito marítimo desde cualquier puerto argentino hacia las Islas Malvinas y  viceversa. Algunos ya hablan de un «bloqueo», otros de restricciones a la soberanía de la isla y sus kelpers. Otros, directamente, de acciones «hostiles».


No entraré en una revisión historiográfica ni política de las islas en disputa. Lo que nos debería interesar son los efectos de dichas políticas y estrategias argentinas en Chile y en la relación histórica de nuestro país con el Reino Unido y el vecino trasandino.


Desde el conflicto mismo, en su desarrollo y posterior desenlace Chile mantuvo con el Gobierno isleño relaciones que podríamos catalogar como  «privilegiadas». Tanto desde el punto de vista comercial (LAN y su conexión aérea con el extremo sur del  continente), político económico (Chile aparece como un actor relevante desde el punto de vista del comercio exterior de la isla) y político (como producto de las secuelas político-estratégicas del apoyo indirecto chileno en el conflicto), las Malvinas se constituyeron en un punto de fricción entre ambos lados de la Cordillera.


La Concertación  debutó un lento pero progresivo alejamiento de la postura de apoyo material y político a la isla. Primero, buscando establecerse como un tercer actor conciliador entre las partes, luego, de manera cerrada, un verdadero aliado de Argentina en su demanda por la restitución de las Islas a su soberanía.


Chile en su momento apostó por terminar con el fantasma del «frente oriental»: Argentina dejaría de formar parte de la «triple alianza vecinal» que ahogaba a Chile desde el punto de vista político-militar y que alimentaba una hostilidad permanente entre Buenos Aires y Santiago. La Moneda y el Edificio Carrera pusieron todos las fichas en generar una suerte de Alianza Estratégica con el país trasandino : medidas de confianza mutua de cuarta generación, cooperación e integración político-militar en Misiones de Paz, Cruz del Sur, etc…


 En esta apuesta del Estado chileno por neutralizar los factores que envenenaban nuestras relaciones políticas y diplomáticas con la Casa Rosada, a partir del desvanecimiento de  los efectos de los Pactos de Mayo allá por 1915,  debió tomar decisiones por lo menos difíciles. Una de ellas fue darle la espalda a su histórico aliado extraregional, la Corona Británica. En 1996, luego en 1999 y recientemente el año 2008, Chile expresó, junto a otros países de la región, el apoyo a "los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía relativa a la cuestión de las referidas islas". Chile se alejaba de Inglaterra, y se acercaba a Argentina.


La gran apuesta es saber sí el apaciguamiento trasandino hacia Chile es estructural o meramente coyuntural. En este sentido se requiere saber sí la postura trasandina conciliatoria hacia Chile es producto de un verdadero cambio de actitud, desde una política nacional argentina de hostilización territorial hacia Chile, hacia otra de una integración verdadera al estilo Franco-alemán.

Se requiere saber sí este cambio de actitud trasandino responde a una transformación de los tradicionales intereses nacionalistas de la clase política argentina o si no es más que un repliegue meramente coyuntural hacia posiciones políticamente defensivas en espera de recuperar capacidades  económicas, políticas y militares que le permitan volver a su sitial histórico de potencia regional.


Dependerá, en gran medida, del tenor y alcance de la respuestas a estas interrogantes y otras, el mantener o modificar la actual tendencia de integración hacia nuestro vecino trasandino.

La consolidación de las «confianzas» madura en momentos en que se poseen indicios y pruebas concretas de la búsqueda de una conciliación real entre Estados. Hoy Argentina dejó de ser la potencia que reclamaba un liderazgo hegemónico en la región. Hoy, y desde hace algún tiempo ya, Argentina está debilitada política, económica y militarmente…esperemos ver cuando resurja de sus cenizas a fin de constatar si sus gestos conciliatorios eran reales o una mera estrategia de apaciguamiento.


Mientras tanto, Chile debe seguir reforzando sus capacidades disuasivas, no solo las militares, sino que también las políticas, económicas pero sobre todo las diplomáticas. La conciliación llegará y se cristalizará de la mano de la credibilidad del riesgo asociado a transformar intempestivamente la cooperación por la confrontación.


Perú y los desafíos de la futura política vecinal de Piñera

Posted on February 17, 2010 by Cristian Leyton Salas

Una revisión somera del programa de gobierno del Sebastián Piñera nos permite avizorar lo que seran sus prioridades en material de política exterior vecinal : priorización de las relaciones exteriores con el espacio latinoamericano y reimpulsar a Chile como la plataforma comercial o el País-puente de sudamérica con Asia y el resto del mundo.


En ambos casos se trata de posicionar a Chile en un plano de liderazgo comercial y de allí político ante las potencias mundiales. En el escenario sudamericano pocos países pueden competir con Chile este proyecto-país de Entidad-Puente: Colombia sigue inmerso en una guerra civil, alimentado de manera indirecta por un ente exterior; Ecuador sigue  inserto en un proceso de refundación de largo plazo que no hace mas que generar fricciones casi permanentes con entidades comerciales multinacionales y sus respectivos países de origen. Argentina se encuentra, por su parte, aún saboreando el gusto de una crisis económica que le mantiene imbuida en una fase de precrisis latente y permanente. Bolivia, absorbiendo su proceso refundacional con una intervención cada vez más fuerte del Estado, haciendo desaparecer los limites entre éstos y los otros poderes públicos. De más está decir que sin seguridad jurídica, las inversiones difícilmente lleguen.


Perú es un caso especial. Uno de los pocos países que junto a Chile ha sorteado de manera convincente la crisis económica que acaba de azotarnos. Es un caso especial por cuanto aparece, frente a lo ojos del escenario internacional, como una incubadora de crisis futuras.

Dos modelos diametralmente opuestos se enfrentarán las próximas elecciones. El continuismo de Alan García en materia económica, modelo que no hace más que imitar el proceso chileno, paso por paso, institución por institución. Un liberalismo en materia de intercambio que ha tenido éxito macroeconómico, pero que en lo microsocial conoce errores y profundas deformaciones. He aquí la incubadora de crisis.


No obstante lo anterior. Perú se erige, dejando de lado a Brasil, como el competidor natural de Chile en la costa del Pacífico sur. El único con un potencial limitado, pero al fin y al cabo, un potencial para emular con Chile dicho titulo.


Detengámonos un instante. Meditemos sobre la tendencia general que se lee en el programa de Gobierno de Piñera. Resulta interesante constatar el marcado acento geoeconómico que el gobierno de Pinera intenta darle a Chile. Tanto así que está previsto reemplazar a la DIRECON por la creación de una Subsecretaria de Comercio Internacional. Cambia el rango de ésta exitosa entidad, la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales, para transformarla en un órgano de extendidas capacidades de acción comercial y político-comercial.


Chile, el Chile de la Administración Piñera sale a competir con quien quiera hacerlo. De la pasividad asociativa de lo gobiernos de la Concertación en materia comercial, se pasa a una política geoeconómica, es decir que asocia el crecimiento del poder económico de las empresas chilenas en el exterior, y de Chile en general, a un incremento proporcional del poder político exterior de La Moneda en dicho mismo espacio.


Ya lo señaló Piñera en su momento, casi como una advertencia para Perú y el Palacio Pizarro : si ellos quieren competir con Chile, pueden hacerlo, pero deberán esforzarse hasta ya no poder. La razón es simple:  Chile saldrá al mundo a ganar espacios y mantener y reforzar los que ya posee. Esta vez de la mano secundado por el Estado.


Esta advertencia toma la forma de una estrategia disuasiva económica : A Perú le conviene mas tener a Chile como socio que como competidor. En un plano político, un partner más que un rival. En el Político-militar, un aliado más que un adversario.


Ha sido habitual identificar rasgos geopolíticos en los comportamientos de algunos países regionales y vecinales, en particular en sus posturas de defensa y de seguridad, pero pocas veces políticas comerciales con marcados acentos geoeconómicos: la expansión comercial privada al servicio de la política exterior de un Estado.  


Hoy podemos tomar palco. Chile estaría inaugurando una.