Pegar "muy" fuerte.

Posted on January 28, 2010 by Cristian Leyton Salas

“First Strike” en ingles o “Coup preventif” en francés. Ambos conceptos utilizados en la jerga militar y en los Estudios Estratégicos para definir el llamado “Primer Golpe” o “primera acción bélica en una guerra ofensiva o defensiva.

Se trata, claramente, de una conceptualización utilizada profusamente durante la  Guerra fría. Su objetivo: caracterizar las bases políticas y militares que debían sostener la paz armada que se instauraba. Es decir, la instauración de una disuasión convencional y nuclear estable, que debía solidificarse a fin de evitar “aventuras bélicas” pudiendo llevar al planeta a un desastre inimaginable.


Poseer una disuasión adecuada implicaba poseer una capacidad de “golpear”, aún luego de haber recibido el “primer aventón”. Chile posee hoy esa capacidad.


En términos reales, no solo tenemos la capacidad de reaccionar ante una agresión, sino que también para asestar primero. La diferencia entre la primera está dada por disuadir de los costos de una acción directa o indirecta vecinal, la segunda, por adoptar y hacer suya la estrategia de una reacción preventiva. Políticamente hablando, no es posible adoptar la segunda lógica, técnicamente sí. No obstante ello, el umbral que separa las guerras de agresión de la guerra preventiva es, de acuerdo, a la ley internacional casi inexistente. Sin embargo, si encontramos diferencias. La “Guerra de agresión” busca la conquista, la segunda evitar ser objeto de ella por parte del que agredirá.


La reciente declaración del Jefe de la FACH, Sr. Ricardo Ortega, no hace más que transformar la realidad en una frase: Chile posee la capacidad de no solo “pegar”, sino que de hacerlo “fuerte”.

La disuasión chilena pareciera que dejó de ser “estática” para adoptar una forma mucho más dinámica. Para algunos podría ser dual en el sentido que estaría facultada tanto técnica como operacionalmente para "ir en busca" de objetivos más allá de nuestras fronteras políticas, pero que dado el posicionamiento político internacional de Chile le sería, bajo las actuales condiciones prohibitivo. A pesar de ello, Chile y sus FF.AA están capacitadas para expandir el radio de acción diplomático y militar según sean las necesidades futuras.

Las relaciones internacionales son gobernadas por la incertidumbre, mientras que Sudamérica atraviesa una fase de profunda transformación. Preparar el campo de acción diplomático requiere contar con una capacidad de "pegar" no solo "fuerte" sino que extender el brazo hasta donde se requiera, solo así la disuasión cumplirá su verdadero rol: mantener el statu quo.

Chile posee la capacidad, pero no la voluntad. La disociación entre ambos conceptos hace la diferencia entre ser una amenaza o constituirse en fuente de estabilidad regional. Chile está eligiendo la última.


Chávez versus Chile

Posted on January 25, 2010 by Cristian Leyton Salas

Hugo Chávez torció, una vez más, la mano a la libertad de expresión. Hoy fue el turno de la señal Internacional de TVN en conocer en carne propia la política de represión mediática del régimen chavista. Pero no se trata solo de un acto aislado, sin un trasfondo político. Se trata de una señal hacia Chile y el próximo gobierno aliancista. Ya advirtió a Piñera: “No se metan con nosotros”...

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Nuevas relaciones Chile-Perú: una visión Geoeconómica.

Posted on January 19, 2010 by Cristian Leyton Salas

Resulta interesante revisar la prensa peruana y constatar la percepción que parte de la clase política de dicho país está construyendo en base a la elección de Sebastián Piñera como presidente de Chile.



Según Carlos Ferrero, abogado y político peruano, señaló recientemente que “Chile tiene, como principal meta crecer, comprar la economía peruana y así conquistarla”, estableciendo claramente que, “cualquiera fuese el resultado, para Perú es igual. La política de Chile no es de un gobierno a otro sino es una política de Estado…”. Existiría, desde esta perspectiva, que no es aislada, una política de Estado por parte de Chile a fin de tomar el control de la estructura económica peruana. Se busca imponer a la opinión pública de dicho país una imagen de vulnerabilidad y debilidad peruana hacia Chile en el ámbito económico, responsabilizando indirectamente a parte de su clase política. Una postura electoralmente sensata, pero politicamente nefasta para las relaciones binacionales.



Por otra lado, el mandatario Alán García señaló que, “lejanas las armas y las revanchas, competir democrática y fraternalmente, cooperativamente” con Chile, pero logrando que el Perú avance “muchos más”. Comentaristas y analistas del Rímac se alinean en esta postura de una “competencia económica” desatada en la costa del Pacífico Sur. El arribo del “empresario” Sebastian Piñera ha generado un sentimiento de alarma en cuanto a las capacidades de innovación que traería el mandatario electo y su equipo de gobierno.



La rivalidad político-militar está dando un paso al costado, dejando pasar a la económico-comercial. El electo mandatario Piñera ya lo senstenció “sí –Perú- quiere acortar distancias –económicas con Chile- va a tener que acelerar mucho más, porque yo le aseguro que Chile va acelerar mucho más, Chile va a acelerar a fondo después del 11 de marzo”.



La lógica geoeconómica entre Chile y Perú se está imponiendo. Una visión según la cual ambos países compiten comercialmente en dos frentes. Uno interno, relativo a las inversiones chilenas en Perú, su naturaleza y motivaciones. Y un frente externo, la atracción de capitales foráneos a la región y el reconocimiento de este espacio extra regional económico de la puerta de conexión económica de América del sur con el resto del mundo.



Espacios y perspectivas de construcción de una agenda de futuro entre Chile y Perú está tomando forma y esto es solo posible por la postura de emulación económica y comercial del mandatario que asume en Chile el próximo 11 de marzo.


Pero, no olvidemos que una elección se aproxima en Perú el proximo año. Los sectores nacional-populistas peruanos están preparandose para la campaña. Chile y la presencia de inversiones "chilenas" en dicho país ( 7 mil millones de dólares) asociada a la naturaleza "empresarial" del mandatario chileno, podrían generar el efecto contrario en cuanto a "encapsular" la Agenda de Futuro propuesta por Piñera.


La problamática de La Haya también constituirá un desafío mayor en el manejo de la nueva política exterior chilena hacia Perú. Tal y como lo señaló en su momento el mandatario electo, hay dos agendas con el país del Norte, una anclada en el pasado, la otra que mira y planifica el futuro. Ambas cohabitarán en Perú. Debemos esperar cual de ellas se impondrá.


La cristalización de la candidatura de Luis Castañeda, alcalde de Lima, podría presagiar que una ventana de oportunidad se abre para solidificar, en el sistema político interno peruano, un agenda de futuro que venga a alinearse a la propuesta por el nuevo gobierno chileno.


Nuevamente "la pelota está en el campo" peruano.

Política Exterior "vecinal" del Gobierno de Piñera

Posted on January 17, 2010 by Cristian Leyton Salas

El día de mañana, el mandatario electo, Sebastián Piñera, deberá dar forma a lo que será su política exterior “vecinal” y regional. Un aspecto central, estará dado por el tipo de relación que estableceremos con nuestros vecinos del norte, Perú y Bolivia. Gran desafío, tomando en cuenta que las relaciones comerciales con Perú atraviesan una excelente fase histórica, mientras que la política todo lo contrario.  

Recordemos que el último gobierno de la Concertación fijó su atención cooperativa con Bolivia por medio de la inauguración de una Agenda de 13 puntos. La Concertación privilegió, en su momento, las relaciones con el mandatario Evo Morales, explotando las nacientes rivalidades entre éste último y el gobierno aprista “liberal” de Alán García. En función de esta postura, Lima acusó el golpe y las relaciones políticas entraron en una fase de animadversión creciente. Un alejamiento entre Perú y Bolivia, un acercamiento acelerado y sin precedentes entre chile y Bolivia. Hoy podemos ver que este acercamiento era más que todo coyuntural y no tan estructural como hubiésemos pensado.


Grandes ideas fueron avanzadas en el programa de gobierno del mandatario, que en unos meses más se transformará en una Política de Estado.


El Presidente Piñera, estableció en su programa que uno de los requerimientos básicos de Bolivia, el término de la mediterraneidad a través de la entrega de un espacio territorial “soberano” no era negociable. Se estableció claramente que Chile no debía “crear falsas expectativas” en alusión a la demanda anterior de Evo Morales. La Moneda gobernada por Piñera cumplirá el requerimiento de un espacio “útil”, jamás “soberano”.


La “Agenda de 13 puntos” respiraba en función del carácter negociable de este punto. Tan así que en la cancillería de ambos países se dejó entrever la posibilidad incluso de un “enclave” territorial. Para la política exterior píñerista, la entrega de soberanía es “innegociable e incumplible”. Sin este “espacio de negociación”, las relaciones con Bolivia podrían  retroceder a fojas cero.


La elección del gobierno de la Alianza por Chile genera en Perú y en parte importante de su clase política, expectativas de un cambio positivo. No solo porque queda clara la postura anterior que aleja a Chile de Bolivia, sino que además porque puede acercar La Moneda del Palacio Pizarro.
De la “Agenda Inteligente” se transita a la “Agenda de Futuro”. El mandatario Piñera reconoce la existencia de una cohabitación de dos posturas hacia Chile. Aquella anclada en el pasado, y la otra, aquella que debe mirar el futuro desde una perspectiva de trabajo sobre puntos de convergencia, en especial la comercial y económica.


Seguramente, el gobierno Aliancista, buscará explotar las relaciones con la nueva elite económica peruana, aquella que Sebastián Piñera conoce bien. Una oportunidad histórica se abre, privilegiar la agenda de futuro y crear un nuevo espacio de reencuentro entre las elites económicas que manejaran mañana lo político.


Lo “vecinal” en la Política Exterior del mandatario electo, Sebastián Piñera, representa un gran desafío por los cambios que ésta puede y seguramente experimentará. Una transformación de la política exterior chilena hacia el entorno vecinal se aproxima. Un rediseño de los intereses y de la estructura geopolítica concertacionista verá el día. El alejamiento de Bolivia no nos acercará necesariamente a Perú, pero sí establecerá nuevos  puentes, con nuevos interlocutores. La ventana de oportunidad para generar espacios de cambios estructurales con el espacio vecinal se acerca.


Control de Armamentos en Sudamérica (Parte I)

Posted on January 11, 2010 by Cristian Leyton Salas


El llamado “control de armamentos” fue ampliamente utilizado durante la Guerra Fría. Su objetivo era claro: evitar las carreras armamentistas estableciendo límites para la adquisición de “ciertos” sistemas de armas considerados como desestabilizadores para la seguridad política y militar. Para otros, ésta no parece ser una opción.



El “control de armamentos” es útil en momentos en que lo que se busca es evitar o romper el dilema de seguridad generado por el potenciamiento de los arsenales bélicos de países entre los cuales existen hipótesis de conflicto vigentes u hostilidades históricas. Estabilizar la competencia belica, entregando un modus vivendi que impida escaladas políticas, primero, luego militares.



Este sistema obedece y responde a la estructura anárquica y jerarquizada del sistema espacio internacional. Es una visión realista la que se impone, en donde se establece que los Estados seguirán buscando asegurar y garantizar, por si mismos, su seguridad. No existe un ente capaz de impedir a otro debutar una guerra o un conflicto bélico de grados diversos, solo la disuasión impediría este fenómeno.



El “Control de Armamentos” requiere consensos mínimos en torno a la cantidad y calidad de sistemas de armas pudiendo ser adquiridos. Establece un paraguas de tratados y acuerdos que tienen por lógica, más que establecer una plataforma vinculante, las líneas rojas que no deben cruzarse a fin de evitar que la desconfianza política desborde los márgenes de la seguridad.



La seguridad,  a través de este sistema, es mutua. Y debe serlo así. El problema está dado por la aceptación de determinados Estados de ciertas limitantes, sobre todo, cuando lo que se busca es materializar un “equilibrio militar” que para uno de los Estados cristaliza una cierta debilidad, la que se perpetúa en el tiempo. El caso israelí es ejemplificador. La seguridad en el Medio Oriente es posible, según esta visión, solo sí Israel mantiene una “superioridad” relativa en términos bélicos (tecnología): una supremacía bélica que entrega garantías de seguridad regional.



El “control de armamentos” implica restricciones y limitantes para la adquisición, desarrollo, proliferación y uso de ciertos sistemas de armas. En Sudamérica solo conocemos un sistema tal aplicado al uso de energía nuclear a fines militares (el cual por el Tratado de Tlatelolko que proscribe las armas nucleares en América Latina), mientras que encontramos la aplicación de restricciones endógenas al desarrollo de misiles balísticos de alcance medio (200 kms aproximadamente).



En Sudamérica no existe un tratado de Control de Armamentos que limite la adquisición de determinadas capacidades bélicas convencionales. Antes de comenzar a levantar la bandera de un “desarme” (por medio de tratados), deberíamos escrutar la idea de limitar ciertos sistemas que pudieren generar aprensiones en ciertos países que animados, más que todo, por afanes de política interna, utilizan una retórica que no es aplicable al caso sudamericano.