Perú: Internacionaliza la rivalidad.
Posted on November 23, 2009 by Cristian Leyton Salas
Una nueva fase de su estrategia de desprestigio hacia la imagen-país está inaugurando Alán García. Podemos apreciar que intenta “internacionalizar” su rivalidad con Chile. Hacer que desborde el marco bilateral, para arrastrar a todo el espacio regional en su acusación. Señalar a Chile con el dedo, tal y como lo hace Hugo Chávez con Colombia.
Para aquellos análisis que hoy señalan que García se vio “obligado” a reaccionar de la forma destemplada que apreciamos, frente a la hipotética irrupción de las fuerzas nacionalistas peruanas que habrían filtrado la acusación de espionaje como una forma de reposicionarse electoralmente en el escenario político limeño, claramente, parecen no comprender el problema de fondo: se trata de una cuestión estructural y no meramente coyuntural.
Hoy la administración política peruana parece percibir que los cambios en el escenario regional no obedecen al antiguo y extinto orden de pos Guerra del Pacífico, aquella división de la regional sudamericana en torno a la lógica del ABC (Argentina, Brasil y Chile). Ecuador dejó de constituir un socio histórico y natural chileno. Argentina conoce una fase autárquica, de repliegue hacia su interior. Venezuela surge y se erige como un actor de peso ideológico y energético regional. Brasil reclama su liderazgo (¿cooperativo o hegemónico?). La tradicional rivalidad Chile-Perú, sin embargo, se mantiene. Dos corrientes se disputan en Perú este instrumento político. Aquellos que quieren mantener la rivalidad política y político-militar. Aquellos que intentan hacer que esta evolucione hacia una emulación económica y comercial. En el fondo, la rivalidad, comprendida como una animosidad utilitaria desde la clase política peruana hacia Chile se mantiene incólume.
Hoy, la búsqueda por internacionalizar la acusación de espionaje, obedece no solo a una coyuntura político-electoral peruana, sino que también a una lectura de los cambios en los equilibrios de poder políticos y militares en la región.
Por años, para ser claros, desde 1925 aproximadamente, cuando el político nacionalista boliviano, Juan Bautista Saavedra, decide internacionalizar su disputa con La Moneda, Chile se vio arrastrado a la arena internacional a fin de defender su posición respecto a al demanda marítima boliviana. Fueron cerca de ochenta años. Ocho décadas en las que la animosidad boliviana hacia Chile fue presentada insistentemente en la palestra pública internacional. Luego que Evo Morales ha modificado radicalmente su postura hacia Chile, y que ha dejado de lado aquella estrategia que tanto bien hacia a Torre Tagle, la cancillería peruana inaugura una nueva fase de esta misma política.
La administración aprista peruana necesita restaurar esa antigua práctica, en especial ahora que Chile prepara el depósito de su contra-demanda. Generar artificialmente un ambiente enrarecido. No puede explicarse, tal y como lo señalan algunos analistas, ésta embestida mediática peruana por la existencia de un supuesto temor a un desconocimiento desfavorable a Chile ante La Haya. Es muy temprano para ello. Tal visión no resiste análisis.
Apoyar la estrategia de García sobre la base de la UNASUR le permite legitimar su postura así como demostrar que las acusaciones indirectas en contra de Chile en cuanto a que La Moneda maneja una Política de Defensa y Exterior agresiva tienen un real asidero.
Internacionalizar la acusación demuestra que la política exterior peruana se está “bolivianizando”. A falta de poseer las capacidades políticas, económicas y militares a fin de generar cambios de conducta en Chile, en su propio favor, como pudiere ser, instar a Chile a “negociar” la pretensión marítima antes de conocer la decisión de La Haya, el Perú y Torre Tagle, utilizan estrategias indirectas.
Chile debe dotarse de una “política peruana”, a fin de buscar vías y establecer escenarios que permitan terminar con el problema de fondo, que es la instrumentalización de conflictos históricos que la clase política peruana hace del “factor Chile”. Ya lo habíamos señalado, una de ellas puede ser estimular una paradiplomacia desde la clase comercial y económica chilena que realiza negocios en Perú hacia aquella otra clase económica peruana, en estado embrionario, que recibe las inversiones y que está generando un nuevo espacio de interacción político chileno-peruano.
Una integración con aquel segmento peruano que no se beneficia políticamente del conflicto con Chile, sino que todo lo contrario, de la cooperación real. La rivalidad deja de ser bilateral y mutua, para identificar “otras fuentes de amenaza”, esta vez hacia el espacio binacional comercial chileno-peruano.
Mientras tanto, la Cancilleria chilena deberá, tal y como ya es costumbre, desplegar sus capacidades de influencia a fin de neutralizar esta nueva embestida de Torre Tagle. Una politica reactiva antes que anticipatoria, estimulando ciclicamente la lógica de rivalidad, alimentando , con ello, perpetuamente la legitimidad de la clase politica peruana tradicional. La pregunta de fondo es ¿hasta cuando?.


