Espionaje: Debilidades y fortalezas de la diplomacia

Posted on November 25, 2009 by Cristian Leyton Salas

Cuando las acciones o inacciones de un segundo o tercer país dictan los términos de la relación, debemos comenzar a preocuparnos, en especial, si esta interacción es de naturaleza y de carácter conflictiva. Cuando una entidad vecinal establece el inicio de una crisis, su escalada, desescalada y finalización, también. Pero, lo más complejo aparece cuando la diplomacia de un Estado no es capaz de anticiparse a escenarios que forman parte de un comportamiento estructural de ciertos países de la región. Más aún, cuando surge la percepción según la cual,  el otro Estado dicta los términos y alcances de la crisis, mientras que el afectado lo asume como tal.


En el caso anterior, el valor político de la disuasión es cercano a cero.


El caso del presunto espionaje de un suboficial de la FAP peruana ilustra lo anterior. Se ha impuesto una crisis, se escaló y hoy, frente a la nueva postura de la Cancillería chilena, de menor rigidez, se decide desde Lima desescalarla. Una diplomacia del “débil al fuerte”, exitosa. Debemos reconocerlo.


El espionaje forma parte de un comportamiento natural y lógico de todos los Estados. Frente a la falta y ausencia de información, o frente a una ausencia de confianza, la verificación debe realizarse por otros medios, que no son legales, pero sí legítimos. Negarlo es desconocer una realidad intrínseca al mismo sistema internacional.  En su defecto, a la luz de las declaraciones del congresista y ex canciller  peruano, Luis Gonzales Posada, su postura forma parte más bien de la “baja política”.


Recordemos a Odar de la Cruz Muñoz, ciudadano peruano que fue expulsado de Chile a comienzos de año tras ser sorprendido tomando fotografías en recintos de la Marina, se sumó en su momento  Carlos Enrique Cristóbal Solís, otro inmigrante peruano, quien formaba parte de un grupo de trabajadores que encontrándose en faenas de limpieza de los alcantarillados frente a las maestranzas y astilleros del puerto de Valparaíso, fue sorprendido sacando fotos de naves de guerra chilenas.


Poco se supo de ambos casos. Poco o nada por la sencilla razón que la estructura del sistema político chileno no se alimenta política y electoralmente de ellos. La Inteligencia debe ser conducida inteligentemente, desde la esfera política.


La Inteligencia es un acto intrusivo, por lo que está asociado a escenarios de riesgos operativos, pero también de contención y de manejo de crisis, en el caso que está falle. La diplomacia debe estar preparada para ello. La estrategia de “negación” o de la ambigüedad aparece en estos casos como la forma de respuesta más acorde  a fin de no dañar  la credibilidad de otros aspectos de la seguridad nacional de los Estados.


Las actividades de espionaje se legitiman per se cuando no existen interlocutores validos, cuando medidas de confianza mutua no evolucionan en su aspecto cualitativo, cuando el comportamiento en política exterior, de  defensa y seguridad de un segundo Estado deja presagiar que las hipótesis de conflicto siguen estando operacionales. En dichos casos, el espionaje no solo es legitimo, sino que absolutamente necesario.


Perú: Internacionaliza la rivalidad.

Posted on November 23, 2009 by Cristian Leyton Salas

Una nueva fase de su estrategia de desprestigio hacia la imagen-país está inaugurando Alán García. Podemos apreciar que intenta “internacionalizar” su rivalidad con Chile. Hacer que desborde el marco bilateral, para arrastrar a todo el espacio regional en su acusación. Señalar a Chile con el dedo, tal y como lo hace Hugo Chávez con Colombia.


Para aquellos análisis que hoy señalan que García se vio “obligado” a reaccionar de la forma destemplada que apreciamos, frente a la hipotética irrupción de las fuerzas nacionalistas peruanas que habrían filtrado la acusación de espionaje como una forma de reposicionarse electoralmente en el escenario político limeño, claramente, parecen no comprender el problema de fondo: se trata de una cuestión estructural y no meramente coyuntural.


Hoy la administración política peruana parece percibir que los cambios en el escenario regional no obedecen al antiguo y extinto orden de pos Guerra del Pacífico, aquella división de la regional sudamericana en torno a la lógica del ABC (Argentina, Brasil y Chile). Ecuador dejó de constituir un socio histórico y natural chileno. Argentina conoce una fase autárquica, de repliegue hacia su interior. Venezuela surge y se erige como un actor de peso ideológico y energético regional. Brasil reclama su liderazgo (¿cooperativo o hegemónico?). La tradicional rivalidad Chile-Perú, sin embargo, se mantiene. Dos corrientes se disputan en Perú este instrumento político. Aquellos que quieren mantener la rivalidad política y político-militar. Aquellos que intentan hacer que esta evolucione hacia una emulación económica y comercial. En el fondo, la rivalidad, comprendida como una animosidad utilitaria desde la clase política peruana hacia Chile se mantiene incólume.


Hoy, la búsqueda por internacionalizar la acusación de espionaje, obedece no solo a una coyuntura político-electoral peruana, sino que también a una lectura de los cambios en los equilibrios de poder políticos y militares en la región.


Por años, para ser claros, desde 1925 aproximadamente, cuando el político nacionalista boliviano, Juan Bautista Saavedra, decide internacionalizar su disputa con La Moneda, Chile se vio arrastrado a la arena internacional a fin de defender su posición respecto a al demanda marítima boliviana. Fueron cerca de ochenta años. Ocho décadas en las que la animosidad boliviana hacia Chile fue presentada insistentemente en la palestra pública internacional. Luego que Evo Morales ha modificado radicalmente su postura hacia Chile, y que ha dejado de lado aquella estrategia que tanto bien hacia a Torre Tagle, la cancillería peruana inaugura una nueva fase de esta misma política.


La administración aprista peruana necesita restaurar esa antigua práctica, en especial ahora que Chile prepara el depósito de su contra-demanda. Generar artificialmente un ambiente enrarecido. No puede explicarse, tal y como lo señalan algunos analistas, ésta embestida mediática peruana por la existencia de un supuesto temor a un desconocimiento desfavorable a Chile ante La Haya. Es muy temprano para ello. Tal visión no resiste análisis.


Apoyar la estrategia de García sobre la base de la UNASUR le permite legitimar su postura así como demostrar que las acusaciones indirectas en contra de Chile en cuanto a que La Moneda maneja una Política de Defensa y Exterior agresiva tienen un real asidero.


Internacionalizar la acusación demuestra que la política exterior peruana se está “bolivianizando”. A falta de poseer las capacidades políticas, económicas y militares a fin de generar cambios de conducta en Chile, en su propio favor, como pudiere ser, instar a Chile a “negociar” la pretensión marítima antes de conocer la decisión de La Haya, el Perú y Torre Tagle, utilizan estrategias indirectas.


Chile debe dotarse de una “política peruana”, a fin de buscar vías y establecer escenarios que permitan terminar con el problema de fondo, que es la instrumentalización de conflictos históricos que la clase política peruana hace del “factor Chile”. Ya lo habíamos señalado, una de ellas puede ser estimular una paradiplomacia desde la clase comercial y económica chilena que realiza negocios en Perú hacia aquella otra clase económica peruana, en estado embrionario, que recibe las inversiones y que está generando un nuevo espacio de interacción político chileno-peruano.


Una integración con aquel segmento peruano que no se beneficia políticamente del conflicto con Chile, sino que todo lo contrario, de la cooperación real. La rivalidad deja de ser bilateral y mutua, para identificar “otras fuentes de amenaza”, esta vez hacia el espacio binacional comercial chileno-peruano.

Mientras tanto, la Cancilleria chilena deberá, tal y como ya es costumbre, desplegar sus capacidades de influencia a fin de neutralizar esta nueva embestida de Torre Tagle. Una politica reactiva antes que anticipatoria, estimulando ciclicamente la lógica de rivalidad, alimentando , con ello, perpetuamente la legitimidad de la clase politica peruana tradicional. La pregunta de fondo es  ¿hasta cuando?.


Perú: Punto de Inflexión.

Posted on November 18, 2009 by Cristian Leyton Salas

Una explosión desenfrenada de nacionalismo económico, político y cultural se ha desatado en Perú en contra de Chile. El presunto caso de espionaje de un miembro de la Fuerza Aérea del Perú, no ha hecho más que mostrar y demostrar que no se puede continuar con la política de “relaciones inteligentes”. La razón es simple: no hay un interlocutor válido del otro lado de la línea de la Concordia.  Es toda la clase política peruana la que se alimenta sistemáticamente de los conflictos con Chile, y si no existen, evidentemente los crean.


Medios de comunicación, tildados en su momento como “serios”, tal es el caso del diario peruano El Comercio ha comenzado a utilizar el concepto de “mapochos” o “mapochinos” para referirse a los chilenos. Una formulación despectiva que denota sentimientos revanchistas anclados en lo más profundo de la institucionalidad política limeña. Una prueba más que el nacionalismo negativo, aquel que busca generar cohesión en base a la identificación de un “enemigo” externo, no solo genera en dicho país votos, sino que también, recursos económicos.


Hoy, el Gobierno peruano continúa escalando peligrosamente su estrategia en orden a presentar a Chile como un actor beligerante en la escena regional e internacional. Alán García apuesta por ensuciar la imagen de Chile. No se trata, como algunos señalan, de un hecho meramente coyuntural. Estamos frente a un punto de inflexión en la postura peruana hacia Chile, en particular su clase política. La credibilidad de la amenaza disuasiva desde Chile hacia Perú necesita la adopción de medidas serenas, pero firmes.


Un nacionalismo trasnochado tomó el control de Torre Tagle. Este hecho genera riesgos impensables al establecerse lógicas que podrían ser interpretadas en La Moneda como asociadas a ultimátum. Tal es el caso de lo señalado por el Canciller de ese país, García Belaunde, cuando avanza que, “…si Chile no realiza la investigación, pese a la documentación enviada, habrá que evaluar el conjunto de las relaciones. Espero que esa actitud (del Gobierno Chileno) cambie”. Este tipo de declaraciones no está dirigido al Gobierno chileno, sino que a su misma población, sus votantes para la próxima elección general. Existen los canales diplomáticos y políticos directos para comunicar posturas y políticas, malestar y quejas. Ha quedado demostrado que los medios de comunicación en Perú son el principal medio de legitimación de una clase política imbuida en la des legitimidad estructural.


En este nacionalismo desatado, la lógica que se impone es identificar objetivos de hostilización. Uno de ellos es el comercial y económico. Otro. Es la imagen de Chile. Alán García azuza a Chile. Es ya una Política de Estado.


¿Cómo debe responder Chile? Debe, claramente, reposicionar su lugar en el escenario regional. Debe, transformar sus capacidades potenciales, en reales. Apostar por reconstituir su tejido de potencia regional, política, económica y militar. En ningún caso hon tintes hegemónicos, pero sí de potencia. Una estrategia específica contra Perú no haría más que desviar recursos y esfuerzos hacia un objetivo de fondo: restablecer e reinstaurar a Chile como un actor regional cuyo peso especifico debe volver a ser considerado. Los EE.UU. lo han reconocido, Brasil también.


Lamentablemente el régimen peruano se alimenta de los conflictos con Chile, lo que implica que cada respuesta chilena es percibida como beneficiosa para la relegitimación del sistema político peruano. La contención comunicacional regional e internacional de Lima debe priorizarse, manteniendo el reforzamiento de las capacidades disuasivas chilenas.


Lima seguirá escalando la crisis, hasta que el próximo sondeo de opinión en dicho país denote un incremento del apoyo electoral hacia Alán García y su clase política.

Esta crisis ha generado un punto de inflexión en las relaciones con Perú, pero sobre todo, en lo que queremos y necesitamos como política exterior regional y vecinal: un cambio estructural, en función de las transformaciones que experimenta Sudamérica.

Esta crisis también ha demostrado los altos grados de cohesión de las instituciones chilenas, dificilmente se olvidará el ingreso de la Mandataria chilena, Michelle Bachelet, ayer a la ENADE, escoltada por los Comandantes en Jefes de las Fuerzas Armadas chilenas. Una imagen vale más que mil palabras.


DISUASIÓN "POLÍTICA" chilena hacia LIMA

Posted on November 16, 2009 by Cristian Leyton Salas

Encuesta Ipsos, publicada el 15 de noviembre y realizada para el diario peruano El Comercio nos entrega los siguientes datos. Desaprobación del mandatario Alán García: 66 %; Gobierno 72%; Congreso del Perú: 83%. Con tan solo esos datos podemos intentar explicar la actual escalada mediática y el manejo circense que Torre Tagle y la Presidencia del Perú están dando a un supuesto caso de espionaje de un agente de inteligencia de le FAP a favor de Chile.


No hay nada nuevo en el comportamiento peruano hacia Chile. La estrategia de “debilitamiento” de la imagen de Chile en el exterior sigue su curso. El régimen peruano sigue utilizando a Chile como una válvula de ajuste interna. Se insiste en la debilidad de la capacidad de disuasión política chilena frente a este actor regional. Podemos poseer recursos disuasivos político-militares o estratégicos, pero carecemos de aquellos que persuaden, coaccionan o disuaden actitudes políticas hostiles permanentes y sistemáticas, como es el caso peruano. La credibilidad de la amenaza política está ausente de la relación que mantenemos con la clase gobernante limeña.


Tratar de comprender esta actitud de Torre Tagle y su presidencia requiere reiterar lo que ya hemos señalado: existe una campaña de desprestigio hacia Chile, asociándolo a un comportamiento hostil y de naturaleza belicista, ad portas la entrega de la contra demanda en marzo ante La Haya.


Por otro lado, aparece la campaña regional pro desarme peruana destinada al fracaso. En el eje Colombia /Venezuela no están interesados en controlar sus gastos en defensa, menos aún hoy cuando el ministro venezolano señala que están en una actitud prebélica… cuando Bolivia y el Gobierno de Evo señala su intención en modernizar parte de sus capacidades bélicas y cuando Brasil avanza un Pacto de No Agresión bajo una premisa realista de las relaciones regionales. Torre Tagle necesita, al igual que toda la clase política peruana, reivindicar su legitimidad interna, en particular frente al clima pre electoral que ya se respira en dicho país. Para ello utiliza recursos externos cohesionadores.


Si a lo anterior sumamos la noticia del Pentágono estadounidense que transparenta la intención chilena en orden a adquirir sistemas de armas defensivos, pero que sobre todo avala la postura chilena en orden a establecer que dichas adquisiciones no generan “desequilibrios” militares ni políticos en la región (Perú posee los misiles AMRAMM rusos, R77 (AA-12 Adder), podemos constatar que la Cancillería peruana enfrenta un escenario de fracaso diplomático de envergadura.


La escalada diplomática y política del Gobierno de García en contra de Chile responde a otra parte de esa campaña, que ya no es bilateral sino que busca ser regional, multilateral. En este multilateralismo, los Estados Unidos aparecen como un importante aliado chileno. No es menor que se señale a Chile como “una importante fuerza para la estabilidad política y el progreso económico de Sudamérica”, y que se establezca que dichas adquisiciones se insertan en  el objetivo de “generar una mayor interoperabilidad entre Chile, los EE.UU. y sus Aliados”. No es el Estado chileno quién lo declara, sino que el Pentágono.


La actitud peruana indica una nueva postura, que al parecer intenta explotar una ventana de oportunidad institucional chilena que no es otra cosa que la fase de debilitamiento político natural del sistema político chileno ad portas la elección presidencial. Se podría estar buscando probar la capacidad de respuesta política chilena en el ámbito regional, vecinal y bilateral.


Se hace imperativo construir una capacidad disuasiva política creíble. Transformar el potencial económico, político, social cultural y estratégico en capacidades de influencia, al menos defensiva, tal y como lo señaló en su momento Raymond Aron. Particularmente necesaria es el generar una disuasión política específica hacia el vecino nortino. La razón es simple: una señal de debilidad política puede transformase en otra de debilidad político-estratégica, erosionando, con ello, la credibilidad de la amenaza disuasiva chilena.


PACTO DE NO AGRESIÓN versión BRASILEÑA

Posted on November 10, 2009 by Cristian Leyton Salas

Brasil está sugiriendo la firma de un Pacto de No Agresión militar específico entre Bogotá y Caracas. Un proyecto que aparece como una respuesta casi desesperada por parte de la cancillería Brasileña a fin de evitar, en un primer momento, que la Guerra fría entre ambos regímenes se convierta en una “caliente”, pero sobretodo, evitar seguir perdiendo su poder de influencia en dicho espacio norte de Sudamérica.


Brasil, busca, por este pacto, aparecer como un poder estabilizador, una potencia benigna que no impone su “orden” regional, sino que busca dialogo y consenso. No obstante ello, Brasilia, no logró constituirse en la potencia hegemónica “cooperativa” a la que aspiraba.  El acuerdo militar entre Bogotá y Washington emerge sorpresivamente  como la gran "movida" del Departamento de Estado del gigante del norte, pero sobre todo del Pentágono. La presencia y concentración de fuerzas en un solo país sudamericano representa la relevancia de esta zona para los EE.UU. Hace tiempo ya que se venía advirtiendo el desplazamiento de las fronteras de seguridad estadounidense en América. No debería sorprendernos ya que los EE.UU. disocian su frontera económica que es mundial, con su frontera política que es “nacional”, de la frontera militar y de seguridad. Colombia se erige como el “mirador” estadounidense en Sudamérica.


Se ha señalado que, a fin de evitar riesgos de quebrantamiento de la paz en América del Sur, el canciller brasileño Celso Amorim, estaría diseñando un proyecto de "pacto de no agresión" para ser presentado ante la UNASUR. Un proyecto que difiere totalmente del peruano por cuanto el primero buscaría transparentar “acuerdos de cooperación militar” con potencias extra regionales, dejando intacto los procesos de adquisiciones de materiales bélicos.  El segundo, sugerido por Torre Tagle, busca la reducción de los recursos asignados  a la Defensa. Una visión irrealista que choca con los intereses brasileños.


Brasil reconoce la existencia de una Guerra fría en el norte de su territorio. La generación de un Pacto de No Agresión implica que considera que esta relación de rivalidad ideológica llegó para quedarse, mientras se mantengan los regímenes que la sustentan y alimentan diariamente.Esta iniciativa  también responde al reciente llamado de Bogotá dirigido a la ONU y la OEA a fin que intervengan diplomáticamente frente a la amenaza de guerra emitida por Hugo Chávez. Antes de ello, Bogotá había solicitado a España su mediación. Brasil percibe de toda evidencia que sus creaciones como son la UNASUR y el CDS no han sido llamados a la palestra. Ellos tampoco. Su postura que roza el prochavismo les está “pasando la cuenta”. No aparecen como un interlocutor imparcial valido.


Este Pacto representa, sin embargo, un fracaso relativo para la administración de Lula ya que necesariamente representa la impotencia brasileña frente a una crisis que se “cocinó” en su propia puerta y ante lo cual nada pudo hacer. Pero no solo ello, también un fracaso frente a la lógica de “Sudamérica para los sudamericanos..y Brasil”.

El Pacto de No Agresión brasileño implicará la observancia de mecanismos de verificación y de control para lo cual ,países y potencias extra regionales estarán llamadas  a participar activamente. Lo anterior será la muestra más clara que Brasil sigue siendo percibido como una potencia que busca ejercer un liderazgo, para algunos hegemónico, para otros cooperativo. En la práctica,  la presencia estadounidense deja dicho proyecto congelado. Aun las condiciones para un liderazgo regional brasileño no están dadas.


Después del Muro: "Democracias no se hacen la Guerra"

Posted on November 09, 2009 by Cristian Leyton Salas

Una vez caído el Muro de Berlín, y luego el Muro de la Guerra Fría que separaba a las URSS y los EE.UU, ese día 1 de diciembre de 1991, se pensaba que un período de paz global y permanente se iniciaba. La expansión del liberalismo y de la democracia representativa, según la visión de algunos autores norteamericanos y europeos, entre ellos  Michael Doyle presagiaba que “entre Estados liberales y democráticos” la guerra no tenía lugar. ¿Se equivocaron?


Luego de la caída del Muro, el temor a una guerra termonuclear entre grandes potencias quedó relegado a lo impensable. El conflicto a partir de ese momento comenzó a conocer una clara mutación: desde lo interestatal a lo subnacional. Las “democracias” no se hacían la Guerra, por lo que comenzaron a buscar “otras” amenazas, las “nuevas” o “emergentes”. Aquellas amenazas que siempre estuvieron allí, pero que eran vista como instrumentales, no las principales.  


Los riesgos de una guerra convencional entre bloques desaparecieron. Hoy solo queda la OTAN, reciclada en tareas de conflicto de baja intensidad, lejos, muy lejos de su teatro de guerra original.


En Sudamérica, también se conoció una fase de transformación. Caído el Muro en Europa, aquí el muro ideológico que alimentó regímenes militares, guerrillas y sufrimiento en la población civil también desapareció. La proliferación de Estados democratizados sugirió que la división geopolítica también se desvanecería. Las rivalidades entre Brasil y Argentina tendieron a desaparecer como resultado del repliegue de Buenos Aires hacia sus fronteras interiores: sus problemas internos, políticos y económicos generaron un vacío de poder  regional, llenado por Venezuela, los Estados Unidos y por Brasil.


Diez años después de caído el Muro ideológico en América del Sur, apareció otro. Una nueva rivalidad surge, la del movimiento chavista versus los liberales (de derecha o progresistas). Un nuevo muro se está erigiendo. Este viene acompañado de una lógica de Guerra fría. Ya lo habíamos señalado, entre Colombia y Venezuela, un conflicto ideológico está tomando forma en el norte de Sudamérica, se está cristalizando. Peor aún. Se reproduce el complejo escenario indo-pakistaní: no poseen un espacio de medición de fuerzas. Ambos Estados son llamados a afrontarse en una zona tan peligrosa como es la frontera misma.


Las “democracias no se hacen la guerra”. Se nos ha dicho que las democracias poseen un sistema representativo que permite a la población, en principio, regular el Poder. Las democracias poseen sistemas de Check and balances que les facultarían para que cada poder “limite y verifique la capacidad de acción del otro”. Las democracias poseen capacidades de control de las tomas de decisiones de sus líderes.


Las democracias, sin embargo, también sienten aprensiones hacia su entorno. Temen las capacidades del otro, compiten con el otro y buscan aunar fuerzas organizándose en función de amenazas únicas.


Hoy vemos que Brasil no cree en esa premisa. Teme una conflagración en la región, en particular en su frontera norte. Celso Amorim y Nelson Jobim  reeditan la idea peruana, que murió en el intento: Generar un “Pacto de No Agresión” regional. Brasil, con una visión realista tiene claro que asociar dicho proyecto a la limitación de sistemas de armas o un virtual “desarme”, tal y como lo avanzaba Torre Tagle, no solo está destinado al fracaso sino que también va en contra de sus intereses más básicos.


Brasil está consciente que la frontera entre Colombia y Venezuela  puede conocer un efecto de dominó, deslizarse hacia lo impensable, después de todo, las "democracias no se hacen la guerra," pero ¿es Venezuela una democracia?


El "nuevo" Ecuador en la política exterior chilena

Posted on November 04, 2009 by Cristian Leyton Salas

Según medios peruanos y locales, la Cancillería chilena habría reforzado la presencia diplomática nacional en la capital ecuatoriana. La principal razón sería que el Ecuador podría ser clave al entregar su opinión ante el tribunal internacional, pues junto a Chile y Perú “firmó los acuerdos de 1952 y 1954 que fijaron los límites marítimos y que son desconocidos por el gobierno peruano”.


La relevancia del  Ecuador para Chile, según esta visión, sería meramente coyuntural. Puntual. Apoyar a Chile en su contrademanda ante Lima. Error.


Históricamente Ecuador ha sido considerado como un “aliado natural” chileno, sobre todo en el marco de la división geopolítica de Sudamérica durante la Guerra fría. Ecuador representaba un contra peso y un posible “segundo frente” ante Perú. Quito, formaba parte de la estructura disuasiva chilena.  Hoy todo parece estar cambiando.


La llegada de Rafael Correa al poder introdujo dudas respecto a la continuidad de esta “alianza” informal. En el nuevo escenario ideológico sudamericano, Chile deja de constituir el “modelo” a seguir por Quito. Venezuela aparece como el nuevo referente económico y político. Aun no está claro si también el militar y estratégico. Su adhesión al “Socialismo del Siglo XXI” se inscribe en la búsqueda por “superar el neoliberalismo”, tomar el control estatal de los recursos naturales y estratégicos del país.


Para Rafael Correa, el Estado ecuatoriano ya no identifica a Perú como su principal amenaza  vecinal. Esta se encuentra en el norte, Colombia y los EE.UU. También se hace patente su alejamiento de Brasil y un enfriamiento lento pero progresivo de su relación con Chile. Venezuela es un polo de atracción natural.


Al apoyo del embajador ecuatoriano en Lima, Diego Ribadeneira, y luego de una Comisión mixta de parlamentarios ecuatorianos y peruanos, a la idea de una “carrera armamentista regional”, se suman otros gestos poco claros y confusos hacia La Moneda por parte del gobierno de Correa.


Si bien es cierto, Ecuador ya emitió en mayo último, una declaración de apoyo a la postura chilena, está claro que esta reacción dice relación con el peligro para Ecuador de ver reproducida la demanda en su contra. No responde a un apoyo “natural” hacia Chile, sino que a intereses meramente coyunturales.


La alusión de Alán García en cuanto a la existencia de una “nación ecuatoperuana”, más allá de caricaturizar una aspiración por reequilibrar , de alguna forma, los equilibrios de poder subregionales claramente lastimados por su alejamiento de Bolivia, demuestran que Chile debe repensar su política regional en forma integral. Sudamérica atraviesa una fase de cambio estructural en cuanto a su configuración política, económica y militar. La Cancillería chilena y La Moneda deben replantearse alianzas, el proceso de integración en curso y  la política exterior vecinal.


Hoy la integración regional se está haciendo “desde” la Defensa, buscando que desborde “hacia” lo político, económico y social. Un nuevo enfoque, un nuevo paradigma se está imponiendo, y Chile debe responder ante dicha transformación.


Colombia/Venezuela: Guerra fría en el norte sudamericano.

Posted on November 02, 2009 by Cristian Leyton Salas

Conflicto político, tensión militar y competencia económica, tres características propias de un conflicto que no es directo, pero que si es permanente entre dos Estados o grupos de Estados. Políticas y estrategias de contención, penetración política, inoculación e infiltración de fuerzas irregulares desestabilizadoras, espionaje y contra-espionaje, ingredientes que no pueden faltar y que forman parte inherente de una guerra no declarada, que se lucha en campos de batallas irregulares.


Uso de la fuerza simbólica, reforzamiento de capacidades bélicas ofensivas y defensivas, competencia bélica, satelización de países y espacios geográficos, en fin, la búsqueda por proyectar poder y evitar ser objeto de una “asfixia diplomática, militar o económica”. De esto se trata un conflicto frío, una que estamos observando desarrollarse en el norte de América del Sur. Colombia y Venezuela libran, hoy mismo, una Guerra fría.


El resto de países observan. Algunos aprenden. Otros, sobre todo las potencias mundiales y regionales (o que aspiran hacerlo) miden fuerzas en esos dos mismos países. Colombia y Venezuela, tal vez no lo saben, pero forman parte de los resabios de la última guerra fría mundial entre el gigante Soviético (hoy Rusia) y los Estados Unidos.


Los EE.UU se resisten a dejar la región, si alguien pensó que la indiferencia de la Casa Blanca por Sudamérica era real, se equivocan. Ellos afirman su presencia conteniendo a esta Venezuela chavista no porque se le tema por sus nuevas capacidades bélicas o tal vez el efecto de contagio de su Socialismo del Siglo XXI, sino que más que todo, por la cauta, pero clara presencia de Rusia en la región. Gallitos geopolíticos de alto nivel miden las fuerzas de los antiguos herederos del conflicto entre Occidente y Oriente.


La cristalización de una relación de dependencia político-estratégica colombiana hacia los EE.UU será beneficiosa para Bogotá: hace reposar su disuasión general y específica sobre los hombros de los Estados Unidos, mientras se aboca a luchar contra la insurgencia.  El Departamento de Estado de Obama tiene claro que chavismo no responde a un hecho meramente  coyuntural, sino que es estructural. Llegó para quedarse.


En este sentido, la nueva naturaleza de los riesgos y amenazas que se ciernen sobre la región necesitan repotenciar instancias de dialogo en seguridad y defensa, en política exterior y de cooperación. UNASUR, Consejo de Defensa Sudamericano y la OEA deben adecuarse a estas nuevas realidades a fin que ningún conflicto “frío” llegue a transformarse en una Guerra caliente.


Ya lo habíamos señalado en otras líneas, estos tres organismos deben dotarse de sistemas de “alerta tempranas”. Identificar riesgos para la seguridad regional, establecer patrones de escalada de conflictos, estrategias y medios de intervención preventivas. La anticipación implicará, de toda evidencia, inaugurar los antiguos debates relativos a la soberanía. ¿Cuáles deben ser los márgenes de acción y de intervención de estos nuevos órganos políticos, diplomáticos y militares regionales?


La OEA está llamada a reformarse, constituirse en un órgano  que busque evitar conflictos y su escalada.


Esta  Guerra fría entre Colombia y Venezuela tiene una particularidad: no existe entre ambos países un espacio de “liberación” de tensiones, como fue entre la URSS y los EE.UU. No existe un “espacio” de evacuación de hostilidad. Este “campo de batalla” es, en este caso,  la frontera entre ambos países. Peligroso. Una suerte de “no man´s  land” en donde paramilitares, traficantes y fuerzas narcoterroristas abundan. El peligro es lógico: una confrontación directa o de “arrastre” entre ambos países. La OEA está llamada a intervenir, hoy, ahora antes que sea demasiado tarde.