"Injerencia Peruana y Disuasión "política" chilena"
Aug. 27 , 2009
No debería sorprendernos la actitud y reacción del mandatario peruano, ni de su gobierno.
Ya lo hemos señalado hasta la saciedad: Chile constituye un “factor” de cohesión política interna peruana, pero también de todo el sistema político del Rimac. Ya lo señalamos también, la última encuesta de Ipsos establece claramente que un 68% de su población no cree en el modelo político ni económico de su gobierno, por lo que debe, ad portas la próxima elección, potenciar un nacionalismo negativo hacia Chile, y ahora, también hacia Bolivia. Nada nuevo en este ámbito.
Lo que sí es interesante constatar es la aceleración de la utilización sistemática de Chile como la válvula de ajuste del sistema político peruano, pero sobre todo, la actual concatenación de gestos inamistosos y, como diría el canciller Fernández, “provocativos” desde Lima hacia Chile.
Hoy, Alán intenta “internacionalizar” la Agenda de 13 puntos entre Bolivia y Chile. Un gesto que “bolivianiza” su política vecinal hacia Chile y que denota una injerencia en los asuntos políticos exteriores chilenos. Tendencia que ha tendido a desbordar también hacia la política interior del país, en particular cuando emite una opinión de los candidatos presidenciales chilenos. Alán García intenta "salvar" su imagen interna, el fantasma de su pasada y desastrosa gestión le persigue.
Digámoslo, si bien es cierto, la disuasión político-estratégica o derechamente militar chilena ha sido exitosa frente a la postura revisionista y revanchista de algunos sectores peruanos a lo largo y ancho de la historia de ambos países, lo “disuasión política” ha sido un completo fracaso.
En efecto, el Estado chileno no ha logrado comunicar la credibilidad de una amenaza de carácter política o económica hacia la clase gobernante peruana. Alberto Fujimori comprendió que el aliado natural peruano era Chile y que la lógica de la “asfixia” hacia nuestro país no había sido exitosa, todo lo contrario había impulsado a Chile a buscar abrirse hacia el mundo, con el éxito económico ya conocido, generando una lógica de “regionalismo abierto” que impulsó finalmente a Chile a asociarse con Estados extracontinentales, hecho que ha permitido a Chile acercarse cada vez más rápido al desarrollo, en el plano económico y social, y hacia los estándares de la OTAN en el ámbito militar.
Desgraciadamente, el legado fujimorista de acercamiento lento pero progresivo hacia Chile no fructificó, todo lo contrario, fue seguido de una reacción de corte antichilena, electoralmente benéfica para la clase política peruana, pero que está aislando a ese país.
Por otro lado, se está dando una tendencia particular de su canciller y del gobernante en cuestión en orden a sacar a la luz en forma indirecta ese “vinculo de soberanía” que el Perú señala tener sobre Arica. Un sentimiento arraigado en el subconsciente peruano.
El protocolo en su artículo 1 señala, “Los Gobiernos del Perú y de Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad al Tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir, a través de ellos, nuevas líneas férreas internacionales”. Sí, efectivamente existe un vínculo de soberanía, por cuanto Chile no posee la capacidad de “ceder” un territorio “con soberanía” a un tercer país. Sin embargo, este vínculo es mutuo. Chile posee también un vínculo de soberanía sobre Tacna.
Más allá de lo coyuntural, la pregunta que subsiste es cómo generamos una “disuasión política” efectiva, enérgica y creíble hacia el Perú y su clase política. ¿Cuál debe ser el precio político que debe pagar el Perú instrumentalizar a fines de política interna el “factor Chile”?
Sudamérica, entre Alan García y Hugo Chávez
Aug. 25 , 2009
Dos noticias están acaparando la atención regional.
La primera, de alta relevancia por sus implicancias y efectos imprevisibles (conflicto diplomático entre Colombia y Venezuela), mientras que la otra, un volador de luces que tiene un solo objetivo: incrementar el apoyo interno de aquel que ve, en las encuestas internas, una constante baja de popularidad (acusaciones de Perú hacia Chile y Bolivia).
La noticia relevante está aconteciendo, hoy mismo, en la frontera norte de América del Sur. La visión expansionista y de proyección de poder ideológico de Hugo Chávez y su chavismo salió a la luz. Chávez señaló que, "…la burguesía colombiana no quiere que esta palabra mía llegue al pueblo, tiene miedo de que la palabra de Chávez sea oída por el pueblo de Colombia (...) Por eso nos satanizan tanto". Consideró, asimismo, que su homólogo Álvaro Uribe quería impedir que el "chavismo llegue a Colombia" y sugirió "hacer un plan" para corregir la imagen "satanizada" que se tiene de él en el país vecino. Para ello Chávez le ordenó a su ministra de Información, Blanca Eckhout, hacer "todo lo necesario" para que sus planteamientos se difundan en Colombia. Y para lograrlo propuso "utilizar a nuestros amigos y aliados en Colombia, que son muchos". Chávez terminó su discurso con esta frase: "¡Pueblo colombiano, no caigas en la trampa, únete a nosotros para hacer la patria grande de Bolívar, la Gran Colombia!".
Un intervencionismo que Colombia ha señalado va a contrarrestar activamente y denunciar en la OEA. Un "lapsus" que traicionó a Chavez al llamar a modificar la estructura de poder subregional, dejando incluso presagiar una modificación de las fronteras y de la soberanía colombiana. Un escenario en donde Colombia es absorbida territorialmente por una Venzuela que se considera la heredera de la idea bolivariana de una "nación única sudamericana".
Una suerte de “guerra fría” se está inaugurando en esta zona, todos los ingredientes para una escalada del conflicto están dándose con actores extra estatales y extra regionales que podrían llevarlos a lo impensable. Hugo Chávez tiene dos frentes de batalla. Uno externo, pero también tiene abierto el interno. Seguir expandiendo su poder, llevando al límite el sistema democrático venezolano. Con acusaciones según la cual estaría instaurando una “dictadura en cámara lenta”, su imagen interna y externa está siendo sacudida en forma progresiva. El conflicto diplomático ya es ideológico. Cada uno está moviendo sus piezas, en un juego de ajedrez político-estratégico que puede encender pasiones y cegar la racionalidad de los actores.
En nuestro espacio vecinal, las declaraciones del mandatario Alan García aparecen "extrañamente" en momentos en que su apoyo electoral está siguiendo una curva descendente, con una desaprobación general del 68% según la última encuesta Ipsos. Toda la gestión del presidente peruano está cayendo al abismo ad portas del comienzo de un período electoral en donde Keiko Fujimori aparece primera en las encuestas. De la misma forma, la credibilidad del mandatario fue lapidaria para su imagen pública: Mientras un 50% lo consideró mentiroso, otro 43% acusa corrupción en su gobierno y un 74 desaprueba la gestión de todo su equipo de trabajo.
Es comprensible, políticamente hablando, la intervención de García. Instrumentalizar la problemática con Bolivia y de paso con Chile le permite desviar la atención de los problemas de popularidad que le afectan y que ponen en jaque su gestión. Alan está consciente que la animosidad entre su gobierno y el de Evo está para quedarse por mucho tiempo, pudiendo incluso transformarse en estructural. La reelección del mandatario indigenista es casi un hecho. Nada perdía en cristalizar aún más la animosidad boliviana hacia Perú, todo lo contrario, genera un efecto dominó que, publicamente, refuerza su imagen interna, pero que tiene un efecto perverso al aislar politicamente aún más al Perú. No hay que extrañarse de este comportamiento “regular y recurrente” de la clase política peruana: El “factor Chile”, recuérdenlo, forma parte del sistema político peruano. Ahora, se está agregando al este factor, el regimen boliviano.
La próxima reunión del UNASUR traerá sorpresas. Será todo un evento político regional. El más beneficiado con estas problemáticas es sin lugar a dudas Brasil. Su creación, su inspiración tiene un valor de uso claro y preciso: discutir los problemas que aquejan a la región de manera directa, sin intermediarios en el marco de un Consejo de Defensa Sudamericano otorga una legitimidad precisa a la potencia hegemónica benigna brasileña.
Autogobierno mapuche: "del Bío-Bío al sur"
Aug. 24 , 2009
Comprender la lógica que ha alimentado en la conciencia de una pequeña pero altamente activa vanguardia política mapuche que hoy exige un autogobierno “del Bío-Bío al sur” implica exponer lo que los Gobiernos de la Concertación han denominado un “Nuevo Trato Indígena”. Documento trabajado por las sucesivas administraciones oficialistas y que hoy duerme en el Congreso.
La idea de un “autogobierno” implica el reconocimiento de la especificidad indígena, es decir reconocerlos como una “nación” diferente a la “chilena”. Observemos la problemática detrás de este nuevo trato entre el Estado chileno y los mapuches.
En octubre del año 2003, la llamada Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato, encabezada por el ex mandatario Patricio Aylwin, hizo entrega de un informe final al entonces Presidente de la República. La idea de esta comisión era evaluar el "trato" histórico del Estado a los pueblos indígenas en Chile.
Las principales conclusiones del que llamaremos “Nuevo Trato” se articulan en función de tres grandes principios:
a. Mejorar el nivel de reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas,
b. Profundizar las estrategias de Desarrollo con Identidad,
c. Ajustar la institucionalidad pública a la diversidad cultural del país.
Sobre el plano de los Derechos de los Pueblos Indígenas, las medidas, según el Nuevo Trato, deberían articularse en torno a dos principales medidas:
- Un Reconocimiento Constitucional de los "pueblos indígenas",
- Una Profundización de sus Derechos.
En el ámbito del Reconocimiento Constitucional se establece que no obstante que los pueblos indígenas cuentan actualmente con un reconocimiento de derechos específicos por medio de la Ley Indígena así como de derechos universales a través de la Constitución Política y la legislación sectorial, el Gobierno estimaba esencial otorgar un reconocimiento de mayor jerarquía social y de un mayor valor sociopolítico a dicho segmento social.
Es así como se busca:
a. Reconocer la existencia de los pueblos indígenas como parte de la nación pero poseyendo, a la vez, culturas e identidades propias.
b. Reconocer que los pueblos indígenas actuales son descendientes de las poblaciones que habitaban el territorio chileno al momento de inciarse la colonización. En este sentido se buscaría establecer indirectamente el principio de "Primeras Naciones".
c. Reconocer que es deber del Estado garantizar el pleno respecto de los pueblos indígenas.
El Nuevo Trato indígena se concentrará, a diferencia de las iniciativas de los presidentes Aylwin y Frei, en el reconocimiento de derechos políticos de los grupos étnicos minoritarios nacionales, en contraposición a las iniciativas precedentes que se abocaban a mejorar los ámbitos socioeconómicos de las comunidades indígenas chilenas.
En este sentido se aprecia que el Nuevo Trato busca, insistentemente, estimular y consolidar la idea de especificidad de la población de origen indígena en contraposición al resto de la población chilena.
Se aprecia que tanto el mejoramiento del reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas como la profundización de las denominadas “estrategias de desarrollo con identidad”, se insertan en la misma lógica precedente: afirmar un tipo indeterminado de especificidad y diferencia cultural, social y económica de la población de origen indígena.
La especificidad avanzada por el Nuevo Trato se plasma en la existencia de “pueblos indígenas”. Es así como la iniciativa buscaría establecer la coexistencia de una pluralidad de “pueblos” pudiendo debilitar, directa e indirectamente, la idea de una “Nación Chilena”.
El Nuevo Trato no solo avanza el principio del reconocimiento constitucional que establecería la existencia de una “variedad de pueblos” indígenas, estableciéndose y reconociendo constitucionalmente la existencia simultanea de “varias naciones” al interior de las fronteras políticas nacionales, sino que buscaría, además, implementar un órgano administrativo de representación de dichos “pueblos indígenas” mediante la creación de un Consejo de Pueblos Indígenas como un organismo representativo de los pueblos indígenas cuya principal función será de "participar en la definición y ejecución de políticas públicas".
La iniciativa en orden a crear un órgano único, "directo, autónomo y representativo" del conjunto de los llamados “pueblos indígenas”, como sería el caso del Consejo de Pueblos Indígenas, si bien buscaría concentrar las demandas sociales, económicas, políticas y culturales en un solo canal de expresión del conjunto de dichos grupos étnicos, podría constituirse, bajo determinadas condiciones, en un órgano eminentemente político, articulador de demandas políticas partidistas o ideologizadas, en absoluto relacionadas con su cometido original.
Se aprecia que el reforzamiento a un grado institucional de dichas características propias y constitutivas de la “Nación” podría radicalizar, aún más, sentimientos indigenistas de orden etnonacionales con efectos impredecibles sobre el escenario político nacional, abriendo paso a conflictos etnopolíticos, prácticamente, hasta ayer, ausentes en el debate nacional.
No obstante lo anterior, un aspecto positivo del Nuevo Trato está dado por las medidas adoptadas en orden a implementar un conjunto significativo de medidas que permitan un mejor desarrollo socioeconómico de este segmento de la población chilena, combatiendo los altos niveles de pobreza a los cuales están sometidos disminuyendo, con ello, los puntos de fricción con la sociedad chilena en su conjunto y el Estado.
Se insiste en que la idea de un autogobierno no es posible comprenderla en ausencia de los "gestos" históricos generados desde el Oficialismo hacia este segmento de la población chilena, y en particular la vanguardia política etnoindigenista que ha sabido capitalizar la actual situación. El reconocimiento constitucional de la especificidad nacional mapuche, o de otra etnia chilena, solo abre la puerta a otras exigencias que desnaturalizan las demandas socioeconómicas legitimas de dichos connacionales.
UNASUR, Uribe y Chávez: El 28 en Bariloche
Aug. 20 , 2009
Si alguien se preguntaba para que serviría el UNASUR y el Consejo de Defensa Sudamericano, este 28 de agosto en la ciudad Argentina de Bariloche lo sabremos. El despliegue de fuerzas estadounidenses en el espacio sudamericano no es un tema cerrado, todo lo contrario, genera aprensiones reales, pero también se ha constituido en el chivo expiatorio de intereses ideológicos que ven en dicha nueva presencia una ventana de oportunidad para buscar el alejamiento definitivo de los EE.UU. de la región.
Pero, cuidado, que este encuentro, en donde existe un consenso en torno a la necesidad de retornar al dialogo “franco” en la región, puede abrir un Caja de pandora en torno a temáticas que para algunos países puede resultar incomodas como son los procesos de adquisición de material bélico. Transparentar intenciones y políticas declaratorias, capacidades y planificaciones que impliquen alianzas con “agentes externos” seguramente formará parte del debate. No solamente la "presencia" de los EE.UU., sino que también de Irán y de Rusia.
Para Colombia esta ocasión le permitirá, de toda evidencia, debilitar el proceso de acorralamiento geoestratégico del cual es objeto por parte de los países del ALBA, en particular Ecuador y Venezuela. La presencia estadounidense no sólo debería servir a los intereses colombianos en su lucha contra la guerrilla, sino que también es percibida como un actor de estabilidad frente a una Venezuela que con una retórica militarista y políticamente "expansionista" se arma a pasos agigantados, pero que no está sola en dicho proceso. Brasil también.
Esta ocasión será, sobretodo, clave para comenzar a resolver en forma definitiva la problemática de las FARC, fuente aparente de todos los males de la zona norte de América del Sur. Es claro que esta guerrilla no solo recibe respiración artificial proveniente del narcotráfico, sino que también por el apoyo indirecto que recibe del régimen chavista venezolano y por la mirada complaciente del ecuatoriano. Dejar en claro que esta guerrilla no recibirá el status de grupo "beligerante" será un gesto clave para la cancillería colombiana. A cambio, el mandatario Uribe deberá clarificar la presencia estadounidense, entregando garantías que sus capacidades operativas no estarán asociadas al interior de una política de “ataque preventivo” en el espacio limítrofe colombiano. Más aún. Colombia deberá renunciar explícitamente a la lógica de la “extraterritorialidad” de su seguridad. La aplicación de la postura de defensa israelí en Sudamérica no es bienvenida.
Desde el punto de vista político y diplomático, Argentina, está logrando con esta reunión reintegrarse al liderazgo regional. Brasil, cediendo algo de espacio, pero adoptando una postura de “arbitro” que tiene cierta simpatía por la postura chavista. Por otro lado, Chile liderando tibiamente aquel grupo de países que “respetan” la decisión colombiana (junto con Uruguay, Perú y Paraguay), versus aquellos que la condenan (Bolivia, Ecuador y Argentina).Una polarización que también debe ser suavizada, pero que es funcional a estas dos creaciones brasileñas por cuanto le entregan un leit motiv lo suficientemente poderosos como para afirmar que Sudamérica la necesitaba hace mucho tiempo.
La temida politización de estos organismos de seguridad regional parece estar resuelta por el surgimiento de un determinado y específico equilibrio de poder. !Bienvenido sea!, siempre y cuando haga más previsible el futuro de las relaciones politico-militares sudamericanas.
Transformación del Sistema Político Chileno
Aug. 14 , 2009
El sistema político chileno está experimentando, actualmente, una transformación desde sus más elementales cimientos. Tal vez este fenómeno no se aprecia en su total magnitud, por ser nosotros mismos sus ejecutores y testigos, pero el cambio se está produciendo ahora mismo. El sistema político chileno está mutando.
Se aprecia, en el futuro cercano, un escenario político de gran incertidumbre, hecho que es propio a todo proceso de transformación institucional. De alguna forma, la onda expansiva de “procesos refundacionales” latinoamericanos nos alcanzó. Evidentemente, para nosotros, por estar lejos de epicentro de este movimiento telúrico ideológico, sus efectos no son los mismos ni poseen la misma envergadura. Pero nos alcanzó. La estabilidad será puesta en jaque, un hecho propio a todo proceso de cambio acelerado. La pregunta es cuan flexible es el sistema político chileno como para soportar este procesos de acomodamiento a una nueva realidad institucional.
El surgimiento del fenómeno M.E.O, la multiplicidad de pre candidatos presidenciales concertacionistas, el cuestionamiento de la actual Carta Fundamental y el llamado, en voz baja, pero insistente en orden a instalar una Asamblea Constituyente, la descomposición de la Concertación, el surgimiento de nuevos liderazgos “no convencionales”, el cuestionamiento de la legitimidad de los poderes legislativos, la búsqueda por unificar a la izquierda bajo la lógica de un solo gran partido, entre otros hitos, nos demuestran que “algo está pasando”. Un cambio mayor en la política chilena verá el día y se cristalizará luego de las elecciones presidenciales de diciembre próximo.
Levantar escenarios es un excelente ejercicio a fin de hacer la incertidumbre, algo más previsible.
La distribución del poder político heredada del término del Régimen Militar que permitió al país gozar una fase de alta estabilidad política, crecimiento y desarrollo económico está llegando a su fin. La Concertación, que nos entregó casi dos decenios de estabilidad ,hoy aparece ingobernable, un barco a la deriva del cual nadie quiere hacerse cargo, salvo el candidato Eduardo Frei, pero que aparece siendo objeto de constante motines a bordo. Al parecer nadie cree que llegará a buen puerto, pero él, como buen capitán de navío será el último en dejar el barco.
En este sentido, la Concertación se ha convertido en un espacio político fragmentado, alimento de candidaturas aventuristas que intentan, más que todo, arrastrar un voto y un apoyo a sus respectivas fuerzas parlamentarias. El poder político que le quedará a la Izquierda y el Centro se desplaza, desde la lógica presidencial a la congresal. La muerte de la Concertación, sumada al liderazgo emergente del candidato Marcos Henríquez Ominami, más la existencia de una Coalición por el Cambio, de dudosa gobernabilidad interna, parecen dar la impresión que la lógica de los tres tercios se asoma nuevamente en el sistema político chileno, al menos mientras no se produzca una reorganización de dichas fuerzas ex concertacionistas. ¿Una futura Concertacion 2.0?
Asimismo, el recambio generacional, exigido por parte importante de la población chilena, e ilustrada con el creciente apoyo a la candidatura de M.E.O , no es más que un rechazo a una elite política encallada en el poder, inmovilizada por privilegios de toda índole, pero sobre todo que comienza a ser considerada como incapaz de interpretar de manera convincente las nuevas necesidades sociales de la población y sus problemas. La sociedad chilena ha evolucionado positivamente, no así su sistema político.
Las próximas elecciones constituirán claramente un hito en la historia del sistema político chileno, ya que de confirmarse las tendencias de votos, la Derecha Política regresará al poder luego de casi 45 años. De toda evidencia, a esta Derecha le tocará administrar ese cambio, esa transformación. Dicífil tarea. Asimismo, esta Derecha convertida en Gobierno, deberá convivir con movimientos sociales cuyo ADN es por esencia progresista, los cuales, señalémoslo, ya no estarán bajo el control del Gobierno de turno, como fue el caso de la Concertación y su relación “especial” con los movimientos sindicales y de masas.
Esta Coalición por el Cambio aún no ha demostrado su capacidad de gobernabilidad, lo que es peor aún, su accesión al poder, de concretarse, no parece que será por los pergaminos propios, sino que más bien, como resultado de un agotamiento y una falta de credibilidad en la coalicion más exitosa en la historia política chilena. Esta Coalicion tendrá que demostrar que es capaz de entregar gobernabilidad, expandiendo su apoyo ya no tan solo a las clases menos favorecidas, pero sobre todo a la Clase Media.
La pregunta que subsiste es si el sistema político chileno podrá, finalmente, asimilar los cambios, pero sobre todo llevarlos a cabo de manera exitosa y sin tantos traumas...
¿Vientos de Guerra?
Aug. 10 , 2009
Con esa frase, Hugo Chávez, se está encargando de poner en lo más alto del tapete público internacional el tema de la presencian de los EE.UU. en la región, en específico en Colombia. Militarizar la diplomacia es una buena jugada del caudillo chavista. Denunciar, justo en momentos en que se traspasa la presidencia de UNASUR a Rafael Correa, una hipotética incursión militar colombiana en territorio venezolano aumenta, logicamente, la presión sobre el régimen cafetero, pero sobre todo, posiciona el liderazgo político del chavismo entre sus seguidores del ALBA. En este sentido, no sería Ecuador quién toma el control efectivo de UNASUR y del Consejo de Defensa Sudamericano, sino que la Venzuela chavista.
Un aspecto aparece como central: Colombia se ha constituido, indirectamente, en un instrumento de política exterior al servicio del régimen de Hugo Chávez. Los EE.UU. con la idea de incrementar su presencia en suelo colombiano no han hecho más que ayudar a encender la mecha que permite a Chávez alzarse como el faro que ilumina, con retórica y acciones altamente mediáticas, el camino hacia la expulsión de la presencia de los Estados Unidos en la zona. Ese es su objetivo final.
¿Vientos de Guerra? No es una sorpresa constatar el incremento del gasto (o inversión) en material bélico en el espacio regional. Es un hecho de la causa. La problemática radica, más bien, en las fuentes que estimulan y alimentan ese proceso de adquisición, y las doctrinas del uso de la fuerza operacionalizadas por los distintos países. En este sentido, Colombia, y el Gobierno del mandatario Uribe instituyeron un peligroso antecedente con el ataque a un campamento de las FARC en Ecuador. Más allá de lo legítimo o no, una lógica “preventiva” fue puesta en práctica, lo que constituye un hecho sin precedentes en el espacio sudamericano. No por nada Chávez acusa a Colombia de estar convirtiéndose en el “Israel de Sudamérica” (imagen hasta ese momento era asociada a Chile).
Presenciamos una reedición "sudamericana" de la extinta Guerra Fría entre los EE.UU. y la URSS.
Un esquema de Guerra fría en nuestro vecindario que debería llevar a preguntarnos sí todos los elementos que conllevaron a aquella conflagración podrían repetirse, incluso una carrera armamentista que arrastre a toda la región bajo la lógica del "efecto dominó". Sorpresivamente dos actores aparecen en escena, los EE.UU. vía Colombia y Rusia vía Venezuela. Da para pensar...
El conflicto entre Caracas y Bogotá, posee asimismo una característica especial, que es donde radica, a juicio personal, la principal amenaza de un posible uso de la fuerza directa: las FARC aparecen como una extensión del chavismo en territorio colombiano, una capacidad de proyección real y efectiva de la fuerza del movimiento bolivariano en el corazón mismo de un Estado que se opone a la estratégia y la política de exportación del chavismo en Sudamérica. Por otro lado, Colombia también posee otro actor que interfiere en sus asuntos internos, no obstante que lo hace desde una lógica benigna: los EE.UU. Hugo Chávez, por su parte, constituye un tercer actor en el conflicto colombiano. Condiciones que fragilizan el escenario.
Los “vientos de guerra” a los cuales hace alusión Chávez responden hoy en día, más que todo, a una guerra mediática, de imágenes y de percepciones, más que de un conflicto real, físico. El mandatario ya nos tiene acostumbrados a esos llamados de atención, lo hizo en Bolivia frente a su crisis institucional, lo hizo frente a Honduras y ahora lo hace, en el momento justo frente a Colombia.
No obstante ello, nada nos dice que Hugo Chávez no transformará sus amenazas en hechos concretos, pero ese momento aún no llega. Los procesos de absorción de las nuevas capacidades bélicas venezolanas se lo impiden, pero nada ni nadie nos dice que en el mediano plazo los tambores de guerra no lleguen a sonar.
Mientras tanto, el chavismo se servirá, durante todo un año, del UNASUR, incrementando la polarización del conjunto de Sudamérica y poniendo en aprietos a Brasil, y sobre todo, acumulando las condiciones para que esos "vientos de guerra" se materialicen, al menos, en su aspecto de amenaza latente...
Brasil y UNASUR agradecen a los EE.UU.
Aug. 07 , 2009
Ya lo habíamos señalado, la idea de ampliar la presencia militar estadounidense en la zona le “viene como anillo al dedo” a Brasil y su estrategia de reposicionamiento regional como líder sudamericano indiscutido.
Dijimos que ya era tiempo, según esta visión brasileña, que los EE.UU. reconocieran que los tiempos de la Guerra fría que “explicaban” la presencia física de fuerzas estadounidenses en sudamerica ya eran cosa del pasado. Hoy, tal y como lo dejaron claro tanto el Canciller de Lula, Celso Amrim y su Ministro de Defensa, Nelson Jobin, nada justifica la presencia de tropas de los EE.UU. en la región, menos aun su concentración en un solo país, como Colombia.
En este sentido, Brasil y la UNASUR agradecen al Pentágono la idea de aggiornar los tratados de asistencia militar con Colombia por cuanto iniciativas y hechos como estos son los que permiten justificar la existencia de un órgano de discusión y coordinación política eminentemente “sudamericano” como UNASUR, pero más específicamente el Consejo de Defensa Sudamericano.
Hoy, Brasilia, se sirve de este impulso mediático a fin de avanzar dos proyectos que buscan institucionalizar sus dos creaciones, UNASUR y el CDS, estamos hablando de dar forma a un Consejo sobre Narcotráfico y de dar un impulso real a la figura de un Secretario General del UNASUR. En ambos casos, la imagen de los EE.UU. en su rol de superpotencia hegemónica sobre el espacio regional sudamericano estimula y refuerzan la necesidad de contar con órganos de representación de intereses específicamente regionales. En este caso, y bajo esta lógica, Sudamérica debe constituirse en un solo actor que discuta de igual a igual, no solo con los EE.UU. sino que con cualquier otro actor del orbe.
No obstante lo anterior, el problema mayor de Brasil sigue siendo cómo abordar el fenómeno chavista. Siendo su objetivo no entrar en conflicto directo con Hugo Chávez, Lula aparece cada vez más como un aliado indirecto del régimen en cuestión. Lula necesita a Chávez para que sus dos creaciones funcionen y se constituyan en órganos de representación de sus propios intereses. En este sentido, toda actitud de potencia hegemónica implica hacer los intereses del resto de países con los suyos, no es nada nuevo, los EE.UU. , recordémoslo, creó ad portas de la Guerra Fría la OEA y el TIAR. Brasil con el UNASUR y el CDS sigue los pasos del gigante del norte...
De algo si debemos estar claros: la región está polarizándose, entre aquellos Estados que condenan a los EE.UU vía Colombia (Bolivia, Ecuador y Venezuela), y aquellos que adoptaron una postura de apoyo indirecto a la decisión soberana de Uribe (Chile y Perú). Brasil aparece como lo que quiere ser: un líder que adopta el camino de potencia intermediaria, pero a la vez rectora de los destinos de toda la región.
La próxima reunión del UNASUR tendrá lugar en Quito, Ecuador. Rafael Correa asumirá su presidencia pro temporé, tal y ya lo habíamos señalado anteriormente. Sin lugar a dudas será la ocasión para poner en el tapete el tema de la presencia militar de los EE.UU en la zona, pero también y porqué no, del apoyo chavista a las FARC. Seguramente habrán temas tabú, uno de ellos serán los procesos de adquisición de material bélico: ningún país quiere que un organismo regional ponga en tela de juicio sus capacidades de defensa, menos aún, en momentos en que la mayor parte de ellos están planificando o siguen materializando procesos de modernizaciones de sus capacidades belicas, incluido Brasil.
Bases EE.UU en Colombia: Brasil levanta la voz.
Aug. 04 , 2009
El canciller brasileño Celso Amorim, en una entrevista publicada en el diario Folha de Sao Paulo, señaló que su país está "preocupado" por la intención de Estados Unidos de ampliar su presencia militar y civil en América latina, específicamente en tres bases militares colombianas hasta 2019.
Según este personero, "...lo que preocupa a Brasil es una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad parecen ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia". El canciller Amorim fue claro en señalar que Brasilia duda de las reales intenciones de los EE.UU en orden a servirse de estas bases para ,únicamente ,luchar contra el narcotráfico. Habría algo más... Tanta es la preocupación de la Administración de Obama que este decidió enviar a su consejero de Seguridad Nacional, Jim Jones, con la misión de explicarle a Lula los detalles del acuerdo con Colombia.
Ruidos y señales estamos recibiendo desde el extremo norte de América del Sur, todo parece indicar que la luna de miel entre Brasil y los EE.UU. está llegando a su fin y que una convivencia “normal” se está imponiendo. Una convivencia según los dictámenes de un sistema hemisférico sometido a los vaivenes propios del realismo político.
Para los Estados Unidos de Barack Obama resulta complicado establecer el equilibrio entre las necesidades geopolíticas tradicionales de su país en la región, romper, a su vez, con la imagen de una potencia hegemónica, que impone a la región un "orden" según sus intereses y por otro lado, establecer su propia firma política, más consensuada y en absoluto "preventiva".
No lo obstante ello, Obama mantiene la tendencia impuesta por su antecesor. Recordemos que Bush, siguiendo imperativos económicos y estratégicos decidió transformar la naturaleza de sus bases militares en el hemisferio sur latinoamericano. Para ello se establecieron las llamadas "bases FOL" (Forward Operating Locations). Bases altamente funcionales, poco visibles pero adaptadas a las nuevas necesidades de los EE.UU.: capacitadas para acoger grandes contingentes, en poco tiempo y con capacidades de alta proyección de fuerza.
Hoy, los EE.UU., se ven afrontados a una problemática mayor. De las tres bases oficiales que poseían en el hemisferio, es decir, en Ecuador, en El Salvador y en las Islas Azores (sin contar el contingente de Colombia), deben restituir la primera, mientras que la segunda siga posiblemente el mismo camino. En efecto, la base de Manta, en Ecuador deben restituirla al breve plazo (como resultado de la llegada al poder un gobierno bolivariano). En El Salvador, recordémoslo, llegó al poder el Mauricio Funes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) vislumbrándose posible una restitución, reeditando con ello la postura de Rafael Correa. Por estas razones, los EE.UU. necesitan reforzar su presencia en la zona, siendo Colombia la elección natural y lógica.
Brasil, frente a las negociaciones entre Uribe y Obama por incrementar la presencia estadounidense en su suelo, se encuentra entre la espada y la pared: mantener y alimentar las “nuevas” buenas relaciones con su antiguo adversario, los EE.UU, mientras que por otro lado, aparecer como la potencia regional con rango hegemónico que “protege” y “defiende” su espacio de influencia, es decir Sudamérica.
El factor Chávez desempeña aqui también un papel central. Brasil siente que, para limitar el poder de influencia del chavismo ,debe “cortarle el pasto” antes que éste se alimente de el. En este caso, “el pasto” es la presencia de los EE.UU en la zona, con sus bases militares y sus políticas de cooperación militar. Por ello, para Lula, es fundamental que la lógica de la “potencia benigna” se materialice y que los EE.UU reconozcan, de una vez por todas, que el tiempo de su presencia en la zona llegó a su fin y que el espacio vacío lo deben llenar ellos, Brasil.
