Cristian Leyton Salas

Relaciones Regionales

 

Conflicto mapuche: la estrategia del "enlisement".

Jul. 31 , 2009

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El conflicto indígena en el sur de Chile parece tomar nuevos bríos. Las diligencias policiales han permitido neutralizar, estos últimos meses, a los principales dirigentes de la Cordinadora Aurauco-Malleco (CAM), al menos  se ha logrado identificarlos y aislarlos, disminuyendo  con ello sus capacidades operativas. No obstante lo anterior,  evitar que nuevos los liderazgos retomen las movilizaciones es casi imposible. Queda claro con los recientes y actuales acontecimientos en la zona.

Señalemos que uno de los objetivos centrales de este movimiento, que podemos tildar  sin miedo a equivocarnos de “violentista”, por cuanto utilizan hechos de fuerza a fin de alcanzar objetivos políticos, es arrastrar al conjunto de las comunidades al conflicto, comunidades que hasta hoy se encuentran en un estado de relativa pasividad frente a los hechos de violencia.

Un segundo objetivo, pero no menos relevante, sería transformar este “conflicto mapuche” en otro de “seguridad nacional” . Es necesario convertirlo en un fenómeno de "masas", despertando en la población de origen mapuche de la zona un sentimiento de acoso permanente por parte del Estado chileno. El incrementar la presencia de fuerzas policiales  en la zona es una forma de alcanzar ciertos objetivos por parte de dichos grupos, alimentando aún más su anclaje en la sociedad y despertando, con ello, claramente, atisbos de solidaridad social y política.

Asimismo, la idea detrás de estos sistemáticos hechos de violencia parece ser lograr desarrollar en la población autóctona un sentimiento de “solidaridad pasiva", pero sobre todo activa hacia su causa.  Se buscaría arrastrar o como dicen en Francia provocar el “enlisement” de la fuerza pública y del Estado en un conflicto que les permita generar las condiciones para encender la zona. Por esta razón parecería ser que el Gobierno ha sido reacio a aplicar la Ley de Seguridad Interior del Estado, que es justamente lo que estos grupos quieren: transformar dicho espacio en una “zona de guerra” psicológica.

 He aquí la gran problemática que encierra la coyuntura actual en el sur. Transformar el conflicto en uno de cúpula a otro masivo.

Diversos cuestionamientos surgen, pocas certezas existen frente a este fenómeno reivindicatorio indígena, sobre todo ante su evolución. En primer lugar, ¿se trata de un “conflicto mapuche”? Es decir, ¿estos grupos que utilizan actos de fuerza, altamente mediáticos, representan fielmente el sentir de la mayoría de la población de origen mapuche chilena? ¿Son acaso la punta de lanza de un sentir generalizado, pero que no ha despertado en su total dimensión?

¿Bajo qué condiciones estos hechos violentistas podrían encender la mecha de una problemática mayor indigenista en el sur?

¿Responden estos hechos a un fenómeno meramente coyuntural, léase la proximidad de las elecciones presidenciales, o representan una mutación en cuanto a la organización y liderazgo de estos movimientos reivindicatorios indígenas?

¿Es la aceptación de la  Ley del Nuevo Trato Indígena, que se encuentra bloqueado en el Congreso, y que establece el reconocimiento del “pueblo mapuche” como una nación aparte de la “chilena”, la solución definitiva de este conflicto, un conflicto, hasta ahora incipiente, pero de alta repercusión mediática interna y exterior?

La existencia de un nuevo tipo de liderazgo indigenista mapuche, altamente activo en el sur, y que ha sido demostrado estos ultimas semanas, podría estar demostrando que una solidaridad activa de ciertos grupos de la población se estaría desarrollando, lo que ha permitido en definitiva que la capacidad operativa de éstos se haya regenerado.

El Estado chileno debe ser cauto en tratar este tipo de problemáticas. Solo el uso eficiente y eficaz de medios de inteligencia debería permitirles neutralizarlos, y sobre todo, no caer en el juego de la militarización o policialización de la zona. Evitar generar un sentimiento de represión generalizada sobre la población es central en el esfuerzo por debilitar el movimiento y los grupos que sostienen y generan actos de violencia en el sur bajo el escudo de la defensa de los intereses de una mayoría de la población mapuche que, hasta el momento, solo observa los acontecimientos.

La toma del colegio Alonso de Zúñiga en Ercilla es una señal de alarma...¿es el comienzo de una "solidaridad activa" hacia el movimiento indigenista mapuche?


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