Chávez en Honduras o el temor a las "Democracias Totalitarias".

Posted on July 15, 2009 by Cristian Leyton Salas

Existe un sólido vínculo entre los regímenes fascistas y los mal llamados regímenes “comunistas”: ambos responden a una gestión del poder político bajo la lógica del totalitarismo. Ambos regímenes son totalitarios: intervienen sitemáticamente en todos los niveles de la sociedad.



Por totalitarismo debemos entender la existencia y el desarrollo de una ideología que tiende a cubrir todo los ámbitos de la existencia humana y de la vida social. Son totalitarios por cuanto buscan generar un sistema de control sociopolítico de naturaleza policiaco-terrorista de la población que adhiere pasivamente o que, por el contrario, le son oponentes. Se busca ejercer y cristalizar un control político e ideológico sobre la totalidad del sistema social.



Se organizan en base a un sistema de partido único de masas (aquellos que adhieren a su causa), normalmente es un régimen liderado por un solo líder, quien estimula un culto a su personalidad. Para lograr lo anterior, necesita absoluta e imperiosamente ejercer el control de los medios de comunicación masivos: se plantea establecer en los hechos un monopolio de la información. Lo precedente se asocia a una retorica de amedrentamiento sistemático de aquellos medios que deciden optar por una línea de cuestionamiento y crítica hacia este accionar y su gestión política del país. 



El Estado Totalitario ejerce un control absoluto y directo sobre los medios de violencia legítima, léase Fuerzas Armadas y Fuerza Pública. Estos dejan de pertenecer al Estado, y pasan a formar parte del régimen. Si la resistencia a tal fenómeno es demasiado clara, el totalitario crea un sistema de balance de poder, edificando, para ello, órganos de naturaleza paramilitar, verdaderas guardias pretorianas destinadas a proteger físicamente el régimen y generar aprensión en las filas de dichas entidades militares.



El régimen totalitario transforma el ordenamiento social liberal, que pasa de una pluralidad de actores a una concentración de los mismos. El Estado totalitario necesita un sistema político de partido único: si no es posible por la vía legal, este puede ser bypaseado por medio de una atomización de las fuerzas de oposición. Generar y estimular ciertas condiciones para impedir una organización de la Oposición constituye claramente una forma acertada, para este aparato ideológico, de generar de facto un sistema de partido único, con un liderazgo único, no diferenciado de la dirección del Estado.



La descripción anterior es aplicable a los regímenes totalitarios de naturaleza fascistas y comunistas, pero no solo a ellos.  Hoy en día, y ya hace un tiempo atrás lo habíamos señalado, una nueva forma de régimen totalitario está viendo el día. Las que podemos denominar “Democracias Totalitarias” están adoptando la misma naturaleza de aquellos regímenes que gobernaban para las masas, poco importaban si eran de izquierda o derecha o de sus extremos.



La problemática de Honduras no es más que un sonido de alarma, uno más, frente a ascensión de regímenes que en la forma responden a las democracias liberales, pero que en la esencia están más cerca del totalitarismo.



Las fuerzas de la reacción, léase liberales y de Derecha, fueron sorprendidas por este nuevo fenómeno –cuyo surgimiento responde a prácticas desnaturalizadas de gestionar y administrar el poder soberano. Sin embargo hoy, vemos que se están reestructurando y adoptando nuevas formas de hacer frente a esta nueva “marea roja”, como lo ha sostenido el mandatario Rafael Correa. Dos de ellas son el surgimiento de “oposiciones territoriales”, como las conocidas en Bolivia con Santa Cruz de la Sierra, por ejemplo. Y ahora, lo que podríamos denominar “sustituciones constitucionales forzadas”, como en Honduras.



La polarización política es un hecho en Sudamérica. La ideología de izquierda conoce una fragmentación cuya tendencia es acercarse más y más hacia un modelo populista. Estos regímenes totalitarios necesitan generar, si es necesario, artificialmente, enemigos. Internos, para cristalizar la lógica del partido único, afianzar la dependencia política hacia “El Líder” y acrecentar el control ideológico, social y político de la población. El enemigo externo, para justificar procesos de  reforzamiento de sus aparatos militares, y de paso, afianzar el control ideológico sobre éstos mismos.



El temor a las “democracias totalitarias”, como la de Hugo Chávez, puede haber entregado lecciones a ciertas fuerzas liberales, por lo que escenas como las de Honduras, podrían, bajo ciertas condiciones reproducirse…,sobre todo ahora que no existe un órgano que sea capaz de anticiparse a ellas o que simplemente no las considere una amenaza para la estabilidad regional, como la OEA.