Honduras: ¿Una sucesión forzada?
Jul. 01 , 2009
"El Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, ha sido destituido por los militares", "Golpe de Estado en Honduras," "Los militares derrocan a Zelaya", son algunos de los encabezados leídos hace unas horas.
Según la mayor parte de los diarios y medios de comunicación, los militares hondureños orquestaron el derrocamiento del mandatario legalmente constituido y se aprestaban a tomar el poder. Las imágenes que recibiamos nos hicieron retroceder veinte o treina años atrás.

La destitución manu militari del mandatario Zelaya, hicieron reaparece el temor de un regreso a los peores episodios de los 70 y 80 cuando se sucedían golpes militares tras otros, respondiendo, claro está, a un mundo diferente, en donde América Latina no era más que el campo de batalla ideológico de la Guerra fría.
Hoy, con algo más de calma, comenzamos a apreciar que los eventos son más complejos de lo que pensábamos y observábamos por TV. No obtante ello, sí estamos frente al derrocamiento de un gobernante, pero uno, que había cruzado el umbral de la legitimidad institucional.
Se destituyó un mandatario que intentaba forzar una consulta popular, no obstante que al hacerlo sabía que se ponía al margen de la constitución hondureña. Incluso Evo Morales entendió que el modus operandi para hacer avanzar su proyecto refundacional dependía de hacerlo al interior de los márgenes institucionales. Salirse de ellos, abría el camino al ejemplo hondureño. Zelaya no parece haber comprendido este punto.
Las fuerzas militares hondureñas aparecen hoy, más que dirigiendo y controlando el proceso de destitución forzada, administrando el uso de la fuerza. El poder judicial y el poder legislativo en forma unánime respaldaron la restitución del poder soberano a los cauces constitucionales. Más que un golpe “militar”, parece ser un “golpe civil institucional” buscando evitar una sucesión indefinida del mandatario destituido. Pero más que ello. Zelaya entendió bien que los vientos del populismo chavista soplaban en su favor. De ser un hijo de hacendado, de derecha y miembro de las más altas elites económicas hondureñas, de la noche a la mañana da la espalda a dichas fuerzas, abrazando una nueva causa: el bolivarianismo.
Si hay algo de lo que sí estamos claros es que lo ocurrido en Honduras no se trata de un golpe militar “clásico”. No responde, hasta el momento, a la lógica de la sustitución de todos los poderes soberanos por una junta de gobierno militar. Todo lo contrario, parece ser que los militares se pusieron al margen de la nueva distribución del poder. El nombramiento del presidente de Congreso, Roberto Micheletti, instituye que una sucesión constitucional fue puesta en marcha, impidiendo así un vacío de poder que pudiere haber sido llenada por algún liderazgo militar. Eso no ocurrió. Aunque nada nos dice que ello no podría ocurrir.
Zelaya, y el chavismo, incurrieron en un garrafal error al no tomar en consideración que el equilibrio de fuerzas no estaba en su favor, por lo que forzarlo no los conllevaría a generar un alzamiento social de envergadura que lo mantuviera en el poder o lo hiciese regresar a el. El modelo de toma del poder chavista no tuvo los mismo resultados que en otros paises.
Hay un tema de fondo, y respecto del cual ya hemos discutido: los mecanismos democráticos están siendo sometidos a profundas transformaciones. Si el chavismo utiliza y se sirve de estos medios de accesión al poder por la vía “democrática”, apreciamos que las fuerzas contrarias al chavismo podrían comenzar a utilizar mecanismos similares a fin de bloquearlos. Las fuerzas del Congreso hondureño hablan de una sucesión democrática por la vía de la fuerza, amparada en la Constitución y en reacción a una violación de ella por el ex presidente Zelaya. Aquí los “tecnicismos” no son accesorios, sino que altamente relevantes, toda vez que el movimiento bolivariano se ha servido de ellos para, justamente, llegar al poder, asentarse en el y buscar su permanencia por los años a venir.
La Crisis Hondureña es un sonido de alarma ante la polarización creciente del espacio regional y la mirada pasiva ante una fuerza bolivariana que está a la ofensiva. También lo es en función del temor que suscita que las fuerzas armadas debuten una nueva fase de intervención, esta vez, soliticada por terceros actores.
Finalmente, la Crisis Hondureña es un sonido de alarma que está dejando al desnudo el temor que existe frente a las estrategías del movimiento bolivariano de accesión al poder, estrategias que utilizan los mecanismos democráticos a objeto de tomar el control del Estado.
Por lo anterior es imprenscindible evitar que un efecto dominó, de naturaleza similar al hondureño, se ampare del espacio regional, como la principal y única forma de lidiar con los procesos de accesión del movimiento bolivariano al poder.
Hoy, el ALBA de Hugo Chávez muestra sus músculos…, mientras planifica, silenciosamente, su expansión.
