Conflicto mapuche: la estrategia del "enlisement".
Jul. 31 , 2009
El conflicto indígena en el sur de Chile parece tomar nuevos bríos. Las diligencias policiales han permitido neutralizar, estos últimos meses, a los principales dirigentes de la Cordinadora Aurauco-Malleco (CAM), al menos se ha logrado identificarlos y aislarlos, disminuyendo con ello sus capacidades operativas. No obstante lo anterior, evitar que nuevos los liderazgos retomen las movilizaciones es casi imposible. Queda claro con los recientes y actuales acontecimientos en la zona.
Señalemos que uno de los objetivos centrales de este movimiento, que podemos tildar sin miedo a equivocarnos de “violentista”, por cuanto utilizan hechos de fuerza a fin de alcanzar objetivos políticos, es arrastrar al conjunto de las comunidades al conflicto, comunidades que hasta hoy se encuentran en un estado de relativa pasividad frente a los hechos de violencia.
Un segundo objetivo, pero no menos relevante, sería transformar este “conflicto mapuche” en otro de “seguridad nacional” . Es necesario convertirlo en un fenómeno de "masas", despertando en la población de origen mapuche de la zona un sentimiento de acoso permanente por parte del Estado chileno. El incrementar la presencia de fuerzas policiales en la zona es una forma de alcanzar ciertos objetivos por parte de dichos grupos, alimentando aún más su anclaje en la sociedad y despertando, con ello, claramente, atisbos de solidaridad social y política.
Asimismo, la idea detrás de estos sistemáticos hechos de violencia parece ser lograr desarrollar en la población autóctona un sentimiento de “solidaridad pasiva", pero sobre todo activa hacia su causa. Se buscaría arrastrar o como dicen en Francia provocar el “enlisement” de la fuerza pública y del Estado en un conflicto que les permita generar las condiciones para encender la zona. Por esta razón parecería ser que el Gobierno ha sido reacio a aplicar la Ley de Seguridad Interior del Estado, que es justamente lo que estos grupos quieren: transformar dicho espacio en una “zona de guerra” psicológica.
He aquí la gran problemática que encierra la coyuntura actual en el sur. Transformar el conflicto en uno de cúpula a otro masivo.
Diversos cuestionamientos surgen, pocas certezas existen frente a este fenómeno reivindicatorio indígena, sobre todo ante su evolución. En primer lugar, ¿se trata de un “conflicto mapuche”? Es decir, ¿estos grupos que utilizan actos de fuerza, altamente mediáticos, representan fielmente el sentir de la mayoría de la población de origen mapuche chilena? ¿Son acaso la punta de lanza de un sentir generalizado, pero que no ha despertado en su total dimensión?
¿Bajo qué condiciones estos hechos violentistas podrían encender la mecha de una problemática mayor indigenista en el sur?
¿Responden estos hechos a un fenómeno meramente coyuntural, léase la proximidad de las elecciones presidenciales, o representan una mutación en cuanto a la organización y liderazgo de estos movimientos reivindicatorios indígenas?
¿Es la aceptación de la Ley del Nuevo Trato Indígena, que se encuentra bloqueado en el Congreso, y que establece el reconocimiento del “pueblo mapuche” como una nación aparte de la “chilena”, la solución definitiva de este conflicto, un conflicto, hasta ahora incipiente, pero de alta repercusión mediática interna y exterior?
La existencia de un nuevo tipo de liderazgo indigenista mapuche, altamente activo en el sur, y que ha sido demostrado estos ultimas semanas, podría estar demostrando que una solidaridad activa de ciertos grupos de la población se estaría desarrollando, lo que ha permitido en definitiva que la capacidad operativa de éstos se haya regenerado.
El Estado chileno debe ser cauto en tratar este tipo de problemáticas. Solo el uso eficiente y eficaz de medios de inteligencia debería permitirles neutralizarlos, y sobre todo, no caer en el juego de la militarización o policialización de la zona. Evitar generar un sentimiento de represión generalizada sobre la población es central en el esfuerzo por debilitar el movimiento y los grupos que sostienen y generan actos de violencia en el sur bajo el escudo de la defensa de los intereses de una mayoría de la población mapuche que, hasta el momento, solo observa los acontecimientos.
La toma del colegio Alonso de Zúñiga en Ercilla es una señal de alarma...¿es el comienzo de una "solidaridad activa" hacia el movimiento indigenista mapuche?
Armamento en Sudamérica: ¿Cis vis pacem, para bellum?
Jul. 28 , 2009
Frase atribuida a Flavius Vegetius Renatus, escritor de temas militares del siglo IV y plasmada en su obra “Epitoma rei militaris”, el autor avanza una hipótesis que parece simplista pero que nos sitúa frente a una serie de dilemas: “todo aquel que ame la paz, debería preparar la guerra”.
La frase Cis vis pacem, para bellum aparece hoy como el sinónimo perfecto de lo que la mayor parte sino casi la totalidad de fuerzas armadas del mundo hacen, disuadir. Un segmento de entidades estatales lo hacen también para persuadir, y un número extremadamente limitado para coaccionar, es decir acumular capacidades militares para imponerse manu militari sobre otros Estados o grupos subnacionales. Las conquistas territoriales, las invasiones y las guerras regionales o mundiales, las guerras de agresión, se diga lo que se diga, ya no forman parte del escenario mundial. Por el momento...
Según los datos suministrados por SIPRI en julio, el gasto (o ¿inversión?) en defensa habría conocido un aumento en la región sudamericana de un 50%, alcanzando un total de 34.100 millones de dólares. De este total, 27.540 millones de dólares corresponderían a Brasil. En términos comparativos, los EE.UU. registraron gastos en defensa por 607.000 millones US $, mientras que China, en segundo lugar, 84 mil millones de dólares. Comparativamente, estamos lejos, muy lejos de ser una región con altos grados de armamentismo.
Resulta interesante, además, constatar que la mayor parte del gasto absoluto está centrado en dos países, el Estado carioca y Colombia. Chile aparece primero si se mide según el gasto per capita con 209 US $, Colombia le sigue con 115 US $, Ecuador con 89 US $ y Brasil cuarto con 80 US $. Desde el punto de vista del gasto militar medido en función del PIB, Ecuador está primero con un 3, 34%.
Ya en enero de este mismo año, Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres señaló que el gasto en defensa de Latinoamérica y de El Caribe había crecido un 91% entre 2003 y 2008. Según su informe Balance Militar 2009, los gastos militares de la región se cifraron el pasado año en 47.200 millones de dólares, frente a los 24.700 millones de dólares del 2003. Un incremento importante, pero no inquietante. Colombia armanedose para lidiar con la guerrilla, Ecuador incrementando el gasto en la capacidad humana de su estamento militar, Brasil preparandose para asumir un liderazgo regional benigno.
Hay un hecho que es real, más allá de las cifras, la región está inserta en un proceso generalizado de incremento del gasto militar. Venezuela, Ecuador, Colombia, Brasil y Chile lideran la lista. Las pregunta que subsiste es el por qué. A qué necesidades o condiciones responden estos procesos. Ya hemos avanzado algunas hipótesis con respecto a este punto, en particular en función de Chile. El Estado chileno no potencia sus FF.AA. y estamentos de defensa para la coacción – a menos que le sea impuesta-, ni tampoco posee un afán de persuasión –conducta que alguna vez Chile dominó, pero que luego de la Guerra del Pacífico dejó de lado. Chile invierte en defensa para disuadir.

La adquisición de sistemas de armas de naturaleza “ofensivas” ha perdido su razón de ser político-estratégica en el escenario internacional y regional, específicamente en Estados que no han adoptado ni han demostrado buscar proyectar un potencial ideológico fuera de sus fronteras nacionales. Tampoco, este tipo de sistemas de armas ofensivas deben constituir fuente de aprensión cuando el Estado que invierte ha dejado en claro que no posee pretensiones territoriales. De la misma forma, la adquisición de este tipo de sistemas no debe generar amenazas cuando el Estado que las adquiere posee una tradición de respeto del ordenamiento jurídico internacional.
La inversión en defensa de sistemas de armas de naturaleza ofensivas, o si queremos ser aún más claros “multiroles”, para que constituya fuente de riesgos futuros debe estar asociada a la búsqueda de potencia a nivel regional, a la búsqueda por proyectar poder político o militar fuera de las fronteras nacionales, o en su defecto, al surgimiento de fuerzas políticas internas de naturaleza revanchistas que se den como objetivo “recuperar” espacios territoriales pretendidos por la vía de la fuerza.
¿Carrera armamentista en la región sudamericana? Mi respuesta es: depende. Depende de cuales Estados y regímenes están adquiriendo sistemas de armas, que tipo de sistemas y cuantas unidades. Pero, la principal pregunta es ¿para qué? Ya hemos tratado de esbozar una respuesta a esta última pregunta en otras notas. El proceso está en marcha, es imparable y deberemos lidiar con el en el transcurso de las décadas a venir.
Lo olvidaba. Hemos sido testigos de las opiniones del Canciller peruano García Belaunde en contra de los programas de modernizaciones bélicos chilenos. Resulta, en este sentido curioso constatar que Torre Tagle solo hace referencia a Chile, pero en ningún caso a Colombia o Brasil con quienes también posee fronteras, menos aún contra Ecuador. Países que están dentro de los cuatro primeros en el gasto militar según SIPRI y el IISS.
Se aprecia, en este sentido, que una vez más la tesis de la utilización política de conflictos históricos gobierna las relaciones desde Perú hacia Chile, aún más en momentos en que las encuestas de apoyo ciudadano a la gestión de Alan García conocen una baja sostenida pero además cuando dicho país se apresta a celebrar sus Fiestas Patrias. Curioso, pero comprensible desde el punto de vista de la Real Politik.
Ante comportamientos como el anterior, el Cis vis pacem, para bellum claramente se refuerza, mientras los procesos de modernizaciones bélicos regionales continúan.
Ecuador bolivariano, en la presidencia del UNASUR.
Jul. 17 , 2009
Será una ocasión altamente simbólica, ya que el Unasur en pleno se reunirá en la capital ecuatoriana justo en momentos en que Ecuador celebre el bicentenario del Primer Grito de la Independencia y que Rafael Correa tome posesión para el período constitucional 2009-2013, tras ser reelegido en las elecciones generales del 26 de abril último.
Ecuador no es un espacio territorial sin relevancia para el orden regional, no, todo lo contrario, su posicionamiento es importante Punto neurálgico para la lucha contra el narcotráfico, no olvidemos que la Base de Manta a cargo de los EE.UU., operó allí por más de diez años (1998-2009), hoy está siendo desalojada a pedido de Correa. Para Chile, Ecuador constituye un actor relevante. Históricamente lo ha sido, en el plano geopolítico y geoestratégico. La llegada de un mandatario bolivariano ponía en cuestión esta relación especial con dicho país, no obstante que no fue más que una alarma ya que el mandatario no ha modificado sustancialmente su relación con Chile, sí con Venezuela. Para Venezuela, Ecuador cumple un papel relevante en su visión geopolítica bolivariana: ejercen un encierro parcial hacia Colombia. El factor de las FARC, como un medio de acción indirecto del chavismo cobra lógica con Ecuador, no obstante que Colombia fue claro y enérgico en señalarles que aquellos no sería tolerado: el ataque colombiano y la muerte del máximo líder de dicho grupo guerrillero el 1 de marzo del 2008 ilustran esta nueva política preventiva de Uribe.
Hemos presenciado que Correa y su gobierno han conocido un acercamiento bastante acelerado estas últimas semanas al conglomerado chavista. Una actitud de bloque está operando en el ALBA, liderada como era lógico por Hugo Chávez, y Rafael Correa está formando parte inherente de éste.
La crisis hondureña se constituyó en fuente de cohesión política del bloque, reforzando la idea de una lógica de Estados-Fortaleza: El ALBA está siendo asediado, por lo que necesita una estrategia “hacia adelante”. Diplomáticamente se ha visto reforzada con la crisis hondureña, constituyéndose en una suerte de “reserva moral” de la democracia sudamericana, no obstante la naturaleza misma y los mecanismos democráticos que han utilizado para llegar y afianzarse en ella.
La toma de control del UNASUR por parte de Correa será de un año, tiempo suficiente para observar si deciden impulsar modificaciones de forma y fondo del órgano. Veremos si este liderazgo intentará inocular la visión chavista de la integración o si por el contrario, se mantendrá una administración “de Estado” de esta embrionaria institución regional.
El chavismo tendrá un protagonismo como pocas veces antes se ha visto. Que mejor plataforma para conocer el uso y desuso que este bloque hará del organo creado por Brasil. Tomemos asiento y observemos la función que está por comenzar...
Chávez en Honduras o el temor a las "Democracias Totalitarias".
Jul. 15 , 2009
Existe un sólido vínculo entre los regímenes fascistas y los mal llamados regímenes “comunistas”: ambos responden a una gestión del poder político bajo la lógica del totalitarismo. Ambos regímenes son totalitarios: intervienen sitemáticamente en todos los niveles de la sociedad.
Por totalitarismo debemos entender la existencia y el desarrollo de una ideología que tiende a cubrir todo los ámbitos de la existencia humana y de la vida social. Son totalitarios por cuanto buscan generar un sistema de control sociopolítico de naturaleza policiaco-terrorista de la población que adhiere pasivamente o que, por el contrario, le son oponentes. Se busca ejercer y cristalizar un control político e ideológico sobre la totalidad del sistema social.
Se organizan en base a un sistema de partido único de masas (aquellos que adhieren a su causa), normalmente es un régimen liderado por un solo líder, quien estimula un culto a su personalidad. Para lograr lo anterior, necesita absoluta e imperiosamente ejercer el control de los medios de comunicación masivos: se plantea establecer en los hechos un monopolio de la información. Lo precedente se asocia a una retorica de amedrentamiento sistemático de aquellos medios que deciden optar por una línea de cuestionamiento y crítica hacia este accionar y su gestión política del país.
El Estado Totalitario ejerce un control absoluto y directo sobre los medios de violencia legítima, léase Fuerzas Armadas y Fuerza Pública. Estos dejan de pertenecer al Estado, y pasan a formar parte del régimen. Si la resistencia a tal fenómeno es demasiado clara, el totalitario crea un sistema de balance de poder, edificando, para ello, órganos de naturaleza paramilitar, verdaderas guardias pretorianas destinadas a proteger físicamente el régimen y generar aprensión en las filas de dichas entidades militares.
El régimen totalitario transforma el ordenamiento social liberal, que pasa de una pluralidad de actores a una concentración de los mismos. El Estado totalitario necesita un sistema político de partido único: si no es posible por la vía legal, este puede ser bypaseado por medio de una atomización de las fuerzas de oposición. Generar y estimular ciertas condiciones para impedir una organización de la Oposición constituye claramente una forma acertada, para este aparato ideológico, de generar de facto un sistema de partido único, con un liderazgo único, no diferenciado de la dirección del Estado.
La descripción anterior es aplicable a los regímenes totalitarios de naturaleza fascistas y comunistas, pero no solo a ellos. Hoy en día, y ya hace un tiempo atrás lo habíamos señalado, una nueva forma de régimen totalitario está viendo el día. Las que podemos denominar “Democracias Totalitarias” están adoptando la misma naturaleza de aquellos regímenes que gobernaban para las masas, poco importaban si eran de izquierda o derecha o de sus extremos.
La problemática de Honduras no es más que un sonido de alarma, uno más, frente a ascensión de regímenes que en la forma responden a las democracias liberales, pero que en la esencia están más cerca del totalitarismo.
Las fuerzas de la reacción, léase liberales y de Derecha, fueron sorprendidas por este nuevo fenómeno –cuyo surgimiento responde a prácticas desnaturalizadas de gestionar y administrar el poder soberano. Sin embargo hoy, vemos que se están reestructurando y adoptando nuevas formas de hacer frente a esta nueva “marea roja”, como lo ha sostenido el mandatario Rafael Correa. Dos de ellas son el surgimiento de “oposiciones territoriales”, como las conocidas en Bolivia con Santa Cruz de la Sierra, por ejemplo. Y ahora, lo que podríamos denominar “sustituciones constitucionales forzadas”, como en Honduras.
La polarización política es un hecho en Sudamérica. La ideología de izquierda conoce una fragmentación cuya tendencia es acercarse más y más hacia un modelo populista. Estos regímenes totalitarios necesitan generar, si es necesario, artificialmente, enemigos. Internos, para cristalizar la lógica del partido único, afianzar la dependencia política hacia “El Líder” y acrecentar el control ideológico, social y político de la población. El enemigo externo, para justificar procesos de reforzamiento de sus aparatos militares, y de paso, afianzar el control ideológico sobre éstos mismos.
El temor a las “democracias totalitarias”, como la de Hugo Chávez, puede haber entregado lecciones a ciertas fuerzas liberales, por lo que escenas como las de Honduras, podrían, bajo ciertas condiciones reproducirse…,sobre todo ahora que no existe un órgano que sea capaz de anticiparse a ellas o que simplemente no las considere una amenaza para la estabilidad regional, como la OEA.
Fracaso de la OEA en la crisis hondureña
Jul. 08 , 2009
La OEA y su Secretario General no solo fracasaron en solucionar el problema hondureño, sino que lo profundizaron, terminando por cristalizar una situación coyuntural, en otra estructural: El gobierno de facto, decidió transformarse en un gobierno de hecho y derecho. Mientras tanto, la OEA, pero sobre todo la gestión de Insulza, ven parte importante de su legitimidad y capacidad de gestión de crisis regionales reducida a cero. La OEA observa impotente su fracaso. Su Secretario General no asumió su rol con "una postura de Estado", sino que más bien ensalzada en una "visión ideologizada", propia del período de Guerra Fría, cuando el mundo ha cambiado, pero sobre todo el hemisferio occidental.
Hoy, luego que la OEA adoptó una postura alejada de todo realismo político, pero sobre todo de toda sensibilidad política, es desplazada por los EE.UU. Una vez más, se deja que la potencia del norte asuma y desempeñe un papel de liderazgo en la resolución de conflictos a nivel regional. Sin buscarlo, los EE.UU., y la nueva administración de Obama, deben desempeñar un rol que claramente no buscaban pero que ante el errado manejo de la OEA aparecen asumiéndolo como una obligación en pos de la estabilidad centroamericana.
La política de los ultimátum, del aislamiento y de la incomunicación con los dirigentes de facto del país centroamericano no rindieron sus frutos, todo lo contrario, sirvieron para que el gobierno de Micheletti endureciera su postura frente a lo que ellos consideran una intervención ilegitima de este organismo y de Insulza: ellos considerán que evitaron el surgimiento de una nueva "democracia totalitaria" en latinoamerica.
La OEA y su máximo dirigente fue incapaz de dejar de lado las imágenes "golpistas" y asumir la verdadera problemática política interna hondureña. Ad portas de una posible y ansiada reelección, intentó aparecer como el paladín de defensa y promoción la democracia hemisférica, cuando en realidad con su retórica y gestos, no hizo más que convertirse en un mero espectador. Que peor ejemplo que presenciar su "bajada" del avión que debía llevar a Zelaya de regreso a Honduras.
Lo interesante aquí es que la OEA y su liderazgo allanaron, ellos mismos, el camino para legitimar el surgimiento de una tercera vía, de un tercer actor, no asumiendo el papel para el cual ha sido creada. No solo, este organismo hemisférico, no fue capaz de anticiparse al conflicto en Honduras, sino que peor aún, con su política intransigente y carente de todo real politik, no es parte tampoco de la solución.
De esta manera, los EE.UU. aparecen tendiendo una mano de ayuda a este organismo regional, salvándolos literalmente de generar una situación en la que se presencie el surgimiento, en el medio de Centro América, de un Estado-paria. Insulza olvida que para los EE.UU., Honduras, desempeña un papel clave: vecino de Nicaragua y de El Salvador, dos países que están cayendo en la órbita chavista. La visión geopolítica, incluso en el gobierno de Obama, siempre está presente.
Hoy, el mediador de la Crisis no es la OEA, sino que Costa Rica. No es José Miguel Insulza, sino que el presidente de dicho país, Oscar Arias. Un fracaso con todas sus letras. No es Albert Randim, el secretario general adjunto de Insulza el que está apoyando el accionar oficioso en la crisis, sino que Bill Clinton. Ante el cerco de la OEA contra Honduras, diferentes delegaciones hondureñas, de todos los espectros están estableciendo canales de dialogo con Washington: Zelaya no vuelve a la presidencia, el Congreso hondureño amnistía a Zelaya y las elecciones se adelantan. La OEA fracasó.
...mientras tanto, en alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, continúa con su huelga de hambre por lo que él considera que Hugo Chávez, “usa la democracia para destruir la democracia". Aún espera que el Secretario General se pronuncie. Hasta ahora nada. Al menos, parecer tener asegurados los votos de Venezuela.
La OEA en el laberinto de Honduras
Jul. 03 , 2009
Según una encuesta de opinión de la firma SID GALLUP, publicada día antes de la salida forzosa del mandatario hondureño, Manuel Zelaya, su popularidad habría pasado de un 45% el año 2007, a un exiguo 7% en el mes de junio de este año. Es decir, habría conocido una baja de 38 puntos. A lo anterior, agreguemos que un 31 % consideró que el gobierno de Zelaya "manejaba mal la economía del país,",mientras que tan solo un 12 % señalaba lo contrario.
El tema de fondo que se está dibujando en Honduras es la disputa en torno a la legitimidad, tanto del mandatario expulsado como del nuevo gobierno. Pero incluso más que eso, se trata de la legitimidad misma de todo el sistema político hondureño, e incluso del papel que está desempeñando la OEA con su apurada lógica de ultimátum. Al final del camino, la crisis hondureña deja al desnudo los efectos de los profundos cambios que están afectando al espacio político regional, en específico en torno a la nueva naturaleza de los regímenes democráticos que están surgiendo, la forma de legitimarse.
Una parte de la población hondureña aparece escandalizada frente a lo que se considera una intervención extranjera en los asuntos internos. Para ellos, no estamos en presencia de un Golpe de Estado, sino que de una medida restauradora e incluso de defensa de la democracia. Para otros, la oligarquía intolerante frente a la “traición” de uno de sus miembros, en este caso, el mismísimo mandatario Zelaya, y temerosa de perder sus privilegios originales, utilizó lo que podríamos comenzar a denominar “resquicios democráticos”: la mera intención o el hecho de cruzar levemente el umbral de la institucionalidad constitucional da pie al uso de toda la fuerza del derecho y de la fuerza pública, en este caso de la fuerza militar. Para otros, estos “resquicios democráticos”, han permitido refundar toda la institucionalidad, generando sobre la base de la ley de la mayoría absoluta, una transformación total de la organización institucional, no obstante que en los hechos, deja al margen a casi el 50% de la población de un país.
Para la OEA, y su Secretario General, la resolución manu militari de la disputa entre los poderes del Estado hondureño es inaceptable. En este punto existe un amplio consenso, incluso de quien escribe este artículo. Es una clara prueba de fuego para el Secretario General de dicha entidad, José Miguel Insulza. No es posible aceptar que, bajo su mandato, aparezcan militares tomando el control físico del Palacio de Gobierno hondureño, poco importa si su morador cometió o no hechos que lo ponían al margen de la legalidad institucional. Una imagen vale mil palabras. No olvidemos, sin embargo, que tal y como Insulza, Zelaya también buscaba la reelección, en el caso del ex mandatario hondureño, modificar la Constitución a fin de perpetuarse en el poder, siguiendo la lógica bolivariana.
La OEA y su actuar ha logrado rendir frutos. Toda la Comunidad Internacional se levantó contra el nuevo gobierno de facto. Pareciera que pocos han analizado la situación en el terreno, su origen y evolución, ni los factores y fenómenos que estimularon y desencadenaron la expulsión de Manuela Zelaya del poder y la toma del mismo por el Congreso hondureño. Se ha dado la lógica del todo o nada: A hechos visualmente prohibitivos, acciones mediáticamente enérgicas, como es el ultimátum de 72 horas emitido por Insulza o la inicial postura intransigente del gobierno de facto hondureño. ¿En que terminará todo? En una negociación reservada entre todas las partes involucradas cuyo objetivo final será, tal vez, la instauración de un gobierno interino de transición hasta la elección general de fin de año.
El problema mayor de la crisis hondureña está dado por la pasividad del conjunto de la población. Esta crisis parece ser más que todo una crisis de la elite política hondureña, que del conjunto de la sociedad de dicho país centroamericano. Peor aún. La crisis institucional hondureña refleja la permeabilidad de las distintas sociedades civiles y políticas latinoamericanas frente a un modelo ideológico que se expande en el espacio regional, como es el chavismo, pero también, frente a la creciente ilegitimidad de los poderes públicos, y el Estado en particular. La nueva naturaleza de la polarización política hemisférica es un hecho que debe ser analizado y encarado académica y políticamente.
La crisis hondureña, deja al desnudo la debilidad de la OEA al no contar con una capacidad real de anticipación de conflictos políticos regionales, revelándose una institución reactiva y en ningún caso preventiva de procesos de desestabilización.
Hoy Insulza llega a Honduras, la renovación de su mandato en la OEA está en juego. Debe demostrar que el elefante blanco de su institución tiene una razón de ser y que su gestión resuelve conflictos ya que parece ser que no puede evitarlos.
Honduras: ¿Una sucesión forzada?
Jul. 01 , 2009
"El Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, ha sido destituido por los militares", "Golpe de Estado en Honduras," "Los militares derrocan a Zelaya", son algunos de los encabezados leídos hace unas horas.
Según la mayor parte de los diarios y medios de comunicación, los militares hondureños orquestaron el derrocamiento del mandatario legalmente constituido y se aprestaban a tomar el poder. Las imágenes que recibiamos nos hicieron retroceder veinte o treina años atrás.

La destitución manu militari del mandatario Zelaya, hicieron reaparece el temor de un regreso a los peores episodios de los 70 y 80 cuando se sucedían golpes militares tras otros, respondiendo, claro está, a un mundo diferente, en donde América Latina no era más que el campo de batalla ideológico de la Guerra fría.
Hoy, con algo más de calma, comenzamos a apreciar que los eventos son más complejos de lo que pensábamos y observábamos por TV. No obtante ello, sí estamos frente al derrocamiento de un gobernante, pero uno, que había cruzado el umbral de la legitimidad institucional.
Se destituyó un mandatario que intentaba forzar una consulta popular, no obstante que al hacerlo sabía que se ponía al margen de la constitución hondureña. Incluso Evo Morales entendió que el modus operandi para hacer avanzar su proyecto refundacional dependía de hacerlo al interior de los márgenes institucionales. Salirse de ellos, abría el camino al ejemplo hondureño. Zelaya no parece haber comprendido este punto.
Las fuerzas militares hondureñas aparecen hoy, más que dirigiendo y controlando el proceso de destitución forzada, administrando el uso de la fuerza. El poder judicial y el poder legislativo en forma unánime respaldaron la restitución del poder soberano a los cauces constitucionales. Más que un golpe “militar”, parece ser un “golpe civil institucional” buscando evitar una sucesión indefinida del mandatario destituido. Pero más que ello. Zelaya entendió bien que los vientos del populismo chavista soplaban en su favor. De ser un hijo de hacendado, de derecha y miembro de las más altas elites económicas hondureñas, de la noche a la mañana da la espalda a dichas fuerzas, abrazando una nueva causa: el bolivarianismo.
Si hay algo de lo que sí estamos claros es que lo ocurrido en Honduras no se trata de un golpe militar “clásico”. No responde, hasta el momento, a la lógica de la sustitución de todos los poderes soberanos por una junta de gobierno militar. Todo lo contrario, parece ser que los militares se pusieron al margen de la nueva distribución del poder. El nombramiento del presidente de Congreso, Roberto Micheletti, instituye que una sucesión constitucional fue puesta en marcha, impidiendo así un vacío de poder que pudiere haber sido llenada por algún liderazgo militar. Eso no ocurrió. Aunque nada nos dice que ello no podría ocurrir.
Zelaya, y el chavismo, incurrieron en un garrafal error al no tomar en consideración que el equilibrio de fuerzas no estaba en su favor, por lo que forzarlo no los conllevaría a generar un alzamiento social de envergadura que lo mantuviera en el poder o lo hiciese regresar a el. El modelo de toma del poder chavista no tuvo los mismo resultados que en otros paises.
Hay un tema de fondo, y respecto del cual ya hemos discutido: los mecanismos democráticos están siendo sometidos a profundas transformaciones. Si el chavismo utiliza y se sirve de estos medios de accesión al poder por la vía “democrática”, apreciamos que las fuerzas contrarias al chavismo podrían comenzar a utilizar mecanismos similares a fin de bloquearlos. Las fuerzas del Congreso hondureño hablan de una sucesión democrática por la vía de la fuerza, amparada en la Constitución y en reacción a una violación de ella por el ex presidente Zelaya. Aquí los “tecnicismos” no son accesorios, sino que altamente relevantes, toda vez que el movimiento bolivariano se ha servido de ellos para, justamente, llegar al poder, asentarse en el y buscar su permanencia por los años a venir.
La Crisis Hondureña es un sonido de alarma ante la polarización creciente del espacio regional y la mirada pasiva ante una fuerza bolivariana que está a la ofensiva. También lo es en función del temor que suscita que las fuerzas armadas debuten una nueva fase de intervención, esta vez, soliticada por terceros actores.
Finalmente, la Crisis Hondureña es un sonido de alarma que está dejando al desnudo el temor que existe frente a las estrategías del movimiento bolivariano de accesión al poder, estrategias que utilizan los mecanismos democráticos a objeto de tomar el control del Estado.
Por lo anterior es imprenscindible evitar que un efecto dominó, de naturaleza similar al hondureño, se ampare del espacio regional, como la principal y única forma de lidiar con los procesos de accesión del movimiento bolivariano al poder.
Hoy, el ALBA de Hugo Chávez muestra sus músculos…, mientras planifica, silenciosamente, su expansión.
