Cristian Leyton Salas

Relaciones Regionales

 

Bachelet visita a Obama

Jun. 23 , 2009

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Habíamos señalado en un artículo anterior el creciente papel de liderazgo político regional que Chile está asumiendo, de la mano de su socio brasileño.

Hoy vemos que la presidenta Michelle Bachelet acaba de iniciar una visita oficial a Washington, la que fue descrita por medios locales como una reunión "formal y de trabajo" con el aparato de gobierno de Barak Obama.  Retengamos una señal clara: Esta reunión de Estado responde a una invitación cursada por el mismísimo nuevo morador de la Casa Blanca a la presidenta chilena, lo que se asocia a una serie de otros “gestos” de apoyo hacia Chile por parte de Obama.

Como en toda visita a la capital del país del norte, las señales y los símbolos forman parte del aparataje comunicacional diplomático y político permitiéndonos identificar los intereses políticos de los EE.UU. hacia la región.

 En este caso, resulta interesante constatar que la mandataria Michelle Bachelet es la segunda Jefe de Estado sudamericana en ser recibida en la Casa Blanca después del presidente brasileño, Inacio Lula da Silva. El presidente estadounidense recibirá, luego de la mandataria chilena a Alvaro Uribe, el presidente de Colombia.

Podemos especular sobre el vínculo que existe o no entre el orden de visitas a la Casa Blanca y la relevancia que éstos mandatarios tienen para la nueva Administración estadounidense. No obstante ello, lo que sí está claro es que para Barak Obama Chile ocupa un papel de relevancia. Se reconoce a Chile como un socio mayor de Brasil y activo participante en el proceso de integración regional en curso. Candidato a formar parte de lo que en su momento se denominó como una “potencia benigna”, algo que los EE.UU necesitan a fin de no aparecer como una superpotencia hegemónica, menos aún en un espacio regional en mutación como el sudamericano.

La presencia de Bachelet en la capital estadounidense no puede sino ser vista y percibida como una señal que viene a confirmar el reconocimiento de dicha potencia hacia el liderazgo político que lenta, pero progresivamente Chile está ejerciendo en Sudamérica. Un liderazgo particular al ser subsidiario del brasileño.

Este liderazgo, incipiente, pero que se construye sobre sólidos pilares, se ha visto materializado, por ejemplo, a tráves de la presencia de actores "chilenos" en el escenario de poder hemisférico como es el caso  de José Miguel Insulza en la OEA o del reciente nombramiento del académico chileno, radicado en los EE.UU, Arturo Valenzuela como el flamante nuevo Subsecretario de Asuntos Hemisféricos de los EE.UU para América Latina.

El Canciller chileno Mariano Fernández, ha sido claro en señalar la relevancia de dicha visita para Chile y en específico para afianzar la postura de preeminencia política que se está construyendo. Fernández señala , en este sentido, que se “buscará generar espacios para un 'diálogo regional' con el objetivo de profundizar en la 'nueva política' de Estados Unidos hacia América Latina lanzada por Obama”. Chile busca generar dichos “espacios para un dialogo regional”, asumiendo el rol de un Estado-puente entre los países asociados al movimiento bolivariano y aquellos que no, y en particular los EE.UU.

Un liderazgo binacional pareciera estar tomando forma en Sudamérica, cuya naturaleza si bien es asimétrica, pone de manifiesto que Chile está dejando de ser el “gigante comercial, pero el enano político” tantas veces criticado, adoptando la lógica de convertirse en un interlocutor  regional valido y legitimado por la principal potencia hemisférica, los EE.UU.

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