Sudamérica, entre la balcanización y la integración.

Posted on June 21, 2009 by Cristian Leyton Salas


A menudo se ha tomado el ejemplo de integración europea y en particular el franco-alemán como una base de comparación y un modelo para Sudamérica. Es relevante poner en el tapete del debate público las transformaciones que están aconteciendo en nuestro espacio sudamericano y por qué no hacerlo tomando como ejemplo las condiciones que conllevaron a Europa a conocer un proceso acelerado de integración económica, social, cultural, militar y política.

Antes de avanzar en nuestras ideas se hace imperativo dejar en claro dos hechos. El primer hecho nos indica que el espacio sudamericano explosionó, dando lugar a una multiplicidad de Estados. Una “balcanización” tuvo lugar en esta América que se independizaba del yugo español. La segunda: el espacio regional “importó” rivalidades desde Europa, en particular aquella entre España y Portugal (Buenos Aires y Brasil). Ambos hechos condicionaron el surgimiento de lo que llamo “polos de emulación” en Sudamérica. Uno con objetivos hegemónicos (Brasil versus Argentina) otro de supremacía subregional (Chile versus Perú).

En efecto, Sudamérica se balcanizó durante el siglo XIX. Lo que constituía un solo cuerpo geopolítico, con un pasado colonial común, con un idioma común y una reciente historia común, explosionó, dando lugar a un número indeterminado de Estados. Lo anteriormente descrito puede parecer normal, sin embargo no lo es, en particular frente a los procesos que acontecieron en el espacio lusitano: Brasil. Este gigante geopolítico conservó su unificidad territorial y política, no conoció una fragmentación de su espacio territorial.

La balcanización trajo consigo el surgimiento de rivalidades que alimentan, hasta hoy en día, las relaciones entre los países de la región, en particular entre Chile y Perú, pero surgen otras como aquella entre Colombia y Venezuela.

Observemos ahora las principales condiciones que permitieron que Europa pasara de ser un espacio de guerra permanente hacia otro de conciliación.

Digamos que tres condiciones se han dado: La primera, Europa conoció en un período menor a los veinte años dos guerras mundiales, con una devastación material y humana que se soldó por la desaparición de prácticamente todas las entidades políticas estatales. Aparece lo que señaló como una Tabula Rasa Estatal. Al termino de la II Guerra Mundial no habían Estados Europeos, propiamente tales.

Segundo. Al término de la II Guerra Mundial el espacio europeo occidental en reconstrucción tiene dos estímulos poderosos para cohesionarse, y hacerlo en forma acelerada. Por un lado, las mejores Divisiones mecanizadas del Ejército Rojo a metros de la nueva frontera. Una URSS golpeando las puertas de Europa Occidental. En el ámbito interno, un imperio de la miseria material más otro humano. A lo anterior se suman la existencia de bien estructurados movimientos “Partisanos”, muchos de ellos de obediencia comunistas que no hacían más que acelerar la reconstrucción de los órganos estatales desaparecidos o borrados por la guerra.

Tercero. La existencia de una superpotencia “en potencia”, como eran los EE.UU. Un Plan Marshal que vino al rescate de un espacio en ruinas, en forma masiva y decidida.

En Sudamérica no hemos conocido tal desastre humano, como una guerra regional que tome la forma de una guerra mundial. No lo hemos conocido y difícilmente algún día lo haremos.

En Europa, dos actores encendieron gran parte de las conflagraciones y desastres que la han aquejado, Francia y Alemania (antes Prusia). No es por nada que la conciliación europea surge de la mano de la franco-alemana. El motor de la Unión Europea es la reconciliación entre estos dos antiguos y tradicionales “enemigos hereditarios”. Un liderazgo binacional surgió y permitió que Europa dejara de lado siglos de conflictos. Después que ambos se reconocían como las “fuentes de todos sus males”, las condiciones antes descritas permitieron que en un espacio muy corto de tiempo.

Hoy Sudamérica conoce una fase de profundos cambios, y se hacen necesarios gestos de conciliación. De conciliación entre aquellos actores que mutuamente se han reconocido por años como enemigos hereditarios. Grandes pasos se han producido en la rivalidad entre Brasil y Argentina, en particular por que el espacio argentino no posee las capacidades para seguir compitiendo con el gigante lusitano.

 

Una rivalidad se apaga, otras se mantienen, otras se refuerzan y por último, otras surgen. Para algunos las fuentes de dichas rivalidades hay que buscarlas en la debilidad de las estructuras políticas internas de los países de la región, para otros, en el proceso inacabado de maduración de los Estados. Hoy somos testigos de cambios mayores en las formas estatales. Debemos estar atentos a fin de comprender el alcance de dichas transformaciones internas, y la manera cómo éstas modifican el comportamiento exterior de dichos Estados.

El ejemplo peruano, en cuanto a la crisis con sus indigenas amazónicos debe enseñarnos algo: el potencial que problemáticas internas que involucren a fuerzas subnacionales indigenistas generen el surgimiento de liderazgos transnacionales y "solidaridades" ya no sólo de ONGs, sino que ahora de Estados, como el boliviano o venezolano. Fuerzas subnacionales que incluso son capaces, como el caso peruano y del Gobierno de Alán García de obligarles a modificar disposiciones legales poniendo en jaque la seguridad jurídica delas inversiones y que, de paso, refuerzan las capacidades de acción de dichos movimientos sociales y étnicos.

Lo anterior debe recordarnos que la "balcanización" no es un fenómeno acabado, sino que parece ser, de toda evidencia, uno permanente en sudamérica, tal y como lo es en Europa.