El ALBA bolivariano muestra sus músculos. Parte I

Posted on June 26, 2009 by Cristian Leyton Salas


Desapercibidos para el público chileno e inexistente para los medios de prensa locales fue el imponente desfile militar que tuvo lugar hace unos días en Venezuela.

La parada militar que conmemoraba la batalla de Campo de Carabobo que selló la independencia de Venezuela coincidió con la celebración de la VI Cumbre Extraordinaria del ALBA, pero también con el ingreso de Ecuador al conglomerado bolivariano.

Los presidentes de Nicaragua, Daniel Ortega; Bolivia, Evo Morales; Ecuador, Rafael Correa, acompañados por Hugo Chávez de Venezuela, encabezaron el desfile militar que fue catalogado por medios de comunicación como una “muestra de fuerza” del ALBA y de Hugo Chávez a la región y los EE.UU. Se señaló, incluso, que tal despliegue bélico fue digno de la irrupción de un “Ejército Rojo” sudamericano, haciendo alusión a los tradicionales desfiles de las FF.AA soviéticas en la Plaza Roja durante la Guerra Fría.




Se señaló que en la exhibición castrense participaron más de 250 vehículos blindados, 45 aeronaves y más de 5.200 hombres de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, es decir, una fuerza imponente, visualmente imponente. Un elemento interesante del desfile es que contó con la participación especial de militares de Cuba, Honduras, Nicaragua y Bolivia.

Con arengas como "la gran batalla por su plena independencia" se inicia, "¡Solo la unión nos hará libres!", “Pueblo y soldado: la fórmula perfecta para hacer una verdadera Revolución”, el mandatario Hugo Chávez pareciera que quiere dejar en claro el rol que desempeñará la “fuerza” en la expansión de su revolución bolivariana. Hasta hace unos meses se consideraba que el proyecto chavista se encontraba en franco retroceso, hoy vemos, sin embargo, que está adquiriendo nuevos bríos, esta vez de la mano del factor bélico y del reforzamiento del político del ALBA. Hoy, por ejemplo, frente a la grave crisis en Honduras, Chávez señala que el conglomerado “se movilizará” frente a intentos “contrarrevolucionarios”, haciendo uso de una retórica claramente militarista, rozando la lógica de una seguridad colectiva bolivariana.

La interpretación de hechos coyunturales debe permitirnos encontrar fenómenos estructurales. El objetivo de hacer coincidir la reunión del ALBA y la incorporación de Ecuador al nuevo conglomerado, con la celebración del Día de las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela tiene un mensaje impreso. Una señal que nos envía Hugo Chávez, recordando que lo que el mandatario bolivariano dice, hace. El ALBA está adquiriendo la forma de algo más que una alternativa socioeconómica y política para una parte de Américas.

Un componente de seguridad militar del proyecto está tomando forma. Un actor central es Rusia y su complejo militaro-industrial. Hoy vemos que Bolivia mira con atención los ofrecimientos rusos en orden a modernizar sus capacidades bélicas. Venezuela ya forma parte de su clientela. Una estandarización de fuentes militares constituye una pieza clave en el avance de una mayor autonomía política del ALBA, luego la unificación de las fuentes de amenaza para el conglomerado –lo que están más que claro, son los EE.UU, y sus “aliados” regionales, como Colombia..¿y Chile?- , más tarde, transitar desde la cooperación a la coordinación de políticas de defensa conjuntas. ¿Y por qué no el surgimiento de doctrinas del uso de la fuerza conjunta?

Vemos que lenta pero progresivamente una nueva modalidad de “Orden Bélico” está insertándose en la región, un conglomerado que responde a necesidades de defensa y seguridad diferentes a las del “resto”. ¿Nos estamos encaminando y estamos comenzando a ser testigos del surgimiento de un Pacto de Varsovia bolivariano en Sudamérica?

La pregunta queda abierta...a la espera de los acontecimientos en Honduras...y del rol que Chávez buscará desempeñar en la creación, ya no de una OTAN sudamericana, como lo avanzaba Brasil, sino que de un Pacto Militar bolivariano...


 


Hoy el ALBA está comenzando a mostrar sus músculos...



Bachelet visita a Obama

Posted on June 23, 2009 by Cristian Leyton Salas

Habíamos señalado en un artículo anterior el creciente papel de liderazgo político regional que Chile está asumiendo, de la mano de su socio brasileño.

Hoy vemos que la presidenta Michelle Bachelet acaba de iniciar una visita oficial a Washington, la que fue descrita por medios locales como una reunión "formal y de trabajo" con el aparato de gobierno de Barak Obama.  Retengamos una señal clara: Esta reunión de Estado responde a una invitación cursada por el mismísimo nuevo morador de la Casa Blanca a la presidenta chilena, lo que se asocia a una serie de otros “gestos” de apoyo hacia Chile por parte de Obama.

Como en toda visita a la capital del país del norte, las señales y los símbolos forman parte del aparataje comunicacional diplomático y político permitiéndonos identificar los intereses políticos de los EE.UU. hacia la región.

 En este caso, resulta interesante constatar que la mandataria Michelle Bachelet es la segunda Jefe de Estado sudamericana en ser recibida en la Casa Blanca después del presidente brasileño, Inacio Lula da Silva. El presidente estadounidense recibirá, luego de la mandataria chilena a Alvaro Uribe, el presidente de Colombia.

Podemos especular sobre el vínculo que existe o no entre el orden de visitas a la Casa Blanca y la relevancia que éstos mandatarios tienen para la nueva Administración estadounidense. No obstante ello, lo que sí está claro es que para Barak Obama Chile ocupa un papel de relevancia. Se reconoce a Chile como un socio mayor de Brasil y activo participante en el proceso de integración regional en curso. Candidato a formar parte de lo que en su momento se denominó como una “potencia benigna”, algo que los EE.UU necesitan a fin de no aparecer como una superpotencia hegemónica, menos aún en un espacio regional en mutación como el sudamericano.

La presencia de Bachelet en la capital estadounidense no puede sino ser vista y percibida como una señal que viene a confirmar el reconocimiento de dicha potencia hacia el liderazgo político que lenta, pero progresivamente Chile está ejerciendo en Sudamérica. Un liderazgo particular al ser subsidiario del brasileño.

Este liderazgo, incipiente, pero que se construye sobre sólidos pilares, se ha visto materializado, por ejemplo, a tráves de la presencia de actores "chilenos" en el escenario de poder hemisférico como es el caso  de José Miguel Insulza en la OEA o del reciente nombramiento del académico chileno, radicado en los EE.UU, Arturo Valenzuela como el flamante nuevo Subsecretario de Asuntos Hemisféricos de los EE.UU para América Latina.

El Canciller chileno Mariano Fernández, ha sido claro en señalar la relevancia de dicha visita para Chile y en específico para afianzar la postura de preeminencia política que se está construyendo. Fernández señala , en este sentido, que se “buscará generar espacios para un 'diálogo regional' con el objetivo de profundizar en la 'nueva política' de Estados Unidos hacia América Latina lanzada por Obama”. Chile busca generar dichos “espacios para un dialogo regional”, asumiendo el rol de un Estado-puente entre los países asociados al movimiento bolivariano y aquellos que no, y en particular los EE.UU.

Un liderazgo binacional pareciera estar tomando forma en Sudamérica, cuya naturaleza si bien es asimétrica, pone de manifiesto que Chile está dejando de ser el “gigante comercial, pero el enano político” tantas veces criticado, adoptando la lógica de convertirse en un interlocutor  regional valido y legitimado por la principal potencia hemisférica, los EE.UU.

Sudamérica, entre la balcanización y la integración.

Posted on June 21, 2009 by Cristian Leyton Salas


A menudo se ha tomado el ejemplo de integración europea y en particular el franco-alemán como una base de comparación y un modelo para Sudamérica. Es relevante poner en el tapete del debate público las transformaciones que están aconteciendo en nuestro espacio sudamericano y por qué no hacerlo tomando como ejemplo las condiciones que conllevaron a Europa a conocer un proceso acelerado de integración económica, social, cultural, militar y política.

Antes de avanzar en nuestras ideas se hace imperativo dejar en claro dos hechos. El primer hecho nos indica que el espacio sudamericano explosionó, dando lugar a una multiplicidad de Estados. Una “balcanización” tuvo lugar en esta América que se independizaba del yugo español. La segunda: el espacio regional “importó” rivalidades desde Europa, en particular aquella entre España y Portugal (Buenos Aires y Brasil). Ambos hechos condicionaron el surgimiento de lo que llamo “polos de emulación” en Sudamérica. Uno con objetivos hegemónicos (Brasil versus Argentina) otro de supremacía subregional (Chile versus Perú).

En efecto, Sudamérica se balcanizó durante el siglo XIX. Lo que constituía un solo cuerpo geopolítico, con un pasado colonial común, con un idioma común y una reciente historia común, explosionó, dando lugar a un número indeterminado de Estados. Lo anteriormente descrito puede parecer normal, sin embargo no lo es, en particular frente a los procesos que acontecieron en el espacio lusitano: Brasil. Este gigante geopolítico conservó su unificidad territorial y política, no conoció una fragmentación de su espacio territorial.

La balcanización trajo consigo el surgimiento de rivalidades que alimentan, hasta hoy en día, las relaciones entre los países de la región, en particular entre Chile y Perú, pero surgen otras como aquella entre Colombia y Venezuela.

Observemos ahora las principales condiciones que permitieron que Europa pasara de ser un espacio de guerra permanente hacia otro de conciliación.

Digamos que tres condiciones se han dado: La primera, Europa conoció en un período menor a los veinte años dos guerras mundiales, con una devastación material y humana que se soldó por la desaparición de prácticamente todas las entidades políticas estatales. Aparece lo que señaló como una Tabula Rasa Estatal. Al termino de la II Guerra Mundial no habían Estados Europeos, propiamente tales.

Segundo. Al término de la II Guerra Mundial el espacio europeo occidental en reconstrucción tiene dos estímulos poderosos para cohesionarse, y hacerlo en forma acelerada. Por un lado, las mejores Divisiones mecanizadas del Ejército Rojo a metros de la nueva frontera. Una URSS golpeando las puertas de Europa Occidental. En el ámbito interno, un imperio de la miseria material más otro humano. A lo anterior se suman la existencia de bien estructurados movimientos “Partisanos”, muchos de ellos de obediencia comunistas que no hacían más que acelerar la reconstrucción de los órganos estatales desaparecidos o borrados por la guerra.

Tercero. La existencia de una superpotencia “en potencia”, como eran los EE.UU. Un Plan Marshal que vino al rescate de un espacio en ruinas, en forma masiva y decidida.

En Sudamérica no hemos conocido tal desastre humano, como una guerra regional que tome la forma de una guerra mundial. No lo hemos conocido y difícilmente algún día lo haremos.

En Europa, dos actores encendieron gran parte de las conflagraciones y desastres que la han aquejado, Francia y Alemania (antes Prusia). No es por nada que la conciliación europea surge de la mano de la franco-alemana. El motor de la Unión Europea es la reconciliación entre estos dos antiguos y tradicionales “enemigos hereditarios”. Un liderazgo binacional surgió y permitió que Europa dejara de lado siglos de conflictos. Después que ambos se reconocían como las “fuentes de todos sus males”, las condiciones antes descritas permitieron que en un espacio muy corto de tiempo.

Hoy Sudamérica conoce una fase de profundos cambios, y se hacen necesarios gestos de conciliación. De conciliación entre aquellos actores que mutuamente se han reconocido por años como enemigos hereditarios. Grandes pasos se han producido en la rivalidad entre Brasil y Argentina, en particular por que el espacio argentino no posee las capacidades para seguir compitiendo con el gigante lusitano.

 

Una rivalidad se apaga, otras se mantienen, otras se refuerzan y por último, otras surgen. Para algunos las fuentes de dichas rivalidades hay que buscarlas en la debilidad de las estructuras políticas internas de los países de la región, para otros, en el proceso inacabado de maduración de los Estados. Hoy somos testigos de cambios mayores en las formas estatales. Debemos estar atentos a fin de comprender el alcance de dichas transformaciones internas, y la manera cómo éstas modifican el comportamiento exterior de dichos Estados.

El ejemplo peruano, en cuanto a la crisis con sus indigenas amazónicos debe enseñarnos algo: el potencial que problemáticas internas que involucren a fuerzas subnacionales indigenistas generen el surgimiento de liderazgos transnacionales y "solidaridades" ya no sólo de ONGs, sino que ahora de Estados, como el boliviano o venezolano. Fuerzas subnacionales que incluso son capaces, como el caso peruano y del Gobierno de Alán García de obligarles a modificar disposiciones legales poniendo en jaque la seguridad jurídica delas inversiones y que, de paso, refuerzan las capacidades de acción de dichos movimientos sociales y étnicos.

Lo anterior debe recordarnos que la "balcanización" no es un fenómeno acabado, sino que parece ser, de toda evidencia, uno permanente en sudamérica, tal y como lo es en Europa.

 

 

 


Perú versus Bolivia: El Factor Indígena.

Posted on June 15, 2009 by Cristian Leyton Salas

En relación al llamado a consulta del embajador peruano en Bolivia, observemos el tema de fondo, la problemática central de este alejamiento estructural entre los ex amigos hereditarios.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del Perú en su censo del año 2007 generó el estudio acerca de la realidad indigenista en dicho país. Para ello, elaboró el documento denominado, “Resultados Definitivos de Comunidades Indígenas”. Resulta llamativo, en dicho informe, que tanto el INEI y como el Estado peruano,  sólo consideran a la población emplazada en la  amazonia peruana como “pueblo indígena”. El Estado peruano parece haber adoptado una estrategia sistemática e institucional  en orden a reducir oficialmente el peso específico de la población indígena en el total de la población peruana. Es así como los redujo físicamente a  un espacio territorial particular, en este caso la Amazonía, y asoció su origen étnico a un elemento único: la lengua aprendida en la niñez. En el Perú, oficialmente, solo existirían “pueblos”  indígenas en la amazonia.


La reducción del concepto de etnicidad tuvo como resultado lógico el ver disminuida drásticamente la población de origen étnico en dicho país. Entre el Censo del año 1993 y el del 2007 la población quechua, por ejemplo,  conoció una disminución oficial transitando desde un 16.6% a 13.2%, mientras que la población aymará lo hizo desde el 2.3% al 1.8%.
Desde la óptica Banco Mundial, sin embargo, entre un 25% y un 48% de los hogares peruanos pueden ser considerados indígenas. Según fuentes independientes, los indígenas peruanos suman un 45% de la población total, un 37% mestizo, y 15% blanco y un remanente de un 3% de población de origen asiática y otras.


¿Qué podemos interpretar, a la luz de los recientes acontecimientos en Perú con respecto a la muerte de indígenas amazónicos y la reacción de Bolivia y Venezuela en torno al tema?  Veamos.


Evo Morales llamó al hecho un “genocidio” y acuso a Alan García de buscar “humillar a la población indígena”.  Antes, el presidente boliviano llamó señaló a los organizadores de la Cumbre Continental de los Pueblos Indígenas, que se realizó en Perú a construir la "segunda y definitiva independencia" de  los pueblos de América. Un llamado claro a la unión de los pueblos indígenas peruanos en torno a una causa común: alcanzar el poder. La respuesta del gobierno de García ha sido cauta, so pena de “hacerle el juego” a Chile y su nuevo aliado “altiplánico”. Hoy Belaunde es claro en ese sentido: declaró a Evo Morales “enemigo del Perú”.


 Ya habíamos señalado en otra nota que la mezcla entre indigenismo, nacionalismo y etnocacerismo amenazaba la continuidad del proyecto político-económico del régimen de García y de todo el orden político interno peruano. No es nada nuevo. Históricamente, dos han sido las principales amenazas internas para la elite peruana. Por un lado, las fases de toma de conciencia de su población indígena de su condición de sometimiento histórico. La segunda, el surgimiento de un liderazgo indigenista capaz de aglutinar a ese 45% de la población en torno a un proyecto de naturaleza etnoinidgenista. Ya el 2008, en el marco de la Cumbre de los Pueblos 2008, el dirigente peruano Miguel Palacin, reveló sus intenciones de postular un partido político de indígenas a las elecciones generales del 2011, señalando que, "queremos un instrumento político distinto al de los partidos convencionales. Buscamos un Estado plurinacional que nos incluya".


La  clase política peruana reconoce el riesgo que corre si su población indígena toma conciencia política de la de su condición de sometimiento histórica a esa elite limeña y adopta un proyecto político propio, autónomo, similar al del MAS en Bolivia.He aquí la principal amenaza de Evo para el sistema político peruano.


Hoy los gobiernos de Evo Morales y de Alán García están enfrascados en una guerra fría de naturaleza política.

Para García y su clase política, Evo ha obtenido victorias relevantes, no solo goza de alta legitimidad política en su país, sino que se está erigiendo en un líder indigenista transnacional que llama a los indígenas a buscar y conquistar su independencia. Un llamado que lo hace en Perú.

Evo incrustó una cuña paceña en el corazón del sistema político peruano, y buscará sacarle provecho contra el régimen liberal de García. Por otro lado, el régimen aprista identifica a Evo como una amenaza potencial para su orden interno, pero sobre todo, para seguir manteniendo un sistema político que lejos de gozar con legitimidad por parte de su población, cae sistemática y progresivamente en las encuestas.


En la búsqueda por la presidencia peruana del 2011, Evo también está corriendo.



La nueva agenda geopolítica de Evo Morales

Posted on June 02, 2009 by Cristian Leyton Salas


 ¿Qué sucede cuando una  suma de hechos meramente coyunturales se transforma en cambios estructurales? Justamente de esto estamos hablando cuando leemos las declaraciones de Evo Morales, pero sobre todo, cuando mantenemos un seguimiento de lo que ha sido su postura hacia Chile y su vecino peruano. Hechos que parecían desconectados entre sí, hoy se han cristalizado en lo que parece ser un cambio estructural en la postura exterior vecinal boliviana, tanto hacia Chile como Perú.



Evo parecer estar consciente que, para el electorado chileno, la percepción de pérdida de siquiera un metro cuadrado de territorio en favor de Perú podría lapidar su acceso al Océano Pacífico. Lo anterior posee una lógica política clara: la población chilena no aceptaría transformar la agenda de 13 puntos en un  acuerdo que termine por ceder una salida al mar a Bolivia. “Perder” nuevamente territorios sería prohibitivo para Chile. Intolerable, incluso, si esto significa retrotraernos a los peores momentos de nuestras relaciones con el Palacio Quemado boliviano.



Por otro lado. Evo parece también estar consciente que ante el escenario anterior, el “precio territorial” que Bolivia debería pagar a Chile a cambio de un enclave boliviano en el norte de nuestro país sería mayor. ¿Por qué no hablar de palabras mayores como el intercambio de territorios entre un enclave soberano en favor del vecino boliviano a cambio de lo que llamo un “enclave energético” en el sur de Bolivia, léase Tarija o santa Cruz de la Sierra?  Parece política ficción, pero tiene más aires de un ejercicio de escenarios, altamente plausible de ser explorado.



Peor aún para Evo Morales si la pretensión marítima peruana ante La Haya es descartada por dicho tribunal. La respuesta peruana sería durísima, haciendo validar lo que ellos consideran el “vinculo de soberanía” que mantendrían sobre territorio ariqueño. Negar pan y agua a la dirigencia masista, descartando de plano, bajo la lógica de una política de represalias políticas, toda cesión de una franja territorial a Bolivia. Por estas razones Evo Morales apuesta el todo por el todo en favor de Chile. La demanda ante La Haya peruana solidifica la postura oficiosa y sistemática peruana en orden a buscar mantener en forma permanente el enclaustramiento boliviano, alimentando con ello, una animosidad historica hacia Chile por parte de dicho país. Hoy eso ya está dejando de aplicarse.



Pero, aterricemos en el fondo de las declaraciones emitidas por el mandatario boliviano. Las palabras y las acciones de Evo Morales hacia Chile y Perú  hablan de una transformación del mapa geopolítico subregional, en específico del mapa de la costa sur del Pacífico sudamericano.



Junto al acercamiento chileno-boliviano, que digámoslo, tiene un carácter eminentemente instrumental y utilitario dadas las diferencias en cuanto a la naturaleza ideológica de ambos gobiernos y Estados, estamos presenciando que la identificación del Perú y su gobierno como fuente de animosidad boliviana crece día a día. No es por nada que Torre Tagle acogió a los bolivianos “orientales” perseguidos por la justicia de dicho país: el régimen de Alan García necesita mantener una presencia en Bolivia, y ¿por qué no hacerlo en el espacio “oriental” boliviano, aquel que predica las misma lógica económica liberal que ellos?



Más allá de lo anterior, queda claro que el asilamiento geopolítico del Perú está tomando forma. Se cristaliza. Tácticamente hablando, el Perú podría obtener una victoria ante La Haya, pero desde el punto de vista estratégico, se acerca a una derrota política que marcará su posicionamiento vecinal y regional en forma negativa.



El Tratado de Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia de 1873, el que marcó y simbolizó una alianza duradera de casi  135 años entre ambos países, está llegando a su fin.



Geopolíticamente hablando, el Perú y su clase política perdieron la oportunidad histórica en cuanto  a contribuir a  estructurar un eje liberal entre ellos, Colombia y Chile. En este sentido, no podía existir mejor momento y las mejores condiciones para que la agenda de futuro ofrecida por Chile a Torre Tagle terminara por sentar las bases para un cambio, esta vez estructural en el posicionamiento y en la percepción política entre ambos países.


Utilizar la simetría ideologica entre ambos gobiernos para generar una asociación estratégica que  desembocara en todos los aspectos de la vida social, política y económica chileno-peruana. En cambio, Perú eligió mantener la lógica de la rivalidad con Chile, esta vez no solo en el plano económico, sino que también en el ámbito territorial, político y militar. Una elección que, desgraciadamente, nos mantiene en un terreno conocido: cis vis pacem, para bellum.