La Haya entre la razón y la fuerza
May. 28 , 2009
Los embajadores de Brasil y de Argentina, en Lima, apoyaron públicamente la postura peruana de ventilar su pretensión territorial y marítima en el tribunal internacional de La Haya. Los apoyos, en este sentido, responden a la idea según la cual el Estado peruano decidió no utilizar “otros medios”, como la fuerza, a fin de resolver lo que ellos consideran una disputa territorial con Chile. Perú eligió, claramente, la razón sobre la base de la disuasión que Chile ejerce sobre ellos. Desde esta visión, y contrariamente a lo que se señala, la credibilidad de la amenaza disuasiva chilena resultó ser exitosa.
Frente a lo anterior, dichos embajadores, y por extensión sus países, adoptaron una postura que, en un primer momento sorprende, y lo hace porque no parece tratarse de un hecho aislado. Dos Estados “amigos” deciden respaldar la acción peruana, haciendo pública sus visiones. Ambas en menos de 72 horas. Resulta diplomática y políticamente hablando preocupante, no obstante ello, si lo pensamos con calma, es completamente comprensible.
En primer lugar, no debemos olvidar que ambos Estados, el brasileño y el argentino, son "atlánticos." No están sometidos a la lógica de un orden fronterizo y territorial construido sobre la base de las líneas del paralelo geográfico como ese el caso de todo el espacio geopolítico del Pacifico Sur Sudamericano. La pretensión peruana pone en jaque un orden político subregional que no afecta los intereses brasileños ni argentinos.
Segundo. Recordemos que ambos Estados, el lusitano y el bonaerense, forman parte del extinto orden regional en donde ambas entidades se disputaban la hegemonía sobre Sudamérica. Hoy, esto está cambiando. Chile ha dado recientemente pasos diplomáticos, políticos, económicos y militares que lo sitúan, en términos potenciales, frente a la decisión de transformar su estatura política regional. Lo anterior parece haber generado aprensiones en dichos países en torno a considerar la necesidad de (de) limitar este nuevo estatus y estatura político-estratégica chilena. En otras palabras “bajar sus potenciales y renovados aires de grandeza”.
Una forma de hacerlo es reforzar diplomáticamente al actor percibido como el adversario natural o entidad antagónica estructural de Chile. Se percibe a Perú como el actor débil, pero a la vez, como el único actor que posee el potencial para limitar la proyección política externa de Chile. Una suerte de barrera de contención de las capacidades de proyección de poder de Chile en el entorno regional y vecinal, levantando artificialmente un actor tradicionalmente antagónico.
Tercero. Chile parece haber adoptado una estrategia que podría haber generado ciertas aprensiones en Brasil y Argentina. El repotenciamiento de las capacidades bélicas chilenas continúa, y en un afán, desmesurado, por la transparencia absoluta, la imagen de un país que “se arma” podría estar generando percepciones de amenaza, ya no solo desde Perú sino que ahora en estos dos países “amigos” de Chile. Perú ha hecho un uso político inteligente de esta lógica de transparencia chilena en el ámbito de la modernización de sus capacidades bélicas: una estrategia de ventilación permanente del proceso de adquisición bélico, ahora vinculándolo indirectamente a un potencial desconocimiento de la decisión de La Haya. La fuerza se impondría por sobre la razón jurídica.
Aires de una competencia bélica se están haciendo sentir. Una carrera cuya meta final es el escenario posterior a la decisión de La Haya. Con un público que observa (Brasil, Argentina y el resto de países sudamericanos), y alienta directamente a unos e indirectamente a otros.
La Haya se encuentra hoy entre la razón de los argumentos jurídicos y la razón de la fuerza, pero nada nos dice que llegado el momento el equilibrio se rompa y termine por generar escenarios (im) pensables. Por ahora, la diplomacia intervecinal mueve sus cuerdas, identificando a Chile como el actor que podría, bajo ciertas condiciones, erigirse como una potencia regional formal, y no solo potencial como es y ha sido hasta ahora.
La postura de Brasil y Argentina, como herederos de un destino hegemónico en el espacio regional sudamericano aún se hace sentir. La real politik una vez más es aplicada en función de Chile, lo que implica la necesidad de readecuar nuestra postura externa en función de dicha nueva realidad geopolítica sudamericana.
Democracias Totalitarias y Revolucionarios Bolivarianos
May. 26 , 2009
A proposito de la próxima visita de Hugo Chavéz a Chile...
El diccionario de la Real Academia de la Lengua define el concepto de Totalitarismo, como aquel "régimen político que ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos”. Cabe tener presente esta conceptualización a la luz del nuevo fenómeno de “democracia totalitaria” que se cierne sobre algunos países de la región.
Uno de los principios básicos de los regímenes democráticos (capitalistas) es que el poder político, es decir el derecho para gobernar, está sustentado sobre la base de un pacto entre aquellos que entregan parte de su libertad a cambio de seguridad. Este pacto se materializa y legitima gracias al principio del 50% + 1, o mayoría absoluta.
Las mayorías absolutas son las que finalmente gobiernan, pero deben hacerlo para todos, incluida esa minoría relativa que pierde. Incluso aquellos regímenes autocráticos que llegan por la vía de la fuerza saben que deben pasar por el test de la blancura: legitimar su poder por medio del principio de la mayoría absoluta. La estabilidad de su gobierno depende de ello.
No obstante lo anterior, digamos que la estabilidad del régimen pasa por tres formas de acción política sobre las masas.
La primera, a través del uso de la fuerza directa o indirecta: un régimen del terror puede imponerse a fin de generar obediencia y sumisión. La segunda, a través de un régimen que alcanza el poder por la vía democrática, pero que adopta la lógica chavista: la democracia totalitaria se instala, con la dictadura de la mayoría absoluta del electorado. La tercera y última, a través de la vía bolivariana de accesión al poder, pero a lo que debemos agregar, la desfragmentación de la minoría relativa, evitando con ello la reorganización de este segmento del electorado, utilizando para ello, una política sistemática de persecución de los liderazgos de Oposición. Rosales es un claro ejemplo de ello.
No podríamos comprender lo anterior en ausencia de un factor central: las nuevas formas que las fuerzas Opositoras a los regímenes bolivarianos están adoptando. Si antes estas fuerzas estaban diseminadas en el espacio nacional, ahora han adoptado la lógica de Fuerzas Opositoras Territoriales. En otras palabras, la Oposición se aglutina en torno y en función de espacios territoriales delimitados y claramente definidos. Liderazgos de corte nacionalistas y casi caudillistas emergen. El espacio territorial de Zulia, al noroeste de Venezuela, por ejemplo aglutinó a la oposición de Manuel Rosales, actualmente asilado en Perú. Lo mismo ocurre con Guayaquil, y su alcalde, José Nebot. Una nueva forma de oposición, la territorial está surgiendo. Mucho más fácil de desarticular al ser de naturaleza personalista y delimitada territorialmente. Lo anterior es posible por la concentración geográfica de las elites económicas. La polarización natural que despiertan los regímenes bolivarianos en los sistemas políticos genera esta reacción, que pueden incluso despertar sentimientos nacionalistas y secesionistas.
Señalemoslo, el bolivarianismo desarrolló una nueva forma de legitimarse. Referendos y elecciones son sus principales instrumentos de acción. La lógica de una democracia referendista se impone, lenta pero progresivamente. El movimiento “bolivariano” está consciente que necesita sustentar el régimen sobre la base de una nueva legitimidad. Para ellos, los bolivarianos, la democracia con apellido “capitalista” es por esencia “ilegitima”. Los principios que sustentan ideológicamente el Socialismo del Siglo XXI así lo indican, por lo que deben refundar todo el sistema político. Por esta razón, el Gobierno venezolano ha sido cuestionado recientemente en cuanto al tipo y naturaleza de la “democracia” que está edificando. La democracia representativa venezolana no respondería a los 13 estándares que definen a este modelo de gobierno según la Carta Democrática Interamericana suscrita por los miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA). La razón anterior podría empujar al régimen chavista venezolano a dejar la OEA y crear una organización alternativa.
Esta nueva forma de comprender la democracia por parte del bolivarianismo nos indica que un fenómeno sacude los cimientos de estos regímenes: los gobiernos de mayorías absolutas están gobernando en contra y no con las minorías relativas que quedan. Pero más allá de esta constatación es que existen fenómenos que le son anexos y que tienen el poder de alterar incluso el concepto de democracia tradicional. El arribo del movimiento bolivariano y del chavismo al espacio sudamericano ha traído consigo nuevos procesos políticos, entre ellos, la lógica de lo que denomino como democracia totalitaria: el gobierno de la mayoría impone un cambio estructural de los sistemas políticos por medio de las refundaciones de los cimientos que sostienen las democracias tradicionales. Una característica central aparece: Todos los procesos de transformaciones institucionales son realizados por la vía y dentro del orden constitucional vigente, pero el resultante de dichos procesos refundacionales con claramente autoritarios.
En las democracias totalitarias un sistema de partido único de facto ve la luz; la separación de los poderes deja de existir, no en lo formal, pero si al exacerbarse la lógica presidencialista, frente a un poder legislativo débil o controlado totalmente por el régimen; la libertad de expresión es diezmada, etc…
En términos generales, el modelo de democracia totalitaria bolivariana al desechar los principios básicos que sustenta el “gobierno del pueblo para el pueblo y por el pueblo”, parafraseando a Abraham Lincoln, está quedando al margen del sistema regional democrático. Contravienen a la Carta Democrática Interamericana y de paso, cristalizan la idea, según la cual, el totalitarismo está de vuelta en América latina.
Lo interesante y novedoso aquí es que Hugo Chávez hace lo que dice, y nos previene acerca de lo que hará. Es un hombre de palabra. Por primera vez el lobo no se viste con piel de oveja.
¿Aislamiento Regional Peruano?
May. 20 , 2009
Las declaraciones del canciller ecuatoriano, Fander Falconí, que señalan, oficialmente, que el Ecuador considera los acuerdos de 1952 y 1954 como tratados de límites, constituyen una nueva victoria táctica chilena en el campo diplomático, la primera fue la postura adoptada por el Gobierno de Evo Morales en contra del Perú.
A lo anterior se suma la petición de Colombia en orden a solicitar tener acceso al dossier presentado por Perú, lo que demuestra las aprensiones potenciales que dicho país tendría frente al tema, en particular por que la pretensión peruana pone en tela de juicio y en jaque todo el orden fronterizo marítimo de la Costa del Pacífico Sur de sudamérica.
Más allá de este apoyo logrado por Chile hacia la solidez de su causa, vemos que una vez más los hechos coyunturales están modificando la estructura de ciertos fenómenos regionales, en este caso, de la postura en política exterior del Perú. Podemos apreciar un aislamiento político progresivo de este país frente a la región. No sabemos si será permanente, pero claramente la postura adoptada por el gobierno peruano indica que estamos siendo testigos de un proceso de aislamiento regional del vecino del norte.
El resquebrajamiento de sus relaciones con el que fue su tradicional aliado político en la región, Bolivia, y hoy la reanudación de las fricciones diplomáticas con otro de sus tradicionales adversarios, como lo es Ecuador, ilustran el mal manejo de la política exterior peruana. Para Perú, un aspecto central ha sido evitar lo que se denomina el “encierro geoestratégico y geopolítico”, es decir percibirse como un Estado-Fortaleza. Hoy, Alan García está construyendo, progresivamente, las murallas de esta fortaleza. Debemos claramente sumar, su postura antichavista, pero también la pretensión territorial y marítima contra Chile. Solo Brasil mantiene relaciones normales con este país, lo que se explica por la postura de liderazgo cooperativo del gigante carioca.
El gobierno peruano aparece, ya no solamente frente a los ojos chilenos, sino que ahora regionales adoptando una postura revisionista del orden territorial y fronterizo marítimo sudamericano. Una caja de pandora que podría traer consigo un renacimiento artificial de disputas y diferendos sobre espacios territoriales, justo en momentos en que Brasil está dando poderosas señales de la necesidad de estimular e institucionalizar nuevos órganos de integración regionales, como son el UNASUR y el Consejo de Defensa Sudamericano.
De toda evidencia, este gesto es de relevancia diplomática y política. Señala que los argumentos jurídicos chilenos son sólidos, pero más que eso, establece la legitimidad de la postura chilena, una que busca mantener el status quo territorial y la estabilidad regional sudamericana, por sobre debutar un proceso de cuestionamiento de la estabilidad fronteriza en el Pacífico Sur.
Dijimos que un aspecto central en la percepción histórica de amenaza y riesgo peruano es el aislamiento, hecho que fue correctamente solucionado durante el siglo XX con las relaciones especiales que mantuvo con su ex aliado boliviano y el argentino. Hoy dicha aprensión se está materializando, al menos desde el punto de vista diplomático. Ha sido edificada, paso a paso, por el gobierno aprista, no solamente en función y contra los regímenes con los cuales Alan García mantiene una postura ideológica de antagonismo, como es Bolivia y Venezuela, sino que además, con aquellos países con los cuales posee afinidades políticas, como son Chile y Colombia.
Chile suma victorias tácticas, esperemos la victoria estratégica.
Mientras tanto, se aprecia un cambio interesante en el posicionamiento diplomático chileno en el ámbito regional. Se constata un incremento de la estatura política chilena y un aumento cualitativo de la capacidad de influencia en el espacio sudamericano del Estado chileno.
¿Estamos dejando de ser solo un “gigante” comercial y económico, pero sobre todo un “enano” político? El tiempo parece estar respondiendo en forma afirmativa a esta pregunta.
Perú-Bolivia: Relaciones Tormentosas
May. 17 , 2009
Ya se había señalado en notas anteriores, un enfriamiento de las relaciones entre Perú y Bolivia se ha operado en el transcurso de los últimos veinticuatro meses. Un enfriamiento que ya tiene los atisbos de un congelamiento permanente. En su momento, nos habíamos preguntado si había llegado el fin de la relación de “amigos hereditarios” entre peruanos y bolivianos: los últimos acontecimientos nos indican que esto estaría efectivamente produciéndose, y de manera acelerada.
Las amenazas de Evo Morales en cuanto a romper relaciones diplomáticas con Perú han sonado la alarma. La razón aparece como meramente coyuntural: El Perú otorga asilo a tres ex ministros del régimen neoliberal de Sánchez de Lozada. Nada nuevo si no es por el hecho que anteriormente había otorgado el mismo trato a Manuel Rosales, ex gobernador autonomista y anti chavista de la región de Zulia, en Venezuela. ¿Es solo una coincidencia, o el régimen de Alan García está convirtiendo a Perú en la patria de acogida de las fuerzas políticas de corte neoliberales y anti bolivarianas “perseguidas” por los regímenes neo populistas de izquierda?
Ante el caso boliviano, digamos que, en un primer lugar, se trata de una respuesta a la acusación de Evo Morales y su gobierno en contra del Perú en el sentido que Lima instrumentalizó su pretensión ante La Haya a fin de bloquear su acceso al Pacífico. Esta victoria diplomática chilena aún no ha sido perdonada a Evo. Acoger a estos tránsfugos y otorgarles el asilo de manera inmediata tiene un significado político: una represalia de naturaleza diplomática.
En segundo lugar, se buscaría interferir en las relaciones especiales de acercamiento entre La Moneda y el Palacio Quemado. Las recientes negociaciones entre Bolivia y Chile con respecto al diferendo del Silala, constituyen otro gesto inaceptable para Perú y que demuestran que el proceso de acercamiento chileno-boliviano se mantiene vigente y se refuerza con el tiempo. Evo sabe que adoptar la lógica de la confrontación diplomática con Chile no conlleva sino a mantener en forma permanente su demanda. Evo quiere ser el mandatario que termine con el carácter mediterráneo de Bolivia, en esta lógica el Perú no tiene ningún valor de uso real y efectivo para el régimen masista.
Vamos más allá. La acogida de los tres ex ministros bolivianos tiene, también, un carácter altamente político: materializar un proceso más activo de intervención en la política interna boliviana, justo en momentos en que las elecciones en dicho país avanzan a pasos agigantados. Asociarse a las fuerzas antimasistas, cogiéndolas, denotaría un gesto de intervención indirecta en los asuntos políticos internos bolivianos.
El gobierno aprista está convirtiendo a Perú, con estos gestos, en una plataforma de (re)organización de las fuerzas de oposición a los regímenes bolivarianos en la región.
Las coyunturas están dando paso a lo que podría ser una política estructural y sistemática de apoyo político peruano a las fuerzas de oposición a los regímenes bolivarianos convirtiendo al Perú aprista en un santuario antibolivariano.
No obstante ello, el peligro de esta conducta radica en dos hechos:
Primero. En generar una importación de los efectos políticos de esta nueva conducta del Estado limeño hacia la política interior peruana, en particular la político-electoral de dicho país. El país acentúa la polarización ideológica interna al reforzarse la cristalización de una postura aprista de corte neoliberal. No olvidemos que al interior del sistema político peruano hay fuerzas bolivarianas altamente poderosas, como es Ollanta Humala y ahora movimientos y vanguardias políticas indigenistas.
Segundo. Que se verifique una reacción vigorosa de las fuerzas bolivarianas, dirigiendo sus reacciones hacia el interior del sistema político peruano. Lo anterior se produciría en momentos en que las fuerzas indigenistas peruanas comienzan a organizarse, pero sobre todo, adquieren conciencia del potencial que significa erigirse como fuerzas electorales consientes de intereses nacionales propios, específicos y antagónicos al del sistema político peruano.
¿El futuro? Las próximas elecciones generales en Bolivia cristalizarán el modelo bolivariano en dicho país, y con ello, se ahondarán las diferencias estructurales entre ambos regímenes. En Perú, las elecciones del 2011 reflejaran el papel activo que desempeñará el modelo refundacional bolivariano de Evo: un modelo que demuestra cómo el movimiento indigenista, organizado y consciente de su estatus político, puede alcanzar grandes cuotas de poder, esta vez en Perú.
Las tormentosas relaciones entre Gracia y Morales no son meramente coyunturales, sino que son estructurales. Ambos países no solo dejaron de poseer un “adversario común” (Chile), que les cohesionaba, sino que además sus respectivos intereses en política exterior son absolutamente antagónicos.
¿Estamos frente al fin de los “amigos hereditarios”?
El "Factor MO": Marco Enríquez-Ominami frente a Frei.
May. 14 , 2009
El escenario político-electoral chileno está siendo objeto de una profunda restructuración.
Tal vez no lo apreciamos, porque somos testigos y actores del mismo. Pero claramente, está cambiando en forma lenta pero progresiva.
La irrupción del pre-candidato Marco Enríquez -Ominami (MO) es un claro ejemplo de ello, el otro es la idea que subyace, según la cual, Chile necesitaría una “refundación”, una nueva institucionalidad. Las fuerzas antisistemicas están surgiendo desde la elite política chilena, y no desde la marginalidad. Chile, fiel a su idiosincrasia, quiere la transformación pero que ésta sea en orden.
El día después de la próxima elección, nada será igual. Cualquiera sea el escenario, cambios profundos en la institucionalidad política chilena tendrán lugar y verán la luz.
Hoy, mientras la Concertación se disgrega y fragmenta, la Alianza, ahora en su versión expandida, la Coalición por el Cambio, se aglutina. Para algunos, nadie ha declarado aún la muerte de la Concertación de Partidos por la Democracia, sin embargo en los hechos, solo faltaría ir a buscar el certificado de defunción. Para otros, en las crisis está el germen de la renovación, de la modernización y del recambio. A esto último apuesta MO.
El proceso de fragmentación de la Concertación ilustraría un fenómeno de polarización de las fuerzas en su interior. Aquellas pro statu quo, que buscan mantener el sistema de distribución del poder político en su lógica cupular y otorgando preeminencia de la elite tradicional, siendo Eduardo Frei su mejor exponente. Por otro lado, aquellas fuerzas que consideran que el marco institucional de la Concertación debe ser modificado sustancialmente, ya que los pilares ideológicos de las fuerzas progresistas que ayudaron a formarla, hace ya veinte años, han sido objeto de profundos cambios.
En este sentido, no es extraño apreciar que de los cuatro precandidatos “concertacionistas”, tres de ellos provienen de las filas de la izquierda: J. Arrate, A. Navarro y M. Enríquez-Ominami. La apuesta es saber quién aglutinará a las fuerzas progresistas, quién las liderará hacia una restructuración y reorganización ideológica, política y directiva. MO aparece compitiendo con Frei, pero en realidad lo hace con los otros dos candidatos y con las fuerzas del inmovilismo del progresismo concertacionista.
MO representa más que cualquier cosa, la búsqueda por darle a la izquierda chilena un nuevo carisma ideológico y una nueva cara política. La competencia del pre candidato outsider de la Concertación no es directamente con Frei ni con Piñera, sino que con aquellos sectores que se ven representados por un progresismo en crisis de identidad, pero que advierten la necesidad de aggiornar ideológicamente al conglomerado oficialista. Enríquez-Ominamí es el pre candidato antisistema del sistema. Forma parte de éste. Siempre lo ha hecho.
El Factor MO podría traer consigo un despertar de los sectores de izquierda desencantados, no solo con el debilitamiento ideológico de este sector, sino que también con la disgregación de los liderazgos del mismo. MO podría estimular el voto progresista joven, desilusionado con la política y “los políticos” (tradicionales, la vieja guardia), dirigiéndolo, bajo ciertas condiciones, hacia un Frei que, habiendo escuchando la necesidad de introducir una refundación limitada de la institucionalidad política chilena, hoy se presenta como un precandidato “del cambio”.
Claramente el factor MO podría restarle apoyos a E. Frei, pero sobretodo lo hará en función de J. Arrate y Navarro. La lucha por la modernización, el liderazgo y la unificación del progresismo chileno, desde los sectores más anti sistema hasta los del establishment tradicional, podrían ver en la imagen de Marco Enríquez Ominamí, no en el fondo de su programa (¿?), la última oportunidad para evitar que la Derecha llegué al poder.
Chávez en Chile
May. 11 , 2009
Hugo Chávez postergó su visita a Chile, no obstante ello, démoslo por hecho, que contaremos con su presencia en nuestro país. El señor de la boina roja y de la gabardina militar llega con su verborrea antiimperialista a uno de los principales aliados indirectos que los EE.UU tienen en Sudamérica, los dos otros son Colombia y Brasil.
No olvidemos que Chile y su gobierno "socialista", catalogado de esta manera en el extranjero, se ha erigido en uno de los principales adversarios potenciales del régimen chavista, la razón es simple: El régimen político chileno "concertacionista", liderado por una mandataria socialista, constituye la negación de la postura anti sistema capitalista de Hugo Chávez: es posible crecer y desarrollarse económicamente, en un espacio de estabilidad politica interna, bajo una lógica de consensos y acuerdos verticales, aún siendo gobernado por un gobierno de corte socialista y al interior de un sistema político y económico capitalista. Todo lo que Chavez señala como imposible, en Chile sucede, con existos relativos, pero sucede.
Antes de adelantar algunas observaciones respecto de los efectos de su presencia en nuestro país, realicemos un breve balance del fenómeno chavista en el espacio regional.
En el plano interno, hoy el régimen bolivariano venezolano se encuentra consolidando su poder interno. Como todo régimen autocrático, ya se legitimó interna y externamente, por medio de sendos procesos referendarios bajo la lógica de lo que denomino las democracias dictatoriales. Chávez tomó el control de las FF.AA, haciendo uso de la misma táctica que critica del imperialismo: Divide et impera. Fragmentó a las Fuerzas Armadas venezolanas, generando contrapesos internos. Reforzó la Guardia Nacional, transformándola en la Guardia Nacional Bolivariana., su guardia pretoriana.Reestructuró la Reserva Nacional, estableciendo los Cuerpos Especiales de Resistencia o el Pueblo en Armas. En otras palabras, se generaron fuerzas paralelas que vienen a fragmentar el monopolio de la violencia legítima de las FF.AA. en Venezuela.
A falta de una Oposición estructurada, Hugo Chávez está dándole los golpes finales para su inoperancia total al desmantelar la oposición territorial de corte caudillista de la región de Zulia. Manuel Rosales, principal articulador de este nuevo tipo de oposición, fue objeto de una persecución político-judicial, que lo dejó obligó a buscar asilo en Perú.El camino para la perpetaución en el poder está libre.
En el plano externo, el régimen chavista ha transitado por diferentes fases, siendo una característica permanente el sentimiento, que este sea o no artificial y utilitario, de encierro geoestratégico y político por parte de los EE.UU. y sus aliados más cercanos. En esta lógica, Chávez se planteó expandir su modelo, hacia Bolivia, Ecuador y Perú, sin embargo ha sufrido derrotas tácticas en Bolivia, con la división de facto en dos entidades políticas (oriente y occidente). En Ecuador también fue objeto de una derrota táctica (con la llegada de un mandatario bolivariano pero no chavista) pero conoció una de naturaleza estratégica en Perú, con la llegada de un aprista reconvertido al capitalismo duro y puro como Alan García. Frente a esta lógica de Estado-Fortaleza, Chávez decidió expandir sus alianzas hacia actores extra regionales como son Irán y Rusia, y en menor medida China. Hoy, Hugo Chavez se encuentra consolidando su exigencia internacional en cuanto a ser considerado como una potencia regional (¿y por qué no en algún momento mundial?). Esta consolidación viene de la mano de un potenciamiento acelerado de sus capacidades militares.
Un breve balance de lo que has sido la evolución del régimen en cuestión, nos permite observar los efectos de su presencia en Chile, una vez que éste personaje político pise suelo chileno.
Las condiciones políticas que encontrará Chávez en Chile son particulares. En plena campaña pre electoral, con una Concertación que se desangra internamente traduciéndose en una implosión de candidatos, con una “izquierda” que busca unificarse, creando un mega-partido (bajo la lógica del candidato Arrate); con la existencia de un MAS chilensis, dirigido por el Senador Navarro y, recientemente, con la llegada de un candidato electoral oursider, como es Marcos Henríquez-Ominami: el candidato del sistema pero antisistema.
Finalmente, llegará a tierras sureñas con una Derecha política chilena que aún no logra consolidar su candidato único. El sistema político chileno conoce una fase de transición bastante profunda. Voces de una vía chilena a la refundación institucional se han hecho sentir, incluso del candidato Eduardo Frei: No bastaría con reformar la Constitución hay que diseñar una nueva. Las repercusiones del Chavismo se han hecho sentir incluso entre nuestra elite política. Aggiornar las lealtades políticas e ideológicas.
La presencia de Hugo Chávez en estos momentos parece no ser la más propicia, ¿tendrá los efectos de impulsar la unificación de la izquierda chilena, desde los sectores más antisistemas hasta los más institucionalizados? ¿Cuál de los tres candidatos outsiders concertacionsitas logrará su apoyo mediático? Hugo Chávez potenciará a la izquierda, cualquiera se su apellido. Por ello es necesario que el candidato oficial de la Concertación siga con su nueva visión reformista, cuestión que esta presencia no lo deje acorralado en la derecha del espectro político.
Una última pregunta queda en el tintero: ¿Por qué razón el gobierno chileno invitó a Hugo Chávez a Chile, justamente ahora? Materialmente hablando, la respuesta parece provenir de la necesidad de mantener a Chile presente al interior de la lógica de la estructura de poder del ABC (Argentina-Brasil-Chile). Si Hugo Chávez tenía planeado realizar una mini gira a los vecinos brasileños y argentinos, de toca evidencia también debía venir a Chile. Chile reclama de esta manera su papel de actor históricamente clave en lo que el orden regional de poder se refiere, durante todo el siglo XX, y que hoy, al menos en la forma, intenta mantener y reforzar.
Chávez en Chile marcará un hito político en las relaciones con ese régimen, sin embargo la lectura que harán los países vecinales en función de dicha vista será interesante de escrutar, en particular en Perú y en Bolivia.
Chávez en Chile, quien lo hubiera dicho...
F-16s : Entendiendo el por qué Chile potencia su Disuasión
May. 03 , 2009
El anuncio de compra de una flotilla de aviones F-16 a Holanda, luego desmentida por el gobierno holandés, y más tarde reafirmada por el chileno pone, nuevamente en el tapete, el cuestionamiento sobre si estamos enfrascados en una carrera armamentista en América del Sur, y en particular, si se está inaugurando una entre Chile y Perú.
No sólo Chile ha inaugurado un programa integral de modernización de sus capacidades bélicas, sino que Brasil, Colombia y Venezuela también, en menor escala Ecuador…y ahora, posiblemente, Perú. En Argentina, presiones se hacen sentir hace bastante tiempo sobre Nilda Garré, su Ministra de Defensa, a fin que ésta inyecte recursos en sus FF.AA. Hasta ahora nada. Este puede ser el caso.
Desde Perú se ha señalado que Chile estaría rompiendo el equilibrio estratégico en Sudamérica, pero sobretodo entre ambos.
Creo que en este debate se ha está obviando un ingrediente fundamental que es identificar los estímulos que llevan a un país a embarcarse en un proceso de repotenciación de sus capacidades bélicas, en este caso Chile, en contra de quien la clase política peruana punta todos sus dardos.
Ya hemos señalado en artículos anteriores parte relevante de estos “ingredientes”, sin embargo existe uno que tiene un carácter altamente simbólico, que está inserto en el ADN nacional a través de la historia pasada. Estamos hablando de las percepciones que alimentan, artificialmente o no, posturas de seguridad públicas, como son doctrinas de defensa, políticas de defensa y procesos de adquisición de sistemas de armas. ¿Porqué razón Chile ha potenciado su capacidad disuasiva durante estos últimos veinte años?
El programa de modernización bélico chileno, inaugurado a fines de los 80, cristalizado en los 90 y plenamente absorbido durante este siglo que recién comienza, surge, en lo más profundo de sus motivaciones políticas, en dos hechos claves: la crisis del 78 con Argentina y antes, aquella con el Perú de Velasco Alvarado a finales del 70. Una percepción de inferioridad en cuanto a capacidades, una postura defensiva y una percepción de aislamiento real bajo la forma de un Estado-Fortaleza, imprimieron la idea de un “nunca más”. Nunca más estar a la merced de voluntades políticas de los Estados vecinales, nunca más debilidad militar. Desde ahora, la disuasión no puede ser “defensiva” sino que debe ser una de naturaleza ofensiva: El precio de una aventura bélica en contra de Chile debe ser altísimo. No solo se debe estar preparado para “neutralizar”, sino que “proyectar la fuerza”. Una apuesta por una disuasión doctrinalmente ofensiva, pero políticamente defensiva.
Lo anterior queda aún mas claro cuando Chile nos señala que no tiene pretensiones territoriales. Percepciones de "revanchismo" asociadas a pretensiones territoriales pueden y claramente incentivan la inauguración de programas que buscan repotenciar las capacidades militares. Chile entendió bien esto último.
Desde el Perú se acusa a Chile de embarcarse en adquisiciones masivas de material bélico, pero ellos obvian un punto central: Chile está en una posición defensiva en el plano de sus fronteras, no así sus tres vecinos estatales. Chile no ha ido a La Haya, lo llevaron. Bolivia pretende sistemáticamente obtener una salida al Océano Pacifico que implicaría perdida de soberanía, Perú, por su parte, pretende rectificar los límites fronterizos y con nuestro nuevo socio estratégico argentino aun no está zanjado Campos de Hielo Sur.
Desde el Perú se señala que existe un desequilibrio militar, una “asimetría”, a favor de Chile.Esta asimetría puede ser real, en términos militares, puede que efectivamente se estén rompiendo los “equilibrios militares” en las relaciones chileno-peruanas, pero, tengámoslo claro, que está nueva relación puede ser explicada por la postura del Perú: desconocer tratados de limites vigentes, mantener una postura política y económica de competencia con Chile en forma permanente y alimentar una rivalidad desde la clase política a través de sus medios escritos, denota una postura revanchista. No puede ser sino lógico que Chile desee reforzar sus capacidades disuasivas, por cuanto el país, efectivamente, moderniza cualitativamente sus arsenales para fines disuasivos y no desde una óptica cuantitativa: no es Chile quien pretende desconocer límites fronterizos ni tiene intereses de absorber territorios vecinales. Todo lo contrario.
Los desequilibrios no implican una estricta paridad. Las asimetrías militares, a lo largo de la historia humana, han permitido que la paz sea preservada. Este puede ser el caso. La postura "disuasiva" implica que existe un actor que pretende cambiar las reglas del juego. Existe un actor con animo revanchista, de rompimiento del statu quo territorial, en este caso, el "otro" actor no hace sino que apelar a mostrar la fuerza para nunca tener que servirse de ella. Ahora solamente nos queda identificar quién es quién.
