En el transcurso de la historia del Estado Hebreo se ha formado una imagen desfigurada de Israel, adscribiéndolo a una entidad expansionista y desestabilizadora en el Medio Oriente y mundial. Nada más alejado de la realidad, pero sobre todo denotando un profundo y muchas veces sesgado (des) conocimiento de hitos que han marcado la historia de la entidad judía.
Israel, desde su nacimiento como entidad política soberana, siempre ha adoptado una postura defensiva. Recordémoslo, Israel será invadido horas después de cumplir con el mandato de la ONU que creaba dos Estados en dichas tierras, uno judío y el otro palestino. La ONU no planeaba intervenir a favor de la población judía frente a la Liga Árabe que se opuso tácitamente a tal proyecto. Recordemos también, nunca existió una entidad política soberana ni estatal “palestina”, era un espacio sometido al res nullis, no obstante que sí el fue el caso de la entidad judía que ya en el 1200 A.C habían erigido una instancia de gobierno autónoma y protosoberana. Israel nace en el espacio denominado como “Palestina” a la sombra y el mandato de la ONU, mandato que los Estados árabes vecinales le intentan negar por la fuerza, poniéndose automáticamente fuera de la legalidad internacional.
Gaza y Cisjordania, recordémoslo también, debían formar parte del futuro Estado Palestino, pero tanto el Rey Abdullah de Transjordania como Egipto tenían otros planes: absorberla territorialmente. No escatimaron esfuerzos estas dos entidades árabes hasta que lo lograran ayudados por el estallido de la llamada Guerra de Independencia israelí (1948) estimulada por ellos mismos. Ambos espacios territoriales nunca formaron parte de un Estado Palestino porque simplemente las élites árabes de ambos países velaron por su valor estratégico más que por la necesidad de hacer cumplir el mandato de la ONU y la necesidad real de la población árabe palestina en orden a organizarse en torno a una entidad política autónoma. No fue Israel el que se opuso.
Durante el conflicto de 1967 (Guerra de los Seis Días), Israel tomará el control manu militari de ambos espacios (Gaza y Cisjordania) una vez que sus respectivos líderes hicieron caso omiso de las advertencias hebreas en cuanto a que utilizarlas a fines militares contra los sectores costeros entre Ashdod y Haifa era prohibitivo para la naciente seguridad del Estado hebreo. Por la configuración de dichos espacios, altura y posicionamiento geográfico, su utilización bélica en contra de Israel dejaba la mayor parte de la concentración de su población en manos de los sectores belicistas árabes. Resultado: ocupación y control político y militar por el Tshal (Fuerzas de Defensa de Israel). La variable defensiva se impone nuevamente por parte de la entidad hebrea.
Esa llamada “expansión israelí” no es más que la respuesta al accionar histórico árabe que nunca aceptó el (re) nacimiento del Estado judío. El Estado de Israel es una entidad que se asume como “Estado-Fortaleza”, siempre a la defensiva, pero una defensiva que no puede, por su configuración geoestratégica esperar la ocurrencia de una amenaza inminente. Debe anteponerse. Una "expansión" bastante sui generis toda vez que durante esta misma conflagración armada en junio del 67 Israel ocupa todo el Desierto del Sinai (Egipcio), sin embargo lo devuelve años mas tarde a fin de alcanzar la paz definitiva con su -hasta entonces- peor enemigo: Egipto. ¿Israel expansionista?
Recordemos lo señalado en la famosa y triste elocución radial del lider Gamal Abdel Nasser egipcio, el 27 de mayo de 1967: “Nuestro objetivo básico es la destrucción del Estado de Israel. La población árabe quiere luchar”. El sentimiento de politicidio israelí tiene bases históricas solidas, no solo en este lamentable llamado, sino que en el clima de hostilización, persecución y asesinato colectivo de la población judía a través del tiempo y el espacio. El Holocausto que significó el crimen sistemático de seis millones de judíos o el Edicto de Expulsión de 1492 que implicó la expulsión de los judíos “sefarditas” de España no son más que una muestra del sentimiento de amenaza permanente sobre Israel. Un sentimiento que a gobernado la forma y fondo del comportamiento estatal hebreo en el transcurso de su corta vida política moderna.
La lógica del “David contra Goliat” también está presente en la memoria histórica israelí. Un “campo árabe” que quiere expulsarlo hasta el abismo del mar Mediterráneo y un Mundo Occidental que no hasta hace mucho tiempo renegaba el aporte del judaísmo en todas su formas y extensión intelectual, a su dominación mundial actual. La lógica del débil frente al fuerte le impulsa a maximizar sus recursos limitados adoptando estrategias preventivas que solo pueden ser comprendidas cabalmente en función de los riesgos reales de aniquilamiento político a los cuales está sometido.
Hoy sin embargo, la estrategia que gobernaba las acciones defensivas israelíes no puede seguir basándose, exclusivamente, en una postura ofensiva/anticipatoria y con la utilización primigenia de estrategias de la fuerza o del Hard Power, Israel hoy necesita el soft power. Necesita readecuar su estrategia de supervivencia en un mundo hostil a las nuevas armas del comercio, la negociación y la consolidación de alianzas.
Israel representa los intereses y valores occidentales en el Medio Oriente, una zona de vital importancia para los países de este lado del mundo. Recordémoslo, si no existe un Estado Palestino no es porque Israel lo ha impedido, sino que por la postura histórica árabe en orden a negar la existencia misma de la entidad judía y hoy por la profunda división entre los palestinos. No dejemos que el antisemitismo y prejuicios nieblen las bases profundas de la problemática israelo-árabe ni menos aun la razón. Una vez más recordemos que la tragedia palestina es también la israelí.
El problema de Israel, desde el punto de vista anterior, es su configuración geográfica. Un espacio diminuto, con espacios vacíos en sus extremos, y densamente poblada en su zona central (muy similar a la configuración geopolítica chilena, guardando las proporciones): Una pesadilla para su defensa militar. Hamas ha demostrado que con sus misiles logra alcanzar zonas urbanas israelíes, pero más allá de eso, ilustra lo inseguro que sería para la entidad judía que se repitiese lo mismo en Cisjordania: alcanzarían toda la zona central costera israelí, poniendo bajo el fuego a la mayor parte de la población de Israel. ¿Por qué razón no se ha reeditado este fenómeno en Cisjordania? Digamos por la existencia de Abbas, pero sobre todo por la inexistencia de una frontera entre Cisjordania y Egipto. Este último país ha permitido, por omisión o por política voluntarista, constituirse en la puerta de ingreso de toda clase de armas y en especial de misiles de fabricación casera e iraní.
Digamos que el surgimiento de una entidad palestina en el territorio Cisjordano y de Gaza no solamente está vinculada a la proximidad territorial y a la hostilidad política y casi cultural desde dicho espacio hacia el Estado de Israel. En efecto existen problemáticas de fondo que debe ser resueltas, ello implicará, fundamentalmente el surgimiento de un Estado palestino con soberanía limitada, que deberá tener todas las facultades y capacidades para absorber a los descendientes de los refugiados palestinos en territorios árabes adyacentes. Este punto es central ya que sobre este subyace el mantenimiento del carácter judío del Estado de Israel y no uno de tipo binacional. Cualquier solución real y efectiva al problema palestino, más allá de los deseos de uno u otro bando, pasa, desde una óptica de la Real Politik, por el respeto de este principio.
Revisemos algunos puntos clarificatorios.
A. Descendientes de los refugiados palestinos.
Bases de la problemática de los “refugiados”:
1. La población palestina desplazada está directamente relacionada con los acontecimientos colaterales y directos de la conflagración iniciada por la invasión de los Estados árabes sobre la naciente entidad israelí el 15 de mayo de 1947. Un éxodo relevante de población árabe se inicia de manera anticipada al conflicto, muchos respondieron al llamado de las dirigencias árabes a salir del territorio de Israel en función del avance de sus propias fuerzas armadas invasoras, otros lo hicieron por el temor a sus vidas.
2. El Dr. Wahid Abd Al-Magid, editor del diario Al-Ahram's "Arab Strategic Report" predijo que, "...Los Árabes de 1948 (i.e. Israelo Árabes) pueden convertirse en una mayoría en Israel el 2035, y ciertamente serán una mayoría el 2048." El mantenimiento de un equilibrio demográfico asimétrico a favor de Israel garantiza la existencia de una entidad judía, la única que existe en el sistema internacional.
3. La población árabe con ciudadanía israelí ascendía el año 2006 según el Israelí Central Bureau of Statistic al 19,8 % de la población (1.413.500 personas). En los hechos, Israel sí es un Estado binacional.
4. La mayor parte de los refugiados palestinos surgieron del llamado Nakba (desastre), como resultado de los efectos naturales de una conflagración bélica en el marco de la Guerra de Independencia de Israel.
5. Señalemos, también, que el número de desplazados según la ONU el año 1951 ascendía a los 711.000. Los estimados 4 millones de “refugiados” corresponden a los descendientes del numero original antes señalado por lo que le considera “derecho” a reintegrarse no debería, según la visión israelí, abarcar a aquella población ya nacionalizada en otros Estados árabes.
6. La demanda de reintegración de los “refugiados palestinos” se ha constituido claramente en un arma política para la dirigencia palestina, es así como para al Fatah, “Para nosotros, la problemática de los refugiados es la carta ganadora que significa el fin del Estado de Israel”. Lo precedente puede ser explicado por las consecuencias que dicha reintegración implicaría para la seguridad demográfica y nacional del Estado de Israel. Hasta el año 2005, la tasa de natalidad de israelíes judíos era de un 1,4%, mientras que la árabe israelí era de un 2,5%, no obstante que en el largo plazo (1999-2006), dicha tendencia en la población árabe ha disminuido desde un 3,3% al 2,5%, aliviando dicha presión demográfica.
La solución práctica para la problemática de los refugiados está dada solo por la creación de un Estado Palestino y la absorción de dichos descendientes al naciente órgano estatal palestino.
B. Un Estado Palestino con soberanía limitada.
La necesidad por contar con fronteras seguras y defendibles pasa, absolutamente, desde la visión israelí por limitar, en una primera fase, la soberanía política en el ámbito de la defensa de la autoridad palestina. El bagaje de hostilidad israelí-árabe haría coincidir al espacio territorial del futuro Estado Palestino con el antiguo espacio “Cisjordano”, antes desarrollado y expuesto, así como la formación de la percepción de amenaza israelí.
En función de lo anterior, el mantenimiento de un equilibrio político-militar israelí árabe asimétrico que garantice la paz en el espacio vecinal necesita una regulación de las capacidades militares y de defensa de la entidad en cuestión. Tal y como se señalaba ya en 1978 en la revista Foreign Affairs, el papel que jugará Jordania será clave como un actor moderador del ente palestino, y en particular con el acercamiento y colindancia territorial que se generará entre ambos.
La necesidad de contar con un Estado palestino lo suficientemente fuerte como para mantener el orden interno y disuadir a los potenciales gobiernos árabes vecinales necesitará que éste no sea completamente desmilitarizado, y que goce de una fuerza militar unificada, no como lo es en estos momentos.
La clave estará centrada en el desarrollo de políticas de confianza mutua entre ambos estamentos y una apertura económica que tenga un impacto directo e inmediato en la población civil como la única forma de debutar un proceso de paz real y permanente entre ambas naciones.
El debate queda una vez más abierto. El "Estado palestino" seguramente tomará forma, al menos en el papel, sin olvidar que aún no conocemos sus fronteras, ni quien contralará un territorio dividido en dos, no solo por las distancias que separan gaza de Cisjordania, sino que también y sobretodo, por la existencia de dos liderazgos palestinos, uno islamista en Gaza, el otro más moderado en Cisjordania.
Chile, debe observar y buscar una postura autónoma. La importación de conflictos internacionales no está en el ADN de la conducta exterior chilena.