Las Malvinas: por una Política de Ambigüedad.

Posted on January 08, 2012 by Cristian Leyton Salas

Intenso el debate sobre Chile, Argentina y Las Malvinas. Por un lado, el ex canciller Juan Gabriel Valdés plantea la necesidad que se difunda entre los chilenos "como una causa propia" el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, que disputa a Gran Bretaña. Dicha postura nos insta a que Chile apoye en términos militantes, decididos y públicos la llamada “causa argentina”, dándole la espalda a Inglaterra, un aliado extraregional histórico chileno. Por otro lado, observamos al embajador del Reino Unido, Jon Benjamin, no solo hacer una defensa cerrada del posicionamiento inglés sobre el sujeto, sino que además avanza de manera indirecta la solución final al problema: una consulta ciudadana vinculante a los habitantes de la isla (kelpers). Son ellos los que debería indicar si desean seguir estando bajo soberanía inglesa, una desvinculación total hacia la madre patria o asociarse a Argentina. 

A diferencia de ambas posturas, considero que Chile debe optar por una intermedia. Ni apoyar la causa trasandina, pero tampoco rechazarla. Chile no debe estar no con ni contra Argentina. Los intereses permanentes de Chile le dictan usufructuar diplomáticamente de ambas posturas antagónicas.  

Chile necesita cristalizar la emergente “amistad” trasandina en los ámbitos políticos, político-estratégicos y militares. Sabemos, y ellos también, que el posicionamiento geoestratégico chileno es delicado, más aún hoy cuando observamos que las fuentes de riesgo y amenazas están detenidas en el norte y que los años a venir podrían traernos escenarios de la mayor complejidad desde dicha zona. Chile necesita “pacificar” su frente oriental, pero hacerlo de manera permanente. La diplomacia chilena debe hacer entender a la Casa Rosada que es de su interés permanente y estructural cristalizar relaciones de paz, armonía y de intercambio de “favores” mutuos. Incluso deberíamos preguntarnos si, a final de cuentas, la solución final del “problema anglo-argentino” es o no del interés de Chile.  

El Reino Unido ha constituido, a lo largo del tiempo, un aliado extraregional de gran relevancia para Chile. Lo fue, no lo olvidemos, cuando la Dictadura trasandina vio en Chile una válvula de ajuste para su ilegitimidad interna. Si no hubieren sido los británicos, hoy el escenario chileno-argentino sería similar al que tenemos con Perú en el norte. Chile, necesita de “aliados extraregionales”, no en cuanto al mantenimiento de relaciones “carnales”, como aquellas que busco la Administración de Raúl Menem, con los estados Unidos de Clinton, sino que relaciones basadas en un respeto mutuo, en un intercambio privilegiado de naturaleza económica, pero sobre todo en un apoyo político y diplomático ante un escenario regional y vecinal de suyo complejo. 

Chile debe adoptar una “política de ambigüedad” en torno al tema de las Falklands o Malvinas. Un apoyo irrestricto, cierto, a las demandas trasandinas, en específico desde un punto de vista de la retórica, pero dejando en plena libertad de acción a las entidades privadas que permiten a dicha entidad isleña mantenerse respirando. Dicho apoyo es vital a fin de no aislar al país del entorno regional, pero no debemos caer en la retorica populista de corte internacionalista en cuanto a hacer nuestra una causa que nos es lejana, pero que sobre todo, pone en juego la seguridad diplomática del país. 

La “política de ambigüedad” debe ser capaz de indicar, a los argentinos, que si bien Chile solidariza con sus demandas, dicha postura no implica que desarrollaremos una hostilidad política con el Reino Unido. La ambigüedad implica que Chile entiende el posicionamiento trasandino, pero que no lo hace suyo. Chile no está por “multilateralizar” la pretensión argentina, sino que mantenerla dentro de los canales bilaterales anglo-argentinos. Chile debe adoptar la misma postura que exige de sus pares en el marco de las pretensiones bolivianas y peruanas. Ni más ni menos. 

No es ni debe ser del interés de Chile que su alineamiento con la “causa” argentina  la aleje de aquella de un aliado mayor extraregional como el Reino Unido. La volatilidad del escenario sudamericano nos enseña que jamás debemos poner todos los huevos “diplomáticos, políticos o militares” en una sola y única canasta.

Vacíos de Poder

Posted on August 22, 2011 by Cristian Leyton Salas

Detengámonos un instante y observemos nuestro entorno, el nacional y el internacional. Libia, Siria, Venezuela, Bolivia, EE.UU, Santiago de Chile. Todos estos lugares están siendo objeto de cambios. Fuerzas
nacionales o subnacionales están presionando por cambios, transformaciones, modificación del status quo. Poderes políticos que se creían inmutables, hoy están siendo profundamente cuestionados.

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Los Riesgos de la Disuasión

Posted on June 29, 2011 by Cristian Leyton Salas

A propósito del incidente de los soldados bolivianos en territorio chileno y la tendencia que se perfila allende el Desierto de Atacama...

La disuasión como Política de Defensa busca esencialmente neutralizar cualquier intención, por parte de un Estado, de llevar a cabo una acción bélica.  Se señala que la búsqueda de la seguridad por la disuasión  reposa esencialmente en la "racionalidad" del disuadido y ello en función a la relación objetivo/costo: "No ataco por que sé que perderé". La problemática asociada a este punto radica en el valor que el disuadido acuerda a los objetivos políticos fijados. En otras palabras, si la relación de disuasión se funda en principios que podríamos definir como racionales y objetivos, los costos ligados  a la puesta en practica de la amenaza (esta podría ser a la adquisición de  determinado territorio, por ejemplo) distan de serlo. 


La experiencia israelí/árabe de 1973 (Guerra de Yom Kippur) demuestra que tanto la asignación de los objetivos como la evaluación de los costos no son directamente proporcionales a la credibilidad de la amenaza ni a las capacidades asociadas a esta última como se cree. Si bien es cierto el mantenimiento de equilibrios militares , que estos sean simétricos como fue el caso soviético/estadounidense, o asimétricos, como es el caso israelí/árabe, no garantizan per se el éxito de estrategias  de disuasión, la credibilidad de la amenaza, respaldada por la comunicación al disuadido de la firmeza y decisión política de tal postura así como por la adquisición de capacidades bélicas permitiendo técnicamente y operacionalmente en llevarlas  acabo, responde también al mantenimiento de equilibrios de intereses.

¿Más allá del costo militar de una acción bélica, cuál es el costo político del estatus quo?  Anwar el-Sadat, en la guerra relámpago que lanzó junto a su aliado sirio durante los días de octubre de 1973 respondió con la acción. El costo de ver absorbido y anexado el Desierto del Sinai por Israel, invadido desde la Guerra de los Seis Días,  era lejos más inaceptable que una derrota militar. En otras palabras, si la derrota militar era cierta y proyectable, y de hecho lo fue, la posibilidad de una victoria político-diplomática balanceaba el costo militar de tal operación. De esta forma, no obstante que el equilibrio militar ofensivo israelí era superior al de la coalición árabe, tal equilibrio podía ser opacado, y hasta cierto punto neutralizado, por  el binomio capacidades bélicas defensivas/sorpresa . Los objetivos militares limitados de Sadat -cruzar el Canal de Suez, alcanzar  la Línea Bar Lev para luego establecer una cabeza de puente de 5 brigadas en posición defensiva gracias a la absorción de los últimos sistemas SAM y antitanques soviéticos - escondían sus extendidos objetivos políticos estratégicos. Aún más. La implementación de objetivos limitados desarticulaba el marco racional fundado únicamente en un equilibrio eminentemente bélico. De allí que la disuasión sin su variable "intereses" no es capaz de explicar por sí sola y de manera general y extendida las relaciones de paz en regímenes de disuasión. 


 ¿Que concluir? A priori, podríamos establecer que las capacidades bélicas y las relaciones de equilibrio bélico asimétrico, como es el caso israelí/árabe o  chileno/boliviano, por ejemplo, no garantizan el éxito de un régimen unilateral de disuasión , es decir desde Chile hacia entidades vecinales.

El valor que cada Estado asigna a los objetivos políticos depende, en gran medida, al valor que estos entregan los costos del estatus quo: ¿Cual es el valor que Bolivia acuerda a no tener acceso al mar? ¿Cual es el valor que Perú asigna a ver perdida su demanda en La Haya?  El repotenciamiento de la postura de disuasión debe ser constante, con los costos que ello implica, en orden a justamente negar los objetivos in sitiu, preventivamente para la Diplomacia, sobre todo en periodos de cambios estructurales del equilibrio de poder regional, tal y como parece ser el caso actualmente.  

Atención: la disuasión,  no fundamenta su lógica en los costos bélicos de una derrota, sino que en los posibles costos políticos de una victoria, aunque esta sea en el corto plazo limitada. Una vez los cañones en silencio, será el turno de la diplomacia a trabajar el mediano o largo plazo.


El sistema internacional es estructuralmente inestable, las relaciones de paz están supeditadas a intereses y nada nos dice que en el futuro cercano se reedite una lógica de Estado-Fortaleza. Reflexionar sobre lo impensable es nuestra tarea. Evitarlo, del Gobierno y sus instituciones.

Humala y la camisa de fuerza brasileña

Posted on June 13, 2011 by Cristian Leyton Salas


Humala el lulista, Humala el conciliador, Humala el integrador.


Antes que ese Humala conocíamos al “otro”,  el antichileno, aquel que prometió comprar Arica, el Humala revanchista, aquel que señaló repetidas veces que revisaría la naturaleza de los intereses económicos y comerciales chilenos en Perú. La transformación de Humala, o casi una transfiguración  de un político de extrema izquierda nacionalista y neopopulista se convirtió, con la ayuda y el asesoramiento de Brasil en un “moderado”, libre de toda traza del chavismo. Dejó su camisa roja, por una blanca o rosada. En su interior sigue siendo cacerista y velasquista.


Existe una pregunta que debe ser respondida ¿Es Brasil el “aval” de Ollanta Humala o su “camisa de fuerza”? Si es el aval, cierta tranquilidad puede respirarse en La Moneda, si es una camisa de fuerza frente a su naturaleza política nacionalista y antichilena, deben ver con preocupación la evolución de su politica interna y externa, especialmente cuando vemos que aún no presenta a su equipo económico –lo que a todas luces indica que el “equipo original”, aquel que pensó el Programa de Gobierno y que entendía implementaría sus orientaciones estatistas y nacionalistas está, hoy, siendo negociado.


Ya lo habíamos señalado anteriormente, Brasil quitó de las fauces del chavismo a Perú. Logró, Itamaraty, llenar con su poder una necesidad estratégica de Ollanta: ser percibido como un actor legítimo y estabilizador, tanto al interior de Perú como en su mismo espacio vecinal. A su vez, Brasilia logró expandir su capacidad de influencia hacia un Perú que tradicionalmente era una pieza del ajedrez geopolítico argentino.


Chile observa como Brasilia está cambiando, al menos en el papel, el rango de apreciación estratégica de Lima, sin darse cuenta que de una u otra forma está alimentando una nueva fase de competencia entre La Moneda y el Palacio Pizarro: el lugar que uno y otro ocupan en la jerarquía de intereses regionales brasileños.


La camisa de fuerza brasileña podría tener, para algunos, fallas de fábrica. El material de la camisa en cuestión no es brasileño sino que chavista. Ollanta Humala posee la misma matriz ideológica y politica de Hugo Chávez, ambos  son de naturaleza militaristas, ambos desean transformar la estructura  de los sistemas políticos y económicos. Ambos ven en los estamentos militares y bélicos los pilares fundamentales de la proyección y sustentación de sus poderes políticos internos.


De la evolución del nacional-populismo de Ollanta Humala -en función y relación a la implementación del programa que le llevó al poder-  dependerá la preminencia de la camisa de fuerza lulista sobre el régimen de Humala.


Una señal compleja nos acaba de enviar el nuevo líder nacionalista peruano que tomará el control del Palacio Pizarro: la resolución de los diferendos con Chile pasa, absolutamente, por una revisión de la historia. Un signo que nos indica claramente que La Haya no resolverá y pondrá término a las relaciones de rivalidad desde Lima hacia Santiago. Todo parece indicar que una estrategia de “gestos” históricos se impondrá sobre Chile, alimentando, una vez más el nacionalismo negativo peruano, aquel que ve en el “otro” la fuente de todos sus males y que genera y autogenera cohesión, en particular en periodos de crisis interna, como los que parecen avecinarse en la frontera norte.


La “resolución de problemas históricos” en plural debe indicarnos claramente que de “perder” en La Haya, el Perú de Ollanta mantendrá y exacerbará las relaciones e animadversión hacia Chile, siendo ahora más compleja la situación toda vez que existen actores nacionales en tierras peruanas que podrían ser objeto de una hostilización comercial creciente.


Si en estos momentos, la “camisa de fuerza” brasileña contiene la naturaleza nacionalista de Humala, Chile debe hoy mismo debutar una fase de acercamiento mayor con el aliado histórico de Brasilia. Es una necesidad estratégica en función de escenarios posibles y probables que indican que la retórica conciliadora de Ollanta no es más que eso, retórica.

El Presidente Humala y Chile

Posted on June 05, 2011 by Cristian Leyton Salas

Y uno de los escenarios más complejos para Chile se está materializando. El Perú está eligiendo al candidato nacionalista, Ollanta Humala, para que dirija los destinos de ese país por los próximos cinco años.

Más allá de las últimas declaraciones conciliatorias que el candidato emitió en función de este lado de la frontera, no es posible borrar con algunas pocas frases lo que ha sido una retórica dominante y sistemática del Presidente cacerista hacia Chile y sus intereses. No obstante ello, hagamos abstracción, por un momento, de la verdadera naturaleza política de Ollanta, en específico de su particular visión de competencia geopolítica con La Moneda y de su carácter eminentemente militarista.

 Ollanta de toda evidencia aprendió la lección ante su derrota electoral pasada cuando terminó por inclinarse ante su rival aprista, Alán García: Hugo Chávez, y el bolivarianismo que encarna, no solo, no debía inmiscuirse en la campaña, sino que sobretodo, no debía emitir señal alguna de apoyo a su candidatura. El líder chavista comprendió difícilmente el mensaje directo del candidato nacionalista y obró de la suerte. Sin embargo, un espacio vacío de poder quedó de manifiesto, Brasil, y el lulismo lo comprendió. De esta manera, Brasilia tomó el control de la campaña de Humala. ¿El resultado? Se operó un rápido proceso de reforma y de transformación, del fondo y la forma, de la propuesta política de gobierno del líder Humala. Ollanta no quedaba solo, sino que fue apadrinado por el poder brasileño.

La arremetida política de Brasilia de una u otra forma apaciguó los temores de la llegada, al Palacio Pizarro, de un Presidente de naturaleza bolivariana, con una agenda oculta –aunque muy visible en su Programa de Gobierno-, que implicaba una reforma total de la Constitución, la instauración de controles mediaticos, la nacionalización,  y expropiación de empresas “estratégicas”, la militarización de parte de la sociedad  y la tendencia a la perpetuación en el poder. No obstante que las aprensiones subsisten, la presencia del lulismo en la presidencia de Ollanta Humala debería tender a moderar ciertos impulsos naturales de corte chavistas del nuevo mandatario limeño.

¿Podrá Brasilia transformar el ADN nacionalista de Humala? ¿Podrá el lulismo impedir que el “velasquismo” de Ollanta, en búsqueda de afianzar su poder y legitimidad, decida potenciar el poder de las FF.AA peruanas, transformándolas en un pilar de su poder político? ¿Logrará Brasilia morigerar las transformaciones económicas que Humala intentará implementar a fin que su apuesta no resulte un nuevo fracaso en la Política exterior brasileña? ¿Podrá Brasilia impedir que, al igual que Toledo, el mandatario Humala escale políticamente -y por que no, militarmente-, sus diferendos con Chile?

No olvidemos un punto central: Existe una tendencia repetitiva en los diversos mandatarios que han llegado a la casa de Gobierno limeño, en función de su actuar con y hacia Chile, La Moneda y el Edificio Carrera: lo que apuntalan en la carrera presidencial no es lo que implementan una vez que son gobierno. Para no ir más lejos, así fue con Toledo y asimismo fue con García. Los intereses internos nacionalistas son demasiado poderosos como para obviar la existencia de un factor de cohesión interno que genere tanto consenso como Chile en la clase política peruana.

¿Qué esperar de la Política Exterior regional de Humala? La política vecinal de Ollanta estará centrada, de toda evidencia, en un primer momento en priorizar el apoyo de Brasil a su causa –lo que constituye un cambio geopolítico peruano relevante. De la misma manera el Presidente Humala buscará ahondar sus relaciones con Ecuador: la necesidad estratégica de cristalizar el término de una doble amenaza  histórica–en su frontera norte (Ecuador)  y sur (Chile). Lo anterior le impulsarán a cimentar una lógica política de gestos conciliatorios con Quito, afianzando con ello el aparente congelamiento de las relaciones entre Ecuador y Chile. Con Argentina, sus relaciones deberían mejorar. 

Un aspecto central en su agenda vecinal será Chile y Bolivia. De toda evidencia las relaciones con La Paz mejorarán. A todas luces, ambos mandatarios, Ollanta y Evo, buscarán reinstaurar las relaciones de “hermandad histórica”, caídas en desgracia bajo el Gobierno de García. Nuevamente La Paz y Lima tienen algo que los une.

Las relaciones con Chile orbitarán en torno a la postura de Humala hacia los capitales “chilenos”, su hostilización o no; los resultados de la decisión de La Haya, si serán finalmente aceptadas ante una derrota; en último termino, la postura que adoptara en relación a sus FF.AA, si tendremos que encarar un nuevo “velasquismo” como aquel de finales de los 70s cuando el Perú se armó para recuperar Arica por la fuerza.

La pregunta que subsiste, ¿logrará Brasilia controlar la naturaleza militarista y nacionalista negativa de Ollanta Humala, o por el contrario, terminará Humala dejando caer al gigante brasileño y en el mediano plazo acercarse a Hugo Chávez?

¿Terminará Chile pagando el precio de un posible estancamiento económico peruano, o peor aún, del estallido de una crisis política de inimaginables magnitudes una vez que Ollanta Humala se decida a instaurar de golpe y manu militari su verdadero programa político de Gobierno?


Bolivia: Tres Estrategias, una Política.

Posted on May 30, 2011 by Cristian Leyton Salas

Cuesta arriba se encuentran las relaciones vecinales, en específico aquellas con nuestros dos vecinos nortinos. Y un silencio -no menos preocupante- se aprecia desde el espacio trasandino, tan solo interrumpido por intermitentes señales de apoyo de personeros políticos de la Casa Rosada a La Paz.

Tal y como lo hemos apreciado estos últimos meses y semanas, Evo Morales proyecta y planifica escalar la arremetida diplomática, esta vez ante la OEA. Ya lo ha hecho en el plano interno al buscar el apoyo directo y publico de las FF.AA bolivianas a su causa. También lo ha plasmado al buscar generar un alineamiento general de su población a su demanda – frente a la perdida sistemática de apoyo hacia su Gobierno. Se aprecia un endurecimiento progresivo tanto de su retorica, como en sus actos, hacia Chile.

Evo exige de Chile un planteamiento concreto, como ha señalado. Un documento oficial del Estado chileno que le permita incluirlo en una posible demanda ante La Haya, pero también, como un antecedente que le garantice un compromiso real y efectivo de La Moneda hacia su demanda histórica. Evo exige de Chile una salida “soberana y útil”, es decir, exige de Chile que haga caso omiso del Tratado de 1904 en donde ninguna de las dos palabras aparece -ni menos aún en el espíritu mismo del documento. Nada menos. De lo contrario, el líder indigenista amenaza con solicitar, ante La Haya, la expiración del Tratado en cuestión.  

La respuesta chilena se ha materializado históricamente en una postura y política que podríamos caracterizar como de ambigüedad: se negocia, pero desde una plataforma política oficiosa. Hoy preciamos que dicha estrategia no ha dado los frutos buscados, toda vez que en Bolivia han evaluado y pesado la reacción de Chile ante la pretensión peruana: “Se puede demandar a Chile ante un Tribunal Internacional, exigiéndole espacios soberanos, y seguir “cooperando”, haciendo negocios y manteniendo relaciones políticas normales”. Muchos han sido los errores del pasado reciente, también de un poco más atrás, hoy necesitamos generar un gran consenso en torno a la cuestión boliviana y su peligrosa evolución. Un consenso de naturaleza nacional.

Un punto central es establecer un consenso político básico que nos permita hacer frente a la arremetida mediática boliviana ante organismos internacionales. Antes de ello debemos dejar en claro que tres estrategias se nos presentan: La primera, status quo. Seguir argumentando que Chile ha cumplido al pie de la letra el Tratado de 1904, asegurando a Bolivia un acceso a los puertos del norte, con una total libertad de movimiento comercial, y que La Moneda mantiene una predisposición en orden a  mejorar en forma permanente este “derecho” paceño. Esta estrategia hoy, parece  no sostenerse per se ante la nueva postura boliviana. Es del interés de Evo demostrar que Chile no ha dado cumplimiento al Tratado a fin de buscar su disolución unilateral.

La segunda estrategia es endurecer la postura con La Paz. Dar por terminado todo vinculo diplomático asociado a la demanda marítima, borrando del mapa la Agenda de los 13 puntos , la Diplomacia militar y todo contacto innecesario. Una postura que denote un profundo malestar de La Moneda. Dicha postura implicaría armar la diplomacia nacional en función de una Guerra fría de naturaleza política en todos y cada uno de los foros continentales y hemisféricos. El Edifico Carrera debería, ante esta nueva estrategia chilena, prepararse para emprender una campaña de defensa y promoción de l postura nacional en todo el continente. Un desgaste sistemático, pero necesario a fin de no dejar espacios vacios a la arremetida mediática boliviana que se próxima inexorablemente. 

Una tercera y última estrategia estaría dada por aceptar oficialmente la idea de negociar la entrega de soberanía y de espacios territoriales a Bolivia, pero únicamente sobre la base de ciertos parámetros innegociables y finales: cesión de espacios soberanos a cambio del “intercambio de territorios soberanamente iguales”. En otras palabras, Chile acepta la idea de lo “útil y soberano” a condición que sea reciproca.  La idea del intercambio territorial debe ser la única forma aceptable para Chile, y ésta debe ser en función de espacios cuyos “valores estratégicos” sean análogos. Ya habíamos señalado el principio de “gas por soberanía”. Lo que en Bolivia abunda –gas-, a cambio de lo que también en Chile abunda –litoral. Una postura realista ante el escenario que se vecina. 

Lo contrario implica adoptar la segunda estrategia, asociándola a un reforzamiento constante de las capacidades bélicas disuasivas chilenas, en conjunto con una postura ofensiva en términos diplomáticos. El peor escenario chileno no es un conflicto con Perú, sino que uno con Bolivia. La disuasión -en el caso de La Paz- no se maneja con la misma lógica limeña. No hay que olvidarlo. Bolivia no busca desconocer solo una parte del Tratado -como es el caso peruano con el Tratado de 1929-, sino que intenta desahuciarlo totalmente.

Hoy, ante los dichos del Ministro de Defensa, Andrés Allamand, todo parece indicar que se estaría apostando a la segunda estrategia. Ante la amenaza de un desconocimiento de la frontera norte por parte de Bolivia, un consenso nacional se impone.


Reforma Presupuesto en Defensa y Supremacía militar

Posted on May 21, 2011 by Cristian Leyton Salas

El proyecto de reforma de la llamada “Ley del Cobre”, propuesto por el Gobierno y que inicia un proceso de debate en el Congreso,  constituye, a todas luces, una iniciativa consolidadora del espíritu mismo de la Ley 13.196 que garantizaba el 10% de las ventas del cobre para la modernización del aparato bélico de las Fuerzas Armadas chilenas: mantener a las FF.AA en un proceso permanente de modernización, altamente motivadas, profesionalizadas y preparadas para cualquier contingencia.

Un aspecto central es que la orientación presupuestaria estará acorde a una planificación y evaluación de los riesgos, amenazas y oportunidades pensada en un horizonte de 12 años. Toda la estructura de mantención de las capacidades bélicas estará orientada y, a su vez, alimentada por un sistema de naturaleza prospectivo. Desde esta óptica, el nuevo sistema generará un modelo de Defensa anticipativo, siendo la idea básica la de prever escenarios de riesgos, respondiendo ante ellos de manera  preventiva.

La naturaleza de la reforma apunta a conservar la supremacía militar adquirida, proyectándola en el tiempo. El positivo proceso de modernización de las FF.AA chilenas requiere proyectarlo, conservando la estabilidad de sus mecanismos financieros y el carácter apolítico del proceso mismo. La alta volatilidad del entorno vecinal y regional dictan consolidar y cristalizar una supremacía militar adquirida en el pasado reciente, ello en clara respuesta a las posturas revisionistas reiterativas de las entidades políticas limítrofes. 

En función de lo anterior, el proyecto implicará modernizar las capacidades de análisis de inteligencia político, político-estratégico y militar a fin de identificar y evaluar de manera efectiva las tendencias de los espacios vecinales y regionales, altamente cambiantes y sometidos a altas presiones internas. 

Por todo lo precedente, es de vital importancia que, en el marco de la nueva Estrategia de Seguridad y Defensa, estructura analítica central inspiradora y orientadora de todo el nuevo sistema financiamiento de la Defensa, exista un mecanismo eficaz y efectivo de interconexión y comunicación con la Política Exterior de la Cancillería chilena. Se debe, en este sentido, crear una estructura orgánica de convergencia y planificación conjunta entre el Ministerio de Defensa y el de Relaciones Exteriores.

En conjunto con las neutralizaciones de las amenazas y riesgos debe venir de la mano de una deconstrucción de las mismas desde el punto de vista político. La disuasión no basta para mantener la paz. Esta última no solo debe ser comprendida como la usencia de guerra, sino que también como la ausencia de un clima de animosidad y de hostilización permanente en contra de Chile. 

En función de lo anterior, resulta un ejercicio interesante el establecer que a mayor capacidad disuasiva de los estamentos de Defensa, mayor ha sido el cuestionamiento de los límites fronterizos y mayor la hostilización diplomática hacia Chile. Algo no calza. La supremacía militar alcanzada, por relativa que sea, no basta para garantizar la seguridad general de Chile.

21 de Mayo: Balance de la Política Exterior de Chile

Posted on May 19, 2011 by Cristian Leyton Salas

Hacer el balance es constatar que el manejo de nuestras relaciones exteriores y el posicionamiento de Chile en el entorno vecinal y regional sigue siendo meramente reactivo, tímido y sometido a los dictámenes de poderes geoeconomicos facticos. Seamos claros en señalar: todo parece indicar que “Lo Económico-comercial” dicta “Lo Político”, pero lo hace desde una posición de débil a fuerte. Nosotros somos el “débil”, ellos “los fuertes”.

Falta, con urgencia, establecer una línea de acción clara, precisa y con proyección de largo plazo. Los grandes consensos nacionales en torno a la defensa y promoción de determinados intereses permanentes del país están profundamente agrietados: claras divergencias existen en relación al manejo de la PP.EE chilena, en particular hacia Bolivia y Perú.

Es así como mientras el equilibrio político de la región cambia a pasos agigantados, pero lo hace de manera sigilosa, Chile parece estar quedándose al margen del nuevo orden geopolítico que se rediseña. Peor aún, se ha convertido en un mero seguidor de liderazgos emergentes.

El vacío político regional que dejó Argentina jamás intentó ser llenado por Chile, al menos en el ámbito comercial o político. Observamos pasivamente como Venezuela llenaba espacios. Con Bolivia, la oportunidad histórica de atraerla permanentemente hacia nuestra zona de intereses se desvaneció por falta de firmeza en cuanto a establecer de manera inequívoca la única solución viable a la demanda paceña: un corredor territorial y marítimo al norte del caso urbano de Arica, soberano y útil, pero sometido a un canje territorial. La nueva Administración de La Moneda, al no poseer intereses económicos en Bolivia, parece haberle cerrado la puerta, en la cara, a Evo. Hoy nos enfrentamos a una posible segunda demanda ante La Haya.

Por otro lado, cuando la Cancillería de la Concertación pudo asumir un liderazgo político en torno a la creación formal de un “Eje Pacífico”, en contraposición a la postura bolivariana, nunca dio el paso. El Perú sí lo hizo hace una semana atrás. Bien por Lima. La pasividad de la Cancillería chilena contrasta con la peruana. El Palacio Pizarro limeño ha sabido hacer suya la famosa estrategia francesa "du faible au fort".Felicitaciones a Torre Tagle.

Cuando vemos que Brasil se “aleja” de Chile, la Cancillería solo observa. Cuando podemos acercarnos más a Argentina, el inmovilismo nos gobierna. Cuando los EE.UU. nos instan a dejar de asumir la postura de un “gigante económico-comercial” para dejar de ser un “enano político”, un silencio invade los pasillos del Edificio Carrera.

Hemos de esperar que este 21 de Mayo algunas frases nos indiquen que el letargo en el cual está sumida nuestra Política Exterior esté pronta a terminarse. Se requiere generar un debate profundo en torno al papel que Chile debería desempeñar en los próximos 15 o 20 años. Pero sobre todo, levantar los escenarios que deberían permitirnos influenciar y modificar la tendencia que se dibuja hoy y que se nos está imponiendo desde el espacio vecinal.

Que Chile vuelva a sentirse un “Estado-fortaleza”, asediado por todas sus fronteras depende del manejo que haga la Cancillería. El Ministerio de Defensa y sus FF.AA han cumplido a cabalidad su rol: contener los riesgos y amenazas por medio de una disuasión creíble. Hoy necesitamos transformar las capacidades dormidas en medios de acción cooperativos, y si la necesidad se hace sentir, persuasivos.

La debilidad de la Política Exterior chilena puede, bajo ciertas condiciones, constituirse en fuente de alta inestabilidad en una zona que no requiere precisamente de ella, sobre todo en momentos en que todos los paises vecinales cuestionan nuestras fronteras. El Presidente Piñera tiene la palabra…

Fronteras de Seguridad

Posted on May 16, 2011 by Cristian Leyton Salas

Las fronteras de seguridad señalan los límites de tolerancia que demarca un Estado, ante riesgos externos para la seguridad política, económica y militar, y que consecuentemente a ellos, establece medios de acción y de decisión a fin de contenerlos. Un claro ejemplo ha sido el accionar colombiano contra bases de las FARC en territorio Ecuatoriano. Otro ejemplo es el desplazamiento de la frontera de seguridad de los EE.UU, profundamente en dirección del corazón de Centro América, en particular contra el crimen transnacional (Maras). Un último ejemplo que denota la variedad del “desplazamiento de fronteras” es la decisión unilateral del Ejército Argentino cuando señaló, en su Plan NPEA 2012, que las nuevas fronteras de seguridad para su estamento estarían delimitadas, en el futuro, por la protección de los recursos de agua dulce, tanto en la zona de los hielos eternos (frontera con Chile) y del Sistema Acuífero Guaraní (napas subterráneas bajo los territorios de Paraguay, parte de Uruguay y Brasil).

Las fronteras de seguridad han mutado durante estos últimos veinte años. No solo lo han hecho en cuanto a la naturaleza de los estímulos que han dictado este desplazamiento, sino que también en cuanto a los actores que las institucionalizan. Si antes, solo las Superpotencias obraban de la suerte, expandiendo o contrayendo dichos “limites”, en función de percepciones de amenaza unilaterales, hoy todo parece indicar que potencias medianas o pequeñas también lo están operacionalizando.

Una característica central de dichas “nuevas fronteras de seguridad” es que éstas, claramente, no corresponden ni se alinean automáticamente a las tradicionales fronteras políticas reconocidas internacionalmente por los Estados. Tampoco lo está siendo para Chile.

Las fronteras de seguridad económicas en algunos casos están indicadas y delimitadas por el espacio físico que ocupan allí en el país en el que realizan sus negocios. Bajo la lógica del Real Politik, incluso dichas fronteras están asociadas a la estructura más básica pero fundamental de la disuasión: la credibilidad de la amenaza comprende e incluye la capacidad de proyección de la defensa de los nuevos agentes económicos multinacionales bajo la forma de una defensa diplomática activa y pasiva. En otras palabras, las nuevas “fronteras de seguridad”, en este caso comerciales, tienden a desplazarse junto a la exportación de las inversiones.   

En cuanto a las “fronteras de seguridad militar”, estas han conocido una impactante mutación en cuanto a su forma, no así su naturaleza. La búsqueda por poseer “fronteras defendibles”, alejando de las zonas vitales la amenaza sigue siendo un leit motiv central de los aparatos de planificación político-militar. El ejemplo de la Guerra contra el Terrorismo está imbuido en esta lógica. Desde el prisma de una potencia mediana, sin embargo, la proyección extraterritorial de su capacidad de defensa si bien no es imposible, su puesta en práctica es menos viable. Es así como frente a riesgos y amenazas latentes e inminentes, la adopción y planificación de una reacción preventiva limitada constituye una opción creíble a fin de mantener intacto la postura disuasiva. 

Hoy, vemos que el escenario regional y vecinal muta aceleradamente. El posicionamiento de Chile también. De ello debemos tomar lectura. Y planificar, levantar escenarios y planificar.

Perú y Chile: Transmisión generacional de traumas. Parte II

Posted on May 11, 2011 by Cristian Leyton Salas

Al observar la postura de medios académicos, políticos e intelectuales peruanos, en el tiempo, podemos identificar y establecer tendencias en cuanto a su conducta hacia Chile. En este sentido, no podemos sino que establecer un hecho: la sociedad peruana, en su conjunto, vivió y evidenció, lo que en psicología constituye un cuadro de Síndrome Post Traumático como resultado de los efectos de la Guerra del Pacífico.

Establezcamos que todo Síndrome Post Traumático (SPT) se genera por dos condiciones basales, entre las que encontramos, por un lado, la experimentación de una amenaza a la integridad física de la entidad (muerte o amenazas). Por el otro lado, se evidencian reacciones de aprensión intensos frente a hechos sobre los cuales no tiene la capacidad de influir en su inicio o termino. En este mismo sentido, el SPT tiene la característica a reeditarse, a revivirse de manera permanente. Todo recuerdo o símbolo que materialice la remembranza del proceso traumático no hace sino que reeditar un proceso de ansiedad.

El Perú, su sociedad y su clase política parecen haber sido expuestos a través de la historia a hechos que han generado un síndrome de esta naturaleza. Traumas psicopoliticos que, como ya lo habíamos señalado anteriormente, han desencadenado un proceso de transmisión transgeneracional de traumas, los que han sido instrumentalizados por su elite.

Lo interesante aquí es que dicho “trauma psicopolítico” se evidenció en función dos supuestos axiomas, todos ellos erróneamente planteados: Primero, la idea según la cual el conflicto y Chile frenaron una fase de reorganización política y económica peruana. Falso: La decadencia post-independentista peruana fue consistente en el “tiempo político” del país del norte, no se detuvo. El caudillismo limeño gobernó la fase que va desde 1826 –nacimiento mismo del protoestado peruano- hasta el comienzo mismo de la Guerra con Chile. Un trauma interno, es decir la incapacidad de las clases dirigentes en orden a frenar el fenómeno caudillista, impidió la estabilización del proceso de afirmación de la institucionalidad peruana, fenómeno que incluso lo vemos hoy en día.

Segundo, y en función de la idea precedente, la guerra impuesta por Chile obstruyó el “normal” desarrollo político peruano e impuso una fase de “reconstrucción nacional” peruana. Falso: Académicos peruanos del renombre de Julio Cotler se han cuestionado la existencia misma de una “nación peruana” en la fase anterior a la Guerra del Pacífico. No pudo haber “reconstrucción nacional” cuando no se había hecho visible ni materializado una “Nación peruana”, en la excepción moderna del término. Luego del fin del conflicto trinacional, no hubo una “reconstrucción” del espacio peruano si no que debuta, por fin, el proceso de “construcción”  de una embrionaria entidad estatal peruana. Chile no frena el normal desarrollo político peruano, sino que todo lo contrario, lo acelera.

Los axiomas antes señalados no hacen sino que desnudar los síndromes post traumáticos que evidencia la sociedad peruana en función de la imagen de Chile. No cabe la menor duda que las dos condiciones necesarias para el surgimiento del SPT en la sociedad peruana están presentes. La amenaza a la integridad física, bajo la forma de un conflicto que se saldó por una larga ocupación de su capital por una potencia externa, por la pérdida de territorios y la amenaza de desmembramiento. Desde un plano interno, la amenaza a la integridad física del espacio peruano en manos de sus propios habitantes, como es el caso de la amenaza indigenista y el estallido étnico y social producto del sistema económico esclavista que se mantenía vigente hasta antes de la guerra con Chile, sin olvidar las guerra civiles secesionistas internas.

Finalmente, queda claro que el temor a una reedición de las mismas condiciones que gatillaron la conflagración trinacional aún están presentes, tal es el caso de la asimilación de los capitales “chilenos” en Perú a las condiciones antecedentes al mismo conflicto. Si todo recuerdo o simbolo reactiva el sindrome en cuestion, Arica es un recuerdo permanente en la conciencia psicopolítica peruana.

Por las razones precedentes, la lógica de naturaleza “revanchista” sigue presente en importantes segmentos de la intelectualidad peruana, así como fuertemente incrustada en sectores castrenses y políticos tradicionales.

Nuevamente la pregunta medular queda planteada ¿Cómo solucionamos, definitivamente, las relaciones de animosidad histórica con Perú? ¿Existe una solución conciliatoria o solo la disuasiva y coercitiva? ¿Existe una "tercera vía"?

Lima, jugando con geopolítica

Posted on May 07, 2011 by Cristian Leyton Salas

Durante más de un siglo, hubo un cierto “orden geopolítico” en el Cono Sur. En otras palabras, conocimos una determinada y específica  distribución del poder político entre los Estados de esta zona.

Dos poderes con tintes hegemónicos, Brasil y Argentina, se disputaban el control de Sudamérica, evidentemente siempre sometido al peso y la sombre del gigante norteamericano. Otro círculo de Estados orbitaban en torno a ellos y permitían el mantenimiento de un cierto “equilibrio”. Países como Chile y Ecuador  se erigieron como “aliados de facto” de Brasil, mientras que Bolivia y Perú hacían lo suyo con Argentina. Colombia y Venezuela siempre miraron más hacia el Centro y Norteamérica, lo que ocurría al sur de sus fronteras no les quitaba el sueño. México, mientras tanto, observaba y emergía como una potencia extraregional que competía, de lejos con el gigante brasileño. Y así pasó el tiempo. 

Más al sur, en específico en el espacio geopolítico del Pacífico meridional, esto es aquel que forma parte de los intereses permanentes chilenos, como son su proyección y dominio de la zona del Pacífico sudoeste y el continental, en su proyección norte y noreste, se mantuvieron en disputa permanente con Perú. Si para Chile, el Ecuador era un aliado natural, no estaba clara la “amistad” boliviana hacia Perú. Recordemos que Bolivia siempre buscó su salida por Arica, yendo incluso hasta organizar dos empresas bélicas para lograrlo. Sin resultados positivos, por cierto. En otras palabras, Bolivia, en términos geopolíticos siempre ha sido disputada por uno u otro país, Chile y Perú.

En esta lógica, un suborden geopolítico se erigió en torno a las relaciones especiales de coincidencia de intereses  que se mantenían con Ecuador y Brasil. En contra partida, estaba el “otro” espacio geopolítico conformado por Argentina, Bolivia y Perú. Un equilibrio político y militar perfecto en el Cono Sur permitió contener un conflicto de alcance regional. En el escenario precedente, el rol de Chile es de una alianza natural con el Estado paulista: no comparte frontera con ellos –un problema menos-, pero además, comparte una rivalidad con Buenos Aires. Este “orden” se mantuvo hasta prácticamente el fin de la URSS. Años, luego de su caída, este orden centenario comenzó a erosionarse: Argentina  debuta un lento pero progresivo proceso de decadencia política y económica. Se contrae hacia agudos problemas internos. Se resigna a buscar ejercer hegemonía sobre Sudamérica en favor de Brasil. El “orden geopolítico” sudamericano se agota y termina por eclipsar.

Hace ya un tiempo que el Palacio Pizarro peruano busca readaptarse a este “desorden” aparente. Hace años ya, pero sobre todo a partir de los gobiernos de Toledo y de García. Estos han comenzado lenta pero progresivamente a acercarse geopolíticamente hablando a Brasil. Un cambio mayor en su postura de "relaciones frías" con el gigante carioca. Al no poder contar con el apoyo esperado por Argentina  -y habiendo conocido actitudes poco amistosas de dichos gobiernos hacia el “aliado peruano”-, Brasil debería llenar dicho vacío. Si Perú antes pretendía disputar con Chile y a Chile el Pacífico Sur –bajo la forma del “Estado plataforma” para la proyección de Sudamérica  a Asia-, además de Bolivia, hoy ha decidido atraer a Brasil y por que no a Ecuador. Los hechos, la retorica y la estrategia peruana van en ese sentido.

Los intereses brasileños regionales no son de naturaleza “cooperativos”, sino que marcadamente hegemónicos. Para algunos, Brasil ha dejado caer su alianza natural con Chile y apuesta a una nueva, la peruana. El escenario con Ecuador debe ser observado con atención. 

La cancillería chilena debería comenzar a re-evaluar seriamente los cambios y las transformaciones geopolíticas que han ocurrido en la regional y que hoy, en estos mismos momentos, están transformando los equilibrios de poder y de influencia en la región. Hace tiempo que los EE.UU nos alientan a adoptar otras posturas, la de asumir un rol protagónico, contamos con su venía. Parece el momento de aceptarla. Parece ser el momento de dejar de solo observar los cambios, ser parte de ellos e incluso intervenir en sus resultados y consecuencias.  Lima, está creando un escenario geopolítico a su medida. Chile, solo sigue reaccionando. Preocupante.

Perú y Chile: Transmisión generacional de traumas

Posted on May 05, 2011 by Cristian Leyton Salas

¿Cómo solucionar la cuestión peruana?, Entendiendo el concepto de “Cuestión peruana” como aquella predisposición permanente del conjunto del sistema político peruano en orden a instrumentalizar  y utilizar de manera sistemática la imagen de Chile a fin de generar una cohesión  social, política y cultural interna.

Se trata de una “cuestión” por cuanto, con el tiempo y a través de la historia reciente, dicha predisposición se ha erigido en una Política de Estado, con estrategias de corto, mediano y largo plazo, asociadas a un desborde hacia el conjunto de la población. Una característica es que dicha postura es cíclica. En otras palabras, si bien es permanente, el hostigamiento conoce fases de mayor o de menor presión, no obstante que ésta nunca decae, solo cambia de naturaleza. 

Hoy apreciamos y observamos los frenéticos movimientos diplomáticos de la Cancillería peruana. Con una retórica inflamada con aires victoriosos, se nos quiere descolocar ante los resultados de las gestiones peruanas con Quito. En el trasfondo de dicho “entendimiento” queda clara la postura defendida por La Moneda en cuanto al valor fronterizo del paralelo, pero sobre todo en función de la naturaleza jurídica de los Tratados de 1952 y 1954. En cuanto a la aplicación de dichos instrumentos delimitantes en relación  de las “islas adyacentes”, queda claro que el principio se aplica el paralelo para "cortar" el mar territorial proyectado por esos territorios. La soberanía del país, representada por esas islas próximas a la frontera marítima, no puede extenderse ni proyectarse más allá del paralelo que establece e indica la “frontera marítima” entre dos países.

No obstante lo anterior, lo más relevante está en el fenómeno de hostilización permanente que observamos desde Lima hacia Santiago. Tanto así que me recuerda un concepto utilizado en los estudios psicopoliticos como es el de “transmisión transgeneracional de traumas”. Este término nos describe el proceso que viven algunas sociedades expuestas a traumas sociales e históricos severos en el transcurso de su vida en comunidad. La idea es identificar de qué manera ciertos liderazgos instrumentalizan dichos “Traumas elegidos”, y porqu razón eligen solo algunos y no todos. La “transmisión transgeneracional” implica que ciertos eventos generan efectos emocionales de impresión negativa y duradera.  Según este mismo enfoque, dichos eventos traumáticos poseen características que les son únicas: Un sentimiento conjunto de humillación, indefensa, vergüenza y deshumanización. El Perú, su sociedad y clase política, evidenciaron tales sentimientos en la fase posterior al conflicto del Pacífico.

Otra característica de este fenómeno, absorbido plenamente por la sociedad peruana y su sistema político en respuesta a la Guerra de 1879 y sus consecuencias, consientes o inconscientes, es la transmisión de una generación a otra la representación del “enemigo chileno”.

Una generación deposita en la otra los traumas no evidenciados por la última a fin que sea ésta la que a su vez transmita imágenes deshumanizadas del “otro”. La próxima generación tiene la tarea inconclusa de “limpiar” el “honor  vapuleado”, revalorizar el orgullo lesionado  o reintegrar el espacio físico perdido.

El caso peruano es uno de naturaleza y alcance psicopolítico. Los efectos traumáticos en la sociedad peruana aún están frescos en su memoria histórica, pero lo más complejo de todo es que el sistema político limeño se alimenta de éste.

Chile pudiere ante La Haya ver modificado el status quo territorial. El desprendimiento de un espacio territorial a favor de Perú no debilitará ni terminará con el trauma psicopolítico peruano, la entrega de una fracción diminuta de territorio –que antes les pertenecía a ellos mismos- no modificará un ápice el proceso de transmisión transgeneracional del trauma que Perú vivió a manos de Chile. 

El Perú necesita una victoria moral sobre Chile. Lo ha intentado en el plano económico estos últimos años, sin un verdadero éxito, en especial a partir del momento en que la clase política peruana sigue el “modelo de expansión económica chilena” y son, justamente, capitales nacionales los que son los más visibles en dicho país. Si la disuasión basta para mantener la paz, no nos entregará nunca la amistad del Perú. La pregunta que subyace es si debemos buscarla o simplemente aprender las lecciones pasadas y utilizar la astucia o la fuerza -como diría Nicolas de Maquiavelo- para contener su animosidad hacia nuestro país.

Humala: El Lobo con piel de Oveja.

Posted on April 25, 2011 by Cristian Leyton Salas

                  
La reciente encuesta de opinión, en Perú, que da por ganador a Ollanta Humala con un 42% por sobre la aspirante Keiko Fujimori, no hace sino que cristalizar lo que ya todos sabemos: el 06 de junio de este año, el Perú tendrá un Presidente nacionalista, con un régimen político calcado del chavista venezolano.


En la premura por asegurar los votos que le faltan para obtener la mayoría relativa o absoluta, Humala “centró” sus ofrecimientos, haciéndolos digeribles para el segmento más liberal limeño. Destaquemos que es en Lima donde el ballotage se jugará sus últimas cartas.


La respuesta a esta serie de ofertones electoralistas se hizo eco en la figura del destacado intelectual Vargas Llosa. De la noche a la mañana, Ollanta Humala, se transformó en el “Lula” peruano. Impacta el proceso de limpieza ideológico al cual ha estado sometida la figura del líder nacionalista, haciendo caso omiso al marcado acento chavista del Programa Político del candidato etnocacerista. En cuestión de días, y bajo la insistente presión de la Bolsa de Comercio peruana, Ollanta ha tenido que guardar su Programa de Gobierno bajo  siete llaves. La idea es clara: mostrarse como un candidato moderado que no buscará la reelección, que no implementara una reforma a la Constitucion peruana, que buscará “mejorar sustancialmente” sus relaciones con Chile, que mantendrá el sistema liberal de mercado y el modelo de crecimiento económico peruano, en fin, Ollanta ha tenido que vaciar y anular, literalmente, todo el contenido “nacionalista” de su candidatura. Esta transformación tiene mucho de populista, aquello que se reniega a la candidata fujimorista.


No obstante lo anterior, sabemos, por experiencia histórica -el caso de Hugo Chavez, por ejemplo-, que una vez en el poder deberá sacar del cajón su Programa de Gobierno y tirarlo sobre el escritorio de su oficina en el Palacio Pizarro. Es ese programa el que le da el sustento al 31% de apoyo que recibió en la primera vuelta. Y será en función de los principales alineamientos de ese programa que deberá gobernar.


Ollanata es un líder nacionalista, de corte antichileno, profundamente militarista y decididamente anticapitalista. Humala constituye claramente una amenaza real y efectiva para la seguridad de Chile. Su naturaleza nacional-populista le llevará, sin lugar a dudas, a afianzar sus respaldos en las clases sociales pobres peruanas, pero también en las filas de sus FF.AA. Por su naturaleza sociopolitica, no entrará en conflicto con la Iglesia, por lo que solo deberá lidiar con los sectores neoliberales minoritarios en el país. Su agenda socializante le permitirá mantener buenas relaciones con el sector toledista, y una entente cordiale con el de Kucsinsky.


Humala, al igual que su antecesor Toledo y luego García, buscará seguir "compitiendo" con Chile. Esta vez no se tratará de disputar su preeminencia comercial en la Costa del Pacífico, sino que la primacía de esa alianza informal con Brasil. Ollanta, buscará modificar su posicionamiento geopolítico sudamericano y reconstruir sus relaciones de “hermandad histórica” con Bolivia. Para Chile, el escenario de un Perú gobernado por el líder nacionalista, debe ser observado con cuidado. Ollanta deberá administrar la derrota o la “victoria” de La Haya. Ante la derrota, la presión por el desconocimiento será extremadamente fuerte. La búsqueda del “culpable” interno, podría transformar el escenario político limeño generando un proceso creciente de deslegitimación de la clase politica tradicional peruana, afirmando con ello, el liderazgo del candidato nacionalista.  Ante una “victoria”, el apetito revanchista podría expandirse. Ante dicho escenario, los "intereses económicos chilenos" en tierra del norte, podrían ser "secuestrados" bajó una lógica de hostilización comercial, arrastrando a Chile a posicionarse ante tal fenómeno.


Chile debe mantener el camino del reforzamiento constante de sus capacidades de disuasión militar, y acrecentar aquellos de naturaleza políticos. La disputa con Perú, con ese Perú nacionalista, deberá estar centrada en la proyección de lazos diplomáticos y de regeneración del tejido de alianzas políticas oficiosas con países que son centrales para nuestra seguridad, como son Ecuador, Brasil y Argentina. 

Chile, y su diplomacia, están siendo llamados a ser más activos en el área vecinal, y proactivos en el regional.  No nos dejemos cegar, Ollanta, es un lobo con piel de oveja. Y llega, al Palacio Pizarro, con un gran apetito político.

Ollanta Humala y Nacionalismo Peruano

Posted on April 09, 2011 by Cristian Leyton Salas

Sí, nuevamente Ollanta Humala, al igual que en la elecciones pasadas cuando fue elegido Alan García, emerge como el candidato outsider que nadie quiere pero que un número importante de peruanos votan, elección tras elección.

El líder político del Partido Nacionalista Peruano debutó en las encuestas muy abajo en las preferencias, pero hoy aparece en el primer lugar con un 21,2%.

Las mismas características se repiten una y otra vez en el sistema político limeño: 

1. Una alta volatilidad del voto lo que trae consigo una fragmentación de los candidatos que comparten matrices ideológicas y sociopolíticas similares. Aquí se aprecia el peso de la historia política limeña en el sentido que se reproduce el viejo sistema caudillista, esta vez con Partidos políticos que tienden a representar  diferentes grupos de interés.

2. Una estructura política cruzada verticalmente por un nacionalismo político que genera un núcleo organizado en torno a este cuerpo de ideas (el Partido Nacionalista de Humala) y otro más liberal (todo el resto) , pero que debe incluir en su estructura características de corte nacionalistas a fin de atraer al elector peruano a sus propuestas.

3. Una sociedad peruana atraída por un nacionalismo de corte populista. A diferencia de la sociedad chilena en donde la retorica nacionalista negativa está ausente, tanto ideológica  como desde el punto de vista partidista, en Perú existe una “clientela” que se alimenta, políticamente hablando, de este nacionalismo inspirado del siglo XIX y de la primera parte del siglo XX.

Un minucioso análisis del proyecto político humalista deja claro que éste documento está dirigido, en forma particular, hacia las problemáticas domesticas, explotando al “enemigo interno”. No  dejó  mucho espacio para explicitar su proyecto en Política Exterior o de Defensa. No obstante ello, Humala señaló querer “comprar” Arica y querer “poner un alto a los capitales chilenos en Perú”. La idea de “peruanizar” el norte chileno vino de la mano de la intención echa explicita de “recuperar”  territorios perdidos. En términos generales, el líder nacionalista replica en palabras más directas y claras lo que toda la clase política peruana piensa y estimula de manera más coloquial y diplomática. 

Resulta interesante constatar que en momentos en que Humala vociferaba en Tacna las ideas y conceptos precedentes, su popularidad rozaba el 11%, un mes después su popularidad alcanzó el 21%: el nacional-populismo en su máxima expresión.

¿Representa Humala una amenaza para Chile en el caso de ser elegido? Ciertamente. Al igual que Evo Morales, esta clase de políticos necesitan generar factores y actores de cohesión interna. El principal riesgo está asociado a las relaciones especiales que existe entre el liderazgo de Ollanta y parte de la estructura militar peruana. El segundo está dado por la necesidad instrumental que tendría un gobierno nacionalista en alinear a parte importante del sector nacionalista-liberal peruano en torno a su imagen y proyecto. En este caso, la amenaza transita desde lo potencial a lo real.

No obstante el escenario anterior, la sumatoria de votos proyectados de los sectores liberales en una Segunda Vuelta debería impedir la ascensión del líder en cuestión a la primera magistratura.

Más allá de ello, resulta relevante el constatar que la matriz nacional-populista en Perú forma parte de la estructura misma del sistema político limeño. Para Chile, un liderazgo de obediencia ideológica nacional-populista de izquierda junto a otro de corte “indigenista” en Bolivia tenderá a regenerar el tejido político de “hermandad histórica” entre Bolivia y Perú. He aquí la otra amenaza para la estabilidad de las relaciones vecinales.

Ley del Cobre y Supremacia Militar

Posted on March 02, 2011 by Cristian Leyton Salas

El debate y la discusión en torno a la derogación y reemplazo de la Ley del Cobre omiten principios centrales que escapan a aspectos meramente economicistas o administrativos.

Se olvidan, tal vez, que la Ley en cuestión debe garantizar un aspecto básico pero fundamental: la modernización constante y permanente de las FF.AA. , en particular su misión fundamental que es generar medios de defensa, y proyectar la credibilidad de la amenaza. 

Se olvida, también, que la Ley del Cobre ha formado parte intrínseca de la disuasión ejercida hacia el espacio vecinal, y que, de manera directa, ha logrado imponer, mantener y proyectar un clima de paz vecinal. Por ello, el nuevo cuerpo legal debe emanar de un consenso general que cristalice una voluntad política unánime de todo el cuerpo político y social en torno a la necesidad de mantener medios militares altamente preparados para proyectar la fuerza allí donde se necesite.

La derogación de la Ley del Cobre debe permitir, en función de lo precedente, generar un sistema de financiamiento capaz de adaptarse a la evolución de las amenazas y riesgos. Este punto es central a cualquier  formula elegida. No solo se debe buscar  la mantención de niveles de disuasión creíbles, sino que alcanzar niveles que permitan extrapolar la diplomacia militar hacia los umbrales de la persuasión. Convertir las capacidades de los estamentos armados en verdaderos instrumentos al servicio de la diplomacia.

Esta nueva formulación debe venir acompañada de una modernización de la evaluación de los riesgos y fuentes de amenaza vecinales y regionales. En otras palabras debe ser capaz de dotarse de mecanismos que le permitan adaptarse a transformaciones del entorno, pero sobre todo debe ser altamente prospectiva. Los medios de defensa que se adquieran deben prever aquellos “eventos de baja probabilidad de ocurrencia, de alto impacto y que suceden de manera imprevista”, o lo que podemos identificar como Sorpresas Estratégicas. Se debe, en este sentido, administrar la preeminencia actual, sin que ello genere efectos contrarios o perniciosos en el ámbito de lo político-estratégico. Es así como las ideas según las cuales Chile no posee pretensiones territoriales, no constituye una potencia hegemónica y se arma para la legitima defensa deben ser potenciados por la diplomacia, en especial mediante la instauración y la expansión del mecanismo de homologación de gastos en Defensa. 

En el sentido anterior, este nuevo sistema de financiamiento debe ser capaz de interpretar anticipativamente las tendencias en cuanto a la evolución de las percepciones de amenaza de las entidades vecinales, en especial en aquellas que identifican a Chile como una fuente de riesgo para su propia seguridad. Se deben administrar el “peor escenario”, pero no en relación a lo meramente posible sino que a lo probable

En último termino, las capacidades de defensa chilenas deben integrar en su formulación final el principio según el cual Chile debe mantener una superioridad cualitativa permanente sobre el resto de entidades con las cuales se han mantenido hipótesis de conflictos y se proyecta su continuación. Para ello, Chile, su diplomacia y la clase política debe aceptar, con humildad y de manera lenta pero progresiva el rol de liderazgo que la ultima superpotencia nos ofrece. El realismo político lo impone. 

Finalmente, la Defensa no debe nunca estar supeditada a los diktats de una tecnocracia económisista. De lo que sí debe cuidarse es de no caer presa del dilema del “cañón o la mantequilla”. Con una correcta y seria planificación y desarrollo se pueden adquirir ambos.