Cristian Leyton Salas

Relaciones Regionales

 

Pacto de No Agresión

Sep. 17 , 2009

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El 24 de agosto de 1939, el Tercer Reich Alemán firma con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas el ya famoso Pacto de No Agresión Molotov-Ribbentrop. El pacto comprendía la división de ciertos espacios europeos en “zonas de influencias”, neutralidad si uno de ambos era atacado, inhabilitarse en caso de alianzas dirigidas hacia cualquiera de ellos, además de protocolos secretos.


Esa Europa estaba gobernada por la fuerza, la guerra misma no había sido puesta fuera de la ley internacional, como ocurre después de 1945. Todo lo contrario, la guerra era un medio legítimo para resolver disputas. La disuasión no primaba como medio para neutralizar apetitos territoriales, solo la neutralización de la fuerza por medio del uso directo y generalizado de ésta misma lograba este objetivo. Solo la guerra, el conflicto militar permanente.


El Pacto de No Agresión sovieto-nazi, tenía una razón de ser clara: ambos países se temían, pero sobretodo, utilizaron dicho pacto desde una óptica estratégica, ganando tiempo para prepararse de mejor manera para una conflagración generalizada. La fuerza militar se adquiría no para hacer creíble su utilización y así no tener que servirse de ella, todo lo contrario, para dominar, conquistar y anexar. La paz se adquiría por medio de un armisticio permanente en espera que en los años a venir se retomara el combate. La guerra era inminente. Un medio de resolución de disputas internacionales que primaba por sobre cualquier otro.


Los pactos de no agresión anulan el valor de la disuasión y se cae en una forma particular de idealismo. Un papel firmado no estimula la paz, sino que actos y actitudes altamente responsables que pongan un fin a escaladas de cuestionamientos territoriales incesantes tal y como fue el caso de la cristalización definitiva de las fronteras de Europa Occidental entre la Alemania reunificada y Polonia.  En 1990, Alemania reconocía la línea Oder-Neisse como su frontera definitiva con Polonia. Alemania dejaba de ser un Estado revanchista y optaba por el status quo definitivo. Ningún pacto de no agresión era necesario con Polonia. Un solo gesto de conformidad territorial bastó, junto a una integración a la OTAN y sus principios.


Un Pacto de No Agresión implica la existencia de intereses de potencia. Dos potencias identificándose como adversarias políticas, económicas y/o militares deciden congelar la hostilidad que les opone para reconfigurar un espacio geopolítico y geoestratégico de acuerdo a intereses de expansión ideológicas. Luego, enfrentarse directamente y buscar la hegemonía por la fuerza.  

 
Sudamérica atraviesa por una fase de restructuración de los equilibrios estratégicos. No podemos negarlo. Nuevas potencias están surgiendo, otras reclaman ese estatus dormido, mientras otras esperan fin a de dotarse de medios que les permitan influenciar el sistema regional de poder. Lejos estamos de encontrarnos en un estado prebélico a nivel regional. Los procesos de modernizaciones militares de algunos países sudamericanos responden esencialmente a una lógica defensiva, tal es el caso de Chile y Venezuela, el caso brasileño responde, sobre todo, a una búsqueda por un liderazgo cooperativo no solo regional sino que mundial también. Ninguno de ellos, tampoco pareciera ser el caso chavista, buscan utilizar la modernización militar a fin de expansión territorial, de conquista y anexión.  


La disuasión gobierna las relaciones regionales. Una disuasión que debe reforzarse constantemente como resultado de Estados que han adoptado una política de constante cuestionamiento de los estatus quo territoriales, otros que han adoptado estrategias de “ataques preventivos”, otros que generan aprensiones en función de ideologías “expansionistas”, finalmente otros que buscan incrementar sus estatus políticos regionales y mundiales.


Para la disuasión, los pactos de no agresión debilitan la credibilidad de la amenaza, pudiendo generar el efecto contrario.


El Gobierno peruano necesita hoy impedir que la brecha en cuanto a modernización bélica no siga creciendo, no solo en función de Chile, sino que también de Brasil, quién fue hasta hace una década una de las principales fuentes de amenaza directa, pero también Venezuela, por el efecto ideológico que su margen de maniobra militar puede darle en función de su influencia sobre Bolivia.


No es necesario un pacto que inhiba una  agresión cuando un Estado, como Chile, no posee intenciones de expansión territorial, cuando no tiene planes de proyección de un poder hegemónico ni menos exportar su modelo de desarrollo.


Chávez y sus "cohéticos"

Sep. 15 , 2009

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El anuncio de la adquisición de un avanzado sistema de misiles tierra-aire ruso, el  S-300 Smersh (Torbellino) no ha generado reacciones oficiales por parte de los países de la región. Al menos éstas no son oficiales.



Este sistema antiaéreo ya es ampliamente conocido por los principales medios especializados en materias de defensa y seguridad y aparece habitualmente analizado por analistas israelíes y estadounidenses. La posibilidad que Irán adquiera el S-300 ha impulsado a Israel a indicar que su adquisición por Teherán constituye una ”línea  roja” y casi un casus belli. La razón es simple: las características técnicas y operacionales del sistema en cuestión constituyen un obstáculo casi invulnerable para las fuerzas aéreas convencionales. La política israelí frente a esta posibilidad ha sido variada: desde presiones diplomáticas veladas sobre Rusia, pasando por la adquisición de sistemas aéreos furtivos, para finalizar con la amenaza de desarrollar un sistema que lo neutralice, punto que, para los rusos, no es comercialmente aceptable.


El Smersh posee la capacidad de detectar hasta seis objetivos en forma simultánea y sobretodo, limitar al máximo las tácticas de vuelo rasante que permiten, a potencias pequeñas, neutralizar los sistemas de radares antiaéreos adversos.



Al final del camino, la incorporación de este sistema de arma a los arsenales sudamericanos constituye un hito por cuanto se  introduce una capacidad bélica, defensiva en principio, pero que utilizada al interior de una estrategia de proyección de fuerza, puede constituirse en un arma ofensiva. Lo precedente tiene el potencial de producir un verdadero movimiento telúrico en los equilibrios de fuerza en el espacio norte de Sudamérica.



Los “cohéticos”, a los cuales hace referencia Hugo Chávez, importan desde Rusia un nuevo estimulo político-militar, no para adquirir más armamento, sino que absorber sistemas de armas muchos más avanzados, en particular sistemas que incluyen capacidades misilisticas que ponen en jaque un orden basado en la disuasión "defensiva". 



Hemos esperar que de concretarse ésta operación, en donde se plantea que Moscú ya acordó un préstamo de 2 mil millones de dólares a Venezuela, el efecto dominó de adquisiciones y contra-adquisiciones no termine por desatar una verdadera  carrera armamentista regional. Colombia reaccionará, a lo que podría seguir Ecuador frente a la reacción de Uribe, y así, hasta englobar al conjunto de la región en un efecto cíclico de adquisición de sistemas de armas multiroles.



Transparentar la naturaleza de los sistemas de armas no disminuye las percepciones de amenaza y riesgos de los países de la región, sí las razones que estimulan de tales procesos de modernizaciones bélicos. El “porqué y para qué” de estos procesos de absorción de armamentos es vital si no se quiere generar un clima de inestabilidad política en la región.


El cuestionamiento de límites fronterizos o de espacios territoriales, asi como políticas  de expansión de modelos ideologicos, claramente ayudan a responder a las preguntas anteriores.



En la próxima reunión del Consejo de Defensa Sudamericano, en Quito, Ecuador, ya han urgido voces desde Lima en cuanto a que se exigirá a Chile “transparentar” sus procesos de adquisición. Chile ya lo ha hecho y de manera clara y contundente: al no poseer exigencias territoriales, está reforzando su disuasión.  Brasil también: defender sus recursos naturales y su plataforma petrolífera. Venezuela ha hecho lo suyo: defender la revolución del “imperialismo yanqui”.



Los “cohéticos” venezolanos, deben llamarnos  a reflexionar sobre las “líneas rojas” que no deben cruzarse en la introducción en nuestro espacio Sudamericano de determinados sistemas de armas, que  por sus naturalezas técnicas y operacionales pueden desestabilizar los equilibrios militares y político-estratégicos.   



La demanda peruana en orden a “transparentar” las inversiones en defensa si bien responden a un fenómeno real y generalizado en la región y que emana de un país cuyas condiciones políticas y económicas no le permiten, hoy, imitar a sus vecinos chilenos, brasileños y venezolanos, puede abrir la puerta a una amplia y profunda discusión en torno a los limites que deben ser introducidos a fin de preservar finalmente la paz en la región.



Transparentando Adquisiciones Militares: Entre Brasilia y Santiago.

Sep. 10 , 2009

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Brasil está embarcado en un amplio y profundo proceso de modernización de sus capacidades militares. El Plan Estratégico de Defensa ya fue lanzado con pompas y platillos. La visita del mandatario galo es prueba de ello.

 Brasil ha sido claro en señalar las razones primarias que le impulsan a invertir un monto cercano a los 14 mil millones de dólares hasta el año 2021: la protección de sus recursos naturales, pero en forma general hablan de “proteger su territorio” y las nuevas fuentes de poder que éste encierra, como es la Amazonía, sus cuencas hidrográficas y la plataforma marítima brasileña rica en oro negro. Esta es la versión oficial. Sabemos que detrás de ello se esconden aspiraciones de potencia, lo que parece ser natural a un país que una vez se autoproclamó un “imperio” y que hasta hace una década y media  atrás competía con Argentina para ejercer un dominio sobre toda la región.


Hoy Brasilia inauguró oficialmente lo que debería ser un aspecto central en su carrera por constituirse en una superpotencia mundial, y en particular sudamericana. Existe un cuestionamiento en “voz baja” sobre las reales intenciones brasileñas, nadie en el espacio sudamericano critica abiertamente este proceso, salvo Paraguay con quien Brasilia ha mantenido estos últimos años fricciones políticas. El resto observa y calla. En Argentina las críticas veladas desde su Comunidad de Defensa siguen. Preguntándose cuando será el turno de sus propias fuerzas armadas, haciendo hincapié en los procesos de modernizaciones chilenos y brasileños. 


Simultáneamente a esta noticia brasileña, en Chile se da inicio al proceso de desmantelamiento de la llamada Ley del Cobre que garantizaba un canon del 10% de las ventas del metal rojo para las FF.AA. La idea que subyacía era garantizar flujos permanentes de recursos hacia el repotenciamiento de las capacidades disuasivas chilenas. Materializar el  “nunca más disuasivo”


Asociado a la información anterior, ampliamente divulgada, se conoce la pronta aparición del tercer Libro Blanco de la Defensa: Chile transparenta sus intenciones y capacidades, junto con establecer reiterativamente que no posee reivindicaciones territoriales con ningún país vecinal.

 
En ambos casos, en el de Brasil y en el de Chile, los procesos de modernización de sus capacidades bélicas son cualitativamente relevantes. La defensa de “nuevos intereses” y de “nuevos estatus” impone aggiornar dichas capacidades de intervención cooperativa con otros Estados, pero también cristalizar las capacidades de reacción y acción frente a entidades políticas estatales sobre quiénes la credibilidad de la amenaza es la única forma de evitar lo impensable.


Brasil, como dijimos, “transparenta” sus objetivos políticos detrás de esta restructuración de su fuerza. Chile tiene la debilidad de no ser claro en este aspecto, lo que conlleva a, por ejemplo, una oleada de críticas instrumentales desde Perú. Desde Lima se señala que "no están claras" las razones que explican este proceso de adquisiciones, no obstante que frente a posturas reivindicacionistas limítrofes, a la inestabilidad orgánica de ciertos Estados vecinales, a la presencia de actores subnacionales que generan efectos dominós en cuanto a procesos de adquisiciones de sistemas de armas y la presencia de fuerzas ideológicas expansionistas y de naturaleza totalitarias, poco que da por justificar el proceso en cuestión.

Un aspecto central, de esta problemática, radica en dotarse de una seguridad relativa que permita fortalecer la credibilidad de la amenaza y por ende la disuasión, no obstante que ésta sea una de tipo ofensiva. Eso es lo que hace Chile. Se trata de una estrategia de potenciación limitada. Chile no busca, como Brasil, proyectar una capacidad de potencia a nivel regional ni menos aún mundial.

Ahora, y dados los cuestionamientos peruanos de esta medida, tantas veces exigidas, el Gobierno chileno "tira la pelota" hacia el campo peruano. Son ellos los que deberán debutar un proceso de transparencia de sus propias capacidades, pero sobre todo de sus intenciones políticas. La resucitación del Sendero Luminoso, de ser efectiva, les permitirá, en parte, explicar su propio proceso, pero con una credibilidad limitada.


Chávez: Importando rivalidades a Sudamérica.

Sep. 07 , 2009

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La vulnerabilidad política  de la región no es una sorpresa para nadie.  Desde nuestra fundación como entidad plurinacional separada de la Península española, Sudamérica ha conocido fases de penetración política de fuerzas extraregionales.


Tal fue el caso de lo que denomino una “importación de rivalidades” de los poderes coloniales españoles y portugueses.  De allí, las luchas por supremacías de Brasil y de Buenos Aires (luego Argentina), hecho que conllevo a toda la región a acelerar el proceso de balcanización. Luego, será el caso de la conversión de toda América latina en un campo de batalla ideológico y politico por parte de la URSS y de los EE.UU. Cuba, Nicaragua, en algún momento Perú, Salvador entre otros, versus el resto de regímenes militares de tendencias derechistas o nacionalistas. América del Sur dividida por fuerzas extraregionales que veían en dicho espacio un lugar de resolución indirecta de sus disputas ideológicas globales.


Hoy, luego que la Guerra fría global terminó, vemos que otros tipos de “guerras frías” están gestándose. De menor intensidad, con un uso sistemático de medios e instrumentos de inteligencia, pero que implican rivalidades de entidades que se encuentran fuera de sus espacios o zonas de influencias geopolíticas, o al menos se pensaba esto.


Hugo Chávez, en su lógica por no permitir un encierro geoestratégico o una “asfixia política” por parte de los EE.UU., y sus aliados, ha incrementado su política de generar acuerdos, alianzas y partenariados con entidades que podrían materializar ese mundo multipolar al cual el espira. En dicho proceso, Chávez, ha dejado la puerta abierta a entidades estatales que desafían el orden mundial occidental, pero que sobre todo, buscan, como su régimen, escapar del aislamiento. Para ello, generan alianzas a fin de crear solidaridades utilitarias. Tal es el caso de la República islámica de Irán.


Hoy el mandatario  venezolano al generar una asociación especial con el régimen de Teherán, no solo deja ingresar a los ayatolás sino que también acelera y refuerza la presencia de actores estatales no visibles, como son los aparatos de inteligencia de países con los cuales Irán mantiene relaciones de rivalidad, como es Israel.


Luego de los ataques a las sedes israelitas en Argentina, la naturaleza de la presencia iraní en la región está adquiriendo nuevos bríos. Se aprecia que Teherán se ha dotado de una verdadera política latinoamericana, con  la implantación de una “cabeza de puente” firmemente establecida en Caracas. A lo anterior se suman la implantación en otros países del ALBA, Ecuador, El Salvador y Bolivia.
Diversos estímulos pueden alimentar la presencia de Irán en la región, como es generar focos de tensión diplomáticas para los EE.UU,. en la zona, atraer potenciales aliados en la ONU hacia su causa nuclear, por ejemplo; , romper la lógica del containement que pesa sobre su régimen, mostrar capacidades de expansión del régimen hacia espacios extraregionales o establecer núcleos de planificación y operativos de células del Hezbollá en la región.


De una cosa si estamos seguros, la diplomacia israelí en Centro y Sudamérica está mediática  y políticamente activa.
No olvidemos que el Presidente iraní Mahmud Ahmadineyad ya negó el Holocausto, apoya la organización libanesa Hezbollá y señaló que el Estado israelí no tiene derecho a existir. Asociemos a ello, el diferendo que existe con el desarrollo de un potencial militar nuclear por parte del régimen de Teherán, prohibitivo para el Estado hebreo.


La importación de una rivalidad del Medio Oriente a Sudamérica, viene emparejada con atisbos de una importación de una guerra fría entre Irán e Israel. Conflicto “frío” que se desarrolla en un espacio que ya fue objeto de actos terroristas sobre intereses judíos, como fueron el caso de la AMIA y de la embajada israelí en Argentina. Un conflicto invisible a nuestros ojos, pero que se lucha en forma descarnada.


Hugo Chavéz abrió la puerta, hoy también abre la ventana. La prueba de fuego estará dada por la resolución definitiva de la problemática nuclear iraní, a saber si ésta se resolverá por la vía diplomática entre la ONU e Irán o si Israel decidirá  lamentablemente  que ya no puede esperar más y que debe manu militari impedir la nuclearización del país de los ayatolás. En este caso, la "alianza" entre Irán y los países latinoamericanos se pondrá a prueba. Mientras tanto, la "guerra fría" silenciosa en sudamérica entre Irán e israel continua.


Perú-Bolivia: ¿Una rivalidad cultural desatada?

Sep. 04 , 2009

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El Instituto Nacional de Cultura (INC) y otras personalidades e instituciones de Perú rechazaron la idea de Bolivia de inscribir ante la UNESCO al Ekeko, una deidad popular, como un patrimonio cultural que sería, según La Paz, exclusivo de Bolivia. Por el contrario, y de acuerdo a la postura peruana, el Ekeko  sería una expresión propia a toda "la zona del Altiplano, no (pertenece) a una delimitación política contemporánea" específica. No sería peruana, boliviana ni chilena, sino que andina.



Antes fue el turno de La Diablada, danza religiosa, católica y de imágenes, practicada en regiones andinas tanto de Perú, Bolivia como de Chile. Un enfrentamiento entre los antiguos Alto y Bajo Perú en torno a productos culturales está tomando forma. Chile, si bien posee intereses culturales en dicho intercambio, decide permanecer como mero espectador. Una pugna peruano-boliviana que denota un trasfondo étnico pero sobre todo político y que no deja de sorprender por su acelerado y sistemático desarrollo.



Bolivia está identificando a Perú y su Gobierno como fuente de animosidad, una animosidad utilitaria y servil a intereses político-electorales, papel que antes desempeñaba Chile, pero que hoy, con el acuerdo entre Evo Morales y las autoridades de Potosí que aceptan los resultados de la negociación por el pago escalonado de las aguas del Silala, demuestran que Chile está dejando de ocupar el sitial de animosidad histórica pasada. Bolivia aisló e identificó “un nuevo factor” de cohesión nacional: Perú.



Queda claro que el indigenismo de Morales posee altos grados de nacionalismo, un nacionalismo indigenista altamente activista y que no duda en caer en aparentes contradicciones. En este sentido, el fiscal de turismo de la región peruana de Puno, Alejandro Tapia, anunció que denunciará al presidente de Bolivia, Evo Morales, por cuanto plantearía una "política de disgregación" de la cultura aimará al reclamar el origen boliviano del dios "Ekeko".



En efecto, mientras Evo plantea una lógica panindigenista, por otro lado señala el carácter específico de ciertas actividades y prácticas religiosas. Pero es solo una “aparente” contradicción. Hoy la prioridad está en el proceso electoral que se avecina en dicho país. Relegitimarse en el poder es fundamental para Evo, por cuanto el proceso de refundación aún sigue inacabado, necesita de su presencia y de aquella del MAS para cristalizarse. Una vez logrado dicho objetivo, una vez reelegido por un período más, Evo Morales podrá, con toda la legitimidad que le confiere una mayoría indígena boliviana, altamente concientizada de sus derechos políticos, civiles, económicos y culturales,  observar y participar, indirectamente, en el proceso electoral peruano del año 2011. 



Mientras Alán García busca fragmentar el voto indigenista en Bolivia, Evo busca concentrarlo.


Ambos están poniendo en práctica estrategias intervencionistas y de una injerencia velada.  Perú en Bolivia, Bolivia en Perú. Un emergente sentimiento de rivalidad que queda más claro aún y que irá in crescendo dados los períodos pre electorales que ambos paises  experimentaran  en los meses a venir. Antes ,fue el turno de Evo Morales quien por medio de un mensaje leido ante 5 mil personas, llamó a los pueblos a "luchar por su segunda y definitiva independencia". Hoy lo hace Alán al alimentar la idea del Puerto de Ilo como la salida "natural" de Bolivia al mar estimulando, con ello, a la Oposición de derecha paceña.



Una “guerra fría”, de carácter político y cultural tiene lugar entre los dos ex amigos hereditarios. Mientras tanto Chile observa.



Alan García, "juega con fuego boliviano"

Sep. 01 , 2009

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Ante los
reclamos del mandatario Alan García, señalemos que el Protocolo
Complementario del Tratado de 1929 que sella la absorción por parte de
Chile de Arica, señala en su artículo 1 que, “Los Gobiernos del Perú
y de Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una
tercera potencia la totalidad o parte de los territorios
que, en
conformidad al Tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas
soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir, a través de ellos,
nuevas líneas férreas internacionales”.

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"Injerencia Peruana y Disuasión "política" chilena"

Aug. 27 , 2009

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No debería sorprendernos la actitud y reacción del mandatario peruano, ni de su gobierno.

Ya lo hemos señalado hasta la saciedad: Chile constituye un “factor” de cohesión política interna peruana, pero también de todo el sistema político del Rimac. Ya lo señalamos también, la última encuesta de Ipsos establece claramente que un 68% de su población no cree en el modelo político ni económico de su gobierno, por lo que debe, ad portas la próxima elección, potenciar un nacionalismo negativo hacia Chile, y ahora, también hacia Bolivia. Nada nuevo en este ámbito.


Lo que sí es interesante constatar es la aceleración de la utilización sistemática de Chile como la válvula de ajuste del sistema político peruano, pero sobre todo, la actual concatenación de gestos inamistosos y, como diría el canciller Fernández, “provocativos” desde Lima hacia Chile.  
Hoy, Alán intenta “internacionalizar” la Agenda de 13 puntos entre Bolivia y Chile. Un gesto que “bolivianiza” su política vecinal hacia Chile y que denota una injerencia en los asuntos políticos exteriores chilenos. Tendencia que ha tendido a desbordar también hacia la política interior del país, en particular cuando emite una opinión de los candidatos presidenciales chilenos. Alán García intenta "salvar" su imagen interna, el fantasma de su pasada y desastrosa gestión le persigue.


Digámoslo, si bien es cierto, la disuasión político-estratégica o derechamente militar chilena ha sido exitosa frente a la postura revisionista y revanchista de algunos sectores peruanos a lo largo y ancho de la historia de ambos países, lo “disuasión política” ha sido un completo fracaso.


En efecto, el Estado chileno no ha logrado comunicar la credibilidad de una amenaza de carácter política o económica hacia la clase gobernante peruana. Alberto Fujimori comprendió que el aliado natural peruano era Chile y que la lógica de la “asfixia” hacia nuestro país no había sido exitosa, todo lo contrario había impulsado a Chile a buscar abrirse hacia el mundo, con el éxito económico ya conocido, generando una lógica de “regionalismo abierto” que impulsó finalmente a Chile a asociarse con Estados extracontinentales, hecho que ha permitido a Chile acercarse cada vez más rápido al desarrollo, en el plano económico y social, y hacia los estándares de la OTAN en el ámbito militar.
Desgraciadamente, el legado fujimorista de acercamiento lento pero progresivo hacia Chile no fructificó, todo lo contrario, fue seguido de una reacción de corte antichilena, electoralmente benéfica para la clase política peruana, pero que está aislando a ese país.

Por otro lado, se está dando una  tendencia particular de su canciller y del gobernante en cuestión  en orden a  sacar a la luz en forma indirecta ese  “vinculo de soberanía” que el Perú señala tener sobre Arica. Un sentimiento arraigado en el subconsciente peruano.


El protocolo en su artículo 1 señala, “Los Gobiernos del Perú y de Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad al Tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir, a través de ellos, nuevas líneas férreas internacionales”. Sí, efectivamente existe un vínculo de soberanía, por cuanto Chile no posee la capacidad de “ceder” un territorio “con soberanía” a un tercer país. Sin embargo, este vínculo es mutuo. Chile posee también un vínculo de soberanía sobre Tacna.

Más allá de lo coyuntural, la pregunta que subsiste es cómo generamos una “disuasión política” efectiva, enérgica y creíble hacia el Perú y su clase política.  ¿Cuál debe ser el precio político que debe pagar el Perú instrumentalizar a fines de política interna el “factor Chile”?


Sudamérica, entre Alan García y Hugo Chávez

Aug. 25 , 2009

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Dos noticias están acaparando la atención regional.

La primera, de alta relevancia por sus implicancias y efectos imprevisibles (conflicto diplomático entre Colombia y Venezuela), mientras que la otra, un volador de luces que tiene un solo objetivo: incrementar el apoyo interno  de aquel que ve, en las encuestas internas, una constante baja de popularidad (acusaciones de Perú hacia Chile y Bolivia).  


La noticia relevante está aconteciendo, hoy mismo, en la frontera norte de América del Sur. La visión expansionista y de proyección de poder ideológico de Hugo Chávez y su chavismo salió a la luz. Chávez señaló que, "…la burguesía colombiana no quiere que esta palabra mía llegue al pueblo, tiene miedo de que la palabra de Chávez sea oída por el pueblo de Colombia (...) Por eso nos satanizan tanto". Consideró, asimismo, que su homólogo Álvaro Uribe quería impedir que el "chavismo llegue a Colombia" y sugirió "hacer un plan" para corregir la imagen "satanizada" que se tiene de él en el país vecino. Para ello Chávez le ordenó a su ministra de Información, Blanca Eckhout, hacer "todo lo necesario" para que sus planteamientos se difundan en Colombia. Y para lograrlo propuso "utilizar a nuestros amigos y aliados en Colombia, que son muchos".  Chávez terminó su discurso con esta frase: "¡Pueblo colombiano, no caigas en la trampa, únete a nosotros para hacer la patria grande de Bolívar, la Gran Colombia!".

Un intervencionismo que Colombia ha señalado va a contrarrestar activamente y denunciar en la OEA. Un "lapsus" que traicionó a Chavez al llamar a modificar la estructura de poder subregional, dejando incluso presagiar una modificación de las fronteras y de la soberanía colombiana. Un escenario en donde Colombia es absorbida  territorialmente por una Venzuela que se considera la heredera de la idea bolivariana de una "nación única sudamericana".


Una suerte de “guerra fría” se está inaugurando en esta zona, todos los ingredientes para una escalada del conflicto están dándose con actores extra estatales y extra regionales que podrían llevarlos a lo impensable.  Hugo Chávez tiene dos frentes de batalla. Uno externo, pero también tiene abierto el interno. Seguir expandiendo su poder, llevando al límite el sistema democrático venezolano. Con acusaciones según la cual estaría instaurando una “dictadura en cámara lenta”, su imagen interna y externa está siendo sacudida en forma progresiva. El conflicto diplomático ya es ideológico. Cada uno está moviendo sus piezas, en un juego de ajedrez político-estratégico que puede encender pasiones y cegar la racionalidad de los actores.


En nuestro espacio vecinal, las declaraciones del mandatario Alan García aparecen "extrañamente" en momentos en que su apoyo electoral está siguiendo una curva descendente, con una desaprobación general del 68% según la última encuesta Ipsos. Toda la gestión del presidente peruano está cayendo al abismo ad portas del comienzo de un período electoral en donde Keiko Fujimori aparece primera en las encuestas.  De la misma forma, la credibilidad del mandatario fue lapidaria para su imagen pública: Mientras un 50% lo consideró mentiroso, otro 43% acusa corrupción en su gobierno y  un 74 desaprueba la gestión de todo su equipo de trabajo.


Es comprensible, políticamente hablando, la intervención de García. Instrumentalizar la problemática con Bolivia y de paso con Chile le permite desviar la atención de los problemas de popularidad que le afectan y que ponen en jaque su gestión.  Alan está consciente que la animosidad entre su gobierno y el de Evo está para quedarse por mucho tiempo, pudiendo incluso transformarse en estructural. La reelección del mandatario indigenista es casi un hecho. Nada perdía en cristalizar aún más la animosidad boliviana hacia Perú, todo lo contrario, genera un efecto dominó que, publicamente, refuerza su imagen interna, pero  que tiene un efecto perverso al aislar politicamente aún más al Perú. No hay que extrañarse de este comportamiento “regular y recurrente” de la clase política peruana: El “factor Chile”, recuérdenlo, forma parte del sistema político peruano. Ahora, se está agregando al este factor, el regimen boliviano.


La próxima reunión del UNASUR traerá sorpresas. Será todo un evento político regional. El más beneficiado con estas problemáticas es sin lugar a dudas Brasil. Su creación, su inspiración tiene un valor de uso claro y preciso: discutir los problemas que aquejan a la región de manera directa, sin intermediarios en el marco de un Consejo de Defensa Sudamericano otorga una legitimidad precisa a la potencia hegemónica benigna brasileña.



Autogobierno mapuche: "del Bío-Bío al sur"

Aug. 24 , 2009

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Comprender la lógica que ha alimentado en la conciencia de una pequeña pero altamente activa vanguardia política mapuche que hoy exige un autogobierno “del Bío-Bío al sur” implica exponer lo que los Gobiernos de la Concertación han denominado un “Nuevo Trato Indígena”. Documento trabajado por las sucesivas  administraciones oficialistas y que hoy duerme en el Congreso.



La idea de un “autogobierno” implica el reconocimiento de la especificidad indígena, es decir reconocerlos como una “nación” diferente a la “chilena”. Observemos la problemática detrás de este nuevo trato entre el Estado chileno y los mapuches.



En octubre del año 2003, la llamada Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato, encabezada por el ex mandatario Patricio Aylwin, hizo entrega de un informe final al entonces  Presidente de la República. La idea de esta comisión era evaluar el "trato" histórico del Estado a los pueblos indígenas en Chile.


Las principales conclusiones del que llamaremos “Nuevo Trato” se articulan en función de tres grandes principios:
a. Mejorar el nivel de reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas,
b. Profundizar las estrategias de Desarrollo con Identidad,
c. Ajustar la institucionalidad pública a la diversidad cultural del país.
Sobre el plano de los Derechos de los Pueblos Indígenas, las medidas, según el Nuevo Trato, deberían articularse en torno a dos principales medidas:
Un Reconocimiento Constitucional de los "pueblos indígenas",
- Una Profundización de sus Derechos.



En el ámbito del Reconocimiento Constitucional se establece que no obstante que los pueblos indígenas cuentan actualmente con un reconocimiento de derechos específicos por medio de la Ley Indígena así como de derechos universales a través de la Constitución Política y la legislación sectorial, el Gobierno estimaba esencial otorgar un reconocimiento de mayor jerarquía social y de un mayor valor sociopolítico a dicho segmento social.
Es así como se busca:
a. Reconocer la existencia de los pueblos indígenas como parte de la nación pero poseyendo, a la vez, culturas e identidades propias.
b. Reconocer que los pueblos indígenas actuales son descendientes de las poblaciones que habitaban el territorio chileno al momento de inciarse la colonización. En este sentido se buscaría establecer indirectamente el principio de "Primeras Naciones".
c. Reconocer que es deber del Estado garantizar el pleno respecto de los pueblos indígenas.


El Nuevo Trato indígena se concentrará, a diferencia de las iniciativas de los presidentes Aylwin y Frei, en el reconocimiento de derechos políticos de los grupos étnicos minoritarios nacionales, en contraposición a las iniciativas precedentes que se abocaban a mejorar los ámbitos socioeconómicos de las comunidades indígenas chilenas.



En este sentido se aprecia que el Nuevo Trato busca, insistentemente, estimular y consolidar la idea de especificidad de la población de origen indígena en contraposición al resto de la población chilena.
Se aprecia que tanto el mejoramiento del reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas como la profundización de las denominadas “estrategias de desarrollo con identidad”, se insertan en la misma lógica precedente: afirmar un tipo indeterminado de especificidad y diferencia cultural, social y económica de la población de origen indígena.



La especificidad avanzada por el Nuevo Trato se plasma en la existencia de “pueblos indígenas”. Es así como la iniciativa buscaría establecer la coexistencia de una pluralidad de “pueblos” pudiendo debilitar, directa e indirectamente, la idea de una “Nación Chilena”.



El Nuevo Trato no solo avanza el principio del reconocimiento constitucional que establecería la existencia de una “variedad de pueblos” indígenas, estableciéndose y reconociendo constitucionalmente la existencia simultanea de “varias naciones” al interior de las fronteras políticas nacionales, sino que buscaría, además, implementar un órgano administrativo de representación de dichos “pueblos indígenas” mediante la creación de un Consejo de Pueblos Indígenas como un organismo representativo de los pueblos indígenas cuya principal función será de "participar en la definición y ejecución de políticas públicas".



La iniciativa en orden a crear un órgano único, "directo, autónomo y representativo" del conjunto de los llamados “pueblos indígenas”, como sería el caso del Consejo de Pueblos Indígenas, si bien buscaría concentrar las demandas sociales, económicas, políticas y culturales en un solo canal de expresión del conjunto de dichos grupos étnicos, podría constituirse, bajo determinadas condiciones, en un órgano eminentemente político, articulador de demandas políticas partidistas o ideologizadas, en absoluto relacionadas con su cometido original.



Se aprecia que el reforzamiento a un grado institucional de dichas características propias y constitutivas de la “Nación” podría radicalizar, aún más, sentimientos indigenistas de orden etnonacionales con efectos impredecibles sobre el escenario político nacional, abriendo paso a conflictos etnopolíticos, prácticamente, hasta ayer, ausentes en el debate nacional.



No obstante lo anterior, un aspecto positivo del Nuevo Trato está dado por las medidas adoptadas en orden a implementar un conjunto significativo de medidas que permitan un mejor desarrollo socioeconómico de este segmento de la población chilena, combatiendo los altos niveles de pobreza a los cuales están sometidos disminuyendo, con ello, los puntos de fricción con la sociedad chilena en su conjunto y el Estado.


Se insiste en que la idea de un autogobierno no es posible comprenderla en ausencia de los "gestos" históricos generados desde el Oficialismo hacia este segmento de la población chilena, y en particular  la vanguardia política etnoindigenista que ha sabido capitalizar la actual situación. El reconocimiento constitucional de la especificidad nacional mapuche, o de otra etnia chilena, solo abre la puerta a otras exigencias que desnaturalizan las demandas socioeconómicas legitimas de dichos connacionales.

UNASUR, Uribe y Chávez: El 28 en Bariloche

Aug. 20 , 2009

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Si alguien se preguntaba para que serviría el UNASUR y el Consejo de Defensa Sudamericano, este 28 de agosto en la ciudad Argentina de Bariloche lo sabremos. El despliegue de fuerzas estadounidenses en el espacio sudamericano no es un tema cerrado, todo lo contrario, genera aprensiones reales, pero también se ha constituido en el chivo expiatorio de intereses ideológicos que ven en dicha nueva presencia una ventana de oportunidad para buscar el alejamiento definitivo de los EE.UU. de la región.


Pero, cuidado, que este encuentro, en donde  existe un consenso en torno a la necesidad de retornar al dialogo “franco” en la región, puede abrir un Caja de pandora en torno a temáticas que para algunos países puede resultar incomodas como son los procesos de adquisición de material bélico.  Transparentar intenciones y políticas declaratorias, capacidades  y planificaciones que impliquen alianzas con “agentes externos” seguramente formará parte del debate. No solamente la "presencia" de los EE.UU., sino que también de Irán y de Rusia.


Para Colombia esta ocasión le permitirá, de toda evidencia, debilitar el proceso de acorralamiento geoestratégico del cual es objeto por parte de los países del ALBA, en particular Ecuador y Venezuela. La presencia estadounidense no sólo debería servir a los intereses colombianos en su lucha contra la guerrilla, sino que también es percibida como un actor de estabilidad frente a una Venezuela que con una retórica militarista y políticamente "expansionista" se arma a pasos agigantados, pero que no está sola en dicho proceso. Brasil también.


Esta ocasión  será, sobretodo, clave para comenzar a resolver en forma definitiva la problemática de las FARC, fuente aparente  de todos los males de la zona norte de América del Sur. Es claro que esta guerrilla no solo recibe respiración artificial  proveniente del narcotráfico, sino que también por el apoyo indirecto que recibe del régimen chavista venezolano y por la mirada complaciente del ecuatoriano. Dejar en claro que esta guerrilla no recibirá el status de grupo "beligerante" será un gesto clave para la cancillería colombiana. A cambio, el mandatario Uribe deberá clarificar la presencia estadounidense, entregando garantías que sus capacidades operativas  no estarán asociadas al interior de una política de “ataque preventivo” en el espacio limítrofe colombiano. Más aún. Colombia deberá renunciar explícitamente a la lógica de la “extraterritorialidad” de su seguridad. La aplicación de la postura de defensa israelí en Sudamérica no es bienvenida.


Desde el punto de vista político y diplomático, Argentina, está logrando con esta reunión reintegrarse al liderazgo regional. Brasil, cediendo algo de espacio, pero adoptando una postura de “arbitro” que tiene cierta simpatía por la postura chavista. Por otro lado, Chile liderando tibiamente aquel grupo de países que “respetan” la decisión colombiana (junto con Uruguay, Perú y Paraguay), versus aquellos que la condenan (Bolivia, Ecuador y Argentina).Una polarización que también debe ser suavizada, pero que es funcional a estas dos creaciones brasileñas por cuanto le entregan un leit motiv lo suficientemente poderosos como para afirmar que Sudamérica la necesitaba hace mucho tiempo.


La temida politización de estos organismos de seguridad regional parece estar resuelta por el surgimiento de un determinado y específico equilibrio de poder. !Bienvenido sea!, siempre y cuando haga más previsible el futuro de las relaciones politico-militares sudamericanas.


Transformación del Sistema Político Chileno

Aug. 14 , 2009

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El sistema político chileno está experimentando, actualmente, una transformación desde sus más elementales cimientos. Tal vez este fenómeno no se aprecia en su total magnitud, por ser nosotros mismos sus ejecutores y testigos, pero el cambio se está produciendo ahora mismo. El sistema político chileno está mutando.


Se aprecia, en el futuro cercano, un escenario político de gran incertidumbre,  hecho que es propio a todo proceso de transformación institucional. De alguna forma, la onda expansiva de “procesos refundacionales”  latinoamericanos nos alcanzó. Evidentemente, para nosotros, por estar lejos de epicentro de este movimiento telúrico ideológico, sus efectos no son los mismos ni poseen la misma envergadura. Pero nos alcanzó.  La estabilidad será puesta en jaque, un hecho propio a todo proceso de cambio acelerado. La pregunta es cuan flexible es el sistema político chileno como para soportar este procesos de acomodamiento a una nueva realidad institucional.


El surgimiento del fenómeno M.E.O, la multiplicidad de pre candidatos presidenciales concertacionistas, el cuestionamiento de la actual Carta Fundamental y el llamado, en voz baja, pero insistente en orden a instalar una Asamblea Constituyente,  la descomposición de la Concertación, el surgimiento de nuevos liderazgos “no convencionales”, el cuestionamiento de la legitimidad de los poderes legislativos, la búsqueda por  unificar a la izquierda bajo la lógica de un solo gran partido, entre otros hitos, nos demuestran que “algo está pasando”. Un cambio mayor en la política chilena verá el día y se cristalizará luego de las elecciones presidenciales de diciembre próximo.


Levantar escenarios es un excelente ejercicio a fin de hacer la incertidumbre, algo más previsible.
La distribución del poder político heredada del término del Régimen Militar que permitió al país gozar una fase de alta estabilidad política, crecimiento y desarrollo económico está llegando a su fin. La Concertación, que nos entregó casi dos decenios de estabilidad ,hoy aparece ingobernable, un barco a la deriva del cual nadie quiere hacerse cargo, salvo el candidato Eduardo Frei, pero que aparece siendo objeto de constante motines a bordo. Al parecer nadie cree que llegará a buen puerto, pero él, como buen capitán de navío será el último en dejar el barco.


En este sentido, la Concertación se ha convertido en un espacio político fragmentado, alimento de candidaturas aventuristas que intentan, más que todo, arrastrar un voto y un apoyo a sus respectivas fuerzas parlamentarias. El poder político que le quedará a la Izquierda  y el Centro se desplaza, desde la lógica presidencial a la congresal.  La muerte de la Concertación,  sumada al liderazgo emergente del candidato Marcos Henríquez Ominami, más la existencia de una Coalición por el Cambio, de dudosa gobernabilidad interna, parecen dar la impresión que la lógica de los tres tercios se asoma nuevamente en el sistema político chileno, al menos mientras no se produzca una reorganización de dichas fuerzas ex concertacionistas. ¿Una futura Concertacion 2.0?


Asimismo, el recambio generacional, exigido por parte importante de la población chilena, e ilustrada con el creciente apoyo a la candidatura de M.E.O , no es más que un rechazo a una elite política encallada en el poder, inmovilizada por privilegios de toda índole, pero sobre todo que comienza a ser considerada como incapaz de interpretar de manera convincente las nuevas necesidades sociales de la población y sus problemas. La sociedad chilena ha evolucionado positivamente, no así su sistema político.


Las próximas elecciones constituirán claramente un hito en la historia del sistema político chileno, ya que de confirmarse las tendencias de votos, la Derecha Política regresará al poder luego de casi 45 años. De toda evidencia, a esta Derecha le tocará administrar ese cambio, esa transformación. Dicífil tarea. Asimismo, esta Derecha convertida en Gobierno, deberá convivir con movimientos sociales cuyo ADN es por esencia progresista, los cuales, señalémoslo,  ya no estarán bajo el control del Gobierno de turno, como fue el caso de la Concertación y su relación “especial” con los movimientos sindicales y de masas.

Esta Coalición por el Cambio aún no ha demostrado su capacidad de gobernabilidad, lo que es peor aún, su accesión al poder, de concretarse, no parece que será por los pergaminos propios, sino que más bien, como resultado de un agotamiento y  una falta de credibilidad en la coalicion más exitosa en la historia política chilena. Esta Coalicion tendrá que demostrar que es capaz de entregar gobernabilidad, expandiendo su apoyo ya no tan solo a las clases menos favorecidas, pero sobre todo a la Clase Media.

La pregunta que subsiste es si el sistema político chileno podrá, finalmente, asimilar los cambios, pero sobre todo llevarlos a cabo de manera exitosa y sin tantos traumas...


¿Vientos de Guerra?

Aug. 10 , 2009

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Con esa frase, Hugo Chávez, se está encargando de poner en lo más alto del tapete público internacional el tema de la presencian de los EE.UU. en la región, en específico en Colombia. Militarizar la diplomacia es una buena jugada del caudillo chavista. Denunciar, justo en momentos en que se traspasa la presidencia de UNASUR a Rafael Correa, una hipotética incursión militar colombiana en territorio venezolano aumenta, logicamente, la presión sobre el régimen cafetero, pero sobre todo, posiciona el liderazgo político del chavismo entre sus seguidores del ALBA. En este sentido, no sería Ecuador quién toma el control efectivo de UNASUR y del Consejo de Defensa Sudamericano, sino que la Venzuela chavista.



Un aspecto aparece como central: Colombia se ha constituido, indirectamente, en un instrumento de política exterior al servicio del régimen de Hugo Chávez. Los EE.UU. con la idea de incrementar su presencia en suelo colombiano no han hecho más que ayudar a encender la mecha que permite a Chávez alzarse como el faro que ilumina, con retórica y acciones altamente mediáticas, el camino hacia la expulsión de la presencia de los Estados Unidos en la zona. Ese es su objetivo final.



¿Vientos de Guerra? No es una sorpresa constatar el incremento del gasto (o inversión) en material bélico en el espacio regional. Es un hecho de la causa. La problemática radica, más bien, en las fuentes que estimulan y alimentan ese proceso de adquisición, y las doctrinas del uso de la fuerza operacionalizadas por los distintos países. En este sentido, Colombia, y el Gobierno del mandatario Uribe instituyeron un peligroso antecedente con el ataque a un campamento de las FARC en Ecuador. Más allá de lo legítimo o no, una lógica “preventiva” fue puesta en práctica, lo que constituye un hecho sin precedentes en el espacio sudamericano. No por nada Chávez acusa a Colombia de estar convirtiéndose en el “Israel de Sudamérica” (imagen hasta ese momento era asociada a Chile).




Presenciamos una reedición "sudamericana" de la extinta Guerra Fría entre los EE.UU. y la URSS.


Un esquema de Guerra fría en nuestro vecindario que debería llevar a preguntarnos sí todos los elementos que conllevaron a aquella conflagración podrían repetirse, incluso una carrera armamentista que arrastre a toda la región bajo la lógica del "efecto dominó". Sorpresivamente dos actores aparecen en escena, los EE.UU. vía Colombia y Rusia vía Venezuela. Da para pensar...



El conflicto entre Caracas y Bogotá, posee asimismo una característica especial, que es donde radica, a  juicio personal, la  principal amenaza de un posible uso de la fuerza directa: las FARC aparecen como una extensión del chavismo en territorio colombiano, una capacidad de proyección real y efectiva de la fuerza del movimiento bolivariano en el corazón mismo de un Estado que se opone a la estratégia y la política de exportación del chavismo en Sudamérica. Por otro lado, Colombia también posee otro actor que interfiere en sus asuntos internos, no obstante que lo hace desde una lógica benigna: los EE.UU. Hugo Chávez, por su parte, constituye un tercer actor en el conflicto colombiano. Condiciones que fragilizan el escenario.



Los “vientos de guerra” a los cuales hace alusión Chávez responden hoy en día, más que todo, a una guerra mediática, de imágenes y de percepciones, más que de un conflicto real, físico. El mandatario ya nos tiene acostumbrados a esos llamados de atención, lo hizo en Bolivia frente a su crisis institucional, lo hizo frente a Honduras y ahora lo hace, en el momento justo frente a Colombia.


No obstante ello, nada nos dice que Hugo Chávez no transformará sus amenazas en hechos concretos, pero ese momento aún no llega. Los procesos de absorción de las nuevas capacidades bélicas venezolanas se lo impiden, pero nada ni nadie nos dice que en el mediano plazo los tambores de guerra no lleguen a sonar.


Mientras tanto, el chavismo se servirá, durante todo un año, del UNASUR, incrementando la polarización del conjunto de Sudamérica y poniendo en aprietos a Brasil, y sobre todo, acumulando las condiciones para que esos "vientos de guerra" se materialicen, al menos, en su aspecto de amenaza latente...



Brasil y UNASUR agradecen a los EE.UU.

Aug. 07 , 2009

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Ya lo habíamos señalado, la idea de ampliar la presencia militar estadounidense en la zona le “viene como anillo al dedo” a Brasil y su estrategia de reposicionamiento regional como líder sudamericano indiscutido.


Dijimos que ya era tiempo, según esta visión brasileña, que los EE.UU. reconocieran que los tiempos de la Guerra fría que “explicaban” la presencia física de fuerzas estadounidenses en sudamerica ya eran cosa del pasado. Hoy, tal y como lo dejaron claro tanto el Canciller de Lula, Celso Amrim y su Ministro de Defensa, Nelson Jobin, nada justifica la presencia de tropas de los EE.UU. en la región, menos aun su concentración en un solo país, como Colombia.


En este sentido, Brasil y la UNASUR agradecen al Pentágono la idea de aggiornar los tratados de asistencia militar con Colombia por cuanto iniciativas y hechos como estos son los que permiten justificar la existencia de un órgano de discusión y coordinación política eminentemente “sudamericano” como UNASUR, pero más específicamente el Consejo de Defensa Sudamericano.


Hoy, Brasilia, se sirve de este impulso mediático a fin de avanzar dos proyectos que buscan institucionalizar sus dos creaciones, UNASUR y el CDS, estamos hablando de dar forma a un Consejo sobre Narcotráfico y de dar un impulso real a la figura de un Secretario General del UNASUR. En ambos casos, la imagen de los EE.UU. en su rol de superpotencia hegemónica sobre el espacio regional sudamericano estimula y refuerzan  la necesidad de contar con órganos de representación de intereses específicamente regionales. En este caso, y bajo esta lógica, Sudamérica debe constituirse en un solo actor que discuta de igual a igual, no solo con los EE.UU. sino que con cualquier otro actor del orbe.


No obstante lo anterior, el problema mayor de Brasil sigue siendo cómo abordar el fenómeno chavista. Siendo su objetivo no entrar en conflicto directo con Hugo Chávez, Lula aparece cada vez más como un aliado indirecto del régimen en cuestión. Lula necesita a Chávez para que sus dos creaciones funcionen y se constituyan en órganos de representación de sus propios intereses. En este sentido, toda actitud de potencia hegemónica implica hacer los intereses del resto de países con los suyos,  no es nada nuevo, los EE.UU. , recordémoslo, creó ad portas de la Guerra Fría la OEA y el TIAR. Brasil con el UNASUR y el CDS sigue los pasos del gigante del norte...


De algo si debemos estar claros: la región está polarizándose, entre aquellos Estados que condenan a los EE.UU vía Colombia (Bolivia, Ecuador y Venezuela), y aquellos que adoptaron una postura de apoyo indirecto a la decisión soberana de Uribe (Chile y Perú). Brasil aparece como lo que quiere ser: un líder que adopta el camino de potencia intermediaria, pero a la vez rectora de los destinos de toda la región.


La próxima reunión del UNASUR tendrá lugar en Quito, Ecuador. Rafael Correa asumirá su presidencia pro temporé, tal y ya lo habíamos señalado anteriormente. Sin lugar a dudas será la ocasión para poner en el tapete el tema de la presencia militar de los EE.UU en la zona, pero también y porqué no, del apoyo chavista  a las FARC. Seguramente habrán temas tabú, uno de ellos serán los procesos de adquisición de material bélico: ningún país quiere que un organismo regional ponga en tela de juicio sus  capacidades de defensa, menos aún, en momentos en que la mayor parte de ellos están planificando o siguen materializando procesos de modernizaciones de sus capacidades belicas, incluido Brasil.


Bases EE.UU en Colombia: Brasil levanta la voz.

Aug. 04 , 2009

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       El canciller brasileño Celso Amorim, en una entrevista publicada en el diario Folha de Sao Paulo, señaló que su país está "preocupado" por la intención de Estados Unidos de ampliar su presencia  militar y civil en América latina, específicamente en tres bases militares colombianas hasta 2019.



Según este personero, "...lo que preocupa a Brasil es una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad parecen ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia". El canciller Amorim fue claro en señalar que Brasilia duda de las reales intenciones de los EE.UU en orden a servirse de estas bases para ,únicamente ,luchar contra el narcotráfico.  Habría algo más... Tanta es la preocupación de la Administración de Obama que este decidió enviar a su consejero de Seguridad Nacional, Jim Jones, con la misión de explicarle a Lula los detalles del acuerdo con Colombia.



Ruidos y señales estamos recibiendo desde el extremo norte de América del Sur, todo parece indicar que la luna de miel entre Brasil y los EE.UU. está llegando a su fin y que una convivencia “normal” se está imponiendo. Una convivencia según los dictámenes de un sistema hemisférico sometido a los vaivenes propios del realismo político.



Para los Estados Unidos de Barack Obama resulta complicado establecer el equilibrio entre las necesidades geopolíticas tradicionales de su país en la región, romper, a su vez,  con la imagen de una potencia hegemónica, que impone a la región un "orden" según sus intereses y por otro lado, establecer su propia firma política, más consensuada y en absoluto "preventiva".


No lo obstante ello,  Obama mantiene la tendencia impuesta por su antecesor. Recordemos que Bush, siguiendo imperativos económicos y estratégicos decidió transformar la naturaleza de sus bases militares en el hemisferio sur latinoamericano. Para ello se establecieron las llamadas "bases FOL" (Forward Operating  Locations). Bases altamente funcionales, poco visibles pero adaptadas a las nuevas necesidades de los EE.UU.: capacitadas para acoger grandes contingentes, en poco tiempo y con capacidades de alta proyección de fuerza.



Hoy, los EE.UU., se ven afrontados a una problemática mayor. De las tres bases oficiales que poseían en el hemisferio, es decir, en Ecuador, en El Salvador y en las Islas Azores (sin contar el contingente de Colombia),  deben restituir la primera, mientras que la segunda  siga posiblemente el mismo camino. En efecto, la base de Manta, en Ecuador deben restituirla al breve plazo (como resultado de la llegada al poder un gobierno bolivariano). En El Salvador, recordémoslo, llegó al poder el Mauricio Funes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) vislumbrándose posible una restitución, reeditando con ello la postura de Rafael Correa. Por estas razones, los EE.UU. necesitan reforzar su presencia en la zona, siendo Colombia la elección natural y lógica.



Brasil, frente a las negociaciones entre  Uribe y Obama por incrementar la presencia estadounidense en su suelo, se encuentra entre la espada y la pared: mantener y alimentar las “nuevas” buenas relaciones con su antiguo adversario, los EE.UU, mientras que por otro lado, aparecer como la potencia regional con rango hegemónico que “protege” y “defiende” su espacio de influencia, es decir Sudamérica.



El factor Chávez desempeña aqui también un papel central. Brasil siente que, para limitar el poder de influencia del chavismo ,debe “cortarle el pasto” antes que éste se alimente de el. En este caso, “el pasto” es la presencia de los EE.UU en la zona, con sus bases militares y sus políticas de cooperación militar. Por ello, para Lula, es fundamental que la lógica de la “potencia benigna” se materialice y que los EE.UU reconozcan, de una vez por todas,  que el tiempo de su presencia en la zona llegó a su fin y que el espacio vacío lo deben llenar ellos, Brasil.


Conflicto mapuche: la estrategia del "enlisement".

Jul. 31 , 2009

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El conflicto indígena en el sur de Chile parece tomar nuevos bríos. Las diligencias policiales han permitido neutralizar, estos últimos meses, a los principales dirigentes de la Cordinadora Aurauco-Malleco (CAM), al menos  se ha logrado identificarlos y aislarlos, disminuyendo  con ello sus capacidades operativas. No obstante lo anterior,  evitar que nuevos los liderazgos retomen las movilizaciones es casi imposible. Queda claro con los recientes y actuales acontecimientos en la zona.

Señalemos que uno de los objetivos centrales de este movimiento, que podemos tildar  sin miedo a equivocarnos de “violentista”, por cuanto utilizan hechos de fuerza a fin de alcanzar objetivos políticos, es arrastrar al conjunto de las comunidades al conflicto, comunidades que hasta hoy se encuentran en un estado de relativa pasividad frente a los hechos de violencia.

Un segundo objetivo, pero no menos relevante, sería transformar este “conflicto mapuche” en otro de “seguridad nacional” . Es necesario convertirlo en un fenómeno de "masas", despertando en la población de origen mapuche de la zona un sentimiento de acoso permanente por parte del Estado chileno. El incrementar la presencia de fuerzas policiales  en la zona es una forma de alcanzar ciertos objetivos por parte de dichos grupos, alimentando aún más su anclaje en la sociedad y despertando, con ello, claramente, atisbos de solidaridad social y política.

Asimismo, la idea detrás de estos sistemáticos hechos de violencia parece ser lograr desarrollar en la población autóctona un sentimiento de “solidaridad pasiva", pero sobre todo activa hacia su causa.  Se buscaría arrastrar o como dicen en Francia provocar el “enlisement” de la fuerza pública y del Estado en un conflicto que les permita generar las condiciones para encender la zona. Por esta razón parecería ser que el Gobierno ha sido reacio a aplicar la Ley de Seguridad Interior del Estado, que es justamente lo que estos grupos quieren: transformar dicho espacio en una “zona de guerra” psicológica.

 He aquí la gran problemática que encierra la coyuntura actual en el sur. Transformar el conflicto en uno de cúpula a otro masivo.

Diversos cuestionamientos surgen, pocas certezas existen frente a este fenómeno reivindicatorio indígena, sobre todo ante su evolución. En primer lugar, ¿se trata de un “conflicto mapuche”? Es decir, ¿estos grupos que utilizan actos de fuerza, altamente mediáticos, representan fielmente el sentir de la mayoría de la población de origen mapuche chilena? ¿Son acaso la punta de lanza de un sentir generalizado, pero que no ha despertado en su total dimensión?

¿Bajo qué condiciones estos hechos violentistas podrían encender la mecha de una problemática mayor indigenista en el sur?

¿Responden estos hechos a un fenómeno meramente coyuntural, léase la proximidad de las elecciones presidenciales, o representan una mutación en cuanto a la organización y liderazgo de estos movimientos reivindicatorios indígenas?

¿Es la aceptación de la  Ley del Nuevo Trato Indígena, que se encuentra bloqueado en el Congreso, y que establece el reconocimiento del “pueblo mapuche” como una nación aparte de la “chilena”, la solución definitiva de este conflicto, un conflicto, hasta ahora incipiente, pero de alta repercusión mediática interna y exterior?

La existencia de un nuevo tipo de liderazgo indigenista mapuche, altamente activo en el sur, y que ha sido demostrado estos ultimas semanas, podría estar demostrando que una solidaridad activa de ciertos grupos de la población se estaría desarrollando, lo que ha permitido en definitiva que la capacidad operativa de éstos se haya regenerado.

El Estado chileno debe ser cauto en tratar este tipo de problemáticas. Solo el uso eficiente y eficaz de medios de inteligencia debería permitirles neutralizarlos, y sobre todo, no caer en el juego de la militarización o policialización de la zona. Evitar generar un sentimiento de represión generalizada sobre la población es central en el esfuerzo por debilitar el movimiento y los grupos que sostienen y generan actos de violencia en el sur bajo el escudo de la defensa de los intereses de una mayoría de la población mapuche que, hasta el momento, solo observa los acontecimientos.

La toma del colegio Alonso de Zúñiga en Ercilla es una señal de alarma...¿es el comienzo de una "solidaridad activa" hacia el movimiento indigenista mapuche?


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