Cristian Leyton Salas

Relaciones Regionales

 

La OEA en el laberinto de Honduras

Jul. 03 , 2009

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Según una encuesta de opinión de la firma SID GALLUP, publicada día antes de la salida forzosa del mandatario hondureño, Manuel Zelaya, su popularidad habría pasado de un 45% el año 2007, a un exiguo 7% en el mes de junio de este año. Es decir, habría conocido una baja de 38 puntos. A lo anterior, agreguemos que un  31 % consideró que el gobierno de Zelaya "manejaba mal la economía del país,",mientras que tan solo un 12 % señalaba lo contrario.

El tema de fondo que se está dibujando en Honduras es la disputa en torno a la legitimidad, tanto del mandatario expulsado como del nuevo gobierno. Pero incluso más que eso, se trata de la legitimidad misma de todo el sistema político hondureño, e incluso del papel que está desempeñando la OEA con su apurada lógica de ultimátum.  Al final del camino, la crisis hondureña deja al desnudo los efectos de los profundos cambios que están afectando al espacio político regional, en específico en torno a la nueva naturaleza de los regímenes democráticos que están surgiendo, la forma de legitimarse. 

Una parte de la población hondureña aparece escandalizada frente a lo que se considera una  intervención extranjera en los asuntos internos. Para ellos, no estamos en presencia de un Golpe de Estado, sino que de una medida restauradora e incluso de defensa de la democracia. Para otros, la oligarquía intolerante frente a la “traición” de uno de sus miembros, en este caso, el mismísimo mandatario Zelaya, y temerosa de perder sus privilegios originales, utilizó lo que podríamos comenzar a denominar “resquicios democráticos”: la mera intención o el hecho de cruzar levemente el umbral de la institucionalidad constitucional da pie al uso de toda la fuerza del derecho y de la fuerza pública, en este caso de la fuerza militar. Para otros, estos “resquicios democráticos”, han permitido refundar toda la institucionalidad, generando sobre la base de la ley de la mayoría absoluta, una transformación total de la organización institucional, no obstante que en los hechos, deja al margen a casi el 50% de la población de un país. 

Para la OEA, y su Secretario General, la resolución manu militari de la disputa entre los poderes del Estado hondureño es inaceptable. En este punto existe un amplio consenso, incluso de quien escribe este artículo. Es una clara prueba de fuego para el Secretario General de dicha entidad, José Miguel Insulza. No es posible aceptar que, bajo su mandato, aparezcan militares tomando el control físico del Palacio de Gobierno hondureño, poco importa si su morador cometió o no hechos que lo ponían al margen de la legalidad institucional. Una imagen vale mil palabras. No olvidemos, sin embargo, que tal y como Insulza, Zelaya también buscaba la reelección, en el caso del ex mandatario hondureño, modificar la Constitución a fin de perpetuarse en el poder, siguiendo la lógica bolivariana.

La OEA y su actuar ha logrado rendir frutos. Toda la Comunidad Internacional se levantó contra el nuevo gobierno de facto. Pareciera que pocos han analizado la situación en el terreno, su origen y evolución, ni los  factores y fenómenos que estimularon y desencadenaron la expulsión de Manuela Zelaya del poder y la toma del mismo por el Congreso hondureño. Se ha dado la lógica del todo o nada: A hechos visualmente prohibitivos, acciones mediáticamente enérgicas, como es el ultimátum de 72 horas emitido por Insulza o la inicial postura intransigente del gobierno de facto hondureño. ¿En que terminará todo? En una negociación reservada entre todas las partes involucradas cuyo objetivo final será, tal vez, la instauración de un gobierno interino de transición hasta la elección general de fin de año.

El problema mayor de la crisis hondureña está dado por la pasividad del conjunto de la población. Esta crisis parece ser más que todo una crisis de la elite política hondureña, que del conjunto de la sociedad de dicho país centroamericano.  Peor aún. La crisis institucional hondureña refleja la permeabilidad de las distintas sociedades civiles y políticas latinoamericanas frente a un modelo ideológico que se expande en el espacio regional, como es el chavismo, pero también, frente a la creciente ilegitimidad de los poderes públicos, y el Estado en particular.  La nueva naturaleza de la polarización política hemisférica es un hecho que debe ser analizado y encarado académica y políticamente.

La crisis hondureña, deja al desnudo la debilidad de la OEA al no contar con una capacidad real de anticipación de conflictos políticos regionales, revelándose una institución reactiva y en ningún caso preventiva de procesos de desestabilización.

Hoy Insulza llega a Honduras, la renovación de su mandato en la OEA está en juego. Debe demostrar que el elefante blanco de su institución tiene una razón de ser y que su gestión resuelve conflictos ya que parece ser que no puede evitarlos.




Honduras: ¿Una sucesión forzada?

Jul. 01 , 2009

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 "El Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, ha sido destituido por los militares",  "Golpe de Estado en Honduras," "Los militares derrocan a Zelaya", son algunos de los encabezados leídos hace unas horas.


Según la mayor parte de los diarios y medios de comunicación, los militares hondureños orquestaron el derrocamiento del mandatario legalmente constituido y se aprestaban a tomar el poder. Las imágenes que recibiamos nos hicieron retroceder veinte o treina años atrás.  





La destitución manu militari del mandatario Zelaya, hicieron reaparece el temor de un regreso a los peores episodios de los 70 y 80 cuando se sucedían golpes militares tras otros, respondiendo, claro está, a un mundo diferente, en donde América Latina no era más que el campo de batalla ideológico de la Guerra fría. 

Hoy, con algo más de calma, comenzamos a apreciar que los eventos son más complejos de lo que pensábamos y observábamos por TV. No obtante ello, sí estamos frente al derrocamiento de un gobernante, pero uno, que había cruzado el umbral de la legitimidad institucional.

Se destituyó un mandatario que intentaba forzar una consulta popular, no obstante que al hacerlo sabía que se ponía al margen de la constitución hondureña. Incluso Evo Morales entendió que el modus operandi para hacer avanzar su proyecto refundacional dependía de hacerlo al interior de los márgenes institucionales. Salirse de ellos, abría el camino al ejemplo hondureño. Zelaya no parece haber comprendido este punto.

Las fuerzas militares hondureñas aparecen hoy, más que dirigiendo y controlando el proceso de destitución forzada, administrando el uso de la fuerza. El poder judicial y el poder legislativo en forma unánime respaldaron la restitución del poder soberano a los cauces constitucionales. Más que un golpe “militar”, parece ser un “golpe civil institucional” buscando evitar una sucesión indefinida del mandatario destituido. Pero más que ello. Zelaya entendió bien que los vientos del populismo chavista soplaban en su favor. De ser un hijo de hacendado, de derecha y miembro de las más altas elites económicas hondureñas, de la noche a la mañana da la espalda a dichas fuerzas, abrazando una nueva causa: el bolivarianismo.

Si hay algo de lo que sí estamos claros es que lo ocurrido en Honduras no se trata de un golpe militar “clásico”. No responde, hasta el momento, a la lógica de la sustitución de todos los poderes soberanos por una junta de gobierno militar. Todo lo contrario, parece ser que los militares se pusieron al margen de la nueva distribución del poder. El nombramiento del presidente de Congreso, Roberto Micheletti, instituye que una sucesión constitucional fue puesta en marcha, impidiendo así un vacío de poder que pudiere haber sido llenada por algún liderazgo militar. Eso no ocurrió. Aunque nada nos dice que ello no podría ocurrir.

Zelaya, y el chavismo, incurrieron en un garrafal error al no tomar en consideración que el equilibrio de fuerzas no estaba en su favor, por lo que forzarlo no los conllevaría a generar un alzamiento social de envergadura que lo mantuviera en el poder o lo hiciese regresar a el. El modelo de toma del poder chavista no tuvo los mismo resultados que en otros paises.

Hay un tema de fondo, y respecto del cual ya hemos discutido: los mecanismos democráticos están siendo sometidos  a profundas transformaciones. Si el chavismo utiliza y se sirve de estos medios de accesión al poder por la vía “democrática”, apreciamos que las fuerzas contrarias al chavismo podrían comenzar a utilizar mecanismos similares a fin de bloquearlos. Las fuerzas del Congreso hondureño hablan de una sucesión democrática por la vía de la fuerza, amparada en la Constitución y en reacción a una violación de ella por el ex presidente Zelaya. Aquí los “tecnicismos” no son accesorios, sino que altamente relevantes, toda vez que el movimiento bolivariano se ha servido de ellos para, justamente, llegar al poder, asentarse en el y buscar su permanencia por los años a venir.

La Crisis Hondureña es un sonido de alarma ante la polarización creciente del espacio regional y la mirada pasiva ante una fuerza bolivariana que está a la ofensiva. También lo es en función del temor que suscita que las fuerzas armadas debuten una nueva fase de intervención, esta vez, soliticada por terceros actores.


Finalmente, la Crisis Hondureña es un sonido de alarma que está dejando al desnudo el temor que existe frente a las estrategías del movimiento bolivariano de accesión al poder, estrategias que utilizan los mecanismos democráticos a objeto de tomar el control del Estado.


Por lo anterior es imprenscindible  evitar que un efecto dominó, de naturaleza similar al hondureño, se ampare del espacio regional, como la principal y única forma de lidiar con los procesos de accesión del movimiento bolivariano al poder.

Hoy, el ALBA de Hugo Chávez muestra sus músculos…, mientras planifica, silenciosamente, su expansión.



El ALBA bolivariano muestra sus músculos. Parte I

Jun. 26 , 2009

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Desapercibidos para el público chileno e inexistente para los medios de prensa locales fue el imponente desfile militar que tuvo lugar hace unos días en Venezuela.

La parada militar que conmemoraba la batalla de Campo de Carabobo que selló la independencia de Venezuela coincidió con la celebración de la VI Cumbre Extraordinaria del ALBA, pero también con el ingreso de Ecuador al conglomerado bolivariano.

Los presidentes de Nicaragua, Daniel Ortega; Bolivia, Evo Morales; Ecuador, Rafael Correa, acompañados por Hugo Chávez de Venezuela, encabezaron el desfile militar que fue catalogado por medios de comunicación como una “muestra de fuerza” del ALBA y de Hugo Chávez a la región y los EE.UU. Se señaló, incluso, que tal despliegue bélico fue digno de la irrupción de un “Ejército Rojo” sudamericano, haciendo alusión a los tradicionales desfiles de las FF.AA soviéticas en la Plaza Roja durante la Guerra Fría.




Se señaló que en la exhibición castrense participaron más de 250 vehículos blindados, 45 aeronaves y más de 5.200 hombres de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, es decir, una fuerza imponente, visualmente imponente. Un elemento interesante del desfile es que contó con la participación especial de militares de Cuba, Honduras, Nicaragua y Bolivia.

Con arengas como "la gran batalla por su plena independencia" se inicia, "¡Solo la unión nos hará libres!", “Pueblo y soldado: la fórmula perfecta para hacer una verdadera Revolución”, el mandatario Hugo Chávez pareciera que quiere dejar en claro el rol que desempeñará la “fuerza” en la expansión de su revolución bolivariana. Hasta hace unos meses se consideraba que el proyecto chavista se encontraba en franco retroceso, hoy vemos, sin embargo, que está adquiriendo nuevos bríos, esta vez de la mano del factor bélico y del reforzamiento del político del ALBA. Hoy, por ejemplo, frente a la grave crisis en Honduras, Chávez señala que el conglomerado “se movilizará” frente a intentos “contrarrevolucionarios”, haciendo uso de una retórica claramente militarista, rozando la lógica de una seguridad colectiva bolivariana.

La interpretación de hechos coyunturales debe permitirnos encontrar fenómenos estructurales. El objetivo de hacer coincidir la reunión del ALBA y la incorporación de Ecuador al nuevo conglomerado, con la celebración del Día de las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela tiene un mensaje impreso. Una señal que nos envía Hugo Chávez, recordando que lo que el mandatario bolivariano dice, hace. El ALBA está adquiriendo la forma de algo más que una alternativa socioeconómica y política para una parte de Américas.

Un componente de seguridad militar del proyecto está tomando forma. Un actor central es Rusia y su complejo militaro-industrial. Hoy vemos que Bolivia mira con atención los ofrecimientos rusos en orden a modernizar sus capacidades bélicas. Venezuela ya forma parte de su clientela. Una estandarización de fuentes militares constituye una pieza clave en el avance de una mayor autonomía política del ALBA, luego la unificación de las fuentes de amenaza para el conglomerado –lo que están más que claro, son los EE.UU, y sus “aliados” regionales, como Colombia..¿y Chile?- , más tarde, transitar desde la cooperación a la coordinación de políticas de defensa conjuntas. ¿Y por qué no el surgimiento de doctrinas del uso de la fuerza conjunta?

Vemos que lenta pero progresivamente una nueva modalidad de “Orden Bélico” está insertándose en la región, un conglomerado que responde a necesidades de defensa y seguridad diferentes a las del “resto”. ¿Nos estamos encaminando y estamos comenzando a ser testigos del surgimiento de un Pacto de Varsovia bolivariano en Sudamérica?

La pregunta queda abierta...a la espera de los acontecimientos en Honduras...y del rol que Chávez buscará desempeñar en la creación, ya no de una OTAN sudamericana, como lo avanzaba Brasil, sino que de un Pacto Militar bolivariano...


 


Hoy el ALBA está comenzando a mostrar sus músculos...



Bachelet visita a Obama

Jun. 23 , 2009

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Habíamos señalado en un artículo anterior el creciente papel de liderazgo político regional que Chile está asumiendo, de la mano de su socio brasileño.

Hoy vemos que la presidenta Michelle Bachelet acaba de iniciar una visita oficial a Washington, la que fue descrita por medios locales como una reunión "formal y de trabajo" con el aparato de gobierno de Barak Obama.  Retengamos una señal clara: Esta reunión de Estado responde a una invitación cursada por el mismísimo nuevo morador de la Casa Blanca a la presidenta chilena, lo que se asocia a una serie de otros “gestos” de apoyo hacia Chile por parte de Obama.

Como en toda visita a la capital del país del norte, las señales y los símbolos forman parte del aparataje comunicacional diplomático y político permitiéndonos identificar los intereses políticos de los EE.UU. hacia la región.

 En este caso, resulta interesante constatar que la mandataria Michelle Bachelet es la segunda Jefe de Estado sudamericana en ser recibida en la Casa Blanca después del presidente brasileño, Inacio Lula da Silva. El presidente estadounidense recibirá, luego de la mandataria chilena a Alvaro Uribe, el presidente de Colombia.

Podemos especular sobre el vínculo que existe o no entre el orden de visitas a la Casa Blanca y la relevancia que éstos mandatarios tienen para la nueva Administración estadounidense. No obstante ello, lo que sí está claro es que para Barak Obama Chile ocupa un papel de relevancia. Se reconoce a Chile como un socio mayor de Brasil y activo participante en el proceso de integración regional en curso. Candidato a formar parte de lo que en su momento se denominó como una “potencia benigna”, algo que los EE.UU necesitan a fin de no aparecer como una superpotencia hegemónica, menos aún en un espacio regional en mutación como el sudamericano.

La presencia de Bachelet en la capital estadounidense no puede sino ser vista y percibida como una señal que viene a confirmar el reconocimiento de dicha potencia hacia el liderazgo político que lenta, pero progresivamente Chile está ejerciendo en Sudamérica. Un liderazgo particular al ser subsidiario del brasileño.

Este liderazgo, incipiente, pero que se construye sobre sólidos pilares, se ha visto materializado, por ejemplo, a tráves de la presencia de actores "chilenos" en el escenario de poder hemisférico como es el caso  de José Miguel Insulza en la OEA o del reciente nombramiento del académico chileno, radicado en los EE.UU, Arturo Valenzuela como el flamante nuevo Subsecretario de Asuntos Hemisféricos de los EE.UU para América Latina.

El Canciller chileno Mariano Fernández, ha sido claro en señalar la relevancia de dicha visita para Chile y en específico para afianzar la postura de preeminencia política que se está construyendo. Fernández señala , en este sentido, que se “buscará generar espacios para un 'diálogo regional' con el objetivo de profundizar en la 'nueva política' de Estados Unidos hacia América Latina lanzada por Obama”. Chile busca generar dichos “espacios para un dialogo regional”, asumiendo el rol de un Estado-puente entre los países asociados al movimiento bolivariano y aquellos que no, y en particular los EE.UU.

Un liderazgo binacional pareciera estar tomando forma en Sudamérica, cuya naturaleza si bien es asimétrica, pone de manifiesto que Chile está dejando de ser el “gigante comercial, pero el enano político” tantas veces criticado, adoptando la lógica de convertirse en un interlocutor  regional valido y legitimado por la principal potencia hemisférica, los EE.UU.

Sudamérica, entre la balcanización y la integración.

Jun. 21 , 2009

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A menudo se ha tomado el ejemplo de integración europea y en particular el franco-alemán como una base de comparación y un modelo para Sudamérica. Es relevante poner en el tapete del debate público las transformaciones que están aconteciendo en nuestro espacio sudamericano y por qué no hacerlo tomando como ejemplo las condiciones que conllevaron a Europa a conocer un proceso acelerado de integración económica, social, cultural, militar y política.

Antes de avanzar en nuestras ideas se hace imperativo dejar en claro dos hechos. El primer hecho nos indica que el espacio sudamericano explosionó, dando lugar a una multiplicidad de Estados. Una “balcanización” tuvo lugar en esta América que se independizaba del yugo español. La segunda: el espacio regional “importó” rivalidades desde Europa, en particular aquella entre España y Portugal (Buenos Aires y Brasil). Ambos hechos condicionaron el surgimiento de lo que llamo “polos de emulación” en Sudamérica. Uno con objetivos hegemónicos (Brasil versus Argentina) otro de supremacía subregional (Chile versus Perú).

En efecto, Sudamérica se balcanizó durante el siglo XIX. Lo que constituía un solo cuerpo geopolítico, con un pasado colonial común, con un idioma común y una reciente historia común, explosionó, dando lugar a un número indeterminado de Estados. Lo anteriormente descrito puede parecer normal, sin embargo no lo es, en particular frente a los procesos que acontecieron en el espacio lusitano: Brasil. Este gigante geopolítico conservó su unificidad territorial y política, no conoció una fragmentación de su espacio territorial.

La balcanización trajo consigo el surgimiento de rivalidades que alimentan, hasta hoy en día, las relaciones entre los países de la región, en particular entre Chile y Perú, pero surgen otras como aquella entre Colombia y Venezuela.

Observemos ahora las principales condiciones que permitieron que Europa pasara de ser un espacio de guerra permanente hacia otro de conciliación.

Digamos que tres condiciones se han dado: La primera, Europa conoció en un período menor a los veinte años dos guerras mundiales, con una devastación material y humana que se soldó por la desaparición de prácticamente todas las entidades políticas estatales. Aparece lo que señaló como una Tabula Rasa Estatal. Al termino de la II Guerra Mundial no habían Estados Europeos, propiamente tales.

Segundo. Al término de la II Guerra Mundial el espacio europeo occidental en reconstrucción tiene dos estímulos poderosos para cohesionarse, y hacerlo en forma acelerada. Por un lado, las mejores Divisiones mecanizadas del Ejército Rojo a metros de la nueva frontera. Una URSS golpeando las puertas de Europa Occidental. En el ámbito interno, un imperio de la miseria material más otro humano. A lo anterior se suman la existencia de bien estructurados movimientos “Partisanos”, muchos de ellos de obediencia comunistas que no hacían más que acelerar la reconstrucción de los órganos estatales desaparecidos o borrados por la guerra.

Tercero. La existencia de una superpotencia “en potencia”, como eran los EE.UU. Un Plan Marshal que vino al rescate de un espacio en ruinas, en forma masiva y decidida.

En Sudamérica no hemos conocido tal desastre humano, como una guerra regional que tome la forma de una guerra mundial. No lo hemos conocido y difícilmente algún día lo haremos.

En Europa, dos actores encendieron gran parte de las conflagraciones y desastres que la han aquejado, Francia y Alemania (antes Prusia). No es por nada que la conciliación europea surge de la mano de la franco-alemana. El motor de la Unión Europea es la reconciliación entre estos dos antiguos y tradicionales “enemigos hereditarios”. Un liderazgo binacional surgió y permitió que Europa dejara de lado siglos de conflictos. Después que ambos se reconocían como las “fuentes de todos sus males”, las condiciones antes descritas permitieron que en un espacio muy corto de tiempo.

Hoy Sudamérica conoce una fase de profundos cambios, y se hacen necesarios gestos de conciliación. De conciliación entre aquellos actores que mutuamente se han reconocido por años como enemigos hereditarios. Grandes pasos se han producido en la rivalidad entre Brasil y Argentina, en particular por que el espacio argentino no posee las capacidades para seguir compitiendo con el gigante lusitano.

 

Una rivalidad se apaga, otras se mantienen, otras se refuerzan y por último, otras surgen. Para algunos las fuentes de dichas rivalidades hay que buscarlas en la debilidad de las estructuras políticas internas de los países de la región, para otros, en el proceso inacabado de maduración de los Estados. Hoy somos testigos de cambios mayores en las formas estatales. Debemos estar atentos a fin de comprender el alcance de dichas transformaciones internas, y la manera cómo éstas modifican el comportamiento exterior de dichos Estados.

El ejemplo peruano, en cuanto a la crisis con sus indigenas amazónicos debe enseñarnos algo: el potencial que problemáticas internas que involucren a fuerzas subnacionales indigenistas generen el surgimiento de liderazgos transnacionales y "solidaridades" ya no sólo de ONGs, sino que ahora de Estados, como el boliviano o venezolano. Fuerzas subnacionales que incluso son capaces, como el caso peruano y del Gobierno de Alán García de obligarles a modificar disposiciones legales poniendo en jaque la seguridad jurídica delas inversiones y que, de paso, refuerzan las capacidades de acción de dichos movimientos sociales y étnicos.

Lo anterior debe recordarnos que la "balcanización" no es un fenómeno acabado, sino que parece ser, de toda evidencia, uno permanente en sudamérica, tal y como lo es en Europa.

 

 

 


Perú versus Bolivia: El Factor Indígena.

Jun. 15 , 2009

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En relación al llamado a consulta del embajador peruano en Bolivia, observemos el tema de fondo, la problemática central de este alejamiento estructural entre los ex amigos hereditarios.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del Perú en su censo del año 2007 generó el estudio acerca de la realidad indigenista en dicho país. Para ello, elaboró el documento denominado, “Resultados Definitivos de Comunidades Indígenas”. Resulta llamativo, en dicho informe, que tanto el INEI y como el Estado peruano,  sólo consideran a la población emplazada en la  amazonia peruana como “pueblo indígena”. El Estado peruano parece haber adoptado una estrategia sistemática e institucional  en orden a reducir oficialmente el peso específico de la población indígena en el total de la población peruana. Es así como los redujo físicamente a  un espacio territorial particular, en este caso la Amazonía, y asoció su origen étnico a un elemento único: la lengua aprendida en la niñez. En el Perú, oficialmente, solo existirían “pueblos”  indígenas en la amazonia.


La reducción del concepto de etnicidad tuvo como resultado lógico el ver disminuida drásticamente la población de origen étnico en dicho país. Entre el Censo del año 1993 y el del 2007 la población quechua, por ejemplo,  conoció una disminución oficial transitando desde un 16.6% a 13.2%, mientras que la población aymará lo hizo desde el 2.3% al 1.8%.
Desde la óptica Banco Mundial, sin embargo, entre un 25% y un 48% de los hogares peruanos pueden ser considerados indígenas. Según fuentes independientes, los indígenas peruanos suman un 45% de la población total, un 37% mestizo, y 15% blanco y un remanente de un 3% de población de origen asiática y otras.


¿Qué podemos interpretar, a la luz de los recientes acontecimientos en Perú con respecto a la muerte de indígenas amazónicos y la reacción de Bolivia y Venezuela en torno al tema?  Veamos.


Evo Morales llamó al hecho un “genocidio” y acuso a Alan García de buscar “humillar a la población indígena”.  Antes, el presidente boliviano llamó señaló a los organizadores de la Cumbre Continental de los Pueblos Indígenas, que se realizó en Perú a construir la "segunda y definitiva independencia" de  los pueblos de América. Un llamado claro a la unión de los pueblos indígenas peruanos en torno a una causa común: alcanzar el poder. La respuesta del gobierno de García ha sido cauta, so pena de “hacerle el juego” a Chile y su nuevo aliado “altiplánico”. Hoy Belaunde es claro en ese sentido: declaró a Evo Morales “enemigo del Perú”.


 Ya habíamos señalado en otra nota que la mezcla entre indigenismo, nacionalismo y etnocacerismo amenazaba la continuidad del proyecto político-económico del régimen de García y de todo el orden político interno peruano. No es nada nuevo. Históricamente, dos han sido las principales amenazas internas para la elite peruana. Por un lado, las fases de toma de conciencia de su población indígena de su condición de sometimiento histórico. La segunda, el surgimiento de un liderazgo indigenista capaz de aglutinar a ese 45% de la población en torno a un proyecto de naturaleza etnoinidgenista. Ya el 2008, en el marco de la Cumbre de los Pueblos 2008, el dirigente peruano Miguel Palacin, reveló sus intenciones de postular un partido político de indígenas a las elecciones generales del 2011, señalando que, "queremos un instrumento político distinto al de los partidos convencionales. Buscamos un Estado plurinacional que nos incluya".


La  clase política peruana reconoce el riesgo que corre si su población indígena toma conciencia política de la de su condición de sometimiento histórica a esa elite limeña y adopta un proyecto político propio, autónomo, similar al del MAS en Bolivia.He aquí la principal amenaza de Evo para el sistema político peruano.


Hoy los gobiernos de Evo Morales y de Alán García están enfrascados en una guerra fría de naturaleza política.

Para García y su clase política, Evo ha obtenido victorias relevantes, no solo goza de alta legitimidad política en su país, sino que se está erigiendo en un líder indigenista transnacional que llama a los indígenas a buscar y conquistar su independencia. Un llamado que lo hace en Perú.

Evo incrustó una cuña paceña en el corazón del sistema político peruano, y buscará sacarle provecho contra el régimen liberal de García. Por otro lado, el régimen aprista identifica a Evo como una amenaza potencial para su orden interno, pero sobre todo, para seguir manteniendo un sistema político que lejos de gozar con legitimidad por parte de su población, cae sistemática y progresivamente en las encuestas.


En la búsqueda por la presidencia peruana del 2011, Evo también está corriendo.



La nueva agenda geopolítica de Evo Morales

Jun. 02 , 2009

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 ¿Qué sucede cuando una  suma de hechos meramente coyunturales se transforma en cambios estructurales? Justamente de esto estamos hablando cuando leemos las declaraciones de Evo Morales, pero sobre todo, cuando mantenemos un seguimiento de lo que ha sido su postura hacia Chile y su vecino peruano. Hechos que parecían desconectados entre sí, hoy se han cristalizado en lo que parece ser un cambio estructural en la postura exterior vecinal boliviana, tanto hacia Chile como Perú.



Evo parecer estar consciente que, para el electorado chileno, la percepción de pérdida de siquiera un metro cuadrado de territorio en favor de Perú podría lapidar su acceso al Océano Pacífico. Lo anterior posee una lógica política clara: la población chilena no aceptaría transformar la agenda de 13 puntos en un  acuerdo que termine por ceder una salida al mar a Bolivia. “Perder” nuevamente territorios sería prohibitivo para Chile. Intolerable, incluso, si esto significa retrotraernos a los peores momentos de nuestras relaciones con el Palacio Quemado boliviano.



Por otro lado. Evo parece también estar consciente que ante el escenario anterior, el “precio territorial” que Bolivia debería pagar a Chile a cambio de un enclave boliviano en el norte de nuestro país sería mayor. ¿Por qué no hablar de palabras mayores como el intercambio de territorios entre un enclave soberano en favor del vecino boliviano a cambio de lo que llamo un “enclave energético” en el sur de Bolivia, léase Tarija o santa Cruz de la Sierra?  Parece política ficción, pero tiene más aires de un ejercicio de escenarios, altamente plausible de ser explorado.



Peor aún para Evo Morales si la pretensión marítima peruana ante La Haya es descartada por dicho tribunal. La respuesta peruana sería durísima, haciendo validar lo que ellos consideran el “vinculo de soberanía” que mantendrían sobre territorio ariqueño. Negar pan y agua a la dirigencia masista, descartando de plano, bajo la lógica de una política de represalias políticas, toda cesión de una franja territorial a Bolivia. Por estas razones Evo Morales apuesta el todo por el todo en favor de Chile. La demanda ante La Haya peruana solidifica la postura oficiosa y sistemática peruana en orden a buscar mantener en forma permanente el enclaustramiento boliviano, alimentando con ello, una animosidad historica hacia Chile por parte de dicho país. Hoy eso ya está dejando de aplicarse.



Pero, aterricemos en el fondo de las declaraciones emitidas por el mandatario boliviano. Las palabras y las acciones de Evo Morales hacia Chile y Perú  hablan de una transformación del mapa geopolítico subregional, en específico del mapa de la costa sur del Pacífico sudamericano.



Junto al acercamiento chileno-boliviano, que digámoslo, tiene un carácter eminentemente instrumental y utilitario dadas las diferencias en cuanto a la naturaleza ideológica de ambos gobiernos y Estados, estamos presenciando que la identificación del Perú y su gobierno como fuente de animosidad boliviana crece día a día. No es por nada que Torre Tagle acogió a los bolivianos “orientales” perseguidos por la justicia de dicho país: el régimen de Alan García necesita mantener una presencia en Bolivia, y ¿por qué no hacerlo en el espacio “oriental” boliviano, aquel que predica las misma lógica económica liberal que ellos?



Más allá de lo anterior, queda claro que el asilamiento geopolítico del Perú está tomando forma. Se cristaliza. Tácticamente hablando, el Perú podría obtener una victoria ante La Haya, pero desde el punto de vista estratégico, se acerca a una derrota política que marcará su posicionamiento vecinal y regional en forma negativa.



El Tratado de Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia de 1873, el que marcó y simbolizó una alianza duradera de casi  135 años entre ambos países, está llegando a su fin.



Geopolíticamente hablando, el Perú y su clase política perdieron la oportunidad histórica en cuanto  a contribuir a  estructurar un eje liberal entre ellos, Colombia y Chile. En este sentido, no podía existir mejor momento y las mejores condiciones para que la agenda de futuro ofrecida por Chile a Torre Tagle terminara por sentar las bases para un cambio, esta vez estructural en el posicionamiento y en la percepción política entre ambos países.


Utilizar la simetría ideologica entre ambos gobiernos para generar una asociación estratégica que  desembocara en todos los aspectos de la vida social, política y económica chileno-peruana. En cambio, Perú eligió mantener la lógica de la rivalidad con Chile, esta vez no solo en el plano económico, sino que también en el ámbito territorial, político y militar. Una elección que, desgraciadamente, nos mantiene en un terreno conocido: cis vis pacem, para bellum.



La Haya entre la razón y la fuerza

May. 28 , 2009

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Los embajadores de Brasil y de Argentina, en Lima, apoyaron públicamente la postura peruana de ventilar su pretensión territorial y marítima en el tribunal internacional de La Haya. Los apoyos, en este sentido, responden a la idea según la cual el Estado peruano decidió no utilizar “otros medios”, como la fuerza, a fin de resolver lo que ellos consideran una disputa territorial con Chile. Perú eligió, claramente, la razón sobre la base de la disuasión que Chile ejerce sobre ellos. Desde esta visión, y contrariamente a lo que se señala, la credibilidad de la amenaza disuasiva chilena resultó ser exitosa.


Frente a lo anterior, dichos embajadores, y por extensión sus países, adoptaron una postura que, en un primer momento sorprende, y lo hace porque no parece tratarse de un hecho aislado. Dos Estados “amigos” deciden respaldar la acción peruana, haciendo pública sus visiones. Ambas en menos de 72 horas. Resulta diplomática y políticamente hablando preocupante, no obstante ello, si lo pensamos con calma, es completamente comprensible.


En primer lugar, no debemos olvidar que ambos Estados, el brasileño y el argentino, son "atlánticos." No están sometidos a la lógica de un orden fronterizo y territorial construido sobre la base de las líneas del paralelo geográfico como ese el caso de todo el espacio geopolítico del Pacifico Sur Sudamericano. La pretensión peruana pone en jaque un orden político subregional que no afecta los intereses brasileños ni argentinos.


Segundo. Recordemos que ambos Estados, el lusitano y el bonaerense, forman parte del extinto orden regional en donde ambas entidades se disputaban la hegemonía sobre Sudamérica. Hoy, esto está cambiando. Chile ha dado recientemente pasos diplomáticos, políticos, económicos y militares que lo sitúan, en términos potenciales, frente a la decisión de transformar su estatura política regional. Lo anterior parece haber generado aprensiones en dichos países en torno a considerar la necesidad de (de) limitar este nuevo estatus y estatura político-estratégica chilena. En otras palabras “bajar sus potenciales y renovados aires de grandeza”.


Una forma de hacerlo es reforzar diplomáticamente al actor percibido como el adversario natural o entidad antagónica estructural de Chile. Se percibe a Perú como el actor débil, pero a la vez, como el único actor que posee el potencial para limitar la proyección política externa de Chile. Una suerte de barrera de contención de las capacidades de proyección de poder de Chile en el entorno regional y vecinal, levantando artificialmente un actor tradicionalmente antagónico.


Tercero. Chile parece haber adoptado una estrategia que podría haber generado ciertas aprensiones en Brasil y Argentina. El repotenciamiento de las capacidades bélicas chilenas continúa, y en un afán, desmesurado, por la transparencia absoluta, la imagen de un país que “se arma” podría estar generando percepciones de amenaza, ya no solo desde Perú sino que ahora en estos dos países “amigos” de Chile. Perú ha hecho un uso político inteligente de esta lógica de transparencia chilena en el ámbito de la modernización de sus capacidades bélicas: una estrategia de ventilación permanente del proceso de adquisición bélico, ahora vinculándolo indirectamente a un potencial desconocimiento de la decisión de La Haya. La fuerza se impondría por sobre la razón jurídica.


Aires de una competencia bélica se están haciendo sentir. Una carrera cuya meta final es el escenario posterior a la decisión de La Haya. Con un público que observa (Brasil, Argentina y el resto de países sudamericanos), y alienta directamente a unos e indirectamente a otros.
La Haya se encuentra hoy entre la razón de los argumentos jurídicos y la razón de la fuerza, pero nada nos dice que llegado el momento el equilibrio se rompa y termine por generar escenarios (im) pensables. Por ahora, la diplomacia intervecinal mueve sus cuerdas, identificando a Chile como el actor  que podría, bajo ciertas condiciones, erigirse como una potencia regional formal, y no solo potencial como es y ha sido hasta ahora.

La postura de Brasil y Argentina, como herederos de un destino hegemónico en el espacio regional sudamericano aún se hace sentir. La real politik una vez más es aplicada en función de Chile, lo que implica la necesidad de readecuar nuestra postura externa en función de dicha nueva realidad geopolítica sudamericana.


Democracias Totalitarias y Revolucionarios Bolivarianos

May. 26 , 2009

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A proposito de la próxima visita de Hugo Chavéz a Chile...


El diccionario de la Real Academia de la Lengua define el concepto de  Totalitarismo, como aquel "régimen político que ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos”. Cabe tener presente esta conceptualización a la luz del nuevo fenómeno de “democracia totalitaria” que se cierne sobre algunos países de la región.


Uno de los principios básicos de los regímenes democráticos (capitalistas) es que el poder político, es decir el derecho para gobernar, está sustentado sobre la base de un pacto entre aquellos que entregan parte de su libertad a cambio de seguridad.  Este pacto se materializa y legitima gracias al principio del 50% + 1, o mayoría absoluta.


Las mayorías absolutas son las que finalmente gobiernan, pero deben hacerlo para todos, incluida esa minoría relativa que pierde. Incluso aquellos regímenes autocráticos que llegan por  la vía de la fuerza saben que deben pasar por el test de la blancura: legitimar su poder por medio del principio de la mayoría absoluta. La estabilidad de su gobierno depende de ello.


No obstante lo anterior, digamos que la estabilidad del régimen pasa por tres formas de acción política sobre las masas.
La primera, a través del uso de la fuerza directa o indirecta: un régimen del terror puede imponerse a fin de generar obediencia y sumisión. La segunda, a través de un régimen que alcanza el poder por la vía democrática, pero que adopta la lógica chavista: la democracia totalitaria se instala, con la dictadura de la mayoría absoluta del electorado. La tercera y última, a través de la vía bolivariana de accesión al poder, pero a lo que debemos agregar, la desfragmentación de la minoría relativa, evitando  con ello la reorganización de este segmento del electorado, utilizando para ello, una política sistemática de persecución de los liderazgos de Oposición. Rosales es un claro ejemplo de ello.


No podríamos  comprender lo anterior en ausencia de un factor central: las nuevas formas que las fuerzas Opositoras a los regímenes bolivarianos están adoptando. Si antes estas fuerzas estaban diseminadas en el espacio nacional, ahora han adoptado la lógica de Fuerzas Opositoras Territoriales. En otras palabras, la Oposición se aglutina en torno y en función de espacios territoriales delimitados y claramente definidos. Liderazgos de corte nacionalistas y casi caudillistas emergen. El espacio territorial de Zulia, al noroeste de Venezuela, por ejemplo aglutinó a la oposición de Manuel Rosales, actualmente asilado en Perú. Lo mismo ocurre con Guayaquil, y su alcalde, José Nebot. Una nueva forma de oposición, la territorial está surgiendo. Mucho más fácil de desarticular al ser de naturaleza personalista y delimitada territorialmente. Lo anterior es posible por la concentración geográfica de las elites económicas. La polarización natural que despiertan los regímenes bolivarianos en los sistemas políticos genera esta reacción, que pueden incluso despertar sentimientos nacionalistas y secesionistas.  


Señalemoslo, el bolivarianismo desarrolló una nueva forma de legitimarse. Referendos y elecciones son sus principales instrumentos de acción. La lógica de una democracia referendista se impone, lenta pero progresivamente.   El movimiento “bolivariano”  está consciente que necesita sustentar el régimen sobre la base de una nueva  legitimidad. Para ellos, los bolivarianos, la democracia con apellido “capitalista” es por esencia “ilegitima”. Los principios que sustentan ideológicamente el Socialismo del Siglo XXI así lo indican,  por lo que deben refundar todo el sistema político. Por esta razón, el Gobierno venezolano ha sido cuestionado recientemente en cuanto al tipo y naturaleza de la “democracia” que está edificando. La democracia representativa venezolana no respondería a los  13 estándares que definen a este modelo de gobierno según la Carta Democrática Interamericana suscrita por los miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA). La razón anterior podría empujar al régimen chavista venezolano a dejar la OEA y crear una organización alternativa.


Esta nueva forma de comprender la democracia por parte del bolivarianismo nos indica que un fenómeno sacude los cimientos de estos regímenes: los gobiernos de mayorías absolutas están gobernando en contra y no con las minorías relativas que quedan. Pero más allá de esta constatación es que existen fenómenos que le son anexos y que tienen el poder de alterar incluso el concepto de democracia tradicional.  El arribo del movimiento bolivariano y del chavismo al espacio sudamericano ha traído consigo nuevos procesos políticos, entre ellos, la lógica de lo que denomino como democracia totalitaria: el gobierno de la mayoría impone un cambio estructural de los sistemas políticos por medio de las refundaciones de los cimientos que sostienen las democracias tradicionales. Una característica central aparece: Todos los procesos de transformaciones institucionales son realizados por la vía y dentro del orden constitucional vigente, pero el resultante de dichos procesos refundacionales con claramente autoritarios.  


En las democracias totalitarias un sistema de partido único de facto ve la luz; la separación de los poderes deja de existir, no en  lo formal, pero si al exacerbarse la lógica presidencialista, frente a un poder legislativo débil o controlado totalmente por el régimen; la libertad de expresión es diezmada, etc…


En términos generales, el modelo de democracia totalitaria bolivariana al desechar los principios básicos que sustenta el “gobierno del pueblo para el pueblo y por el pueblo”, parafraseando a Abraham Lincoln, está quedando al margen del sistema regional democrático. Contravienen a la Carta Democrática Interamericana y de paso, cristalizan la idea, según la cual, el totalitarismo está de vuelta en América latina.


Lo interesante y novedoso aquí es que Hugo Chávez hace lo que dice, y nos previene acerca de lo que hará. Es un hombre de palabra. Por primera vez el lobo no se viste con piel de oveja.


¿Aislamiento Regional Peruano?

May. 20 , 2009

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Las declaraciones del canciller ecuatoriano, Fander Falconí, que señalan, oficialmente, que el Ecuador considera los acuerdos de 1952 y 1954 como tratados de límites, constituyen una nueva victoria táctica chilena en el campo diplomático, la primera fue la postura adoptada por el Gobierno de Evo Morales en contra del Perú.


A lo anterior se suma la petición de Colombia en orden a solicitar tener acceso al dossier presentado por Perú, lo que demuestra las aprensiones potenciales que dicho país tendría frente al tema, en particular por que la pretensión peruana pone en tela de juicio y en jaque todo el orden fronterizo marítimo de la Costa del Pacífico Sur de  sudamérica.


Más allá de este apoyo logrado por Chile hacia la solidez de su causa, vemos que una vez más los hechos coyunturales están modificando la estructura de ciertos fenómenos regionales, en este caso, de la postura en política exterior del Perú. Podemos apreciar un aislamiento político progresivo de este país frente a la región. No sabemos si será permanente, pero claramente la postura adoptada por el gobierno peruano indica que estamos siendo testigos de un proceso de aislamiento regional del vecino del norte.


El resquebrajamiento de sus relaciones con el que fue su tradicional aliado político en la región, Bolivia, y hoy la reanudación de las fricciones diplomáticas con otro de sus tradicionales adversarios, como lo es Ecuador, ilustran el mal manejo de la política exterior peruana. Para Perú, un aspecto central ha sido evitar lo que se denomina el “encierro geoestratégico y geopolítico”, es decir percibirse como un Estado-Fortaleza. Hoy, Alan García está construyendo, progresivamente, las murallas de esta fortaleza. Debemos claramente sumar, su postura antichavista, pero también la pretensión territorial y marítima contra Chile.  Solo Brasil mantiene relaciones normales con este país, lo que se explica por la postura de liderazgo cooperativo del gigante carioca.


El gobierno peruano aparece, ya no solamente frente a  los ojos chilenos, sino que ahora regionales adoptando una postura revisionista del orden territorial y fronterizo marítimo sudamericano. Una caja de pandora que podría traer consigo un renacimiento artificial de  disputas y diferendos sobre espacios territoriales, justo en momentos en que Brasil está dando poderosas señales de la necesidad de estimular e institucionalizar nuevos órganos de integración regionales, como son el UNASUR y el Consejo de Defensa Sudamericano.


De toda evidencia, este gesto es de relevancia diplomática y política. Señala que los argumentos jurídicos chilenos son sólidos, pero más que eso,  establece la legitimidad de la postura chilena, una que busca mantener el status quo territorial y la estabilidad regional sudamericana, por sobre debutar un proceso de cuestionamiento de la estabilidad fronteriza en el Pacífico Sur.


Dijimos que un aspecto central en la percepción histórica de amenaza y riesgo peruano es el aislamiento, hecho que fue correctamente solucionado durante el siglo XX con las relaciones especiales que mantuvo con su ex aliado boliviano y el argentino. Hoy dicha aprensión se está materializando, al menos desde el punto de vista diplomático. Ha sido edificada, paso a paso, por el gobierno aprista, no solamente en función y contra los regímenes con los cuales Alan García mantiene una postura ideológica de antagonismo, como es Bolivia y Venezuela, sino que además, con aquellos países con los cuales posee afinidades políticas, como son  Chile y Colombia.


Chile suma victorias tácticas, esperemos la victoria estratégica.


Mientras tanto, se aprecia un cambio interesante en el posicionamiento diplomático chileno en el ámbito regional. Se constata un incremento de la estatura política chilena y un aumento cualitativo de la capacidad de influencia en el espacio sudamericano del Estado chileno.

¿Estamos dejando de ser solo un “gigante” comercial y económico, pero sobre todo un “enano” político? El tiempo parece estar respondiendo en forma afirmativa a esta pregunta.



Perú-Bolivia: Relaciones Tormentosas

May. 17 , 2009

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Ya se había señalado en notas anteriores, un enfriamiento de las relaciones entre Perú y Bolivia se ha operado en el transcurso de los últimos veinticuatro meses. Un enfriamiento que ya tiene los atisbos de un congelamiento permanente. En su momento, nos habíamos preguntado si había llegado el fin de la relación de “amigos hereditarios” entre peruanos y bolivianos: los últimos acontecimientos nos indican que esto estaría efectivamente  produciéndose, y de manera acelerada.


Las amenazas de Evo Morales en cuanto a romper relaciones diplomáticas con Perú han sonado la alarma. La razón aparece como meramente coyuntural: El Perú otorga asilo a tres ex ministros del régimen neoliberal de Sánchez de Lozada. Nada nuevo si no es por el hecho que anteriormente había otorgado el mismo trato a Manuel Rosales, ex gobernador autonomista y anti chavista de la región de Zulia, en Venezuela. ¿Es solo una coincidencia, o el régimen de Alan García está convirtiendo a Perú en la patria de acogida de las fuerzas políticas de corte neoliberales y anti bolivarianas “perseguidas” por los regímenes neo populistas de izquierda?


Ante el caso boliviano, digamos que, en un primer lugar, se trata de una respuesta a la acusación de Evo Morales y su gobierno en contra del Perú en el sentido que Lima instrumentalizó su pretensión ante La Haya a fin de bloquear su acceso al Pacífico. Esta victoria diplomática chilena aún no ha sido perdonada a Evo. Acoger a estos tránsfugos y otorgarles el asilo de manera inmediata tiene un significado político: una represalia de naturaleza diplomática.


En segundo lugar, se buscaría interferir en las relaciones especiales de acercamiento entre La Moneda y el Palacio Quemado. Las recientes negociaciones entre Bolivia y Chile con respecto al diferendo del Silala, constituyen otro gesto inaceptable para Perú y que demuestran que el proceso de acercamiento chileno-boliviano se mantiene vigente y se refuerza con el tiempo. Evo sabe que adoptar la lógica de la confrontación diplomática con Chile no conlleva sino a mantener en forma permanente su demanda. Evo quiere ser el mandatario que termine con el carácter mediterráneo de Bolivia, en esta lógica el Perú no tiene ningún valor de uso real y efectivo para el régimen masista.


Vamos más allá. La acogida de los tres ex ministros bolivianos tiene, también, un carácter altamente político: materializar un proceso más activo de intervención en la política interna boliviana, justo en momentos en que las elecciones en dicho país avanzan a pasos agigantados. Asociarse a las fuerzas antimasistas, cogiéndolas, denotaría un gesto de intervención indirecta en los asuntos políticos internos bolivianos.


El gobierno aprista está convirtiendo a Perú, con estos gestos, en una plataforma de (re)organización de las fuerzas de oposición a los regímenes bolivarianos en la región.


 Las coyunturas están dando paso a lo que podría ser una política estructural y sistemática de apoyo político peruano a las fuerzas de oposición a los regímenes bolivarianos convirtiendo al Perú aprista en un santuario antibolivariano.
No obstante ello, el peligro de esta conducta radica en dos hechos:


Primero. En generar una importación de los efectos políticos de esta nueva conducta del Estado limeño hacia la política interior peruana, en particular la político-electoral de dicho país. El país acentúa la polarización ideológica interna al reforzarse la cristalización de una postura aprista de corte neoliberal. No olvidemos que al interior del sistema político peruano hay fuerzas bolivarianas altamente poderosas, como es Ollanta Humala y ahora movimientos y vanguardias políticas indigenistas.


Segundo. Que se verifique una reacción vigorosa de las fuerzas bolivarianas, dirigiendo sus reacciones hacia el interior del sistema político peruano. Lo anterior se produciría en momentos en que las fuerzas indigenistas peruanas comienzan a organizarse, pero sobre todo, adquieren conciencia del potencial que significa erigirse como fuerzas  electorales  consientes de intereses nacionales propios, específicos y antagónicos al del sistema político peruano.

 
¿El futuro? Las próximas elecciones generales en Bolivia cristalizarán el modelo bolivariano en dicho país, y con ello, se ahondarán las diferencias estructurales entre ambos regímenes. En Perú, las elecciones del 2011 reflejaran el papel activo que desempeñará el modelo refundacional bolivariano de Evo: un modelo que demuestra cómo el movimiento indigenista, organizado y consciente de su estatus político, puede alcanzar grandes cuotas de poder, esta vez en Perú.


Las tormentosas relaciones entre Gracia y Morales no son meramente coyunturales, sino que son estructurales. Ambos países no solo dejaron de poseer un “adversario común” (Chile), que les cohesionaba, sino que además sus respectivos intereses en política exterior son absolutamente antagónicos.
¿Estamos frente al fin de los “amigos hereditarios”?


El "Factor MO": Marco Enríquez-Ominami frente a Frei.

May. 14 , 2009

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El escenario político-electoral chileno está siendo objeto de una profunda restructuración.

Tal vez no lo apreciamos, porque somos testigos y actores del mismo. Pero claramente, está cambiando en forma lenta pero progresiva.


La irrupción del pre-candidato Marco Enríquez -Ominami (MO) es un claro ejemplo de ello, el otro es la idea que subyace, según la cual, Chile necesitaría una “refundación”, una nueva institucionalidad. Las fuerzas antisistemicas están surgiendo desde la elite política chilena, y no desde la marginalidad. Chile, fiel a su idiosincrasia, quiere la transformación pero que ésta sea en orden.  


El día después de la próxima elección, nada será igual. Cualquiera sea el escenario, cambios profundos en la institucionalidad política chilena tendrán lugar y verán la luz.


Hoy, mientras la Concertación se disgrega y fragmenta, la Alianza, ahora en su versión expandida,  la Coalición por el Cambio,  se aglutina. Para algunos, nadie ha declarado aún la muerte de la Concertación de Partidos por la Democracia, sin embargo en los hechos, solo faltaría ir a buscar el certificado de defunción. Para otros, en las crisis está el germen de la renovación, de la modernización y del recambio. A esto último apuesta MO.


 El proceso de fragmentación de la Concertación ilustraría un fenómeno de  polarización de las fuerzas en su interior. Aquellas pro statu quo, que buscan mantener el sistema de distribución del poder político en su lógica cupular y otorgando preeminencia de la elite tradicional, siendo Eduardo Frei su mejor exponente. Por otro lado, aquellas fuerzas que consideran que el marco institucional de la Concertación debe ser modificado sustancialmente, ya que los pilares ideológicos de las fuerzas progresistas que ayudaron a formarla, hace ya veinte años, han sido objeto de profundos cambios.  


En este sentido, no es extraño apreciar que de los  cuatro precandidatos “concertacionistas”, tres de ellos provienen de las filas de la izquierda: J. Arrate, A. Navarro y M. Enríquez-Ominami. La apuesta es saber quién aglutinará a las fuerzas progresistas, quién las liderará hacia una restructuración y reorganización ideológica, política y directiva. MO aparece compitiendo con Frei, pero en realidad lo hace con los otros dos candidatos y con las fuerzas del inmovilismo del progresismo concertacionista.


MO representa más que cualquier cosa, la búsqueda por darle a la izquierda chilena un nuevo carisma ideológico y una nueva cara política. La competencia del pre candidato outsider de la Concertación no es directamente  con Frei ni con Piñera, sino que con aquellos sectores que se ven representados por un progresismo en crisis de identidad, pero que advierten  la necesidad de aggiornar ideológicamente al conglomerado oficialista.  Enríquez-Ominamí es el pre candidato antisistema del sistema. Forma parte de éste.  Siempre lo ha hecho.


El Factor MO podría traer consigo un despertar de los sectores de izquierda desencantados, no solo con el debilitamiento ideológico de este sector, sino que también con la disgregación de los liderazgos del mismo. MO podría estimular el voto progresista joven, desilusionado con la política y “los políticos” (tradicionales, la vieja guardia), dirigiéndolo, bajo ciertas condiciones, hacia un Frei que, habiendo escuchando la necesidad de introducir una refundación limitada de la institucionalidad política chilena, hoy se presenta como un precandidato “del cambio”.


Claramente el factor MO podría restarle apoyos a E. Frei, pero sobretodo lo hará en función de J. Arrate y Navarro. La lucha por la modernización, el liderazgo y la unificación del progresismo chileno, desde los sectores más anti sistema hasta los del establishment tradicional, podrían ver en la imagen de Marco Enríquez Ominamí, no en el fondo de su programa (¿?), la última oportunidad para evitar que la Derecha llegué al poder.


Chávez en Chile

May. 11 , 2009

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Hugo Chávez postergó su visita a Chile, no obstante ello, démoslo por hecho, que contaremos con su presencia en nuestro país.  El señor de la boina roja y de la gabardina militar llega con su verborrea antiimperialista a uno de los principales aliados indirectos que los EE.UU tienen en Sudamérica, los dos otros son Colombia y Brasil.


No olvidemos que Chile y su gobierno "socialista", catalogado de esta manera en el extranjero, se ha erigido en uno de los principales adversarios potenciales del régimen chavista, la razón es simple: El régimen político chileno "concertacionista", liderado por una mandataria socialista, constituye la negación de la postura anti sistema capitalista de Hugo Chávez: es posible crecer y desarrollarse económicamente, en un espacio de estabilidad politica interna, bajo una lógica de consensos y acuerdos verticales, aún siendo gobernado por un gobierno de corte socialista y al interior de un sistema político y económico capitalista. Todo lo que Chavez señala como imposible, en Chile sucede, con existos relativos, pero sucede.


Antes de adelantar algunas observaciones respecto de los efectos de su presencia en nuestro país, realicemos un breve balance del fenómeno chavista en el espacio regional.


En el plano interno, hoy el régimen bolivariano venezolano se encuentra consolidando su poder interno. Como todo régimen autocrático, ya se legitimó interna y externamente, por medio de sendos procesos referendarios bajo la lógica de lo que denomino las democracias dictatoriales. Chávez tomó el control de las FF.AA, haciendo uso de la misma táctica que critica del imperialismo: Divide et impera. Fragmentó a las Fuerzas Armadas venezolanas, generando contrapesos internos. Reforzó la Guardia Nacional, transformándola en la Guardia Nacional Bolivariana., su guardia pretoriana.Reestructuró la Reserva Nacional, estableciendo los Cuerpos Especiales de Resistencia o el Pueblo en Armas.  En otras palabras, se generaron fuerzas paralelas que vienen a fragmentar  el monopolio de la violencia legítima de las FF.AA. en Venezuela.


A falta de una Oposición estructurada, Hugo Chávez está dándole los golpes finales para su inoperancia  total al desmantelar la oposición territorial de corte caudillista de la región de Zulia. Manuel Rosales, principal articulador de este nuevo tipo de oposición, fue objeto de una persecución político-judicial, que lo dejó obligó a buscar asilo en Perú.El camino para la perpetaución en el poder está libre.


En el plano externo, el régimen chavista ha transitado por diferentes fases, siendo una característica permanente el sentimiento, que este sea o no  artificial y utilitario, de encierro geoestratégico y político por parte de los EE.UU. y sus aliados más cercanos. En esta lógica, Chávez se planteó expandir su modelo, hacia Bolivia, Ecuador y Perú, sin embargo ha sufrido derrotas tácticas en Bolivia, con la división de facto en dos entidades políticas (oriente y occidente). En Ecuador también fue objeto de una derrota táctica (con la llegada de un mandatario bolivariano pero no chavista) pero conoció una de naturaleza estratégica en Perú, con la llegada de un aprista reconvertido al capitalismo duro y puro como Alan García. Frente a esta lógica de Estado-Fortaleza, Chávez decidió expandir sus alianzas hacia actores extra regionales como son Irán y Rusia, y en menor medida China. Hoy, Hugo Chavez se encuentra consolidando su exigencia internacional en cuanto a ser considerado como una potencia regional (¿y por qué no en algún momento mundial?).  Esta consolidación viene de la mano de un potenciamiento acelerado de sus capacidades militares.


Un breve balance de lo que has sido la evolución del régimen en cuestión, nos permite observar los efectos de su presencia en Chile, una vez que éste personaje político pise suelo chileno.


Las condiciones políticas que encontrará Chávez en Chile son particulares.  En plena campaña pre electoral, con una Concertación que se desangra internamente traduciéndose en una implosión de candidatos, con una “izquierda” que busca unificarse, creando un mega-partido (bajo la lógica del candidato Arrate); con la existencia de un MAS chilensis, dirigido por el Senador Navarro y, recientemente, con la llegada de un candidato electoral oursider, como es Marcos Henríquez-Ominami: el candidato del sistema pero antisistema.

Finalmente, llegará a tierras sureñas con una Derecha política chilena que aún no logra consolidar su candidato único. El sistema político chileno conoce  una fase de transición bastante profunda. Voces de una vía chilena a la refundación institucional se han hecho sentir, incluso del candidato Eduardo Frei: No bastaría con reformar la Constitución hay que diseñar una nueva. Las repercusiones del Chavismo se han hecho sentir incluso entre nuestra elite política. Aggiornar las lealtades políticas e ideológicas.


La presencia de Hugo Chávez en estos momentos parece no ser la más propicia, ¿tendrá los efectos de impulsar la unificación de la izquierda chilena, desde los sectores más antisistemas hasta los más institucionalizados? ¿Cuál de los tres candidatos outsiders concertacionsitas logrará su apoyo mediático? Hugo Chávez potenciará a la izquierda, cualquiera se su apellido. Por ello es necesario que el candidato oficial de la Concertación siga con su nueva visión reformista, cuestión que esta presencia no lo deje acorralado en la derecha del espectro político.


Una última pregunta queda en el tintero: ¿Por qué razón el gobierno chileno invitó a Hugo Chávez a Chile, justamente ahora? Materialmente hablando, la respuesta parece provenir de la necesidad de mantener a Chile presente al interior de la lógica de la estructura de poder del ABC (Argentina-Brasil-Chile). Si Hugo Chávez tenía planeado realizar una mini gira a los vecinos brasileños y argentinos, de toca evidencia también debía venir a Chile. Chile reclama de esta manera su papel de actor históricamente clave en lo que el orden regional de poder se refiere, durante todo el siglo XX, y que hoy, al menos en la forma,  intenta mantener y reforzar.


Chávez en Chile marcará un hito político en las relaciones con ese régimen, sin embargo la lectura que harán los países vecinales en función de dicha vista será interesante de escrutar, en particular en Perú y en Bolivia.

Chávez en Chile, quien lo hubiera dicho...


F-16s : Entendiendo el por qué Chile potencia su Disuasión

May. 03 , 2009

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El anuncio de compra de una flotilla de aviones F-16 a Holanda, luego desmentida por el gobierno holandés, y más tarde reafirmada por el chileno pone, nuevamente en el tapete, el cuestionamiento sobre si estamos enfrascados en una carrera armamentista en América del Sur, y en particular, si se está inaugurando una entre Chile y Perú.


No sólo Chile ha inaugurado un programa integral de modernización de sus capacidades bélicas, sino que Brasil, Colombia y Venezuela también, en menor escala Ecuador…y ahora, posiblemente, Perú. En Argentina, presiones se hacen sentir hace bastante tiempo sobre Nilda Garré, su Ministra de Defensa, a fin que ésta inyecte recursos en sus FF.AA. Hasta ahora nada. Este puede ser el caso.



Desde Perú se ha señalado que Chile estaría rompiendo el equilibrio estratégico en Sudamérica, pero sobretodo entre ambos.
Creo que en este debate se ha está obviando un ingrediente fundamental que es identificar los estímulos que llevan a un país a embarcarse en un proceso de repotenciación de sus capacidades bélicas, en este caso Chile, en contra de quien la clase política peruana punta todos sus dardos.



Ya hemos señalado en artículos anteriores  parte relevante de estos “ingredientes”, sin embargo existe uno que tiene un carácter altamente simbólico, que está inserto en el ADN nacional a través de la historia pasada. Estamos hablando de las percepciones que alimentan, artificialmente o no,  posturas de seguridad públicas, como son doctrinas de defensa, políticas de defensa y procesos de adquisición de sistemas de armas. ¿Porqué razón Chile ha potenciado su capacidad disuasiva durante estos últimos veinte años?



El programa de modernización bélico chileno, inaugurado a fines de los 80, cristalizado en los 90 y plenamente absorbido durante este siglo que recién comienza,  surge, en lo más profundo de sus motivaciones políticas, en dos hechos claves: la crisis del 78 con Argentina y antes, aquella con el Perú de Velasco Alvarado a finales del 70. Una percepción de inferioridad en cuanto a capacidades, una postura defensiva y una  percepción de aislamiento real bajo la forma de un Estado-Fortaleza, imprimieron la idea de un “nunca más”. Nunca más estar a la merced de voluntades políticas de los Estados vecinales, nunca más debilidad militar. Desde ahora, la disuasión no puede ser “defensiva” sino que debe ser una de naturaleza ofensiva: El precio de una aventura bélica en contra de Chile debe ser altísimo.  No solo se debe estar preparado para “neutralizar”, sino que “proyectar la fuerza”. Una apuesta por una disuasión doctrinalmente ofensiva, pero políticamente defensiva.



Lo anterior queda aún mas claro cuando Chile nos señala que no tiene pretensiones territoriales. Percepciones de "revanchismo" asociadas a pretensiones territoriales pueden y claramente incentivan la inauguración de programas que buscan repotenciar las capacidades militares. Chile entendió bien esto último.



Desde el Perú se acusa a Chile de embarcarse en adquisiciones masivas de material bélico, pero ellos obvian un punto central: Chile está en una posición defensiva en el plano de sus fronteras, no así sus tres vecinos estatales. Chile no ha ido a La Haya, lo llevaron. Bolivia pretende sistemáticamente  obtener una salida al Océano Pacifico que implicaría perdida de soberanía, Perú, por su parte,  pretende rectificar los límites fronterizos y con nuestro nuevo socio estratégico argentino aun no  está zanjado Campos de Hielo Sur.


 
Desde el Perú se señala que existe un desequilibrio militar, una “asimetría”, a favor de Chile.Esta asimetría puede ser real, en términos militares, puede que efectivamente se estén rompiendo los “equilibrios militares” en las relaciones chileno-peruanas, pero, tengámoslo claro, que está nueva relación puede ser explicada por la postura del Perú: desconocer tratados de limites vigentes, mantener una postura política y económica de competencia con Chile en forma permanente y alimentar una rivalidad desde la clase política a través de sus medios escritos, denota una postura revanchista. No puede ser sino lógico que Chile desee reforzar sus capacidades disuasivas, por cuanto el país, efectivamente, moderniza cualitativamente sus arsenales para fines disuasivos y no desde una óptica cuantitativa: no es Chile quien pretende desconocer límites fronterizos ni tiene intereses de absorber territorios vecinales. Todo lo contrario.



Los desequilibrios no implican una estricta paridad. Las asimetrías militares, a lo largo de la historia humana, han permitido que la paz sea preservada. Este puede ser el caso. La postura "disuasiva" implica que existe un actor que pretende cambiar las reglas del juego. Existe un actor con animo revanchista, de rompimiento del statu quo territorial, en este caso, el "otro" actor no hace sino que apelar a mostrar la fuerza para nunca tener que servirse de ella. Ahora solamente nos queda identificar quién es quién.

¿Carrera armamentista en América del Sur?

Apr. 29 , 2009

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Las ventas rusas de armamento a América Latina se incrementaron en un 900% en el quinquenio 2004- 2008 con relación al período 1999-2003, segun informaciones recientes. Chile adquiriría 18 otros F-16 a Holanda, el Perú anunció la adopción de un sistema similar al chileno en cuanto a extraer de las exportaciones de minerales un 5% para su Sistema de Defensa. Brasil, por su parte, adoptó un programa nacional que busca potenciar su industria de defensa y adquirir sistemas de armas avanzados. Suma y sigue.



¿Cómo podemos interpretar estos fenómenos? ¿Estamos frente a una carrera armamentista regional? No estoy seguro de ello. Expliquemos las razones.



¿Cómo mantener, y sobretodo, reforzar el potencial disuasivo sin necesariamente provocar un aumento de la percepción de amenaza en los Estados vecinales y regionales? ¿Podemos evitar crear una contradicción entre la necesidad de garantizar una capacidad de reacción militar defensiva lo suficientemente poderosa como para neutralizar cualquier tipo de amenaza a la integridad territorial y soberana de un Estado y la voluntad política de disminuir el factor de hostilidad y de amenaza interestatal a través de la cooperación e integración?



La respuesta parece provenir de los llamados programas de modernización de tecnología militar (PMTM). La idea básica de este fenómeno es reemplazar los arsenales, o parte de ellos, sin necesariamente alterar su número. Se substituyen los sistemas de armamentos considerados como obsoletos por otros modernos, capaces de garantizar el potencial disuasivo en un período relativamente largo de tiempo (20 o 30 años, en promedio). ¿El fenómeno precedente implicaría impedir el surgimiento de competencias armamentistas en el Cono Sur? No se estaría dando, por el contrario, un nuevo fenómeno de emulación armamentista focalizada, esta vez, hacia la adquisición de material bélico de alta tecnología permitiendo multiplicar el potencial de fuego.



Señalemos, que para que exista una carrera armamentista se hace imperativo la existencia, simultánea o independiente, de algunos factores presentes en un fenómeno de competencia bélica:



1. La existencia de un factor de hostilidad interestatal.



2. El aumento unilateral y significativo del gasto militar, específicamente del gasto fiscal en defensa con el fin de producir justamente medios o instrumentos de defensa,



3. La adquisición unilateral de una masa crítica de sistemas de armamentos de largo o mediano alcance (por esencia ofensivos), pudiendo poner en peligro la santuarización de las zonas vitales.



5. La adquisición de sistemas de armamentos catalogados como ofensivos mas que defensivos.



6. La inexistencia, a la vez, de canales de comunicación oficiosos u oficiales, permitiendo canalizar o regular el antagonismo político, militar, cultural y/o económico entre unidades estatales.



Señalemos, además, que dos fenómenos constituyen los fundamentos de toda carrera armamentista: la existencia o no de un factor de hostilidad interestatal (algo que incite una animosidad entre Estados o sociedades), por un lado, y la percepción de amenaza, real e inmediata, que dicta el aumento acelerado del gasto fiscal en defensa, alimentando una escalada bélica cuyo objetivo es la búsqueda de una seguridad máxima.



Los programas de modernización de tecnología militar (PMTM), como el chileno, por ejemplo,  no responden a la lógica de la tradicional carrera armamentista: Cómo invertir más recursos en más armamento, sino que menos recursos pero en mejor armamento. Esta es la problemática política impuesta por los PMTM, a diferencia de la lógica introducida por el fenómeno de carrera armamentista el cual funda su problemática política, más bien, en cómo generar más recursos para adquirir, eventualmente, más armamento.



Chile no estaría inserto en una carrera armamentista ya que no posee, al menos declaratoriamente, pretensiones territoriales ni busca proyectar su poder político hacia otros espacios regionales o vecinales. Su Política Exterior es claro en ello, más aún su Política de Defensa.


No obstante lo anterior, su política de adquisiciones sí responden a los seis puntos precedentes. Es importante identificar las visiones y percepciones que dichas adquisiciones generan en el entorno vecinal y regional, solo así estaremos en condiciones de evaluar cuan lejos o cerca estamos de una carrera armamentista.

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