Cristian Leyton Salas

Relaciones Regionales

 

Pegar "muy" fuerte.

Jan. 28 , 2010

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“First Strike” en ingles o “Coup preventif” en francés. Ambos conceptos utilizados en la jerga militar y en los Estudios Estratégicos para definir el llamado “Primer Golpe” o “primera acción bélica en una guerra ofensiva o defensiva.

Se trata, claramente, de una conceptualización utilizada profusamente durante la  Guerra fría. Su objetivo: caracterizar las bases políticas y militares que debían sostener la paz armada que se instauraba. Es decir, la instauración de una disuasión convencional y nuclear estable, que debía solidificarse a fin de evitar “aventuras bélicas” pudiendo llevar al planeta a un desastre inimaginable.


Poseer una disuasión adecuada implicaba poseer una capacidad de “golpear”, aún luego de haber recibido el “primer aventón”. Chile posee hoy esa capacidad.


En términos reales, no solo tenemos la capacidad de reaccionar ante una agresión, sino que también para asestar primero. La diferencia entre la primera está dada por disuadir de los costos de una acción directa o indirecta vecinal, la segunda, por adoptar y hacer suya la estrategia de una reacción preventiva. Políticamente hablando, no es posible adoptar la segunda lógica, técnicamente sí. No obstante ello, el umbral que separa las guerras de agresión de la guerra preventiva es, de acuerdo, a la ley internacional casi inexistente. Sin embargo, si encontramos diferencias. La “Guerra de agresión” busca la conquista, la segunda evitar ser objeto de ella por parte del que agredirá.


La reciente declaración del Jefe de la FACH, Sr. Ricardo Ortega, no hace más que transformar la realidad en una frase: Chile posee la capacidad de no solo “pegar”, sino que de hacerlo “fuerte”.

La disuasión chilena pareciera que dejó de ser “estática” para adoptar una forma mucho más dinámica. Para algunos podría ser dual en el sentido que estaría facultada tanto técnica como operacionalmente para "ir en busca" de objetivos más allá de nuestras fronteras políticas, pero que dado el posicionamiento político internacional de Chile le sería, bajo las actuales condiciones prohibitivo. A pesar de ello, Chile y sus FF.AA están capacitadas para expandir el radio de acción diplomático y militar según sean las necesidades futuras.

Las relaciones internacionales son gobernadas por la incertidumbre, mientras que Sudamérica atraviesa una fase de profunda transformación. Preparar el campo de acción diplomático requiere contar con una capacidad de "pegar" no solo "fuerte" sino que extender el brazo hasta donde se requiera, solo así la disuasión cumplirá su verdadero rol: mantener el statu quo.

Chile posee la capacidad, pero no la voluntad. La disociación entre ambos conceptos hace la diferencia entre ser una amenaza o constituirse en fuente de estabilidad regional. Chile está eligiendo la última.


Chávez versus Chile

Jan. 25 , 2010

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Hugo Chávez torció, una vez más, la mano a la libertad de expresión. Hoy fue el turno de la señal Internacional de TVN en conocer en carne propia la política de represión mediática del régimen chavista. Pero no se trata solo de un acto aislado, sin un trasfondo político. Se trata de una señal hacia Chile y el próximo gobierno aliancista. Ya advirtió a Piñera: “No se metan con nosotros”...

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Nuevas relaciones Chile-Perú: una visión Geoeconómica.

Jan. 19 , 2010

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Resulta interesante revisar la prensa peruana y constatar la percepción que parte de la clase política de dicho país está construyendo en base a la elección de Sebastián Piñera como presidente de Chile.



Según Carlos Ferrero, abogado y político peruano, señaló recientemente que “Chile tiene, como principal meta crecer, comprar la economía peruana y así conquistarla”, estableciendo claramente que, “cualquiera fuese el resultado, para Perú es igual. La política de Chile no es de un gobierno a otro sino es una política de Estado…”. Existiría, desde esta perspectiva, que no es aislada, una política de Estado por parte de Chile a fin de tomar el control de la estructura económica peruana. Se busca imponer a la opinión pública de dicho país una imagen de vulnerabilidad y debilidad peruana hacia Chile en el ámbito económico, responsabilizando indirectamente a parte de su clase política. Una postura electoralmente sensata, pero politicamente nefasta para las relaciones binacionales.



Por otra lado, el mandatario Alán García señaló que, “lejanas las armas y las revanchas, competir democrática y fraternalmente, cooperativamente” con Chile, pero logrando que el Perú avance “muchos más”. Comentaristas y analistas del Rímac se alinean en esta postura de una “competencia económica” desatada en la costa del Pacífico Sur. El arribo del “empresario” Sebastian Piñera ha generado un sentimiento de alarma en cuanto a las capacidades de innovación que traería el mandatario electo y su equipo de gobierno.



La rivalidad político-militar está dando un paso al costado, dejando pasar a la económico-comercial. El electo mandatario Piñera ya lo senstenció “sí –Perú- quiere acortar distancias –económicas con Chile- va a tener que acelerar mucho más, porque yo le aseguro que Chile va acelerar mucho más, Chile va a acelerar a fondo después del 11 de marzo”.



La lógica geoeconómica entre Chile y Perú se está imponiendo. Una visión según la cual ambos países compiten comercialmente en dos frentes. Uno interno, relativo a las inversiones chilenas en Perú, su naturaleza y motivaciones. Y un frente externo, la atracción de capitales foráneos a la región y el reconocimiento de este espacio extra regional económico de la puerta de conexión económica de América del sur con el resto del mundo.



Espacios y perspectivas de construcción de una agenda de futuro entre Chile y Perú está tomando forma y esto es solo posible por la postura de emulación económica y comercial del mandatario que asume en Chile el próximo 11 de marzo.


Pero, no olvidemos que una elección se aproxima en Perú el proximo año. Los sectores nacional-populistas peruanos están preparandose para la campaña. Chile y la presencia de inversiones "chilenas" en dicho país ( 7 mil millones de dólares) asociada a la naturaleza "empresarial" del mandatario chileno, podrían generar el efecto contrario en cuanto a "encapsular" la Agenda de Futuro propuesta por Piñera.


La problamática de La Haya también constituirá un desafío mayor en el manejo de la nueva política exterior chilena hacia Perú. Tal y como lo señaló en su momento el mandatario electo, hay dos agendas con el país del Norte, una anclada en el pasado, la otra que mira y planifica el futuro. Ambas cohabitarán en Perú. Debemos esperar cual de ellas se impondrá.


La cristalización de la candidatura de Luis Castañeda, alcalde de Lima, podría presagiar que una ventana de oportunidad se abre para solidificar, en el sistema político interno peruano, un agenda de futuro que venga a alinearse a la propuesta por el nuevo gobierno chileno.


Nuevamente "la pelota está en el campo" peruano.

Política Exterior "vecinal" del Gobierno de Piñera

Jan. 17 , 2010

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El día de mañana, el mandatario electo, Sebastián Piñera, deberá dar forma a lo que será su política exterior “vecinal” y regional. Un aspecto central, estará dado por el tipo de relación que estableceremos con nuestros vecinos del norte, Perú y Bolivia. Gran desafío, tomando en cuenta que las relaciones comerciales con Perú atraviesan una excelente fase histórica, mientras que la política todo lo contrario.  

Recordemos que el último gobierno de la Concertación fijó su atención cooperativa con Bolivia por medio de la inauguración de una Agenda de 13 puntos. La Concertación privilegió, en su momento, las relaciones con el mandatario Evo Morales, explotando las nacientes rivalidades entre éste último y el gobierno aprista “liberal” de Alán García. En función de esta postura, Lima acusó el golpe y las relaciones políticas entraron en una fase de animadversión creciente. Un alejamiento entre Perú y Bolivia, un acercamiento acelerado y sin precedentes entre chile y Bolivia. Hoy podemos ver que este acercamiento era más que todo coyuntural y no tan estructural como hubiésemos pensado.


Grandes ideas fueron avanzadas en el programa de gobierno del mandatario, que en unos meses más se transformará en una Política de Estado.


El Presidente Piñera, estableció en su programa que uno de los requerimientos básicos de Bolivia, el término de la mediterraneidad a través de la entrega de un espacio territorial “soberano” no era negociable. Se estableció claramente que Chile no debía “crear falsas expectativas” en alusión a la demanda anterior de Evo Morales. La Moneda gobernada por Piñera cumplirá el requerimiento de un espacio “útil”, jamás “soberano”.


La “Agenda de 13 puntos” respiraba en función del carácter negociable de este punto. Tan así que en la cancillería de ambos países se dejó entrever la posibilidad incluso de un “enclave” territorial. Para la política exterior píñerista, la entrega de soberanía es “innegociable e incumplible”. Sin este “espacio de negociación”, las relaciones con Bolivia podrían  retroceder a fojas cero.


La elección del gobierno de la Alianza por Chile genera en Perú y en parte importante de su clase política, expectativas de un cambio positivo. No solo porque queda clara la postura anterior que aleja a Chile de Bolivia, sino que además porque puede acercar La Moneda del Palacio Pizarro.
De la “Agenda Inteligente” se transita a la “Agenda de Futuro”. El mandatario Piñera reconoce la existencia de una cohabitación de dos posturas hacia Chile. Aquella anclada en el pasado, y la otra, aquella que debe mirar el futuro desde una perspectiva de trabajo sobre puntos de convergencia, en especial la comercial y económica.


Seguramente, el gobierno Aliancista, buscará explotar las relaciones con la nueva elite económica peruana, aquella que Sebastián Piñera conoce bien. Una oportunidad histórica se abre, privilegiar la agenda de futuro y crear un nuevo espacio de reencuentro entre las elites económicas que manejaran mañana lo político.


Lo “vecinal” en la Política Exterior del mandatario electo, Sebastián Piñera, representa un gran desafío por los cambios que ésta puede y seguramente experimentará. Una transformación de la política exterior chilena hacia el entorno vecinal se aproxima. Un rediseño de los intereses y de la estructura geopolítica concertacionista verá el día. El alejamiento de Bolivia no nos acercará necesariamente a Perú, pero sí establecerá nuevos  puentes, con nuevos interlocutores. La ventana de oportunidad para generar espacios de cambios estructurales con el espacio vecinal se acerca.


Control de Armamentos en Sudamérica (Parte I)

Jan. 11 , 2010

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El llamado “control de armamentos” fue ampliamente utilizado durante la Guerra Fría. Su objetivo era claro: evitar las carreras armamentistas estableciendo límites para la adquisición de “ciertos” sistemas de armas considerados como desestabilizadores para la seguridad política y militar. Para otros, ésta no parece ser una opción.



El “control de armamentos” es útil en momentos en que lo que se busca es evitar o romper el dilema de seguridad generado por el potenciamiento de los arsenales bélicos de países entre los cuales existen hipótesis de conflicto vigentes u hostilidades históricas. Estabilizar la competencia belica, entregando un modus vivendi que impida escaladas políticas, primero, luego militares.



Este sistema obedece y responde a la estructura anárquica y jerarquizada del sistema espacio internacional. Es una visión realista la que se impone, en donde se establece que los Estados seguirán buscando asegurar y garantizar, por si mismos, su seguridad. No existe un ente capaz de impedir a otro debutar una guerra o un conflicto bélico de grados diversos, solo la disuasión impediría este fenómeno.



El “Control de Armamentos” requiere consensos mínimos en torno a la cantidad y calidad de sistemas de armas pudiendo ser adquiridos. Establece un paraguas de tratados y acuerdos que tienen por lógica, más que establecer una plataforma vinculante, las líneas rojas que no deben cruzarse a fin de evitar que la desconfianza política desborde los márgenes de la seguridad.



La seguridad,  a través de este sistema, es mutua. Y debe serlo así. El problema está dado por la aceptación de determinados Estados de ciertas limitantes, sobre todo, cuando lo que se busca es materializar un “equilibrio militar” que para uno de los Estados cristaliza una cierta debilidad, la que se perpetúa en el tiempo. El caso israelí es ejemplificador. La seguridad en el Medio Oriente es posible, según esta visión, solo sí Israel mantiene una “superioridad” relativa en términos bélicos (tecnología): una supremacía bélica que entrega garantías de seguridad regional.



El “control de armamentos” implica restricciones y limitantes para la adquisición, desarrollo, proliferación y uso de ciertos sistemas de armas. En Sudamérica solo conocemos un sistema tal aplicado al uso de energía nuclear a fines militares (el cual por el Tratado de Tlatelolko que proscribe las armas nucleares en América Latina), mientras que encontramos la aplicación de restricciones endógenas al desarrollo de misiles balísticos de alcance medio (200 kms aproximadamente).



En Sudamérica no existe un tratado de Control de Armamentos que limite la adquisición de determinadas capacidades bélicas convencionales. Antes de comenzar a levantar la bandera de un “desarme” (por medio de tratados), deberíamos escrutar la idea de limitar ciertos sistemas que pudieren generar aprensiones en ciertos países que animados, más que todo, por afanes de política interna, utilizan una retórica que no es aplicable al caso sudamericano.



Renuncia de timoneles Concertacionistas: ¿Poco y Tarde?

Dec. 30 , 2009

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Acabamos de enterarnos que Pepe Auth y José Antonio Gomez dejan la presidencia de sus respectivos Partidos, PPD y PRSD. Un medida que responde a un suavizamiento de la postura de ME-O en cuanto a apoyar, oficial y públicamente, la candidatura de Eduardo Frei.



Se busca, de toda evidencia, acelerar el proceso de cambio en ME-O, más aun cuando el ex Senador PS, Carlos Ominami, da señale en el mismo sentido.  “Aún no es tarde para una rectificación profunda” de la Concertación. Se puede generar, según él mismo, “una segunda mayoría”. Aún sería posible refundar la Concertación y llevar a su candidato a un nuevo mandato. Gestos de ambos sectores que tienen como obejtivo evitar el arribo de la Derecha a La Moneda.



Tal vez es poco y tarde. Es poco, porque a la luz de la opinión pública generalizada, el daño electoral a la coalición oficialista tiene su origen en decisiones políticas de largo aliento que afectaron y siguen afectando a un espectro importante de su electorado histórico. En su momento nada se hizo. Las cúpulas partidistas, incrustadas en sus respectivos Partidos no se hiceron eco de la necesidad de “renovar el pacto”, no solo aquel que gobernaba las relaciones internas en la Concertacion, sino que sobretodo el que se mantenía con la población, con el electorado oficialista. Por la razón anterior también pare ser demasiado tarde.



Incluso podríamos decir que dichas decisiones de último minuto responden a una lectura errada de lo que acaba de ocurrir hace menos de un mes: el voto ME-O parece haberse desvanecido. Tanto así, que su estructura de apoyo político-electoral se disgregó. En otras palabras, la base dirigencial que sostenía la candidatura de ME-O se atomizó: Paul Fontaine abrazó la causa piñerista, otra parte sostiene la candidatura de Frei, otra adoptó por auto marginarse (Humanistas, por ejemplo).



En la búsqueda por acaparar y atraer el voto de ME-O, el cuerpo electoral que le brindó cerca de un 20%, el 13 de diciembre recién pasado, terminó por desaparecer como “un cuerpo de votantes”. Hoy está fragmentado.



En ausencia de una estructura partidista que entregue “institucionalidad” a ME-O, su imagen inversión política desaparece. !Y claro!, no podía ser de otra forma, por cuanto el fenómeno de Marco Enríquez-Ominami se fundamentó en base a ello: ser una candidatura anti-sistema político tradicionales. ME-O era el voto de castigo cristalizado y materializado. Hoy frente a la disyuntiva de la segunda vuelta, los votantes tenderán en parte a volver a sus fuentes originales, pero un segmento relevante seguirá utilizando su voto como uno de “punición” hacia el oficialismo.



La “refundación” de la Concertación era necesaria, pero antes de la hecatombe electoral pasada. Hoy, deberían preparar su presencia como fuerza opositora en el Congreso. Es allí donde deberán recomponer fuerzas si desean volver a ser Gobierno.


Hoy, parece ser un poco y tarde. Pero como en la Política nada está es definitivo, y “todo puede pasar”, la recomposición del conglomerado oficialista debe demostrar, si buscan el milagro, que las viejas prácticas cupulares quedaron atrás y comenzar a “gobernar” y “autogobernarse”, más que nada, bajo la lógica de una democracia participativa y no tanto representativa.

Desafíos de la Segunda Vuelta

Dec. 15 , 2009

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29,6% (FREI) + 20,13% (ME-O) + 6.21% (Arrate) = 55,94% frente a un 44,05% (Piñera).


De materializarse la suma de votos y el traspaso automático de electores, la Concertación lograría, en la Segunda Vuelta, una nueva y clara victoria. Pero, aquello, de toda evidencia, no ocurrirá, al menos no de manera automática. Las condiciones sociales, políticas, pero sobre todo emocionales no están para ello. El factor "económico" no está influyendo en el voto, si fuere así, el  acertado manejo economico de la Presidneta Bachelet permitiría un ensodamiento de su arrastre político hacia el candidato del conglomerado oficialista. Algo que no ocurre.

Lo que sí está claro es que el voto “progresista” es mayoritario. Sobre parte de ese voto deberá focalizarse la campaña de Piñera, el de ME-O, aquel que busca un cambio en el sistema político chileno. Per se, la sola posibilidad que la “Derecha” asuma el gobierno constituye un cambio en sí. Frei,aparece, bajo esta lógica como la continuidad, el inmovilismo.


Ese 55,94% “progresista” refleja un núcleo bastante heterogéneo de votantes. Encontramos aquellos que forman parte del núcleo duro de progresistas-concertacionistas, aquellos que creen que aún es tiempo de resucitar a la Concertación. También encontramos los que emitieron un voto de castigo indirecto al votar por ME-O. Están, además, aquellos que constituyen un voto militante de esa izquierda tradicional y altamente ideologizada, sumada a sectores que buscan la irrupción en el sistema político chileno de nuevos enfoques y temáticas como son la “ecologista” y la “humanista”, pero también el antisistema (capitalista). Un voto altamente heterogéneo, que lo une una visión cohesionadora altamente emocional:, pero en francon retroceso: evitar que la “Derecha” se haga gobierno.


Se trata claramente de un voto “sentimental” toda vez que el mejor escenario, en términos racionales, es que Piñera llegué efectivamente al poder a fin de polarizar el sistema político chileno y permitir, a este segmento de la izquierda ideologizado, incrementar su militancia, tanto cuantitativa como cualitativa. Aquello, al parecer, no ocurrirá bajo las actuales condiciones por cuanto esa izquierda dejó de ser extraparlamentaria. Hoy esa izquierda se “institucionalizó”. Llegó finalmente al Congreso.


Piñera, en función de lo anterior, deberá buscar desideologizar la segunda vuelta. Necesita hacerlo, a fin de no caer en la trampa de la “polarización” que le tenderían los “restos de la Concertación”. Reeditar la lógica del “Sí y del NO”, hacer un llamado a los sentimientos que conllevaron al triunfo de la Concertación durante 18 años seguidos. Frente al voto, con la compañía del lápiz y en la urna, las emociones aflorarán.


No obstante lo anterior, existe otra clase de emociones que están presentes y que quedaron ampliamente demostradas en las elecciones de parlamentarios y senadores: el electorado exige una renovación del sistema político. No solo de “caras” sino que de proyectos, de forma de gobernar, de equipos de trabajos. Y Piñera representa este cambio. Un nuevo aire “político”. Lo diferente, lo nuevo. Lo desconocido.


En estos treinta días, la “razón” del elector podría terminar por imponerse. El voto racional en función de forzar un cambio, podría primar por sobre lo emocional.


La Concertación tiene una última oportunidad. Desde el Congreso y el Parlamento, su ultima plataforma política ad portas un próximo gobierno de la Alianza, el conglomerado oficialista (o lo que queda) deberá realizar un mea culpa, reestructurarse,  a fin de planificar el 2014. No queda mucho, solo cuatro años más.


Mientras tanto, el Congreso se está erigiendo en la boya de salvataje de los restos de la Concertación. Un espacio que les permitirá reagruparse, constituirse en una Oposición, algo que conocen y que en su momento les permitió prepararse para gobernar Chile, hace ya 18 años.


Segunda Vuelta: La "Madre de todas las elecciones".

Dec. 14 , 2009

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No hay sorpresas. Piñera reedita el tradicional 44% de la "Derecha". La felicidad demostrada por sus adherentes es más atribuible a que se cristalizó, finalmente, la fragmentación de la Concertación, que a su victoria. La gran apuesta de la Alianza en torno a un voto de castigo se materializó, al menos en la primera vuelta. Hoy percibimos un regreso al pasado, una lógica de tres tercios está tomando forma, fuente de inestabilidad futura, pero que refleja la búsqueda de una renovación de la política chilena.


En los sectores oficialistas ya se avanza la nueva estrategia electoral: polarizar el espectro político. El voto ha sido gobernado por lo racional, más que por lo sentimental. La razón del elector frente a casos como el Transantiago lo hizo racional. Hoy y mañana, lo que queda de la Concertación buscará re ideologizar la segunda vuelta, hará llamados a la historia reciente, buscará tomar el control utilitario de los DD.HH., reforzar la imagen según la cual ellos son la “reserva moral” del país. La gobernabilidad estará presente. Si ayer la Concertación mantenía un control sobre los sindicatos y movimientos sociales, garantizando una relativa estabilidad política, el fantasma de su “liberación” en un ambiente político gobernado por Piñera generará dudas.


El sistema político chileno se está transformando. Un actor clave ha sido la figura de ME-O. Acaparó un 20,12%. Sobre todo un voto de castigo, mayoritariamente de ex concertacionistas, pero también de sectores que reniegan el estado actual de la política chilena. La gran pregunta que surge ¿Qué hará Frei a fin de evitar que la Derecha llegué a La Moneda?


Dos caminos surgen. El primero de ellos, llamar en las próximas horas a un Nuevo Pacto Político, generar las condiciones para una Concertación 2.0.  Absorber las criticas que alimentaron la candidatura de ME-O: una renovación de las cúpulas partidistas de los restos de la Concertación, generar un mea culpa político, asumir una postura mucho más progresista, y menos consensualista. Es lo que pide ME-O y las victorias tácticas de Arrate.


El otro camino es “pinochetizar” el balotaje. Polarizar al país entre la izquierda y la derecha. Hacer un llamado a la lógica del “Sí y del NO”.
Todo parece indicar que ME-O tiene un objetivo de largo plazo: Llegar a La Moneda, institucionalizar su opción. De ser así, el primer camino no se materializará por cuanto lesiona la entereza política y moral del candidato outsider. Su opción está en otra parte, en erigirse como  una fuerza opositora, el problema en esta opción es que no posee el material no el poder parlamentario necesario. Su postura se desvanecerá con el tiempo. ME-O necesita estar presente en el sistema político chileno durante los próximos cuatro años. Esperando su momento. ME-O necesitará reinsertarse en los restos de la Concertación, por esta razón, no es descartable que el primer camino, aquel de la resucitación de la Concertación pueda tomar cierta forma.


¿Cuánto puede crecer el voto piñerista? Si se alimenta del 20% del voto que concentró ME-O, podría crecer hasta un 48%. Piñera necesitará desideologizar su campaña. Vaciarla de todo contenido “derechista”, dirigirla hacia una agenda de futuro. Las nuevas caras que aparecieron en el Senado y en el Parlamento podrían ayudarle, pero sobre todo la necesidad racional del electorado por conocer una nueva forma de gobernar, por gustar de lo diferente.


El verdadero gran ganador de la jornada de ayer fue Arrate. Hoy con un 6, 21% logró traspasar y romper la barrera psicológica del 5%, pero no solo eso. Logra posicionar a tres figuras políticas de su sector en el poder legislativo. Tres votos que de toda evidencia valdrán mucho más que eso en un congreso que se constituirá en la plataforma política visible de los restos de la Concertación, en el caso de un Gobierno de Piñera. Si bien es cierto, los movimientos sociales más militantes y anti sistémicos ya no serán “controlados” por la Concertación,  el arribo de la ex izquierda extraparlamentaria llega al Congreso permitirá que éstos cuenten con voz y voto en dicho hemiciclo, lo que es una buena noticia para la Alianza: disminuirá la presión social y el temor a un clima de inestabilidad sostenido en el tiempo.


La segunda vuelta electoral será la “madre de todas las elecciones”. Después de más de 40 años la derecha política podría volver al poder. Después de 18 años en La Moneda, la Concertación deja de gobernar, dando paso al verdadero fin de la Transición política chilena. El sistema político chileno está mutando, hemos de esperar que lo haga dentro de los límites de la institucionalidad y del respeto político general.


¿Quién ganará la Segunda Vuelta? Todos. Pase lo que pase el sistema político cambió. Un aggiornamiento de la clase política chilena se está operando. Una renovación se ha producido y se está produciendo. ¡Viva la Democracia!   


Carrera Armamentista del Perú

Dec. 14 , 2009

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El Perú decidió salir a correr, o al menos a "trotar". Armamentísticamente hablando. Sí, efectivamente, el Gobierno peruano y su clase política tradicional, secundado por sus estamentos armados, parecen haber decidido embarcarse en un tipo de "carrera armamentista" con Chile. Competir a fin de imponer una  relativa "supremacía" bélica,  ya no solo comercial ni macro económica, como lo señalaba su presidente García. Pasan del “Núcleo Básico Eficaz” a una “autentica fuerza disuasiva”, según lo señalado por el propio Ministro de Defensa de dicho país. Así lo dejan ver las declaraciones de sus lideres, sus diarios y las encuestas de opinión.


Lo anterior se explica por las razones que esgrimen oficial u oficiosamente la clase política limeña: adquirir sistemas de armas que neutralicen “los sureños”. No es Ecuador el problema, sino que su frontera sur. El problema con Chile no es solo territorial, sino que también de “potencia”. Alan García y su clase política quieren disputar con Chile poder de influencia en la región, desde constituirse en un puente de conexión entre Asia y Sudamérica hasta los grados de influencia sobre Bolivia y Brasil. “Prepararse” para la “pos Haya”.


El proceso de modernización bélico chileno se ha adscrito a una lógica de disuasión general, esto significa que no ha identificado a un Estado en particular a fin de potenciar sus capacidades militares. Una disuasión general, no específica. No existe una lógica de “enemigo”, solo de adversarios potenciales. Una generalidad de adversarios que podrían, dadas ciertas condiciones excepcionales constituirse en fuente de amenaza para los intereses chilenos.


El caso peruano es distinto. Ellos han desarrollado una política “específica”. La percepción de amenaza peruana tiene apellido: “Chile”.  


El “Núcleo Básico Eficaz” tenía por objeto adquirir capacidades de “defensa”, neutralizando, al menos psicológicamente, aquellas capacidades chilenas. Tenía un objetivo limitado, muy operacional. El actual paso es más “estratégico”: desarrollar, al abrigo de sistema de armas complejos, una capacidad de “disuasión”, no obstante que Lima sí posee una pretensión territorial sobre espacio soberano chileno, lo que transforma esta postura en una de naturaleza “coercitiva” o incluso “persuasiva”.


El Perú corre militarmente con Chile, en particular por que identifica en nuestra clase política intenciones de proyección de poder vecinal y regional, porque ciertos sectores nacionalistas proyectan en las inversiones chilenas en dicho país (7 mil millones de dólares) una reedición de la defensa chilena de los intereses salitreros que generaron la Guerra del Pacífico, porque la enemistad con Chile cohesiona a la población peruana, y por ende legitima su clase política, pero además, porque existe una ventana de oportunidad económica que se abre y que les impone potenciar sus FF.AA. a fin de evitar la cristalización de la actual supremacía militar chilena en este espacio territorial de Sudamérica.


Una lógica de “acción-reacción” alimenta el proceso de adquisiciones militares del Perú. Eso es correr y competir bélicamente.


¿De qué tipo de “carrera armamentista” estamos hablando? ¿Cuantitativa, cualitativa, de ambas? Debemos incentivar una estrategia regional de “desarme” o de “control de armamento, ahora que apreciamos que alguien compite bélicamente con nosotros? Una compleja tárea tendrá el próximo gobierno chileno, sobre todo porqué tendrá que esperar hasta el próximo año a fin de conocer los interlocutores que tomarán el puesto del aprista Alán García.

Relaciones Chile-Bolivia pos elecciones: Todo o nada

Dec. 10 , 2009

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    A partir del 22 de enero del 2006 las relaciones entre Chile y Bolivia mutaron. Un cambio experimentó la tradicional postura boliviana hacia Chile, aquella que impulsaba una “denuncia” sistemática y pública de su condición mediterránea. Esta relación pasó desde la lógica revidicacionista inaugurada allá en 1925 por Bautista Saavedra, profundamente conflictiva e irreverente, hacia otra de dialogo “sin imposiciones, sin exclusiones, pero sin excepciones”.


Con Evo Morales a la cabeza del ejecutivo boliviano, el Gobierno chileno logró encontrar un interlocutor válido para sentarse a conversar y plantear las bases de una Agenda de 13 puntos que incluía exponer los intereses y objetivos bolivianos tras su demanda de “reintegración marítima”. Un aspecto central en dicha postura era y sigue siendo la accesión a una costa y una proyección marítima “útil y soberana": Biolivia reclama "soberanía" sobre dicho espacio.


Desde la implantación de dicha Agenda, una diplomacia militar y política se ha instaurado. Una estrategia de “paso a paso” se ha implementado. Desde los puntos más básicos y administrativos hasta la “alta política”, que incluye identificar el espacio territorial que sería cedido a Bolivia, asi como su naturaleza jurídica internacional y emplazamiento espacial. Incluso se ha avanzado lam idea de "enclaves" para Bolivia.


Podríamos decir que desde el 2006 hasta la fecha se inauguró una fase de conocimiento y de confianza mutua entre ambos estamentos. Lo anterior posibilitado por un cierto "pacto de no agreasión" ideológico entre ambos Gobiernos. A  la luz del seguimiento del comportamiento político exterior de Evo Morales, podemos constatar que éste ha  tendido a  "ideologizar"  sus relaciones internacionales. Frente a una administración de naturaleza “reaccionaria”, el Gobierno del MAS en Bolivia ha optado por la política de la denuncia y la confrontación mediática. Alán García en Perú (con su retórica antibolivariana) y Álvaro Uribe en Colombia, por ejemplo.


Las condiciones que permitieron este acercamiento sin precedentes entre el Gobierno de Michelle Bachelet con el régimen de Evo Morales son fundamentalmente  coyunturales. La primera dice relación con un “frente interno” boliviano altamente explosivo. Una división de facto de Bolivia entre el Occidente y el Oriente liderado por Santa Cruz y su Comité Cívico Cruceño que puso al país al borde de la fragmentación. Evo Morales dirigió todas sus capacidades a afianzar su liderazgo y legitimidad interno, hecho consumado con la última elección en donde obtuvo casi un 60% de apoyo.


Otro aspecto coyuntural está dado por el enfriamiento o casi congelamiento de las relaciones entre el régimen de corte neoliberal de Alán García (APRA) y régimen colectivista de Evo Morales. Una ventana de oportunidad hábilmente explotada por la Cancilleria chilena y que permitió ofrecer al gobierno del MAS un respiradero diplomático y político en la región.


La postura chilena en orden a no establecer “limites” a las conversaciones bilaterales, asumiendo la lógica de la negociación “sin imposiciones, pero sin exclusiuones”. Postura aceptada por Evo Morales, y sobre todo el movimiento del MAS en su conjunto. Las bases identificaron un factor cohesionador aun más movilizador que el “factor Chile”, en este caso, la “oligarquía cruceña”.  


Hoy, estamos ad portas de una nueva configuración de las condiciones que permitieron el desarrollo del escenario anterior.
De toda evidencia, en Chile un cambio mayor se producirá en la dirección política del país. La  "Derecha" llegaría a La Moneda. Y con ella, un cambio en la postura dominante que ha permitido un acercamiento sorprendente entre ambos Estados. Si los peruanos  llaman hoy a “desideologizar” su relación con Evo Morales, hace tres años que esto viene ocurriendo con Chile.


No solo dependerá de la visión y del programa político de la próxima administración en La Moneda si mantiene la Agenda de 13 puntos con el régimen indigenista de Evo, también y sobre todo del mismísimo presidente reelegido en Bolivia.


Evo ya no tiene el “frente interno”, ahora podrá trabajar decididamente a pasar a la historia como el presidente que obtuvo la salida al mar de Bolivia por el Pacífico. Un acercamiento con Perú no es de extrañar a fin de presionar a la nueva administración chilena. Ahora, Evo Morales buscará el “todo o nada”. Todo: una salida “útil y soberana” al mar. Nada: reinstitucionalizar la tradicional política de denuncia internacional en contra de Chile.


El “orden regional y vecinal” sigue mutando. El próximo año será uno de incertidumbre, en especial con nusetros vecinos "nortinos".


Pactos de No-Agresión y tanques chinos

Dec. 09 , 2009

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El Ministro de Defensa del Perú, Rafael Rey,  informó, en el marco de la demostrativa Parada Militar peruana realizada ayer, que el Ejecutivo peruano decidió adquirir tanques de fabricación chino-pakistaní, MBT 2000, así como aviones de ataque ligero Supertucano, de procedencia brasileña.  Se desconoce el número de tanques, no obstante ello, éstos deberían cumplir, según la prensa limeña, ciertas especificaciones

básicas, pero esenciales, siendo una de ellas la de “superar al Leopard 2A4 de Chile”.


Resulta interesante constatar la postura peruana en orden a anunciar la adquisición de sistema de armas "mayores," sin señalar el número  de ellos, aduciendo el mismo Ministro peruano que, …”las cosas de la defensa nacional no se ventilan en público y el que quiera considerarlo falta de transparencia, lo siento mucho; no seamos ingenuos. Seríamos uno de los pocos países que por un asunto de transparencia habla de todo lo que tiene y piensa hacer”. Una falta absoluta de transparencia.


Semanas después de fomentar en forma sistemática y altamente mediatizada un Pacto de No-Agresión regional asociado a una retórica persistente en orden a impulsar la reducción del “gasto” en equipamiento militar, el personero anuncia y  muestra en las calles de Lima modernos tanques. Lo anterior no puede sino que sorprender. La disociación entre retorica y hechos es patente. Clara.


No obstante ello, es un paso hacia adelante en términos que la visión realista se impuso en la clase política de dicho país, junto con alinearse en la postura chilena en cuanto a la necesidad de reemplazar material “obsoleto” no debería generar aprensiones y que no constituye una carrera armamentista. El Perú poseería material obsoleto, posee mayores fondos a fin de solventar el gasto que implican los sistemas de armas que planean adquirir, y existe un voluntad política en orden a materializar dichos programas.


Un aspecto central de este anuncio: la disociación entre Torre Tagle y el Ministerio de Defensa del Perú. El silencio de García Belaunde frente a este proceso de adquisiciones bélicos peruanos le restringe, no solo el margen de maniobra a fin de continuar con la iniciativa anti armamentista regional (pero pensada en Chile), sino que deslegitima la autoridad moral de Lima para encabezar un proyecto de esa naturaleza.


La ausencia de transparencia interna y externa en ámbito de los procesos de adquisiciones de sistemas de armas por parte del Perú forma parte de la idiosincrasia institucional limeña, aprendida del modelo soviético.


Asociado a lo anterior, la compra de sistemas de armas chinos abre un espacio para el ingreso de los intereses estratégicos de Pekín en el Cono Sur.


Una problemática mayor se abre a Alan García. El dilema del “cañón o la mantequilla” está presente en Perú. ¿Cómo justificar socialmente la adquisición de tales sistemas de armas cuando la pobreza extrema en dicho país es de un 12,9%  en la urbe y un 21% en las zonas rurales?


Inversiones peruanas en Chile

Dec. 04 , 2009

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La inversión peruana en Chile ascendió durante el 2008 a unos US$1.000 millones y el 50% de ella correspondería a pequeñas y medianas empresas. Se prevé, en este mismo sentido, que una vez el TLC entre ambos países comience a operar, las inversiones desde el Perú conocerán un incremento acelerado. Es así como el ministro peruano de Comercio Exterior y Turismo, Martín Pérez Monteverde,  señala que, “el Perú tiene ya una inversión de US$ 2.500 millones en Chile y Chile tiene un poco más de US$ 6.000. Creo que todavía hay espacio para que los peruanos sigan invirtiendo".


Otro dato: entre 1998-2008, las exportaciones peruanas a Chile se multiplicaron por 13, alcanzando la suma de US$1.800 millones, mientras que las chilenas se cuadruplicaron, hasta lograr la suma de más de US1.100 millones. Se ha establecido que los mayores inversionistas peruanos en Chile son el grupo Brescia, Dionisio Romero, el grupo Wong así como empresarios gastronómicos.


Podemos observar que no obstante el aumento sostenido de las fricciones diplomáticas desde la clase política tradicional peruana hacia Chile, la “nueva” clase comercial y económica limeña, aquella que “recibe y administra” las inversiones que llegan a Perú desde el exterior y desde Chile, parece no sentirse a gusto con dicha lógica de rivalidad.


La relevancia de este nuevo fenómeno es el potencial de integración entre ambos países. Una integración que puede estar debutando en las sombras de los intercambios comerciales, pero en especial entre las “familias” asociadas a los Holdings chilenos que invierten en Perú, aquellos grupos económicos peruanos que las reciben, y aquellas familias que sostienen grandes cuotas de poder económico en Perú y que están comenzando a invertir en Chile.  Así como la Unión Europea debutó desde lo comercial (creación de la CECA), desbordando hacia otras aéreas (políticas y militar), de la misma forma podemos observar que un proceso similar podría estar generándose entre Lima y Santiago.


Es claro, que la tradicional clase política peruana, aquella que se alimenta de los conflictos con Chile y usufructo política y electoralmente de los mismos, está siendo llamada a modificar esta conducta. El ascenso de esta nueva clase económica peruana vendrá de la mano de un incremento de su capacidad de influencia en el sistema político limeño. Al menos, hemos de esperar que ello suceda. Adquiriendo un poder factico favorable a limitar y evitar utilizar el “factor Chile” como válvula de ajuste de una clase política tradicional peruana que conoce altos y permanentes grados de deslegitimidad política.


Del éxito interno del actual desarrollo económico peruano depende el incremento o no de los grados de influencia de dicha nueva clase en la política interna peruana. Chile debe, mientras tanto, continuar apoyando las nuevas multinacionales chilenas asentadas en el espacio regional sudamericano. Siempre resguardando no ser arrastrada en conflictos de naturaleza estatales, promoviendo para ello la firma de Acuerdos de Protección de Inversiones (API) y con estrategias de “deschilenizar” de los capitales nacionales.


Una oportunidad histórica se está abriendo entre Chile y Perú con la llegada de capitales peruanos a nuestro país. Un afianzamiento de las relaciones especiales entre agentes privados, pero que poseen el potencial de generar intereses comunes, identificar amenazas y riesgos comunes, a fin de establecer estrategias de complementación y de unificación de medidas de protección y expansión hacia otros mercados mundiales.


Siempre habrán fuerzas que buscaran debilitar el proceso de conciliación de intereses chileno-peruanos desde lo privado a lo estatal, como es el actual caso, en que el Congreso limeño aprobó la modificación de la Ley General de Aeronáutica Civil, dando el primer paso para restituir la norma que prohíbe la presencia de pilotos extranjeros en vuelos domésticos en ese país. Modificación que apunta  claramente, a los pilotos chilenos. Se habla de resguardar la seguridad nacional peruana ante intentos de espionaje "desde el aire".


Chile debe  generar una “nueva Política Peruana”. Esta “política” debe buscar reforzar y apoyar la interacción e integración de esta nueva clase económica peruana con Chile, particularmente con aquellos sectores económicos y comerciales nacionales que ven en el Perú un mercado en expansión, pero que la Cancillería debería observar como el debut de un lento pero progresivo proceso de confianza mutua, ya no solo con el Estado peruano, sino que sobre todo con un sector que adquirirá una cada vez mayor capacidad de influenciar el sistema político peruano, base de sustentación de las difíciles relaciones con el vecino país del norte.


Espionaje: Debilidades y fortalezas de la diplomacia

Nov. 25 , 2009

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Cuando las acciones o inacciones de un segundo o tercer país dictan los términos de la relación, debemos comenzar a preocuparnos, en especial, si esta interacción es de naturaleza y de carácter conflictiva. Cuando una entidad vecinal establece el inicio de una crisis, su escalada, desescalada y finalización, también. Pero, lo más complejo aparece cuando la diplomacia de un Estado no es capaz de anticiparse a escenarios que forman parte de un comportamiento estructural de ciertos países de la región. Más aún, cuando surge la percepción según la cual,  el otro Estado dicta los términos y alcances de la crisis, mientras que el afectado lo asume como tal.


En el caso anterior, el valor político de la disuasión es cercano a cero.


El caso del presunto espionaje de un suboficial de la FAP peruana ilustra lo anterior. Se ha impuesto una crisis, se escaló y hoy, frente a la nueva postura de la Cancillería chilena, de menor rigidez, se decide desde Lima desescalarla. Una diplomacia del “débil al fuerte”, exitosa. Debemos reconocerlo.


El espionaje forma parte de un comportamiento natural y lógico de todos los Estados. Frente a la falta y ausencia de información, o frente a una ausencia de confianza, la verificación debe realizarse por otros medios, que no son legales, pero sí legítimos. Negarlo es desconocer una realidad intrínseca al mismo sistema internacional.  En su defecto, a la luz de las declaraciones del congresista y ex canciller  peruano, Luis Gonzales Posada, su postura forma parte más bien de la “baja política”.


Recordemos a Odar de la Cruz Muñoz, ciudadano peruano que fue expulsado de Chile a comienzos de año tras ser sorprendido tomando fotografías en recintos de la Marina, se sumó en su momento  Carlos Enrique Cristóbal Solís, otro inmigrante peruano, quien formaba parte de un grupo de trabajadores que encontrándose en faenas de limpieza de los alcantarillados frente a las maestranzas y astilleros del puerto de Valparaíso, fue sorprendido sacando fotos de naves de guerra chilenas.


Poco se supo de ambos casos. Poco o nada por la sencilla razón que la estructura del sistema político chileno no se alimenta política y electoralmente de ellos. La Inteligencia debe ser conducida inteligentemente, desde la esfera política.


La Inteligencia es un acto intrusivo, por lo que está asociado a escenarios de riesgos operativos, pero también de contención y de manejo de crisis, en el caso que está falle. La diplomacia debe estar preparada para ello. La estrategia de “negación” o de la ambigüedad aparece en estos casos como la forma de respuesta más acorde  a fin de no dañar  la credibilidad de otros aspectos de la seguridad nacional de los Estados.


Las actividades de espionaje se legitiman per se cuando no existen interlocutores validos, cuando medidas de confianza mutua no evolucionan en su aspecto cualitativo, cuando el comportamiento en política exterior, de  defensa y seguridad de un segundo Estado deja presagiar que las hipótesis de conflicto siguen estando operacionales. En dichos casos, el espionaje no solo es legitimo, sino que absolutamente necesario.


Perú: Internacionaliza la rivalidad.

Nov. 23 , 2009

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Una nueva fase de su estrategia de desprestigio hacia la imagen-país está inaugurando Alán García. Podemos apreciar que intenta “internacionalizar” su rivalidad con Chile. Hacer que desborde el marco bilateral, para arrastrar a todo el espacio regional en su acusación. Señalar a Chile con el dedo, tal y como lo hace Hugo Chávez con Colombia.


Para aquellos análisis que hoy señalan que García se vio “obligado” a reaccionar de la forma destemplada que apreciamos, frente a la hipotética irrupción de las fuerzas nacionalistas peruanas que habrían filtrado la acusación de espionaje como una forma de reposicionarse electoralmente en el escenario político limeño, claramente, parecen no comprender el problema de fondo: se trata de una cuestión estructural y no meramente coyuntural.


Hoy la administración política peruana parece percibir que los cambios en el escenario regional no obedecen al antiguo y extinto orden de pos Guerra del Pacífico, aquella división de la regional sudamericana en torno a la lógica del ABC (Argentina, Brasil y Chile). Ecuador dejó de constituir un socio histórico y natural chileno. Argentina conoce una fase autárquica, de repliegue hacia su interior. Venezuela surge y se erige como un actor de peso ideológico y energético regional. Brasil reclama su liderazgo (¿cooperativo o hegemónico?). La tradicional rivalidad Chile-Perú, sin embargo, se mantiene. Dos corrientes se disputan en Perú este instrumento político. Aquellos que quieren mantener la rivalidad política y político-militar. Aquellos que intentan hacer que esta evolucione hacia una emulación económica y comercial. En el fondo, la rivalidad, comprendida como una animosidad utilitaria desde la clase política peruana hacia Chile se mantiene incólume.


Hoy, la búsqueda por internacionalizar la acusación de espionaje, obedece no solo a una coyuntura político-electoral peruana, sino que también a una lectura de los cambios en los equilibrios de poder políticos y militares en la región.


Por años, para ser claros, desde 1925 aproximadamente, cuando el político nacionalista boliviano, Juan Bautista Saavedra, decide internacionalizar su disputa con La Moneda, Chile se vio arrastrado a la arena internacional a fin de defender su posición respecto a al demanda marítima boliviana. Fueron cerca de ochenta años. Ocho décadas en las que la animosidad boliviana hacia Chile fue presentada insistentemente en la palestra pública internacional. Luego que Evo Morales ha modificado radicalmente su postura hacia Chile, y que ha dejado de lado aquella estrategia que tanto bien hacia a Torre Tagle, la cancillería peruana inaugura una nueva fase de esta misma política.


La administración aprista peruana necesita restaurar esa antigua práctica, en especial ahora que Chile prepara el depósito de su contra-demanda. Generar artificialmente un ambiente enrarecido. No puede explicarse, tal y como lo señalan algunos analistas, ésta embestida mediática peruana por la existencia de un supuesto temor a un desconocimiento desfavorable a Chile ante La Haya. Es muy temprano para ello. Tal visión no resiste análisis.


Apoyar la estrategia de García sobre la base de la UNASUR le permite legitimar su postura así como demostrar que las acusaciones indirectas en contra de Chile en cuanto a que La Moneda maneja una Política de Defensa y Exterior agresiva tienen un real asidero.


Internacionalizar la acusación demuestra que la política exterior peruana se está “bolivianizando”. A falta de poseer las capacidades políticas, económicas y militares a fin de generar cambios de conducta en Chile, en su propio favor, como pudiere ser, instar a Chile a “negociar” la pretensión marítima antes de conocer la decisión de La Haya, el Perú y Torre Tagle, utilizan estrategias indirectas.


Chile debe dotarse de una “política peruana”, a fin de buscar vías y establecer escenarios que permitan terminar con el problema de fondo, que es la instrumentalización de conflictos históricos que la clase política peruana hace del “factor Chile”. Ya lo habíamos señalado, una de ellas puede ser estimular una paradiplomacia desde la clase comercial y económica chilena que realiza negocios en Perú hacia aquella otra clase económica peruana, en estado embrionario, que recibe las inversiones y que está generando un nuevo espacio de interacción político chileno-peruano.


Una integración con aquel segmento peruano que no se beneficia políticamente del conflicto con Chile, sino que todo lo contrario, de la cooperación real. La rivalidad deja de ser bilateral y mutua, para identificar “otras fuentes de amenaza”, esta vez hacia el espacio binacional comercial chileno-peruano.

Mientras tanto, la Cancilleria chilena deberá, tal y como ya es costumbre, desplegar sus capacidades de influencia a fin de neutralizar esta nueva embestida de Torre Tagle. Una politica reactiva antes que anticipatoria, estimulando ciclicamente la lógica de rivalidad, alimentando , con ello, perpetuamente la legitimidad de la clase politica peruana tradicional. La pregunta de fondo es  ¿hasta cuando?.


Perú: Punto de Inflexión.

Nov. 18 , 2009

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Una explosión desenfrenada de nacionalismo económico, político y cultural se ha desatado en Perú en contra de Chile. El presunto caso de espionaje de un miembro de la Fuerza Aérea del Perú, no ha hecho más que mostrar y demostrar que no se puede continuar con la política de “relaciones inteligentes”. La razón es simple: no hay un interlocutor válido del otro lado de la línea de la Concordia.  Es toda la clase política peruana la que se alimenta sistemáticamente de los conflictos con Chile, y si no existen, evidentemente los crean.


Medios de comunicación, tildados en su momento como “serios”, tal es el caso del diario peruano El Comercio ha comenzado a utilizar el concepto de “mapochos” o “mapochinos” para referirse a los chilenos. Una formulación despectiva que denota sentimientos revanchistas anclados en lo más profundo de la institucionalidad política limeña. Una prueba más que el nacionalismo negativo, aquel que busca generar cohesión en base a la identificación de un “enemigo” externo, no solo genera en dicho país votos, sino que también, recursos económicos.


Hoy, el Gobierno peruano continúa escalando peligrosamente su estrategia en orden a presentar a Chile como un actor beligerante en la escena regional e internacional. Alán García apuesta por ensuciar la imagen de Chile. No se trata, como algunos señalan, de un hecho meramente coyuntural. Estamos frente a un punto de inflexión en la postura peruana hacia Chile, en particular su clase política. La credibilidad de la amenaza disuasiva desde Chile hacia Perú necesita la adopción de medidas serenas, pero firmes.


Un nacionalismo trasnochado tomó el control de Torre Tagle. Este hecho genera riesgos impensables al establecerse lógicas que podrían ser interpretadas en La Moneda como asociadas a ultimátum. Tal es el caso de lo señalado por el Canciller de ese país, García Belaunde, cuando avanza que, “…si Chile no realiza la investigación, pese a la documentación enviada, habrá que evaluar el conjunto de las relaciones. Espero que esa actitud (del Gobierno Chileno) cambie”. Este tipo de declaraciones no está dirigido al Gobierno chileno, sino que a su misma población, sus votantes para la próxima elección general. Existen los canales diplomáticos y políticos directos para comunicar posturas y políticas, malestar y quejas. Ha quedado demostrado que los medios de comunicación en Perú son el principal medio de legitimación de una clase política imbuida en la des legitimidad estructural.


En este nacionalismo desatado, la lógica que se impone es identificar objetivos de hostilización. Uno de ellos es el comercial y económico. Otro. Es la imagen de Chile. Alán García azuza a Chile. Es ya una Política de Estado.


¿Cómo debe responder Chile? Debe, claramente, reposicionar su lugar en el escenario regional. Debe, transformar sus capacidades potenciales, en reales. Apostar por reconstituir su tejido de potencia regional, política, económica y militar. En ningún caso hon tintes hegemónicos, pero sí de potencia. Una estrategia específica contra Perú no haría más que desviar recursos y esfuerzos hacia un objetivo de fondo: restablecer e reinstaurar a Chile como un actor regional cuyo peso especifico debe volver a ser considerado. Los EE.UU. lo han reconocido, Brasil también.


Lamentablemente el régimen peruano se alimenta de los conflictos con Chile, lo que implica que cada respuesta chilena es percibida como beneficiosa para la relegitimación del sistema político peruano. La contención comunicacional regional e internacional de Lima debe priorizarse, manteniendo el reforzamiento de las capacidades disuasivas chilenas.


Lima seguirá escalando la crisis, hasta que el próximo sondeo de opinión en dicho país denote un incremento del apoyo electoral hacia Alán García y su clase política.

Esta crisis ha generado un punto de inflexión en las relaciones con Perú, pero sobre todo, en lo que queremos y necesitamos como política exterior regional y vecinal: un cambio estructural, en función de las transformaciones que experimenta Sudamérica.

Esta crisis también ha demostrado los altos grados de cohesión de las instituciones chilenas, dificilmente se olvidará el ingreso de la Mandataria chilena, Michelle Bachelet, ayer a la ENADE, escoltada por los Comandantes en Jefes de las Fuerzas Armadas chilenas. Una imagen vale más que mil palabras.


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