Cristián Leporati Mazzei

Marketing y comunicación global

 

Discurso político y era postverbal

Sep. 25 , 2009

6 Comments

Hasta la Modernidad, todo discurso político había sido generador y vehículo de grandes acontecimientos, disparador de realidades y motor de las grandes verdades y utopías que rigieron en cada época. Desde la plaza pública al parlamento, desde la radio hasta los primeros años de la televisión, la palabra política disponía de una autonomía y de una capacidad notables para construir realidades. El discurso de la política se imponía en la esfera mediática con autoridad, y era la fábrica sobre la cual se estructuraba una ideología. Desde siempre, en fin, el discurso había sido el género hegemónico de la política. Con el advenimiento de las tecnologías de la imagen, éstas se centran primeramente en los espacios clásicos de la política: el parlamento, los mítines, el discurso oficial. La televisión muestra al discurso político en su hábitat inicial; aquella era por entonces vehículo y no protagonista del espacio de la política. Pero la explosión de la imagen y la cultura visual ha modificado de modo trascendente la escenificación de la política tal cual se la conocía. La imagen, al exhibir -transparentar- el rostro y el cuerpo del candidato, no hace sino transgredir los códigos del discurso, al quitarle la exclusividad verbal y semántica. La circulación de imágenes dificulta el lenguaje de la política obligándolo a manejar simultáneamente registros verbales y no verbales, en una combinación en la que el cuerpo del político es un elemento significante cada vez más importante, como no olvidar por ejemplo el dedo de Lagos o la mano tiritona de Alessandri.

Por otra parte, en la última década del siglo XX comenzó efectivamente una verdadera escalada de la propaganda en los procesos electorales nacionales, en donde los protagonistas de la política se iban convirtiendo cada vez más en criaturas mediáticas, a medida que decrecía la substancialidad de su discurso. La imagen no sólo logró modificar la esencia del discurso político, sino que le quitó contenido. El televidente, cada vez más diestro y competente en decodificar el registro visual, se ha convertido en un lector de indicios: un gesto de un político en un debate es la expresión de ciertos atributos -calma, sinceridad, miedo, agresividad, comprensión- sólo porque el receptor así lo considera. Así, la lectura de indicios y no de palabras manifiestas se torna entonces central. A partir de esto, el discurso político ha entrado en la pendiente del vacío, se ha convertido en un accesorio, un complemento, casi un artículo suntuario del poder significante de la imagen.

Asistimos a la era del discurso vacío: sólo interesa que los entrevistados estén allí, frente a la cámara. Poco importan las preguntas, cuyos contenidos sólo son equiparables a las respuestas, despojadas de sentido, en un pacto de simulación en el que uno –entrevistador y periodista- juega el papel de encuestador incisivo y otros – candidatos presidenciales - el de defensores de los intereses comunes. Por otro lado, como ha perdido substancia, el discurso se ha uniformizado: todos los candidatos utilizan las mismas formaciones discursivas, los mismos giros, similares términos, la misma afectación. Calcados de la misma retórica, clones de un modelo discursivo único, los dueños de la palabra política no hacen sino evidenciar una de las paradojas de la actualidad: el triunfo de la superficie sobre la profundidad.

Vacío de contenido, el discurso político nacional pasea su intrascendencia capturado por los medios de comunicación, como ocurrió con el debate presidencial esta semana. Es evidente que el marketing político ha contribuido, en la posmodernidad, a alimentar la ideología del fin de las ideologías.




Comments:

"Es evidente que el marketing político ha contribuido, en la posmodernidad, a alimentar la ideología del fin de las ideologías."

Mmmm, cierto, no lo había mirado en ese sentido. Entonces, deberíamos estar agradecidos del marketing politico. Pues le ha quitado su valor ideológico a la política, lo que permitirá que movimientos no necesariamente políticos tomen las riendas de la vanguardia ideológica.

Posted by Vlad on September 25, 2009 at 11:17 AM CLT #

Los discursos politicos se han ido desvirtuando hacia una actuación más propia de las artes escenicas que de la politica, no hay que olvidar,ademas, que para esto tambien contribuyen los medios, transformando a los politicos en personajes,seres que radican en una realidad ficticia y lejana,y tal como decia Oscar Wilde:La verdad es pura y simplemente una cuestion de estilo.Estilo que definira cada medio, donde la verosimilitud de sus argumentos quedara sujeta a una buena toma.

Posted by Boris Figueroa on September 25, 2009 at 12:16 PM CLT #

¿Será que la propaganda cada vez se hace más parecida a la publicidad en cuanto esta última vende imágenes y slogans más que argumentos y razones?
Sr. Leporati, me encantaría que comentara esta reflexión.
Muchas gracias.

Posted by Leonardo on September 25, 2009 at 12:21 PM CLT #

Sr, Cristian Leporati:
Junto con agradecer el contenido de su columna, decir que no tan sólo los medios mencionados fueron grandes transmisores del "discurso político", el teatro en el mundo griego, es un ejemplo de ello.
Es cierto lo que usted plantea, creo que también es algo propio de la "sociedad de la información", donde la mediatización es relevante a la hora de captar a los votantes. En rigor, "el impacto del mensaje, se ha hecho más valioso que el contenido del discurso político".

Posted by Esteban Ramírez on September 25, 2009 at 12:36 PM CLT #

...de la Propaganda (siempre ideológica) al Marketing Político; será posible movimientos (post-neo)vanguardia ideológica desprovistos de intención política?...

Posted by Anita on September 26, 2009 at 05:19 AM CLT #

Hola Leonardo,
la buena publicidad es la que entrega contenidos, si no, solo tiene una vida pasajera dentro de los miles de estímulos a los que estamos expuestos diariamente. En este punto propaganda y publicidad se encuentra,y el slogan solo es un ayuda memoria. La política sin contenidos, es como el producto vacío: confuso y desechable. Por otro lado, como tu señalas, publicidad y propaganda es lo mismo, solo es una distinción semámtica que usamos para definir el objeto de estudio.
CLM

Posted by cristian leporati on September 27, 2009 at 10:50 AM CLT #

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