Cristián Leporati Mazzei

Marketing y comunicación global

 

De la política a la industria política, del ciudadano al consumidor

Jan. 12 , 2012

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Se puede decir que la sociedad de consumo ingresó de pleno en la política, perdón en la industria política, con la inscripción automática y el voto voluntario. Lo descrito no es ni bueno ni malo, solo una evidencia objetiva de que a partir de ahora para conquistar a esos potenciales 4,5 millones de votantes consumidores ex ciudadanos que hipotéticamente votarían adicionalmente en las próximas elecciones, los distintos partidos empresa requerirán de todo el aparataje del marketing para cumplir con los objetivos que les plantean sus respectivas directivas directorios. En definitiva, orientarse al cliente o mejor dicho empatizar con el cliente, comprendiendo su otredad.

Paradojalmente el ciudadano hace mucho tiempo que dejó de serlo, es cosa de darse una vuelta por los malls, espació público de consumo por excelencia y en donde domina el consumidor. El ciudadano feneció hace rato ya! Y a este es a quién deberá hablarle la empresa partido. Suena fácil, pero desde la vereda de la experiencia, podemos constatar con el gobierno actual, que a pesar de todo el know how “marketiniano” que posee, hasta ahora a fracasado en la creación de una marca vinculante, respetada y apreciada por los consumidores ciudadanos chilenos.

El punto, en mi opinión, pasa porque los distintos actores políticos al igual que los organismos públicos y representativos, siguen usando un discurso y relato que se dirige al ciudadano, no al consumidor o cliente. Cuando es “vox pop” que los chilenos dejaron de estar interesados en la política. Si no que más bien están deseosos de abdicar de sus deberes como ciudadanos y entregárselos a los expertos, que supuestamente actúan en su nombre pero en realidad lo hacen, en primer lugar, para conservar su puesto, y después para servir los intereses de distintas corporaciones, ongs y otros grupos. Los chilenos ya no son ciudadanos, son clientes consumidores. Como entidades políticas, son seres durmientes, desde un punto de vista moral, y no quieren ser despertados, quieren solamente que se les permita seguir llevando la vida que llevan: trabajando y comprando.


Zigmunt Bauman, coincide recalcando  que “el consumidor es el enemigo del ciudadano…En toda la zona desarrollada y opulenta del planeta abundan las señales de que la gente le está dando la espalda a la política”. Por eso, en la medida que los chilenos ven subir o bajar su capacidad de endeudamiento, se sienten mejor o peor sobre una variedad de cosas importantes: su valor como seres humanos,  su futuro, su sensación de bienestar, la idea de lo que dejarán a los que vienen detrás… Esta es la realidad y el desafío que enfrenta la industria de la política, una nueva categoría empresarial que se suma al sector eléctrico, alimenticio, minero, agroindustrial entre tantos, y con un desafío mucho mayor, a saber: no solo cambiar su  discurso para “conversar” face to face con el cliente consumidor, si no que también mostrar productos que de verdad resulten apetecibles en este contexto de ciudadanos inexistentes, pero si de voraces consumidores de bienes y servicios y, no necesariamente políticos.