Reformas complejas y grupos de interés: ideas para destrabar la ecuación
May. 14 , 2010
Como seres humanos, nos interesa defender lo que hemos adquirido, especialmente si ha sido en base a mucho sudor y esfuerzo. Nos gusta además que nos escuchen y poder dar de alguna manera nuestra opinión. Por otra parte, muchas veces nos cuenta pensar en los otros antes que en uno mismo. Además, a veces me da la impresión (que no se fundamenta en datos duros) de que los chilenos somos, en general, más desconfiados e inseguros que el promedio mundial. Estas características son algunas de las que configuran grupos y organizaciones en las que es difícil introducir cambios, aún cuando exista amplio consenso de la necesidad de innovar.
Ejemplos son organizaciones que defienden derechos adquiridos de sus miembros, pese a que la existencia de estos pueda estar dificultando el avance en las áreas en que se desarrollan. Tomemos el caso de la educación en nuestro país. Uno esperaría que ante el amplio y transversal acuerdo que existe en relación a la necesidad de reformar el Estatuto Docente y en relación a la importancia de esto para mejorar el nivel de la educación en Chile, el Colegio de Profesores (cuyos miembros, como docentes, debieran ser especialmente sensibles a esta necesidad) accediera a trabajar en este proyecto. Sin embargo, y pese a declaraciones puntuales, esto no se transforma en hechos concretos. Más aún, muchas veces esta negativa se manifiesta en presiones de carácter político que pueden ser especialmente influyentes dependiendo del volumen, de la actividad en la que está inserta y de la capacidad de movilización de la organización.
En vías de avanzar en estos temas y de generar iniciativas en pos de esto, es poco lo que se gana criticando el papel de estas organizaciones. Además, sería una actitud inadecuada, pues su existencia y labor es muy importante y su postura en torno a estos temas es perfectamente entendible analizando la naturaleza humana. En este sentido, son grupos que, en general: (i) han sufrido o consideran que han sufrido discriminaciones, (ii) interactúan con organizaciones o personas que muchas veces han tenido acceso a más oportunidades a lo largo de su desarrollo y (iii) están conformados por personas, lo que hace que rasgos como los señalados en el primer párrafo estén siempre presentes en mayor o menor medida. Estas tres características, si bien generales e incompletas, dan algunas luces sobre la forma en que pueden abrirse posibilidades de diálogo y trabajo con estas organizaciones para avanzar en la puesta en marcha de reformas complejas.
En este sentido, algunas propuestas. En primer lugar, estas organizaciones deben ser consideradas e incluidas en la discusión de estas reformas, dándoles espacio concreto para plantear sus reparos, opiniones y aportar en la generación de consensos. Está claro que esto no siempre es fácil, pero debe existir la intención concreta y real de hacerlas participar. En segundo lugar, deben generarse espacios iniciales de diálogo que limen asperezas y desconfianzas entre las partes involucradas. Y en tercer lugar, y desde un punto de vista estratégico, la introducción de nuevas reformas debe considerar que su puesta en marcha se facilita siempre que no se revocan derechos que un grupo de trabajadores protege especialmente.
Ahondando un poco en el último punto, debo señalar que hacer reformas profundas, como modificar el Estatuto Docente, puede ser mucho más fácil si el Estatuto se mantiene intacto para los profesores que están regulados por éste. Esto, entre otras cosas, porque organizaciones como el Colegio de Profesores suelen preocuparse principalmente de las condiciones que rigen a sus miembros actuales antes que aquellas que regirán el trabajo de potenciales futuros miembros. Ciertamente, esto implica reconocer que pasarán muchos años antes de generar los cambios profundos que se requieren (lo cual no es lo ideal), pero este efecto puede minimizarse si el nuevo sistema que se diseñe considera aspectos beneficiosos para los nuevos docentes que, por defecto, tendrán que ser parte de éste. Estos aspectos pueden ser consensuados a partir de conversaciones con el propio Colegio de Profesores y pueden introducirse además incentivos expresos para generar un importante flujo voluntario de profesores desde el antiguo sistema al nuevo. En este sentido, comunicar de manera efectiva las bondades del sistema a la sociedad en general y encontrar un respaldo de ésta puede ser especialmente estratégico. También puede serlo desarrollar el proyecto por etapas, generando positivas experiencias pilotos en ciertos sectores, cuyos resultados trasciendan la zona donde se desarrollan y transmitan un mensaje que resfuerce las bondades del nuevo sistema al resto del país.





Cualquier solución pasa por no castigar a los Profesores actuales que fueron formados de acuerdo a la normativa antigua y que cuentan con un buen piso político, sino estimularlos a que se suban al“carro de los cambios“. Esto a través de incentivos económicos y profesionales a aquellos que acepten perfeccionarse. Al resto, excelente tu idea de mantenerlos en el Estatuto Docente actual. Ojalá te escucharan muestras autoridades.
Posted by Christian Bruce on May 22, 2010 at 10:25 AM CLT #