Cristián García P.

Diálogos y desafíos de gestión

 

Estilos de gestión

Apr. 23 , 2010

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Parte de la discusión política de las últimas semanas ha puesto en evidencia un tema muy relevante para la gestión del Estado chileno y que tiene relación con estilos distintos en que pueden llevarse a cabo las cosas de manera de conseguir los resultados esperados por una política pública determinada.

Por un lado, el equipo del presidente Piñera ha enfatizado su capacidad resolutiva, de hacer las cosas bien y en plazos acotados. Cualidades que parecen claves para enfrentar los desafíos surgidos tras el terremoto. Por otra parte, el gobierno de Michelle Bachelet tuvo uno de sus sellos en las discusiones de mayor aliento, con comisiones de alto contenido intelectual que sentaron bases para la introducción de nuevos programas e iniciativas. Sin querer hacer una caricatura fácil o generalista, se observan diferencias, por lo menos, en el estilo de gestión de cada gobierno.

Estas mismas diferencias se han hecho patentes al momento de evaluar el trabajo del actual gobierno. Si bien es muy pronto aún para dar un veredicto certero, han surgido, incluso antes del comienzo de las labores del gabinete, voces que han dudado de su perfil tecnocrático y más cercano a los estilos de gestión que se utilizan en el sector privado.

En este sentido, se presenta una disyuntiva con respecto a cuál de estos estilos de gestión es el más apropiado para el trabajo de un gobierno. El sentido común hace pensar que, más allá de su utilidad en momentos puntuales, los estilos extremos no son los más apropiados para generar cambios en el mediano y largo plazo, y se requiere combinar una adecuada capacidad de planificación y generación de ideas con una oportuna y efectiva manera de poner en marcha los proyectos de buena manera.

En el papel, suena lógico y bonito, pero es en la práctica donde se pone complicada la cosa. Por un lado, cuesta encontrar profesionales que combinen ambas capacidades y puedan formar y liderar equipos efectivos. Por otra parte, no es fácil seguir una metodología que permita aspirar a resultados en el mediano y largo plazo, y mantener al mismo tiempo motivado a un equipo en base a logros que se obtienen en el corto plazo.

Tomando esto en consideración, una buena idea puede ser combinar un proceso de planificación estratégica con herramientas de control de gestión que permitan ir monitoreando resultados de procesos específicos que, en su conjunto, van generando resultados de mayor escala. Una lógica similar a la que usan metodologías como el Cuadro de Mando Integral o Balanced Scorecard. La clave debiera ser no quedarse sólo con la definición de variables que se controlan mensual o anualmente, sino que definir además hitos específicos que, en la medida que se van cumpliendo, permiten ir avanzando hacia el objetivo que se ha planteado para el largo plazo. Por ejemplo, proponerse mejorar los resultados de los alumnos de escasos recursos en la PSU en 15 años plazo y ponerse como meta intermedia haber mejorado la infraestructura de todas las escuelas públicas de Chile en 5 años plazo. El desafío de fondo es generar un plan de trabajo en el que acciones sucesivas tengan directo impacto en el resultado final esperado (en el ejemplo anterior, esto equivale a estar relativamente seguros que una buena infraestructura ayuda a mejorar los resultados escolares).

Un sistema como el esbozado presenta una serie de desafíos en su implementación (necesidad de un buen liderazgo, cambios en los gobiernos y por ende, en los equipos, entre otros), pero cumple con la función de combinar un correcto proceso de planificación y validación política con la instalación de objetivos de corto y mediano plazo que requieren de una gestión rápida y eficiente, y que pueden mantener motivada y enfocada a una unidad en torno a un objetivo final. Asimismo, si existe consenso con respecto a la meta final, acuerdo político con respecto a muchos pasos intermedios importantes y un control de gestión transparente de los avances y su ajuste con el cronograma definido inicialmente, puede disminuirse el impacto de cambios en los equipos durante el desarrollo de proyectos de larga duración.



Comments:

Ojalá fuera tan sencillo, pero los intereses políticos suelen prevalecer por sobre las metodologías técnicas, y eso que Chile se caracteriza supuestamente por la estabilidad de sus políticas. Eso está por ponerse a prueba.

Posted by ilicha on April 26, 2010 at 01:09 PM CLT #

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