Patricio Fernández: Cuestionario poético del Bicentenario
Jul. 27 , 2010
Sabido es que en los salones del siglo XIX se acostumbraba a tener cuadernos en los que distintos invitados respondían un cuestionario. En otras palabras, sociedades con tiempos de ocio que dedicaban a derrochar lúdicamente. Así nació el cuestionario Proust, cuando el buen Marcel fue requerido para contestar las preguntas de la joven Antoinette Felix-Faure. Desde entonces, el archiconocido y utilizado cuestionario aparece en la prensa de todo el mundo.
Como una forma de conmemorar este Bicentenario poéticamente, vaya esta vuelta de tuerca para dicho ejercicio con preguntas que son versos de poetas chilenos y que calan medio a medio de la curiosidad. Ojala muchos tengan el humor de responder como lo hace aquí el escritor y periodista director del diario The Clinic, Patricio Fernández.
¿Qué será de los niños que fuimos?
Si somos valientes, seguirán jugando para siempre. Si no, los mandaremos castigados a una pieza oscura para que palidezcan donde nadie los vea ni nos hagan pasar vergüenzas.
¿Se emociona Ud. en endecasílabos?
A veces sí, cuando “Su ce de que me can so de ser hom bre”
¿Quién entra por las puertas que se abren solas?
Además del viento y el tiempo, los ladrones.
¿Cuántos Marxes hay?
Supongo que muchos y que a medida que pasen los años habrá todavía muchos más. Yo, por ejemplo, conocí a algunos nuevos leyendo las Conversaciones con Marx y Engels de Magnus Enzensberger. El que más me llamó la atención, fue el Marx estalinista, editor de una revista itinerante de la que eran despedidos quienes osaran matizar. Admiré, por otra parte, al que vivió el exilio permanente y al genio que puso el dedo en la yaga -con una fuerza y rigor nunca antes visto-, en las injusticias de una sociedad que hasta entonces parecía inmodificable por naturaleza.
¿Quieres ser ciego y cantar como Ray Charles?
No. Que pregunta más rara.
¿Qué combate se libra en el espacio?
Parece que en el espacio exterior está el futuro. Aquí habita el pasado y el futurito, mientras que allá lejos -cosa que, además de los científicos, saben los niños y los adolescentes enamorados-, se tejen las historias por venir. Confieso, sin embargo, que mis pies se enfrían demasiado cuando dejan la tierra. La pasión por lo que existe me mantiene la vista gacha. El brillo de las estrellas no consigue distraer mi atención de los bichos y homo sapiens que pululan. Me gusta lo que pueden ver los ojos sin aumento, aunque si me obligan a elegir, parece que prefiero el microscopio al telescopio. Soy un terrícola de tomo y lomo.
¿Dónde está tu conciencia?
Molestándome todo el día. Cuando me canso, la aturdo a botellazos.
¿Hueles lo húmedo en medio de la noche?
Ocasionalmente, cuando mi hijo menor duerme conmigo y “pasa el río”.
¿Quiénes son los que sufren?
Los que quieren y no pueden, los que ya no pueden querer, los que viven siempre en la esperanza y los que la pierden para siempre. Pero más o menos, todos sufrimos, en realidad.
¿Conviven en un mismo pecho crueldad y dulzura?
Sin lugar a dudas, y también todos los contrarios imaginables.
¿Cómo reaccionar frente al robo inesperado de la vida?
¿A qué alude la pregunta? ¿A los robos que la vida ladrona nos hace, o al más inesperado robo que nos podrían hacer en la vida? Porque la vida, sin que nos demos cuenta, nos roba edades que no se recuperarán más, amores que se lleva por el puro gusto de robar, convicciones, en fin, tantas cosas. Y por otra parte, el robo más inesperado, muchas veces, ha de ser el de la vida misma. Y ladrón que le roba a ladrón, tiene mil años de perdón. Ante este último robo no hay cómo reaccionar. En el caso de los anteriores, con resignación.
¿En qué número está la frontera entre poco y mucho?
En el 10. Hasta 9 es poco, de 10 para adelante es mucho.
¿Cuánta vida le has dado al manicomio?
No sé si esto responda la pregunta, pero considero sinceramente que son muy pocas las cosas que se pueden manejar y predecir en la vida, de modo que racionalmente concluyo que aplicar la razón más de la cuenta es prácticamente estúpido. En ese sentido, acepto que muchas veces el acontecer es una locura.
¿Por quién juran los ángeles?
Vaya uno a saber. Si creen en Dios, capaz que juren por Él. Si son más parecidos a los pájaros, da igual, porque sus palabras se las lleva el viento. Si son negros, por don Sata. Pero a decir verdad los ángeles me parecen de lo más aburridos que hay. Nunca pienso en ellos, me dan exactamente lo mismo. Hay un putto, o sea , un cupido romano, pintado por el Caravaggio, y que me ha fascinado siempre. Es un niño medio cochino dormido sobre sus alas empolvadas, su arco y sus flechas. Representa, supongo, al amor en estado de soponcio. Lo vi durante meses todas las mañanas, y siempre parecía a punto de despertar.
¿Qué quiere decir pobre de solemnidad?
Quiere decir vivo, de habla clara y de inteligencia en juego con todos, malo para fingir y representar papeles tragicómicos. El pobre en solemnidad entiende que no hay grandeza sin cercanía. Es más, encuentra de lo más vulgar la solemnidad.
¿Qué harías tú en el Apocalipsis?
Buscaría un refugio antiatómico o me pondría a gritar en medio de la calle como una loca. Mentira, eso haría si fuera un buen tipo, pero la verdad es que miraría al resto con franca curiosidad, como hago para los terremotos, y mientras tanto, aunque me lo juraran de rodillas, no podría creer que se trata del Apocalipsis. Yo no creo en Apocalipsis, en problemas severos sí, pero en fines de mundo, jamás.
Al final ¿nos quedamos con qué?
Al final, con los recuerdos. Nosotros con el de lo que más quisimos en nuestras vidas, y los otros, cuando ya no estemos, con lo que más quisieron de nosotros. Esto, créanme, no es poco: es decir que todos los días construimos nuestra eternidad.
¿Y si después/ de la muerte/ hay una vida/ infinitamente/ más dolorosa/ que ésta?
Por estos días, este es un tema que me ha interesado. He intentado imaginar un estado, no sé si de felicidad superior, porque vaya uno a saber en qué consiste la felicidad, pero más deseable de vivir que éste, y no he dado con él. Con el perdón de los que sufren, a ese sufrimiento debemos en parte la complejidad del mundo. Una situación permanentemente indolora, como en la inmortalidad del cuento de Borges, aburre. Pierde su nervio. Sin las sombras, las luces no brillan. Y el paraíso, dicen, es pura luz. Ahora mismo, si pienso en la muerte, me invade una tristeza horrible. Tantas cosas dejadas de ver, tantos remezones perdidos, la plaza de al frente de mi departamento… Mejor paro, el inmenso dolor que no se siente en la muerte, es la muerte misma.
Los versos corresponden a: Nicanor Parra, Jorge Teillier, Rojas Jimenez, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Diego Maquieira, Claudio Bertoni, Enrique Lihn, Gonzalo Millán, Waldo Rojas, Tomas Harris.





Thanks
Posted by Emilio on July 27, 2010 at 10:30 AM CLT #
Posted by Maria Elisa on July 27, 2010 at 12:38 PM CLT #
Posted by Rodrigo Struder on July 27, 2010 at 12:50 PM CLT #
Posted by Roberto on July 27, 2010 at 02:01 PM CLT #
Posted by Amanda on July 27, 2010 at 07:27 PM CLT #
Posted by Rosa Parks on July 27, 2010 at 09:25 PM CLT #
Posted by peter alameda on July 27, 2010 at 10:24 PM CLT #