Nuevo Billete: paciencia, Gabriela, paciencia...
Aug. 25 , 2009

¿Gabriela Mistral habrá sido joven alguna vez? ¿Habrá sonreído? Le pregunta surge luego de ver el nuevo “Gabriela” como popularmente se le llama al billete de cinco mil pesos. Es verdad que se ha escogido una imagen menos adusta pero aún así sigue siendo una Mistral vieja, triste y mal agestada. Ni hablar del mural que se hizo hace 40 años en el costado del cerro Santa Lucia. Su boca y cejas como acentos circunflejos asustan al transeúnte desprevenido. Todo parece indicar que nos gusta recordarla así como si eso expresara un trato más respetuoso.
¿Cómo era realmente Gabriela Mistral? En 1922 en el Diario Ilustrado dice “es alta, de recio cuerpo, tiene ademanes lentos de regia distinción. En el rostro de bondad inmensa, ligeramente sonrosado, brillan unos ojos verdes, velados por largas pestañas.”
Dos años después el mexicano Rafael Heliodoro Valle también resalta el color de sus ojos “En su rostro tostado hay la iluminación cordial de la sonrisa; en los ojos de un verde doloroso y trémulo, se ahonda el negror del mirar…”
En 1925 cautiva al reconocido intelectual argentino Alberto Gerchunoff. “El que ha visto alguna vez un retrato de Gabriela Mistral la imagina como una mujer de rasgos duros, que recuerda en algo las líneas abultadas de la máscara de Rubén Darío. El retrato que más ha popularizado su fisonomía nos la presenta así, con los párpados tristemente caídos y los labios apretados en un pliegue doloroso. Pero esa expresión ásperamente viril se borra cuando se la ve. Comprendemos en seguida que Gabriela Mistral es distinta y su mirada y su voz nos dan una imagen diferente, que invade sin esfuerzo la intimidad de nuestra simpatía y nos pone en contacto con el fondo de su espíritu. Ceñía su cabeza un pañuelo de seda azul, que descendía hacia un lado, por el hombro, en un copo vasto y oscuro.”
Cuando Mistral vuelve a Chile en 1938 lo hace por el sur. En Valdivia la entrevista Santiago Rivera para la Revista Ercilla quien destaca que “vista de cerca, la impresión es, aún, mejor: plateada melena de indígena lisura, ojos claros y dulces y una sonrisa de cautivante seducción.” Más alegre es aún el retrato que hace Raúl Morales-Álvarez, también para Ercilla: “Ríe, y su risa es fresca, cordial, decididamente amiga. Está vestida con un “piel de oso” de corte masculino, y lleva debajo de él un estampado de colores vivos. La melena casi morena, casi plateada, encuadra las firmes líneas de su rostro bajo la boina puesta a la negligé, o a la diabla, como dicen en Chile. Los pies grandes, encerrados en zapatos de taco bajo, miden nerviosamente la amplitud de la estancia. Mirada así, de golpe, da la sensación de que no puede estar nunca quieta.”
No cabe duda que Gabriela Mistral tenía lindos ojos, bonita sonrisa, fumaba como loca y hasta era buena para la talla según Matilde Ladrón de Guevara. Pero nos empeñamos en mirarla con las tintas cargadas de seriedad y con los nuevos cinco mil se perdió la oportunidad de recuperarla joven y sonriente. Como si esto fuera poco, el billete no incluyó ningún verso suyo. Quizás a eso se deba su permanente cara de enojo.
Paciencia, Gabriela, paciencia.





Posted by Hernan on August 26, 2009 at 11:13 AM CLT #
Posted by Carlos Anriquez on August 26, 2009 at 06:18 PM CLT #
Posted by Cecilia G Huidobro on August 27, 2009 at 09:52 AM CLT #
Posted by Carlos Anriquez on August 28, 2009 at 01:22 AM CLT #