Miguel Delibes de visita en Chile
Mar. 16 , 2010
El viernes los periódicos trajeron la noticia del fallecimiento de Miguel Delibes. Un escritor que sin aspavientos retrató ese mundo duro de la España destruida moral y económicamente por la guerra civil (tenía 16 años cuando estalló el conflicto) y su posterior aislamiento. A través de personajes entrañables, Delibes se internó en el espacio que media entre el vacío y la identidad. Dio la palabra a quienes no la tenían, mostrando gran oído para captar el habla de la gente. Sus novelas fueron moradas para la marginalidad de la infancia, de la pobreza, de la vejez, de la muerte, de la enfermedad, aunque menos de la mujer ya que escasean protagonistas femeninas con la excepción quizás de Cinco horas con Mario y La Hoja Roja. Una sólida obra que con el tiempo trajo numerosos premios como el Reina Sofía y Cervantes, entre otros.
Escribiendo esto me doy cuenta que Delibes es una palabra muy parecida a débiles. Digamos que los separa apenas una errata que no parece casual pues es a ellos a quienes don Miguel rescató con muy buena pluma. Doy fe que esa errata tiene mucho sentido sobre todo en libros como Las ratas, uno de mis favoritos quizás a causa de sus antihéroes protagonistas, unos niños de zonas rurales. Espero que la película sea tan buena como la novela. Delibes es el escritor español más llevado al cine después de Pérez Galdós aunque muchas adaptaciones no se hayan exhibido en Chile.
Pero en este país sin memoria nadie ha recordado que Delibes vivió dos meses en Chile en 1954, tengo entendido que gracias a una invitación del Círculo de Periodistas de Chile. Esta experiencia le permitió luego ambientar la novela Diario de un emigrante en nuestro país. Allí se relata la venida de un matrimonio joven a probar fortuna a América y las dificultades de adaptación. “La patroncita cada día se esmera más. Ahora anda emperrada en que probemos los platos del país. Puestos a ver yo no corro por el choclo, ni por ninguna de estas cosas, pero ni siquiera me esfuerzo por no desairarla. A la chavala, en cambio, no hay Dios que la haga probar bocado. Hoy la Verdeja nos preparó humitas y la chavala, de que las vio, que nones.”
Pero más que la comida, la pregunta sobre el desarraigo que recorre esta novela se articula en torno al lenguaje, una de las grandes obsesiones de Delibes. La constante presencia de chilenismos tales como guagua, altiro, las cabras, pata y quincha, poto y muchos otros muestran que la tensión que experimenta el protagonista para lograr radicarse en buena medida se juega en el idioma. Y es que para Miguel Delibes la palabra es la que humaniza a una sociedad o la deshumaniza claro está. Así como sus novelas han dado vida a personajes marginales, también muchas palabras permanecen gracias a su registro.
"Yo no he sido tanto yo como los personajes que representé en este carnaval literario. Ellos son, pues, en buena parte, mi biografía" dijo alguna vez. Por eso los diarios se han equivocado, Miguel Delibes no ha muerto. Vive y vivirá en su escritura.





Posted by Enzo Abbagliati on March 16, 2010 at 11:54 AM CLT #
Posted by Hendryx on March 16, 2010 at 03:22 PM CLT #
Posted by Ricardo on March 16, 2010 at 09:44 PM CLT #
Posted by Bazarov on March 17, 2010 at 12:18 AM CLT #
Posted by Cecilia G Huidobro on March 17, 2010 at 02:28 PM CLT #
Una cosa es el discurso....lo que nos han dicho siempre...........otra cosa es la realidad, que esta columna manifiesta y vivimos y sufrimos esa cosa llamada Santiaguitis cada día en las regiones...ya casi estoy odiando a Santiago.
Posted by Spam on March 18, 2010 at 07:48 PM CLT #
Posted by tercermundistaeresuntarado on March 20, 2010 at 12:25 AM CLT #