Feria del Libro: ¿Se lee en Santiago?
Nov. 08 , 2011
A veces pienso que la industria editorial chilena es adicta a la primavera. Se le ve florecer en esta época del año, especialmente en el mes de octubre. Gran parte de las novedades y de los títulos más contundentes aparecen para la Feria del libro, lo que supongo que viene a subrayar la conveniencia de este tipo de eventos, al menos en lo que se refiere a producción y comercialización de libros. Además, la disminución de espacios dedicados al periodismo cultural, sobre todo en lo que concierne a la crítica -un fenómeno mundial en el que nuestro país no ha sido excepción-, también pone de relieve el valor que una feria puede llegar a tener para que los lectores se encuentren entre sí y con autores y libros.

Uno de los aspectos más interesantes del programa de la feria este año es el hecho que junto a algunos invitados top como Julia Kristeva, Rolin Olivier o César Aira por ejemplo, se ha enfatizado la presencia de autores jóvenes que sin embargo tienen ya una obra que se ha destacado en sus respectivos países. Es un hecho que las grandes editoriales tienden cada vez más a publicar a autores consagrados antes que descubrir nuevas voces. Operan mejor las grúas para levantar a los grandes que ya tienen carta de ciudadanía en los rankings de los más vendidos antes que los scouts que exploran recodos de bares reales y publicaciones virtuales a la caza de talentos desconocidos. Sin embargo, la Cámara del Libro y el Consejo de la Cultura y las Artes organizaron un encuentro precisamente para romper estas barreras que impiden la lectura de autores latinoamericanos. A este “Dialogo narrativo” asistieron Slavko Zupcic y Juan Carlos Méndez Guedez (Venezuela);, Pablo Raphael, Tryno Maldonado y Heriberto Yepez (México); Inés Bortagaray (Uruguay); Carlos Yushimito (Perú); Patricio Pron, Cesar Aira, Juan Sasturian y Oliverio Coelho (Argentina); Rodrigo Hasbún y Darwin Pinto (Bolivia); Jacinta Escudos (El Salvador) y Andrés Burgos (Colombia). A ellos se sumaron los chilenos Alejandro Zambra, Alvaro Bisama, Alejandra Costamagna, Cynthia Rimsky, Rafael Gumucio, Marcelo Mellado y Pablo Simonetti. Autores que hay que conocer.
Demás está decir que el abanico de opiniones fue diversa y no exenta de debate, lo que siempre se agradece. Desde quienes escépticamente y con no poca autoironía como Cesar Aira se preguntó “¿quién dijo que leer sirve para algo?” hasta quienes plantearon que la literatura latinoamericana se debate entre Shakespeare y Chespirito… Quizás se marcaron excesivamente las tintas a los temas de la industria que impiden que los libros circulen con mayor fluidez y se echó de menos destinar más tiempo a las fisuras en que brota la escritura, que siempre acarrea muchísimas interrogantes. La gran pugna entre papel y pantalla fue otra trinchera de discusión y acaso ahí hizo más falta concentrarse en el lenguaje, en la palabra que seguirá presente en cualquiera de los formatos que se imponga en el futuro.
El encuentro tuvo un eslogan que me pareció acertado: “SCLee, diálogos narrativos latinoamericanos”. Juego por cierto entre la sigla del aeropuerto de Santiago con la idea de leer. Y que la lectura sea un viaje, finalmente, hace toda la diferencia, nos abre a la otredad.
Claro que para hacer posible ese viaje se necesita de una estación mayor. Que las actividades editoriales y culturales no se concentren tanto en primavera y que se busque un emplazamiento más adecuado que la Estación Mapocho. La lectura merece una pista de despegue más ágil.




