Cecilia García Huidobro

Pruebas de imprenta

 

Perdón por la siutiquería, Huaso Ramón

Jan. 18 , 2012

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La semana pasada murió Vicar, según los titulares el dibujante chileno del “Pato Donald.  Una vez más salta a la vista el esnobismo de la memoria nacional, as allways.  Es verdad que Victor Arriagada Rios, -Vicar su firma de artista-, trabajó para las  mejores agencias del mundo...

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El rescate de nuevas crónicas de Edwards Bello

Jan. 03 , 2012

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La próxima semana aparecerá un nuevo volumen de las crónicas de Joaquín Edwards Bello, que titánicamente viene rescantando Ediciones Universidad Diego Portales desde hace cuatro años. En la portada ya vemos a un autor de mediana edad, que se acerca a cumplir 50 años Es que esta oportunidad, se trata de artículos escritos en el corazón de la década del treinta. Para muchos un período de calma que presagia la gran tormenta que se aproxima. La Segunda Guerra está a la vuelta de la esquina y con ella grandes cambios en el orden mundial y en las costumbres sociales. Está por venir lo que en jerga edwardsbellana podríamos llamar un animamoto.

 


De hecho Mussollini y Hitler rondan las crónicas de esta nueva recopilación, como lo hacen con los destinos de Europa. Edwards Bello los tiene en observación aunque todavía no dimensione el peso de sus sombras. Incluso en algunas páginas asoma su atracción con el dictador italiano y ciertos flirteos con el estilo autoritario.


En esta década en que todo parece en movimiento, Joaquín Edwards en cambio se vuelve definitivamente sedentario. Este dandy que había paseado con tongo y corbata papillón por las capitales europeas, que había apostado en los grandes casinos de la Riviera francesa y en tugurios madrileños, no volverá a viajar.


Luis Alberto Sanchez asegura que en Cuba lo esperaron en varias oportunidades. Que en otros países solicitaban su presencia. De cualquier forma,  ha sido precisamente esa movilidad la que fraguó su carácter de escritor y de personaje. “A salto de mata conocí la condición humana”, solía repetir.  Buena parte de esas acrobacias las experimentó en sus largas estancias en Europa. “Es muy difícil que sea interesante la literatura de los escritores sin aventuras ni viajes. El verdadero escritor es generalmente el que más aventuró: la guerra, la muerte, la pobreza, la prisión, han debido acecharle, y la prueba está en Camoens, soldado; Ercilla, conquistador; Cervantes, soldado, prisionero, perseguido por deudas; Tolstoy, soldado; Dostoiewsky, condenado a muerte.”


En el caso de Joaquín Edwards Bello, ¿qué fue lo que más aventuró? ¿Cuál fue su mayor apuesta? En mi opinión, esa curiosa síntesis de Quilpué y París que hicieron de él la figura única e insoslayable que es.  "Si yo no hubiera vivido la guerra 1914-18 sería otro. Seguiría creyendo en eso de la aristocracia castellano-vasca y en otras paparruchas por el estilo".


La capital francesa fue una puesta en marcha de sus extraordinarias condiciones de cronista. Ahí están la calle, el dato, la mirada, la historia y la lectura de los sentidos que permitirán desmitificar la realidad, muy especialmente la chilena. Madrid y sobre todo París le han dado la perspectiva y por tanto la diferencia. Son territorios sobre los cuales construyó una personal geografía donde echaron raíces sus escritos, su interior atribulado, su palabra. Cuenta Enrique Bunster que en una oportunidad se encontró en el centro y que en cinco minutos le habló en inglés, español, francés y portugués y expuso un número imprecisable de ideas originales.


Quilpué y Valparaíso le dieron en cambio un salvoconducto que le permitió apreciar la idiosincrasia nacional con una lucidez apabullante. Leer a esa tribu  en la que se vio retratado y rechazado. Paisanos que entran donde dice ‘salida’ y sale donde dice ‘entrada’ como solía observar don Joaquín. Conciudadanos que carecían de la virtud de admirar, de obedecer y de reconocer el mérito ajeno...


Si durante los años treinta, Edwards Bello publicó activamente libros y novelas, su fecundidad cronística fue sencillamente notable. Quizás de tanto repetir, “aquí no se puede vivir” como recuerda Julio Barrenechea, terminó por vivir en la crónica, publicando varias una misma semana. Lo asombroso es que desde allí, pudo invitar a sus miles de lectores de la época también a habitar en ellas, costumbre que se ha perpetuado hasta nuestros días. Por eso se agradece este significativo esfuerzo editorial de rescatar sus columnas dispersas especialmente en el diario La Nación.


(Fragmento Prólogo del Volumen IV de Crónicas Reunidas de Joaquín Edwrads Bello publicadas por Ediciones Universidad Diego Portales)


 

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