Recambio generacional

Posted on November 15, 2008 by Claudio Fuentes

La elección de Barack Obama ha colocado en la discusión pública el debate sobre el cambio generacional, y con particular énfasis en el PDC (Alberto Undurraga, La Tercera 6 de noviembre). Sin embargo, el desafío para Chile es mucho más profundo.  En efecto, pese a que demográficamente Chile es relativamente joven, con una leve superioridad de mujeres sobre hombres, y con minorías étnicas que superan el 8%, el paisaje político refleja una realidad diametralmente distinta: liderazgos mayoritariamente masculinos, superiores a los 60 años en los casos de los (pre)candidatos presidenciales y con una casi total ausencia de minorías étnicas. 


 


Comparativamente, la brecha generacional es abrumadora. Si observamos las edades de los mandatarios (presidentes o primeros ministros) al momento de asumir sus cargos en 60 países democráticos, vemos que en Europa Occidental la edad promedio de ellos es 47.8 años. Le siguen los países recientemente democratizados de Europa Occidental y la ex Unión Soviética (48.4 años), y luego Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Canadá con un promedio de 52.3 años. La subregión nórdica es la que observa el record de edad en sus autoridades con un promedio de 46 años.


América Latina no lo hace nada de mal ya que sus mandatarios en promedio tenían 53 años al momento de asumir. Es decir, si nos guiamos por esta muestra de 60 naciones democráticas, la generación que está gobernando gran parte del mundo hoy fue la que nació a fines de la década de los 1950s, que no alcanzó a convertirse en un actor político en los 1960s, y que como promedio tienen hoy poco más de 50 años.


Si consideramos la edad de los potenciales candidatos a la presidencia en Chile (Alvear, Frei, Insulza, Lagos, Piñera) vemos que como promedio superan hoy los 60 años, apartándose del resto de América Latina y, por cierto, de Europa Occidental y Oriental. Incluso, si Lagos decidiera no competir,  la transición generacional se daría entre quienes nacieron a fines de los años 1930s, a la que nació durante los años 1940s y que fue un actor joven y protagónico en la década de los 1960s.  


Mientras en Chile se produjo una transición política, no se ha dado una transición generacional y aquello es común en el gobierno y la oposición. Uno podría responsabilizar a quienes detentan el poder de no abrir paso a las nuevas generaciones. Sin embargo, los cambios generacionales no ocurren por voluntad de quienes ostentan el poder, sino que por apropiación de espacios políticos y sociales de quienes aspiran a ejercerlo. La pregunta no es por qué en Chile persisten los liderazgos que rozan la tercera edad; la pregunta es por qué no ha emergido una generación con hambre de poder.


Se podrían ensayar varias respuestas: el paréntesis del régimen militar dejó a toda una generación con ansias de gobernar; los partidos políticos no han producido la necesaria renovación; la continuidad de la Concertación hizo que el “tiraje de la chimenea” fuera lento; o que el sistema de inscripción y electoral desalientan que nuevos actores surjan en la escena política.


La rebelión de Kast en la UDI, la articulación de “los príncipes” en el PDC, o los moderados intentos de renovación dentro del PS podrían anunciar un cambio. Lo que explica que Rodríguez Zapatero o Bill Clinton hayan asumido el poder con 44 y 45 años, respectivamente, no es la casualidad o la buena voluntad de algún veterano de la política, sino que la articulación de voluntades dentro de sus propios partidos.  Ahora bien, los nuevos liderazgos no se anuncian, sino que simplemente se ejercen.


 



 


 


 


 


 


 


 



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