La mejor alternativa
Nov. 29 , 2009
Publicado en La Tercera, 29 de noviembre de 2009
Cuando nos enseñaban economía internacional en aquellos lejanos años, la idea detrás de casi todos los modelos teóricos era que las grandes conveniencias de abrir los mercados financieros al mundo -en especial para los países en desarrollo- se basaban en: (1) la mayor estabilidad financiera relativa "del mundo"; (2) en las menores tasas de interés externas y -en consecuencia- un mejor manejo del persistente déficit financiero de los países en desarrollo frente a los desarrollados.
Desde hace un buen tiempo -suficientemente largo como para haber cambiado el "body language" de los modelos teóricos- vemos que al menos en el caso de Chile, todos los supuestos que sustentaban tal apertura incondicional están siendo violados en forma sistemática.
En primer lugar, Chile no tiene un déficit externo constante. Más bien, dicho déficit ha perdido el carácter de tal, convirtiéndose en un superávit permanente. Somos acreedores del mundo y no al revés.
En segundo lugar, somos intrínsecamente más estables que el mundo que nos rodea; salvo, por supuesto que, por estar tan conectados al mundo y ser una pulga dentro del espectro financiero, somos víctimas de la inestabilidad global, y nuestro tipo de cambio lejos de estar influido por variables "reales", es parte del juego de quienes especulan en el más líquido, profundo y extenso de los mercados de activos financieros del orbe: las monedas.
Esto hace que un país como Chile, que no tiene más opción que exportar para crecer -porque somos pocos y nuestro mercado doméstico es pequeño desde donde se lo mire-, tenga que ver constantemente fluctuaciones del valor relativo de sus recursos, de su mano de obra y de sus activos de un tamaño colosal. En esto no estamos solos: este problema lo enfrentan también otros "like minded countries", como le gusta decir a la Presidenta Bachelet: Australia y Nueva Zelandia. Brasil es un caso diferente por el tremendo tamaño de su mercado interno, y no es por ningún lado una comparación válida.
En momentos en que todas las firmas chilenas preparan sus presupuestos, y los directorios evalúan sus proyectos de inversión, la pregunta permanente es ¿qué tipo de cambio se está considerando? Y las respuestas de los gerentes se dan -en términos generales- de la siguiente forma: "En primer lugar, hemos preguntado a 10 economistas y hemos recibido 12 respuestas". Hay quienes piensan que bajo los $ 500 intervendrá el Banco Central y/o Hacienda. Otros creen que es un fenómeno global de revaluación de monedas y que nadie salva al dólar esta vez. Otros dicen que es temporal; que las incertidumbres seguirán, y que eso tirará el dólar hacia arriba (y no estamos hablando de ningunos tontos, son economistas como el premio Nobel Paul Krugman o el "gurú" de la crisis Nouriel Roubini). Finalmente, otro grupo cree en los "fundamentals" y dice que el valor de equilibrio del dólar es cercano a $ 600. Consultados sobre el precio esperado del cobre, las respuestas son menos, porque ninguno se atreve ya a especular con números, ni siquiera los más osados…".
Dura tarea para los gerentes y directores. Porque encima de eso, el mercado de largo plazo para futuros de monedas es costoso en términos de garantías, y no es muy grande como para protegerse en proyectos cuya vida útil supera los 10 años.
El resultado final más esperable, es que la inversión en proyectos de exportación -esos que nos convertirían en potencia alimentaria- mutarán a proyectos de subinversión. Los recursos que sobren se enfocarán al mercado local, mucho más predecibles y menos arriesgadas; consecuencia natural de no estar afectadas por el valor del dólar, por los juegos especulativos de la banca global y la inestabilidad del mundo. Al final, podríamos replantearnos aquello de ser una potencia exportadora de alimentos y pensar en desarrollos inmobiliarios geniales como los de Dubai.
El tema ahora va más allá de si tendremos un tipo de cambio alto o bajo a futuro. Si es bajo, agricultores y exportadores en general, tendrán que ser más productivos, más ingeniosos y más ocurrentes: Italia lo ha logrado al fin y al cabo, y con muchísimo éxito.
El problema es la inestabilidad del tipo de cambio, y la falta de herramientas financieras adecuadas para combatirlo. Y los paradigmas económicos que reinan al interior del Central, de Hacienda, y más profundamente: en las cabezas de nuestros profesores de economía internacional.
Si somos un país pequeño, enfocado a exportar, pero sin una base intelectual doméstica fuerte (o sea, no podemos exportar autos Porsche, diseñar ternos Armani ni turbinas GE) y vivimos en un mundo mucho más inestable que nosotros en lo financiero y en lo comercial, ¿es el tipo de cambio flotante la mejor alternativa para Chile?





Mas de lo mismo que usted critica.
Posted by fe sal on November 30, 2009 at 10:22 AM CLST #
Posted by George Szell on November 30, 2009 at 04:03 PM CLST #
Posted by Carlos A. on December 02, 2009 at 10:53 AM CLST #
Posted by Carlos A. on December 02, 2009 at 10:57 AM CLST #