El viaje
Mar. 04 , 2010
El fundo Los Corrales -Región de Los Ríos- carece de "direct TV", en orden a que los veraneantes (hijos, hijas y parejas) no puedan seguir telenovelas o el Festival de Viña. En la vecina Los Lagos, los diarios son "peloteados" desde temprano por la abultada legión de santiaguinos que invade la zona en verano. De modo que es el celular la forma habitual de comunicación hacia la civilización.
Este año no se veía diferente, salvo por un verano invernal -en febrero "no llovió" 12 días. Y justo cuando se puso bueno el tiempo, toca el fin del mes y el obligado regreso a la capital. Una alternativa era volverse el viernes, pero fue desechada por la mayoría. De modo que se fijó como fecha de regreso el sábado. Se arreglaron las maletas y a dormirse temprano, para salir a las 8 am.
Cuando de repente, en la mitad de la noche, comienza un estruendo como nunca había escuchado. La casa, que es de madera, crujía por todos lados. Apenas nos sujetábamos de pie. Se caían muebles y adornos; bramaban vacas y toros; ladraban los perros y relinchaban los caballos. "El epicentro debe ser aquí mismo", dijo alguien. Otro aventuró un nuevo tsunami en Valdivia. Pero a ninguno le cupo duda que había sido el terremoto más grande de su vida. Colapsaron los celulares y se cortó la luz, de modo que cero información del exterior. Como no hubo accidentes ni en mi casa ni en la de los empleados, sacudimos el sueño y a las 8 am figurábamos con el auto cargado rumbo a la capital.
La primera cosa rara fue la inexistencia de señales radiales: sólo la radio de Los Lagos, que hablaba de un terremoto con sede en Concepción, pero sin muchas novedades. A la cuadra de Máfil, despertó a parte de mis pasajeros un remezón: había pasado rápido, sin percatarme, por un puente averiado por el terremoto. Pero, salvo eso, nada más, hasta que a la altura de Gorbea nos desvía un carabinero, porque se habían caído unas pasarelas. Pero preguntado el carabinero, nos aseguró que salvo otro desvío igual en Pitrufquén, la vía hacia Santiago estaba expedita. Otra señal ominosa fue ver las bombas de bencina cerradas. Pero, hasta ahí, las radios nada decían todavía. Estábamos tan desinformados como el gobierno central. Hasta que llegamos a Pitrufquén, en que en una bomba -cerrada, por cierto- nos dijeron que la mayoría de las pasarelas peatonales de la Ruta 5 Sur estaban en el suelo, que no se vendía bencina en ninguna parte y que era mejor rehacer el camino andado. Cosa que hicimos a través de caminos internos de las regiones de La Araucanía y de Los Lagos, Turistel en mano. Ahí ya las radios comenzaban a dar las noticias y se comenzaba a develar la verdad de lo ocurrido. Y aunque estuvimos pegados a la Cooperativa dos días seguidos, fue muy distinto a ver las imágenes en la TV a colores que comienzo a ver ahora en mi casa de Santiago. Nos enteramos de los saqueos, de las vacilaciones inexplicables por imponer toque de queda y llamar al Ejército a la calle. De los errores de la Armada, la Onemi y de las idas y venidas verbales del ministro Vidal.
Y cuando Copec aseguró el lunes bencina en toda la 5 Sur, decidimos dejar nuestro idílico lugar de espera y largarnos a Santiago como fuera. Así que el martes nos pusimos en marcha, esperando que la cosa estuviera normalizada, como aseguraba a radio Cooperativa el ministro Bitar: "Chile está 100% conectado". Lo que se le olvidó decir es que estaba conectado, pero como en la época de la colonia.
Llenamos bencina en Los Lagos y circulamos sin mayores percances, salvo las pasarelas caídas, algunas encima de vehículos, y todas las bencineras cerradas. En Freire, la Copec con una cola de un kilómetro.
Seguimos adelante y entramos a Temuco, donde recargamos. Luis Vial consiguió con su amigo Carlos Calderón 60 litros que nos esperarían en Teno. Con algo de suerte, el tema combustible quedaba cerrado. Y de ahí, sin problemas hasta Collipulli, donde en vez de tomarnos 50 km a Los Angeles, fuimos desviados hacia la costa en un camino alternativo de 120 km. Y a partir de ahí, a ver en vivo y en directo lo que había sido el sismo.
No les cuento de los "tacos" de horas de horas en Chillán, Parral, San Javier, Talca, Curicó y la entrada a Santiago. Un viaje que no toma más de nueve horas, demoró 20.
Pasamos por lugares donde la carretera parecía desaparecer. Grietas tremendas a lado y lado del camino. Casas y galpones completamente destruidos. Las tejas de la zona más tradicional de Chile volaron todas. Las construcciones de adobe casi todas en tierra. Los puentes cortados con autos y camiones abajo.
En Parral, silos metálicos reventados, con el trigo desparramado por todas partes. Los silos rotos se repetían a lo largo del camino. Las cubas de acero inoxidable de vino derribadas desde la base y algunas arrugadas como acordeón. Buena parte del stock de enlace del vino chileno se perdió con el terremoto.
Llegamos cerca de Santiago como a las 2 am correteando por caleteras y desvíos. Y vimos la visión dantesca del trébol Chada-Champa, que parecía Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. A veces evitábamos escuchar las radios para no deprimirnos más. Pero era inevitable.
De las cosas positivas que se veían fueron las caravanas de camiones con petróleo viajando hacia el sur. Lo mismo aquellos de Indura con su valiosa carga de oxígeno. Lo más descorazonador: las noticias de saqueos en las zonas de mayor catástrofe. Por un lado, el Chile del esfuerzo y la solidaridad. Y, por otro, el de la maldad pura. El primitivismo feral.
Como dijeron hoy de madrugada al bajarse en Santiago quienes me acompañaron: "Emocionantes las vacaciones a las que nos invitaste, h….".





Posted by Jorge on March 04, 2010 at 01:58 PM CLST #
Posted by Roberto on March 04, 2010 at 04:49 PM CLST #