Cristina Alzate

Crítica de TV Cable

 

America's next top model: Cariño malo

Jan. 06 , 2012

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 Publicado en La Tercera, 06 de enero del 2012

Hay pocos programas que representen más de los vicios de los reality que America's next top model. Pero hay que reconocer que también hay pocos programas del género que sepan usarlos de manera más efectiva y adictiva. El programa liderado por una cada vez más ególatra Tyra Banks estrenó su temporada número 16 el miércoles a la 1 hora, por Sony (señal 32 de VTR y 35 de Claro), y desde el primer episodio dejó claro el porqué de su longevidad.

La escena inicial lo resumía todo: Banks abrió el programa burlándose de los arquetipos de concursantes que siempre incluye y no perdió el tiempo para comenzar a torturar a las aspirantes a modelo, anunciando falsamente a las seleccionadas que estaban eliminadas. Así, en menos de cinco minutos, quedaron graficados los ejes de su receta.

 El programa siempre se ha movido en un territorio que mezcla la humillación y la crueldad hacia las participantes -tanto en el trato como en las pruebas-, con un culto casi patológico a la industria de la moda. Y gracias a esas dos cualidades, conecta directamente con dos de las emociones que dominan el vínculo de la audiencia con la telerrealidad: el disfrute del (leve) sufrimiento ajeno y la aspiración.

Las desgracias que caen sobre las aspirantes a modelo de America's next top model siempre son del tipo frívolo y sólo toman proporciones épicas gracias a la tontera que abunda entre ellas. Por eso, el programa es una buena oportunidad para disfrutar sin culpas del bajo instinto de gozar con la desgracia ajena. Pero al mismo tiempo, el reality vende un mundo de glamour, donde todos son delgados y hasta el peor de los problemas se arregla con el atuendo adecuado. Y por eso Tyra Banks y compañía se salen con la suya, y logran incluir el elemento aspiracional en la receta. Sobre todo en los últimos dos ciclos, donde el ascenso en la calidad de los diseñadores y fotógrafos que participan ha sido notorio.   

La única señal de alerta para un programa que, con la experiencia, sólo ha refinado su receta y ha probado que no es necesario innovar radicalmente para conseguir longevidad, es su conductora. Con el correr de los años, Banks ha pasado de ser una animadora algo egocéntrica con chispazos de humor y sentido del ridículo, a un personaje con ambiciones casi mesiánicas, que se arroga el papel de gurú de las participantes, que abusa de su posición de relativo poder sobre ellas y que peca de megalomanía a la hora de juzgar su propio lugar en la historia de la moda. En dosis moderadas, el asunto puede resultar gracioso. Pero cada vez más pareciera que no se trata de Banks jugando con su propio personaje, sino que más bien, de una ex modelo que se creyó su propio cuento. Afortunadamente, por más que trate, ella no es el centro del programa y la fórmula de su reality todavía goza de buena salud.



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