Si no fuera por los hippies
May. 17 , 2010
Publicado en Tendencias de La Tercera, el sábado 15 de mayo de 2010
Cómo se te ocurre viajar en citroneta de Santiago a San Francisco?- fue lo primero que dije cuando un señor que pasaba de 55 comenzó a contar su historia atrayendo completamente mi atención. Probablemente, en enero de 1973, cuando partió junto a tres amigos rumbo a la ciudad ícono del movimiento hippie, su madre exclamó una frase similar, agregando en tono de espanto: "¿Y vas a dejar la universidad?".
Se llama Víctor Jara, igual que el cantante y, en ese tiempo, era estudiante de Arquitectura en la UC, donde también estudiaban dos de sus compañeros de ruta, Francis Pfenniger y Robbie Watts. El cuarto era Alberto Daiber, que estudiaba Medicina: "La verdad es que al principio pensamos partir en dos motos, pero nos convencimos de que era mejor la citroneta, porque podíamos dormir en ella", respondió. Punto importante, porque el presupuesto total del viaje era de 400 dólares.
Usada, made in Chile, descapotable y "como peinadita para atrás", la trola los llevó sin panas hasta el puerto de Buenaventura, en Colombia, donde se embarcaron con ella en el Donizetti rumbo a Panamá. Siguieron al norte, pasando por Nicaragua, Honduras, Guatemala y México, hasta San Francisco. Antes de cruzar el puente se detuvieron, emocionados. La trola pintada de flores y colores había completado su "hippie trail".
Mientras, en Europa, cientos de jóvenes partieron por tierra hasta Katmandú, la ruta hippie original, pasando por Afganistán, Irán e India, entre otros. Un año antes, el 72, Tony y Maureen Wheeler dieron vida a Lonely Planet con el título Across Asia on The Cheap, un panfleto de 94 páginas que describía su viaje de nueve meses con sólo 1.400 dólares: "Lo único que debes hacer es tomar la decisión de partir y lo más difícil habrá pasado", incitaba el libro, y era cierto, lo habían demostrado.
Freaks, volados, pacifistas, excéntricos que cambiaron para siempre la forma de viajar por el mundo. No sólo se abrieron a nuevos destinos, sino que inventaron todas las tendencias que hoy se comercializan con éxito: el mochileo, el overland 4x4 en camión, el viaje de largo aliento, el místico, el espiritual, el ecológico. Un ejemplo increíble es el mercado del año sabático o "gap year", también de origen hippie, que sólo en Inglaterra anualmente se toman 530 mil personas y que, a nivel mundial, representa un negocio de cinco mil millones de libras.
Los hippies fueron los primeros en dormir en casas de lugareños, hoy toda una moda titulada "home stay", los primeros en hablar de "cultural shock" y en aclarar que no importa adónde se viaje, sino la experiencia que se tenga. Gracias a las editoriales que crearon (LP, Rough Guide, Footprint, Moon Guides, etc..) el mundo se llenó de viajeros independientes y de guest houses, hip hotels, smart hotels, tea houses y dormitories que los hospedasen.
Tal fue el impacto de este éxodo de viajeros independientes que hubo ciudades en las que se formaron verdaderos guetos, como Freak Street y Thamel, en Katmandú, o Khao San Road, en Bangkok. También destinos donde se mantuvo la onda hippie pese al paso del tiempo, como El Bolsón, en Argentina; Nimbin, en Australia; Goa, en India; Chefchaouen, en Marruecos, o Arembepe, en Brasil.
Pero sobre todo el legado es viajar. Después de ellos, en los 80, los 90 y hasta ahora, jóvenes y viejos se lanzaron, en masa, a la aventura. Lonely Planet este año celebra haber vendido 100 millones de guías. Sus más de 500 títulos han sido traducidos a ocho lenguas y abarcan a 191 de los 192 países reconocidos por Naciones Unidas. Casi no quedan lugares inexplorados. Pero no importa, lo que cuenta, como decían ellos, es la experiencia y no el dónde, ni menos el cuánto. Peace, love and travels.





Posted by maria on July 19, 2011 at 02:52 PM CLT #