Homestay: ¿Puedo alojar en tu casa?
Aug. 16 , 2011
Viajar se ha vuelto más sofisticado. Piense: antes, la mayoría alojaba feliz en un hotel "cinco estrellas" de 500 habitaciones, sin importar que todas fueran iguales ni que otras mil personas compartieran el agua de la piscina. En cambio hoy, nos faltan palabras para definir dónde estamos, el número de estrellas son insuficientes, al igual que los términos "estándar" o "premium".
Un amigo que trabaja como guía para alemanes de avanzada edad, me contó que una vez se quedó en un hotel tan moderno que sus clientes se perdían cada vez que tomaban el ascensor. Querían ir a la pieza y terminaban en un restaurante o en esos lounges estilosos que reemplazaron a la tradicional recepción.
En las ciudades aparecieron los hoteles boutique, los art y hip hotels, los manors, las riads, las havelis y los hoteles temáticos. Fuera de ellas, los camps, lodges y retreats, entre otros. Pero no es sólo una cuestión de nombres. Estamos ante una tendencia imparable: la del viajero que busca tener una experiencia única y conectada a la realidad local.
Este personaje es el responsable de que el homestay (quedarse en casa de un lugareño) sea una de las 10 tendencias top del 2011, según la agencia inglesa Responsible Travel. Por su parte, la Organización Mundial de Turismo proyecta que en 2012 habrá al menos 7.000 turistas buscando homestays en todo el mundo, entre ellos, viajeros de lujo, familias e incluso, ejecutivos en viaje de negocios.
La razón para optar por un homestay es sumergirse en la cultura local a través de quienes te hospedan: aprender su idioma, comer en su mesa, conocer su religión, vivir su cotidianidad. Una inspiración de origen hippie y mochilera que hoy adopta el viajero acomodado, dispuesto a salir de su zona de confort para vivir un par de noches junto a una tribu masai o un pueblo sherpa del Himalaya.
Esto tiene la ventaja de entregar recursos directos a los lugareños, siendo una excelente herramienta para la repartición más equitativa de las ganancias turísticas. En Africa, por ejemplo, inversionistas sudafricanos se llevan la tajada más grande del turismo en el este de ese continente. Para contrarrestar esto, Kenia puso en marcha un plan de certificación para sus homestays y ya cuenta con mil casas aprobadas. Lo mismo hicieron Tailandia, Malasia e India, entre otros.
En internet la oferta es numerosa. Homestay Booking, Homestay Finder, Homestay Web y Mahindra Homestays son algunas de las corredoras online que ofrecen piezas en 240 países, con un precio que va de los 20 a los 200 dólares. En Chile se ofrece un centenar de alojamientos en esas páginas y, además, está Homestay Chile. Pero de todos, India es el país que más ha desarrollado este mercado: tienen hasta homestays de lujo, que suelen hospedar ejecutivos, especialmente mujeres.
En el ámbito mochilero irrumpieron los homestay gratuitos, como Couch Surfing, una red de tres millones de viajeros que ofrecen camas, sofás o incluso un espacio en el suelo, sin costo alguno. Sólo en esa red hay 15.000 usuarios chilenos y 6.000 couchs (sofás) disponibles a lo largo del país. Iniciativas similares son las de My Friends Hotel, Hospitality Club y Extrabed, entre otros.
Pagada o no, la experiencia del homestay vale la pena. Gracias a los lugareños yo aprendí, entre muchas cosas, a comer con la mano, a rezar mantras y balbucear otras lenguas. Un monje budista me regalo un nuevo nombre, ayudé a exorcizar espíritus en un centro de meditación nepalí y fui invitada a fiestas dignas de una película.
La experiencia es siempre imborrable, los rostros amigos permanecen pese al tiempo, mientras las piezas del mejor hotel del mundo se diluyen en la memoria.
* Periodista y socia de Mandala Viajes.




