Aventura "family friendly"
May. 03 , 2010
Publicado en Tendencias, La Tercera, 02/05/2010
"¿No te arrepientes, a veces, de haber tenido niños?". La pregunta de Maicha, la hija veinteañera de mi amiga, hizo eco en el momento menos indicado: arriba del avión, justo después de que un alemán, varias generaciones mayor, se diera vuelta para retarme porque uno de mis cuatro hijos le estaba pateando el asiento.
-De tenerlos no, pero de viajar con ellos, puede ser -le respondí mientras despegábamos rumbo a Punta Arenas junto a nuestras familias que, en total, sumaban ocho niños y una guagua. El destino final era Torres del Paine, el extremo sur, tierra kaweskar, selknam, ona, donde Chile se parte y las montañas entran en el mar, donde el frío puede calar los huesos y habitan zorros, ñandúes, guanacos, cóndores y pumas.
Lo afirma un estudio de Tripadvisor: cuando se trata de un "family trip", el avión es el medio de transporte más estresante, según el 44% de los padres. La misma investigación afirma que un 33% de los viajeros estaría dispuesto a pagar más por una zona "libre de niños" y un 56% cree que si antes de despegar un niño con pataleta no se calma, debe bajarse del avión.
El consuelo es que estamos in. Somos parte de la tendencia al adventure family travel. Título en inglés, porque los anglosajones llevan la batuta en este tipo de travesías, una sub-tendencia dentro de los "viajes familiares" que, sólo en Estados Unidos, representan un 30% del total (TravelHorizons 2009). Otra investigación de Cruise One indica que la mitad de las agencias de ese país debe un 50% de sus ingresos a este mercado.
En la última década no sólo han surgido empresas especializadas, sino que agencias orientadas a la aventura han creado rutas exclusivas para este nicho. Algunos ejemplos son Kumuka, Wildland Adventures o Intrepid Travel, con safaris familiares por Africa y overlands por Asia, entre otros. Para los independientes, Lonely Planet lanzó la guía Travel with Children, escrita por Tony Wheeler, su señora y sus dos hijos, y lo mismo hizo Rouge Guide, con el título Travel with Babies and Young Children.
Detrás de las cifras y los libros se perfila una nueva generación de familias, dispuesta a erradicar la creencia de que aventurarse por el mundo con los más chicos es una locura. Una generación convencida, entre otras cosas, de los beneficios sicológicos de estas travesías, a saber: el fortalecimiento de lazos familiares, del sentido de independencia y responsabilidad, del concepto de diversidad natural y social, además de un incremento en la curiosidad, la capacidad de adaptación y la autoestima, según diversos especialistas.
En Chile esta tendencia llega de a poco. Tan de a poco que encontrar una parca realmente impermeable talla 4, o unos zapatos gore-tex número 29 es imposible. Mientras, en otras latitudes, son decenas las tiendas de ropa outdoor especializadas en niños y guaguas, además las líneas infantiles de marcas como The North Face o Patagonia.
No importa. Empacamos chaquetones, ponchos y doble calzoncillo largo. Por suerte no tuvimos necesidad de usarlos, ya que había sol en Torres del Paine y, más milagroso aún, ni pizca de viento. En el parque, todo se tiñó de emoción infantil: el desaparecido milodón, la historia de los indios exterminados, el encuentro con baqueanos a quienes no dudaron en pedirles el caballo, o el avistamiento de enormes cóndores que temían se llevara a la más pequeña, de sólo seis meses.
Los puntos álgidos fueron, sin duda, las caminatas. La primera por el "sendero de la fauna", donde el puma, o "el gato", como le decía el chofer, dejaba su rastro a cada paso. Contra cualquier voluntad adulta, los niños recogieron esqueletos de guanacos y zorros, desplumaron un ñandú disecado y se llevaron en la mochila sus enormes patas para examinarlas y, finalmente, decorar el Camp que nos hospedaba.
La última fue la más difícil, a la base de las Torres. Nos demoramos casi siete horas en ir y volver, con intermitentes paradas para amamantar a la guagua, comer picnic o escoger un mejor palo para el caballo imaginario que montó mi hijo de tres años durante el trayecto. El retorno fue inolvidable, porque vimos al puma, aunque la verdad es que el puma nos estaba mirando primero. Se encontraba muy cerca de la van y a pocos metros de una hostería, agazapado en la penumbra de la tarde, listo para cazar una liebre, un potrillo, una cabra o, quizás, un niño.





En mi empresa hemos creado algunos tours que son especialmente para que los niños se entretengan en esos largos recorridos donde se puede poner el énfasis en descubrir el lugar. Para ellos es un entretenido juego al mismo tiempo que para los adultos puede ser un entretenido desafío.
Felicitaciones por la columna!
Gonzalo T.
www.ikwest.com
Posted by Gonzalo Torrealba on May 03, 2010 at 01:10 PM CLT #
Posted by Fran que odia a los cabros chicos fundidos on May 03, 2010 at 03:53 PM CLT #
Posted by Claudio V. on May 03, 2010 at 09:08 PM CLT #
Posted by Alejandra on May 04, 2010 at 02:42 PM CLT #