Wednesday Jul 15, 2009

Horrores ortográficos

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Soy hija y hermana de periodistas, de esos que jamás comentan una falta y corrigen hasta los recados telefónicos. Al parecer, a mí me tocó el gen recesivo: Me pueden cantar una palabra, aplaudir y repetir las reglas de acentuación una y otra vez sin ningún resultado.  Conmigo no hay caso: Lo que he aprendido ha sido tratando de evitar vergüenzas y memorizando tilde por tilde.

Me molesta mucho esta tendencia publicitaria de “ahorrarse” el tilde, pues no me ayuda a mejorar. No sé si es  ignorancia, una informalidad de moda o simplemente es más barato publicar sin tildar, pero cada vez es más frecuente ver avisos publicitarios mal escritos. (Mis amigas  más cibernéticas me informan que es un problema de codificación de los sistemas de caracteres. Vaya Ud. a saber que eso, pero en parte,  tienen la culpa de estos horrores).

En todo caso, no es un mal meramente chileno. La pandemia de horrores ortográficos cruza el continente. Tanto es así, que los mexicanos lanzaron una simpatiquísima iniciativa ciudadana llamada: Programa de reinserción de acentos en la vía pública.

El principio es muy sencillo: donde quiera que detectes un horror ortográfico acentual, ponle el tilde. Para ello, Pablo Zulaica Parra gestor de la iniciativa, pone al servicio de los interesados, un paquete integral de acentos imprimibles para ser pegados en el horror en cuestión.

Hasta el momento la iniciativa ha prendido en varios países hermanos, veamos cómo nos va por casa.