Voto femenino: el debate del Senado en 1926
Apr. 19 , 2009

Las mujeres chilenas recién pudieron ejercer su pleno derecho a voto en elecciones parlamentarias y presidenciales en 1952, pese a que legalmente éste había sido consagrado en 1949. Anteriormente -en 1935- sólo se había aprobado su participación en las elecciones municipales.
Sin embargo, este era un debate que se había generado mucho antes pero que en un contexto de prejuicios y cálculos electorales no había permitido hacer justicia con las ciudadanas, pese a que Chile había ya avanzado en otros aspectos, como la incorporación de las mujeres a las universidades.
De esto da cuenta una serie de debates producidos en el Senado entre abril y mayo de 1926 en el marco de la tramitación de un proyecto de ley que reformaba la organización y atribuciones de las municipalidades, incluyendo por cierto materias electorales.
En el contexto de estas últimas normas se produjo una amplia discusión, primero, debido a la idea de que existiera un padrón electoral para elecciones municipales y otro para las parlamentarias y presidenciales, bajo el argumento conservador (ya en ese entonces) de que las materias locales debían mantenerse en el ámbito de lo apolítico.
Luego, este debate se extendió a la propuesta relativa a que el padrón municipal estuviera conformado sólo por quienes fueran contribuyentes, formulada por el senador del Partido Liberal Doctrinario José Maza, y que como contraargumento recibió la propuesta unánime de la Comisión de Reforma Constitucional de incorporar a las mujeres a dicho padrón.
Un firme defensor del derecho a sufragio femenino a lo largo de las sesiones fue el senador Manuel Hidalgo, representante de la Unión Social Republicana de Asalariados quien dijo en la sesión del 6 de abril: “Hasta ayer se consideró a la mujer incapaz por su debilidad de carácter; pero en realidad su fuerza de carácter es inmensamente superior a la nuestra”.
En la vereda contraria, uno de los más férreos opositores a reconocer el derecho a sufragio de las mujeres, estaba el senador Rafael Barahona, quien fue parlamentario por el Partido Nacional y el Liberal y que en la sesión del 7 de abril dijera: “se que en grandes campañas moralizadoras, a la mujer le ha correspondido un papel preponderante; pero al mismo tiempo, creo que es el hogar el sitio donde realiza la mujer su más alta misión, y pretender arrancarla de él es desnaturalizar esa misión”.
Otro parlamentario que manifestó sus convicciones respecto al innegable derecho de las mujeres a tomar partido en la vida política del país fue el senador del Partido Conservador Luis Cariola, quien en su larga intervención del 12 de abril, refiriéndose a estos avances en el mundo dijo: “Es una marcha lenta pero segura, a cuyo término se divisa ya el triunfo definitivo. Una conciencia cada día más difundida, más clara y más profunda de su propio valer y de la gran misión que le corresponde en el mundo, comunica a la mujer un aliento incontenible para la conquista de sus derechos y de su posición en la sociedad civil y la política”.
Sin embargo un nuevo ribete se agregó a esta discusión, nuevamente planteado por el senador Barahona, quien tomando nota de una tendencia proclive al derecho a voto de las mujeres propuso que pudieran votar las mujeres que fueran administradoras de sus bienes, porque en caso contrario “el guardador, el marido, sería quien tuviera doble voto y esto me parece que sería sencillamente injusto”.
Tras una serie de indicaciones que no precisaban bien si la mujer sólo adquiría derecho a votar y no el derecho a ser elegida en las elecciones municipales y si en el padrón que registraba a los extranjeros que votaban en el país también serían incluidas las mujeres se votó, por 21 votos a favor y 10 en contra, la idea de incorporar al “elemento femenino nacional al electorado municipal”, según consta en el acta del 13 de abril.
Sin embargo la indicación del senador Barahona fue aprobada quedando el artículo 8º, Nº2 de la ley de la siguiente forma: “La Comisión (Electoral) inscribirá a las chilenas contribuyentes de la comuna y domiciliadas en ella, que no estén bajo potestad de padre o marido y que no se hallen bajo guarda”, lo que reducía las posibilidades de participación femenina a un mínimo simbólico.
Pero el debate siguió recibiendo aportes de los parlamentarios y fue así como el senador Arturo Lyon, del Partido Conservador planteó que se creara la institución del voto familiar que permitiera que los electores varones pudieran votar por sí mismos, por sus esposas y por sus hijos.
Esta propuesta fue defendida por el senador Joaquín Yrarrázaval del mismo partido, de la siguiente forma: “Hay en nuestro país un número inmenso de mujeres y de niños que no tiene representación alguna; no pueden participar en la elección de las personas que dirigen los interese comunales ni en la de las personas que dirigen los intereses generales de la nación. Es justo que este contingente cuyas aspiraciones deben tomarse en cuenta tengan representación por medio de los jefes de familia que evidentemente tienen un interés mucho mayor que los individuos aislados solteros”.
Tras un extenso debate, 16 senadores se pronunciaron por rechazar dicha propuesta, mientras que 14 estuvieron por apoyarla.
Esta discusión aunque ya limitada sobre el derecho a voto de la mujer siguió desarrollándose en la discusión sobre elecciones municipales que tuvo lugar en el Senado en 1926. Y aunque debieron pasar aún mucho años para pudiera hacerse efectivo de manera democrática, igualitaria y efectiva, bien vale la pena conocer un trozo de la historia de este derecho que hoy nadie cuestiona, que se cimentó en una fuerte lucha de las mujeres y sus organizaciones.
Hoy los temas de debate que importan a las mujeres son otros, y frente a ellos también surgen voces condenatorias y discriminadoras que las siguen mirando como objetos o ciudadanas de segunda clase.
Sin embargo, nadie duda que no sólo su número sino también la justicia de sus demandas terminarán, al igual que en el pasado, imponiéndose sobre conservadurismos que castran su desarrollo y aporte a la sociedad que construimos en conjunto.
Sin embargo, este era un debate que se había generado mucho antes pero que en un contexto de prejuicios y cálculos electorales no había permitido hacer justicia con las ciudadanas, pese a que Chile había ya avanzado en otros aspectos, como la incorporación de las mujeres a las universidades.
De esto da cuenta una serie de debates producidos en el Senado entre abril y mayo de 1926 en el marco de la tramitación de un proyecto de ley que reformaba la organización y atribuciones de las municipalidades, incluyendo por cierto materias electorales.
En el contexto de estas últimas normas se produjo una amplia discusión, primero, debido a la idea de que existiera un padrón electoral para elecciones municipales y otro para las parlamentarias y presidenciales, bajo el argumento conservador (ya en ese entonces) de que las materias locales debían mantenerse en el ámbito de lo apolítico.
Luego, este debate se extendió a la propuesta relativa a que el padrón municipal estuviera conformado sólo por quienes fueran contribuyentes, formulada por el senador del Partido Liberal Doctrinario José Maza, y que como contraargumento recibió la propuesta unánime de la Comisión de Reforma Constitucional de incorporar a las mujeres a dicho padrón.
Un firme defensor del derecho a sufragio femenino a lo largo de las sesiones fue el senador Manuel Hidalgo, representante de la Unión Social Republicana de Asalariados quien dijo en la sesión del 6 de abril: “Hasta ayer se consideró a la mujer incapaz por su debilidad de carácter; pero en realidad su fuerza de carácter es inmensamente superior a la nuestra”.
En la vereda contraria, uno de los más férreos opositores a reconocer el derecho a sufragio de las mujeres, estaba el senador Rafael Barahona, quien fue parlamentario por el Partido Nacional y el Liberal y que en la sesión del 7 de abril dijera: “se que en grandes campañas moralizadoras, a la mujer le ha correspondido un papel preponderante; pero al mismo tiempo, creo que es el hogar el sitio donde realiza la mujer su más alta misión, y pretender arrancarla de él es desnaturalizar esa misión”.
Otro parlamentario que manifestó sus convicciones respecto al innegable derecho de las mujeres a tomar partido en la vida política del país fue el senador del Partido Conservador Luis Cariola, quien en su larga intervención del 12 de abril, refiriéndose a estos avances en el mundo dijo: “Es una marcha lenta pero segura, a cuyo término se divisa ya el triunfo definitivo. Una conciencia cada día más difundida, más clara y más profunda de su propio valer y de la gran misión que le corresponde en el mundo, comunica a la mujer un aliento incontenible para la conquista de sus derechos y de su posición en la sociedad civil y la política”.
Sin embargo un nuevo ribete se agregó a esta discusión, nuevamente planteado por el senador Barahona, quien tomando nota de una tendencia proclive al derecho a voto de las mujeres propuso que pudieran votar las mujeres que fueran administradoras de sus bienes, porque en caso contrario “el guardador, el marido, sería quien tuviera doble voto y esto me parece que sería sencillamente injusto”.
Tras una serie de indicaciones que no precisaban bien si la mujer sólo adquiría derecho a votar y no el derecho a ser elegida en las elecciones municipales y si en el padrón que registraba a los extranjeros que votaban en el país también serían incluidas las mujeres se votó, por 21 votos a favor y 10 en contra, la idea de incorporar al “elemento femenino nacional al electorado municipal”, según consta en el acta del 13 de abril.
Sin embargo la indicación del senador Barahona fue aprobada quedando el artículo 8º, Nº2 de la ley de la siguiente forma: “La Comisión (Electoral) inscribirá a las chilenas contribuyentes de la comuna y domiciliadas en ella, que no estén bajo potestad de padre o marido y que no se hallen bajo guarda”, lo que reducía las posibilidades de participación femenina a un mínimo simbólico.
Pero el debate siguió recibiendo aportes de los parlamentarios y fue así como el senador Arturo Lyon, del Partido Conservador planteó que se creara la institución del voto familiar que permitiera que los electores varones pudieran votar por sí mismos, por sus esposas y por sus hijos.
Esta propuesta fue defendida por el senador Joaquín Yrarrázaval del mismo partido, de la siguiente forma: “Hay en nuestro país un número inmenso de mujeres y de niños que no tiene representación alguna; no pueden participar en la elección de las personas que dirigen los interese comunales ni en la de las personas que dirigen los intereses generales de la nación. Es justo que este contingente cuyas aspiraciones deben tomarse en cuenta tengan representación por medio de los jefes de familia que evidentemente tienen un interés mucho mayor que los individuos aislados solteros”.
Tras un extenso debate, 16 senadores se pronunciaron por rechazar dicha propuesta, mientras que 14 estuvieron por apoyarla.
Esta discusión aunque ya limitada sobre el derecho a voto de la mujer siguió desarrollándose en la discusión sobre elecciones municipales que tuvo lugar en el Senado en 1926. Y aunque debieron pasar aún mucho años para pudiera hacerse efectivo de manera democrática, igualitaria y efectiva, bien vale la pena conocer un trozo de la historia de este derecho que hoy nadie cuestiona, que se cimentó en una fuerte lucha de las mujeres y sus organizaciones.
Hoy los temas de debate que importan a las mujeres son otros, y frente a ellos también surgen voces condenatorias y discriminadoras que las siguen mirando como objetos o ciudadanas de segunda clase.
Sin embargo, nadie duda que no sólo su número sino también la justicia de sus demandas terminarán, al igual que en el pasado, imponiéndose sobre conservadurismos que castran su desarrollo y aporte a la sociedad que construimos en conjunto.
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Usted es candidato, por tanto esperamos sus ideas y propuestas del presente y futuro, el tiempo apremia, en esa línea le seguirá sacando ventaja Marco E-O.
Hay otros blogueros especialistas en historia.
Posted by Francisco Arouet on April 20, 2009 at 01:06 PM CLT #
Además, le comentamos que prontamente iremos en masa a inscribirnos a los registros electorales. Y esos votos van para usted, como también las firmas para que inscriba la candidatura.
Siga adelante.
Si no es el 2010 ni el 14, repetimos la hazaña de Allende.
Posted by Felipe González on April 20, 2009 at 08:37 PM CLT #
Saludos
Posted by Felipe González on April 20, 2009 at 08:38 PM CLT #