Influenza humana, antibióticos y salmoneras
Jun. 18 , 2009

Aunque ya el 2 de abril de 2003 en una conferencia en la Academia de Medicina, Instituto de Chile, y luego en el Nº8 de la Revista Médica de Chile, de agosto de 2004, con la publicación titulada “Antibióticos y acuicultura en Chile: consecuencias para la salud humana y animal”, el doctor Felipe Cabello había señalado que “el que residuos de antibióticos puedan, además, detectarse en los alimentos producidos por estas industrias y consumidos en el país, sugiere de manera clara que el uso industrial de los antibióticos, y no su uso en medicina humana, es el factor que probablemente más influencia y modula la evolución de la resistencia bacteriana a los antibióticos en Chile” resulta curioso que hasta ahora nadie, salvo escasas y poco difundidas excepciones haya acudido a esta documentada información para responder a la reiterada pregunta de ¿por qué la mayoría de los casos de influenza humana producidos en Chile y las muertes producidas hasta ahora por esta enfermedad se registran en la región de Los Lagos?.
Y es que el estudio del doctor Cabello es demasiado claro. No sólo porque como lo señala la resistencia a los antibióticos es un problema biológico pero también médico, social, económico y ético, porque las infecciones producidas por las bacterias resistentes a los antibióticos tienen mayor morbilidad y mortalidad, lo que se traduce en una importante cantidad de días de trabajo perdidos, prolongadas hospitalizaciones y tratamientos que generalmente requieren del uso de antibióticos más costosos, sino también porque como dice la publicación “el país carece de un programa de seguridad alimentaria que garantice la ausencia de antibióticos residuales en la carne de salmón y otros productos acuícolas y no es aventurado especular que partidas de este producto que no pueden ser comercializadas en el extranjero por su alto contenido de antibióticos residuales son comercializadas en el país, alterando la flora intestinal normal de la población y produciendo potenciales efectos tóxicos”.
El doctor Cabello no admite dobles lecturas, especialmente cuando señala que el uso de toneladas de antibióticos en la industria acuícola “expone al personal que trabaja en ella, a sus grupos familiares y a sus comunidades a la actividad antibiótica de estas substancias, creando en sus intestinos, piel, faringe y genitales alteraciones de la flora bacteriana normal que favorecen la aparición y la diseminación de bacterias resistentes a los antibióticos y la infección con bacterias patógenas”.
Entonces pareciera no ser requisito indispensable que uno sea médico especialista para ver que existe una relación directa entre el enorme despliegue territorial de la salmonicultura en la Región de Los Lagos, con el mal manejo sanitario y ambiental que hemos conocido por años para estimar que las probabilidades de que el alto uso de antibióticos en los salmones, que se disemina al medio ambiente por medio de desechos o por las masivas y recurrentes fugas, haya producido efectos contaminantes en el plancton, moluscos, algas y otros peces, llegando de una u otra forma al consumo humano.
Si a eso se suma, como ocurre también en otros países, que las personas tienden a la automedicación, especialmente en materia de antibióticos, mayormente cuando se trata de una zona que por ubicación geográfica, por clima, por algunas de las actividades productivas que allí se realizan, como la pesca y la acuicultura en diferentes medidas y volúmenes, las posibilidades de que los habitantes de esa región hayan ido desarrollando en la última década y media una fuerte resistencia a los antibióticos, entonces pudiera ser perfectamente explicable que en lugar de que ayudar a la prevención y al combate contra los organismos patógenos, el consumo excesivo de antibióticos haya terminado reforzando su presencia y lo que es peor, inhibiendo que las personas desarrollen los anticuerpos necesarios para defender su organismo, debilitando su sistema inmunológico.
Entonces no resulta creíble de buenas a primeras que se deba a un factor climático como se ha dicho o a grados de hacinamiento, pobreza o al uso intensivo de la leña como han sugerido algunos. Lo que corresponde es que el ministerio de Salud y el ISP hagan un estudio serio que establezca la correlación científica entre ingesta excesiva de antibióticos y la fuerte aparición de la influenza humana en la zona, realizando para ellos exámenes a una población significativa, a los cuerpos de agua donde se desarrolla la salmonicultura y en los sectores aledaños, a moluscos y otras especies marinas, para ver los niveles de antibióticos que se registran.
Adicionalmente debieran sincerarse y transparentarse las cifras de consumo de antibióticos, en la región y el país, para ver hasta que punto esta suma de factores ha jugado en contra de la salud de los chilenos que viven en el sur del país. No hacerlo sería omitir información necesaria y clave tanto para avanzar efectivamente en mejorar las condiciones de salud de los habitantes de esa región, como para incorporar este impacto adicional a los ya causados en materia laboral, ambiental y sanitaria por una actividad que ha tenido millonarias ganancias durante años y que hoy, ante la situación generada por un virus como el ISA, que tampoco está claro como llegó a esa zona, quiere apropiarse, con la complicidad del gobierno del terreno y el mar que comprenden la concesión otorgada, para convertirla en prenda hipotecaria.
No basta que una actividad genere empleo, no siempre de la mejor calidad, ni en las mejores condiciones de respeto, seguridad y dignidad, para tener que hacer la vista gorda sobre hechos tan graves como el uso intensivo de antibióticos que, aunque ingresan para consumo animal, terminan siendo ingeridos por seres humanos.
Como dice el doctor Cabello en las conclusiones de su estudio: “pareciera indiscutible que el uso masivo de antibióticos en la acuicultura genera una serie de repercusiones que escapan los confines geográficos y económicos de esta actividad, y que tienen la capacidad de influenciar negativamente aspectos de la salud humana y animal. El hecho que el uso de antibióticos en medicina humana se haya restringido desde hace 6 años en Chile y, sin embargo, el que su uso en actividades industriales como la acuicultura permanezca incontrolado en el país, a la luz de este somero análisis pareciera reflejar una incoherencia tecnológica, económica y política de relevancia”.
El ISP debiera realizar un estudio y un muestreo para ver si existe esta correlación entre el consumo excesivo de antibióticos y el mayor número de casos y muertes en la Región de Los Lagos. Y si es así la autoridad sanitaria y ambiental deberá tomar las medidas que correspondan. Una actividad económica, por importante que sea, no vale ni una sola vida humana.




Posted by Martin D. on June 18, 2009 at 03:39 PM CLT #
Posted by Arturo on June 18, 2009 at 08:05 PM CLT #
Posted by vedder on June 19, 2009 at 09:11 AM CLT #
Posted by Andres Chavez Castro on June 19, 2009 at 09:40 AM CLT #
Una asociación liviana y muy poco creíble, póngale ciencia y asesórese mejor honorable para que no quede en ridículo.
Posted by Jorge P on June 19, 2009 at 03:16 PM CLT #
EStoy de de acuerdo con sus planteamientos, pero nuevamente, igual con el caso del "fullereno" toxico comete errores.
Los antibioticos se administran para curar efermedades causadas por bacterias. La influenza humana en cualquiera de sus sabores es causada por un VIRUS y para ellos se usan antivirales que son otro tipo de moleculas.
Nuevamente iformemonos mejor.
Posted by Jose Antonio on June 22, 2009 at 08:22 AM CLT #