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LA DUEÑA

04.22.2009 | 3 Comments

Conocimos a Catalina en un hotel barato de Sao Paulo.
Apareció apenas cerramos la puerta de la pieza, como viniéndonos a recibir  y a aclarar quién mandaba ahí. Ella, claro.

Tenía el porte, decisión y presencia de los dueños de algo y en este caso era la pieza, más bien el baño de la pieza que acabábamos de arrendar por tres o cuatro noches, lo que nos quedaba de tiempo en Brasil antes de volver a Chile, en un viaje de 3 días y sus noches en bus. 3 días que se transformarían en 5 por culpa de la abducción de la pampa, una pana en medio de la nada que nos trató de convencer que la vida iba a seguir ahí para siempre.

Catalina, la cucaracha que vivía detrás de la puerta del baño de nuestra pieza, era pacífica hasta que tratamos de expulsarla. La asustamos y salió por la puerta, la perseguimos mucho por el pasillo, pero en algún minuto se cambiaron los papeles y era ella la que corría detrás nuestro.
Cerramos la puerta riéndonos de la situación y al abrirla, ahí estaba ella en medio, con actitud de manos en la cintura, mirándonos hacia arriba, desafiante. Fue tal la decisión de su mirada, que entró nuevamente a su pieza y a su baño, era tal su actitud y presencia que no fuimos capaces de aplastarla. Catalina nos enseñó a compartir la pieza con la fauna local y a no ir al baño en medio de la noche.

Años después, en una librería muy lejos de Sao Paulo, llegó a mis manos un libro que hablaba de una araña llamada Fabio. Volvió a mí Catalina y toda su historia, con la certeza que si, había sido cierta.


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Comments:

Non si capisce niente Antonia! Vogliamo la traduzione in italiano!
Dario

Posted by 89.96.48.223 on April 22, 2009 at 10:11 AM CLT #

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.

«¿Qué me ha ocurrido?», pensó.

Posted by Franz Kafka on April 22, 2009 at 12:19 PM CLT #

Excelente historia !! Para reirse de uno y de la vida!

Posted by Mane on May 08, 2009 at 11:20 AM CLT #

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