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El camino de Santiago
08.06.2009 | 1 Comments
Los Caminos de Santiago son las rutas que cruzan Europa desde distintos puntos hacia Santiago de Compostela, España, para honrar los restos del apóstol que da nombre al camino y la ciudad.
Una peregrinación que se realiza desde hace siglos, la más importante de Europa, senderos que de tanto tránsito dieron origen a pueblos y ciudades. Ruta de gran valor cultural, el Románico en todas sus expresiones está acá, a cada paso, en cada pueblo y como única señalización tiene flechas amarillas de todo tipo, formato y materialidad que indican la dirección a seguir. Cada julio la ruta se satura de gente que camina para llegar a Santiago el dia 25, celebración de Santiago Apóstol. A caballo o bicicleta, el medio mas tradicional es caminando, apoyándose en el bastón de peregrino y con la vieira (así se le llama a la concha de ostión) como símbolo del camino y los caminantes. La ruta mas tradicional es el Camino Francés, que parte en Francia y cruza España por el norte. Dura aproximadamente 30 días y en cada pueblo existen albergues coordinados por los municipios en los que por un costo muy bajo, se recibe a los caminantes, identificados por una credencial que se va llenando de timbres de los lugares por los que se pasa.
Nuestro Camino de Santiago, la ruta francesa, empezó en Sahagún con 16 días por delante. Más de 600 km. a pie que nos hicieron cambiar el modo de desplazarnos, bajar el ritmo, redefinir necesidades básicas que serían las transportadas en las mochilas, enfocar nuestra atención en las flechas amarillas que indicaban el camino y dormir donde nos pillara la noche.
Era invierno, por lo tanto “temporada baja”, éramos pocos en ruta, unos diez que cada ciertos días nos encontrábamos. Nos decían valientes por hacer el camino en época fría, para mí en cambio, resultó fácil. En verano se llena de gente, hay que levantarse temprano para llegar a los albergues, evitar caminar bajo el sol de medio día y desplazarse en senderos repletos de caminantes. Nosotros en cambio, los únicos peregrinos, albergues vacíos, caminos sin nadie, días enteros de caminar a solas, gente que nos recibía con mucho cariño.
El camino para mí es una sucesión de imágenes preciosas, tan ajenas al día a día urbano que comienzan a verse borrosas y que escribo, para rescatar de la mala memoria. Inolvidable cuando en medio de la ascensión del monte Foncebadón, una mañana fría y en medio de la niebla sonó una campana y una voz gritaba ¡¡¡peregrinos, venid!!! era Tomás, un pastor que vivía ahí, en el cerro, en medio de la soledad y las ovejas. Entramos a su casa de barro, mas bien una cueva muy rústica y ahí, frente al fuego conversamos y tomamos té por horas.
Inolvidable el desvío que hicimos para conocer el Monasterio de Samos, al cual fuimos invitados a rezar laudes al amanecer. A la hora señalada se abrió una puerta que comunicaba el albergue con el interior del monasterio, y en medio de la penumbra del amanecer en invierno, crucé jardines para asistir a un rezo con cantos gregorianos.
Una mañana nos despertamos con "canon en D" sonando en el aire, un desayuno caliente sobre la mesa, mientras afuera recién empezaba el deshielo. Hubo albergues mejores que otros, éste lo recuerdo con especial cariño, más que un albergue era una casa. Y así, miles de historias, había alguien que una vez llegado a Santiago, decidió desandar y volver a pie, iba acompañado de un perro que había adoptado en el trayecto. Miles de invitaciones “a la salud de los peregrinos”, mucha conversación en torno a una fogata o en medio del trayecto diario, muchas caminata de noche en medio de los campos, absolutamente libres, muchas noches curándonos los pies para volver a caminar al día siguiente.
Una vez ya en Santiago, no supe si me alegraba el haber llegado finalmente, porque el camino, el verdadero viaje se terminaba. Pero la llegada es emocionante y empieza al cruzar el puente que lleva a la ciudad y que tiene miles de huellas de bastones de peregrinos que han pasado por ahí durante siglos.
Una vez ya en la ciudad empezaron las tradiciones, los ritos para los peregrinos: una misa en la catedral por los caminantes, solo cuatro. Sonó el órgano para nosotros y el botafumeiro, el incensario gigante osciló por la nave central y en una ceremonia preciosa la ciudad nos dio la bienvenida.
Dice la tradición que los cuatro primeros peregrinos que lleguen a la ciudad cada día, son invitados a comer y almorzar durantes los tres próximos días al Hostal de los Reyes Católicos, el hotel, donde se alojan los reyes cuando van a Santiago desde siempre. Y fuimos nosotros, únicos peregrinos llegados ese día los invitados, que cruzamos jardines interiores, puertas ojivales y subimos escaleras escondidas para comer en un comedor especial.
El verdadero final del viaje, ya en auto, fue en Finisterre. Este era el trayecto hereje del camino que se hacia para ver si era cierto que ahí en esa punta, con el mar infinito por delante, se acababa el mundo.
Hay momentos en el camino en que todo pesa, que cuesta caminar, que duelen los pies, pero son los menos, hay momentos en que la gente te saluda con cariño, te regala algo, te conversa, te pregunta, te acoge y son los más.



Posted by 94.195.79.138 on August 07, 2009 at 04:41 PM CLT #