Chicha y limonada
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A cualquier estudiante de Filosofía debe resultarle familia el llamado Principio de no contradicción. A cualquier ser humano medianamente pensante le parece lógico. Y es que la conciencia de que es imposible ser y no ser lo mismo al mismo tiempo y en el mismo sentido es algo que salta a la vista incluso en el infante que entiende que un cuadrado no puede ser un círculo, ni el rojo puede ser azul.
Sin embargo, la política del siglo XXI parece saltarse hasta el más básico de los principios y el pasado fin de semana se nos han dado dos ejemplos de esto.
En primer lugar, tenemos a un socialista (presidente del PS, no un militante cualquiera) que se casa por la Iglesia Católica y confiesa a los medios de comunicación que es creyente hasta la médula. Socialista y católico… Gramsci aplaude desde su tumba la culminación a la chilena del tan manoseado “socialismo renovado”.
Vaya alguien a decir que es “nacional socialista renovado” o “fascista renovado”… ¡No! Eso no… y está bien. Pero el socialismo, que en la Historia de la Humanidad ha causado más muertes e injusticias que el fascismo, puede renovarse y colarse como si nada, al punto de llegar de blanco al altar.
No es de extrañar, pues, que la institución del matrimonio – y lo que es peor, el Sacramento – estén tan subvalorados. Esto, con dolor hay que reconocerlo, es responsabilidad también de los miembros de la Iglesia que preparan espiritualmente y bendicen algo que no tiene sentido. El que se cuela a la fiesta es un cara dura, pero el responsable es el que le abre la puerta sin más.
¡Todos tienen derecho a casarse! Será el slogan. Pero no es más que eso, un slogan, porque no todos tienen derecho a casarse en el seno de la Iglesia Católica y basta una rápida revisión al Catecismo – sí, sí, todavía existe – para entenderlo.
Que hay dos Iglesias… una tradicional y una “moderna”… mentira. La Iglesia es una aunque haya miembros que no hagan lo que le corresponde a un miembro.
Además de Escalona, el candidato oficialista Eduardo Frei también nos regaló unas joyas este fin de semana. Ante la pregunta sobre su opinión “personal” respecto al aborto terapéutico su respuesta fue: “lo estamos debatiendo”. ¿Con quién debate Frei sus posturas personales? Aterrador.
Para colmo, asegura a La Tercera que está en la misma línea de la Presidenta Bachelet y el Papa Benedicto XVI, argumentando con esto que no se ha dado ninguna vuelta de carnero… Efectivamente eso no es una vuelta de carnero, es una esquizofrenia política aguda. O se sigue a una Presidenta que pone urgencia de ley a la entrega de píldoras del día después luego de pronunciarse al respecto el TC y la Contraloría o sigue al Pontífice que, sin ir más lejos, en su última Carta Encíclica condena ese tipo de medidas.
Estar en las dos posturas es ser al mismo tiempo dos cosas radicalmente opuestas… eso sólo puede hacerlo alguien que se cree Napoleón y Pellegrini al mismo tiempo, pero encerrado en una habitación con murallas acolchadas.
Evidentemente en el caso del señor Frei – como de los otros candidatos – también a los católicos de verdad les duele no escuchar la voz firme de nuestros pastores exigiendo definición en asuntos nada menores.
En fin, muchos pueden argumentar que el socialismo del siglo XXI y la Democracia Cristiana chilena actual no son ni chicha ni limonada… No estoy de acuerdo. La situación es aún peor: quieren ser chicha Y limonada.

