Perdiendo la cabeza
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En la Historia de la Humanidad muchos políticos han perdido la cabeza. Sin embargo, algunos lo han hecho de buena forma y, los más, del peor modo imaginable.
Precisamente el día en el que el santoral católico nos recuerda a Santo Tomás Moro, patrono de los políticos, no resulta baladí hablar sobre quienes hoy se dedican al servicio público en Chile y parecen reírse en la cara de quien en 1535 perdió la cabeza – literalmente – por ser consecuente.
Es un hecho de la causa, lo hemos visto en la prensa estos días, que políticos de todos los ambientes han cometido irregularidades inexcusables y que sin lugar a dudas merecen ser castigados del modo más ejemplificador posible. Políticos que adulteran documentos oficiales y malversan el dinero de todos nos recuerdan a aquellos que contrataron a sus señoras o utilizaron papelería oficial para fines personales y que ahí siguen, ejerciendo como Honorables.
Las anteriores son formas de perder la cabeza de muy mala manera, jugando a las espaldas de todos con lo que, en definitiva, es de todos y, quizás lo más grave, a nombre de todos.
Sin embargo, hay peores formas de perder la cabeza. Precisamente las actuaciones absolutamente contrarias a las de Tomás Moro son las que deberían preocuparnos más. De las otras, la justicia se encargará, de éstas, sólo Dios sabe.
Me refiero a la inconsecuencia que podemos oler, hoy en día, entre los candidatos a Presidente de Chile. Un ejemplo puntual de esta “pérdida de cabeza” se ha dado en las últimas horas con el reciente fallo sobre la píldora del día después.
Por un lado, el candidato de centro derecha, sector donde se originó la solicitud de pronunciarse a la Contraloría, rechaza el fallo asegurando que cada mujer debería elegir si tomar o no el mal llamado medicamento.
Indudablemente el objetivo de Piñera de ganar el voto “progresista” y no figurar como excesivamente conservador, lleva al mismo candidato que señaló hace pocas semanas atrás respetar la vida y luchar porque así sea en su gobierno a apoyar un fallo que se basa, precisamente, en el principio de que el fármaco es abortivo.
Por el otro lado, a Eduardo Frei le preguntan en la estación pública si su condena a este fallo por discriminatorio no va en contra de la fe que él dice profesar. Su excusa: como Presidente no puede dar prioridad a sus creencias privadas.
Resulta curioso, por decir lo menos, que el demócrata cristiano diga actuar siempre de cara a Dios pero se sienta eximido de esto por el posible lugar público que pueda ocupar. Para cualquier persona “con cabeza” tal actuar resulta casi esquizofrénico.
Así las cosas, hablando de consecuencias, el mediático MEO es el único candidato que al respecto mantiene una consecuencia permanente. Es el único, en definitiva, que mantiene la cabeza en su sitio, nos gusten o no las ideas que circulan dentro de ella.
Ante el miedo de ser decapitados – que en la política que respiramos hoy equivale a perder votos y ver manchada la imagen de “progres” – el candidato de centro derecha y de centro izquierda apuestan por una inconsecuencia que pase algo desapercibida.
Desde la Torre de Londres, a horas de ser decapitado, Moro aseguraba que “el hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral”. Lástima que hoy esta idea no haga eco en la cabeza de la inmensa mayoría. Santo Tomas Moro, ruega por nosotros.

